domingo, 30 de noviembre de 2008

CRISTO NOS DIO LA VICTORIA


CRISTO NOS DIO LA VICTORIA PARA QUE VIVAMOS EN VICTORIA
"Quiero que sepan qué gran lucha sostengo por el bien de ustedes y de los que están en Laodicea, y de tantos que no me conocen personalmente. Quiero que lo sepan para que cobren ánimo, permanezcan unidos por amor, y tengan toda la riqueza que proviene de la convicción y del entendimiento. Así conocerán el misterio de Dios, es decir, a Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento. Les digo esto para que nadie los engañe con argumentos capciosos. Aunque estoy físicamente ausente, los acompaño en espíritu, y me alegro al ver su buen orden y la firmeza de su fe en Cristo. Por eso, de la manera que recibieron a Cristo Jesús como Señor, vivan ahora en él, arraigados y edificados en él, confirmados en la fe como se les enseñó, y llenos de gratitud. Cuídense de que nadie los cautive con la vana y engañosa filosofía que sigue tradiciones humanas, la que va de acuerdo con los principios de este mundo y no conforme a Cristo. Toda la plenitud de la divinidad habita en forma corporal en Cristo; y en él, que es la cabeza de todo poder y autoridad, ustedes han recibido esa plenitud. Además, en él fueron circuncidados, no por mano humana sino con la circuncisión que consiste en despojarse del cuerpo pecaminoso. Esta circuncisión la efectuó Cristo. Ustedes la recibieron al ser sepultados con él en el bautismo. En él también fueron resucitados mediante la fe en el poder de Dios, quien lo resucitó de entre los muertos. Antes de recibir esa circuncisión, ustedes estaban muertos en sus pecados. Sin embargo, Dios nos dio vida en unión con Cristo, al perdonarnos todos los pecados y anular la deuda que teníamos pendiente por los requisitos de la ley. Él anuló esa deuda que nos era adversa, clavándola en la cruz. Desarmó a los poderes y a las potestades, y por medio de Cristo los humilló en público al exhibirlos en su desfile triunfal."
(Colosenses 2: 2-15 –NVI)

Cristo vino a libertar a los cautivos y ya lo logró en la cruz del Calvario, anulando la deuda que teníamos y que iba en contra de nuestra libertad, clavándola en la cruz; además desarmó a todos los poderes diabólicos humillándolos públicamente en Su desfile triunfal. ¡ALELUYA! El diablo no quiere que sepamos que él ya está desarmado, no tiene ningún argumento en contra nuestra; su derrota ya ha sido consumada en la cruz del Calvario. Somos libres en Cristo y victoriosos en Él para poder disfrutar en este mundo de la victoria que nuestro Gran Héroe logró por nosotros; ya no somos esclavos, ni estamos en esclavitud. “Y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres”. (Juan 8:32). Quien nos lleva al conocimiento de la verdad es el Espíritu Santo. “Pero cuando venga el Espíritu de la verdad, él los guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta sino que dirá sólo lo que oiga y les anunciará las cosas por venir.” (Juan 16: 13) Es importante tener una relación estrecha con el Amado Espíritu de Dios, quien vive en nosotros quienes hemos recibido a Jesús como Señor y Salvador de nuestras vidas.

“Entendamos bien esto: que nuestro hombre viejo fue crucificado junto con Cristo, a fin de que fuera destruido el cuerpo del pecado, para que no seamos esclavos del pecado nunca más… Emancipados del pecado, os habéis convertido en esclavos de la justificación.” (Romanos 6: 6, 18 - CAB) Ya es tiempo de entender que nuestra vieja naturaleza fue clavada en la cruz, por lo tanto ya no tiene potestad en nosotros, porque ya no pertenecemos a la naturaleza adámica; ahora somos del Victorioso, de Cristo Jesús, es Su naturaleza la que hemos recibido para poder vivir en libertad y nunca más ser esclavos del pecado. Dios te ha dado la capacidad de entender, de razonar para que puedas captar (arrebatar) lo que Cristo te otorgó en la cruz del Calvario. No permitamos que los demonios gobiernen nuestro ser, nenoa aún nuestros pensamientos, porque es en los pensamientos que ellos quieren hacer su guarida. Atrapa tus pensamientos y llévalos cautivos para que se sometan a Cristo (2ª Corintios 10:5). Todo es posible en Cristo, en el cual tú ya estás crucificado; por tanto, no mires tu imposibilidad, sino, mira la tremenda posibilidad que tienes en Jesús. Sométete a Él y renuncia de una vez a toda atadura a la que el diablo quiere otra vez someterte. Recuerda: Cristo es Victorioso, el diablo es un perdedor. ¿En quién estás tú, en el Victorioso o en el derrotado? Si es en el Victorioso, entonces empieza a vivir tu victoria. Disfruta lo que ya Jesús logró por ti. Gózate en Él y ya no te fijes en lo que el derrotado quiere hacerte; él es un derrotado y tú eres un victorioso en Cristo. Mira la Roca en la cual estás protegido, el diablo no la puede escalar. Pídele al Espíritu Santo que te dé entendimiento y disfruta de tu victoria, el Espíritu Santo te llevará a la perfecta comprensión de lo que Cristo logró en la cruz del Calvario.

"Cristo nos rescató de la maldición de la ley al hacerse maldición por nosotros, pues está escrito: "Maldito todo el que es colgado de un madero."Así sucedió, para que, por medio de Cristo Jesús, la bendición prometida a Abraham llegara a las naciones, y para que por la fe recibiéramos el Espíritu según la promesa… Pero la Escritura declara que todo el mundo es prisionero del pecado, para que mediante la fe en Jesucristo lo prometido se conceda a los que creen. Antes de venir esta fe, la ley nos tenía presos, encerrados hasta que la fe se revelara. Así que la ley vino a ser nuestro guía encargado de conducirnos a Cristo, para que fuéramos justificados por la fe. Pero ahora que ha llegado la fe, ya no estamos sujetos al guía. Todos ustedes son hijos de Dios mediante la fe en Cristo Jesús, porque todos los que han sido bautizados en Cristo se han revestido de Cristo. Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, sino que todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús. Y si ustedes pertenecen a Cristo, son la descendencia de Abraham y herederos según la promesa." (Gálatas 3: 13,14, 22-29)

Es por medio de la fe que obtenemos la promesa. La fe es espiritual, no racional; la fe hace que nos regocijemos en Dios por lo que Cristo logró para nosotros. La fe nos permite mirar al dador de la promesa y no mirar al ladrón de promesas, es decir al diablo. La fe mantiene nuestros ojos fijos en Cristo, el autor y perfeccionador de nuestra fe (Hebreos 12: 2). Por medio de la fe atrapamos lo que Dios ya tiene para nosotros. Nuestra fe está anclada en Cristo y aunque el viento azote nuestra barca, sabemos que el que nos sostiene, jamás nos soltará. Recuerda: “El justo por su fe vivirá.” (Habacuc 2:4) ¿Quieres vivir? Activa tu fe.


FE, PEQUEÑA GRAN PALABRA

sábado, 29 de noviembre de 2008

UNA CITA DE AMOR CON TU AMADO


UNA CITA DE AMOR CON TU AMADO

¿Has estado enamorada/o alguna vez? Si este no es el caso, quiero darte un atisbo de lo que pasa cuando estamos enamoradas/os y vamos a tener una cita con el amado/a. Supongamos que sólo podemos vernos los sábados, entonces desde el domingo nuestros pensamientos están centrados en la cita del sábado siguiente, nuestras expectativas para ese encuentro son grandes. Empezamos a acicalarnos de una forma y de otra, nos paramos frente al espejo por mucho tiempo para ver si lo que vamos a vestir va a impactar al amado. Arreglamos nuestro rostro, nuestro cabello y todo nuestro cuerpo para atraer la atención del amado únicamente para nosotras. Nos perfumamos con el mejor perfume para que el amado no quiera separarse de nosotras y así todo lo que hacemos, lo hacemos en función del amado. Sólo nos interesa agradarle a él y serle agradable. ¿Y sabes qué más pasa? Ya no nos importa lo que nos digan o hagan, porque lo único que importa es nuestro encuentro con él.

Nuestro Amado Jesús nos está esperando cada día para tener una cita. ¿Cómo te estás preparando para ese encuentro? ¿Están tus pensamientos centrados solamente en Tu Amado? “No olvides que yo estoy a la puerta y llamo, y si alguno oye mi llamada y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él cenará conmigo.” (Apocalipsis 3: 20 -CAS) Jesucristo está hablando a una iglesia indiferente, tibia y le está diciendo que Él está todavía a la puerta esperando ser atendido para tener un banquete de amor con la persona que atienda. El llamado es personal. Jesucristo quiere tener una cita de amor con cada uno de sus hijos. “Jesús le contestó: Si alguien me ama, también me obedece. Dios mi Padre lo amará, y vendremos a vivir con él.” (Juan 14:23 - BLS) El amor a Jesús nos lleva a obedecerle, entonces el parámetro para saber cuánto le amamos está en ver cuánto le obedecemos por amor. Empecemos a obedecerle por amor a partir de las cosas más pequeñas. ¡Que arda nuestro corazón por nuestro Amado! Roguemos al Espíritu Santo que encienda el fuego del amor por nuestro Amado, para que todo nuestro ser arda de pasión por Jesucristo.

"Yo amo a los que me aman y los que me buscan ardientemente, me encontrarán." (Proverbios 8: 17 -BPD). Necesitamos el fuego de Dios en nuestros corazones para buscarlo con fervor, que nada ni nadie apague ese fuego de amor por Él. Necesitamos realmente enamorarnos de Jesús para anhelarlo todo el tiempo, de tal forma que todo lo que hagamos lo hagamos con la finalidad de agradarle a Él. “¿Qué acuerdo entre el templo de Dios y los ídolos? Porque nosotros somos el templo del Dios viviente, como lo dijo el mismo Dios: Yo habitaré y caminaré en medio de ellos; seré su Dios y ellos serán mi Pueblo. Por eso, salgan de en medio de esa gente y pónganse aparte, dice el Señor. No toquen nada impuro, y yo los recibiré. Y seré para ustedes un Padre, y ustedes serán mis hijos y mis hijas, dice el Señor todopoderoso.” (2ª Corintios 6: 16-18) Le pertenecemos a nuestro Amado, somos Su templo y Él quiere que nos apartemos de lo impuro, de todo aquello que empaña nuestra cita de amor. No participemos de lo que ellos (los que no son de Dios) participan, ni le sigamos el jueguito al diablo de hacernos entrar en susceptibilidades, enojos, disgustos, etc., porque ahora sólo vivimos para nuestro Amado.

¿Cómo te estás arreglando para recibir a tu Amado? ¿Te estás parando frente al espejo de Dios, que es Su Palabra, todo el tiempo? ¿Estás acicalando tu vida? ¿Te estás perfumando con la unción del Espíritu Santo? Si en lo natural todo nuestro ser vibra al saber que nos vamos a encontrar con el amado, en lo espiritual tiene que ser lo mismo, sólo que con mayor intensidad. Oh Espíritu de Dios, enamóranos. “Atrapen a las zorras, a esas zorras pequeñas que arruinan nuestros viñedos, nuestros viñedos en flor.” (Cantares 2: 15). Son las cosas pequeñas que pueden echar a perder nuestro romance con el Amado. Esas zorras pequeñas carcomen la raíz, porque afectan nuestros sentimientos y emociones y hacen trastabillar nuestra voluntad de acercarnos al Amado. Esas zorras pequeñas pueden ser: susceptibilidad, resentimientos, envidia, sospecha, celos, rencores, amargura, falta de perdón, murmuración, congoja, baja autoestima, orgullo, coqueteo con el mundo, etc., que no nos dejan tener una perfecta relación con el Amado. Pero si estamos realmente enamorados de Jesús, no vamos a permitir que esas pequeñeces carcoman nuestra vida hasta el extremo de destruirla, porque esa es su finalidad. Vamos a atrapar todo pensamiento y llevarlo cautivo a la obediencia a Cristo y así vamos a destruir a esas zorras antes que ellas nos destruyan. El Amado está siempre dispuesto a un encuentro y Su viña, la Amada, Su Iglesia ya está en flor, dispuesta para la conjunción matrimonial, en expectativa de la llegada del Amado, pero las zorras están merodeando, están en tu hogar, en tu trabajo, en la iglesia e inclusive en tu mente. Es tiempo de atraparlas ahora que han sido descubiertas, o ellas arruinarán tu cita de amor. La sutileza del diablo son esas pequeñeces que dejamos entrar en nosotros. ¡Atrápalas! No las dejes vivir en ti.

Mi oración por ustedes amadas es ésta: "Pido al Padre que de su gloriosa riqueza les dé a ustedes, interiormente, poder y fuerza por medio del Espíritu de Dios, que Cristo viva en sus corazones por la fe, y que el amor sea la raíz y el fundamento de sus vidas. Y que así puedan comprender con todo el pueblo santo cuán ancho, largo, alto y profundo es el amor de Cristo. Pido, pues, que conozcan ese amor, que es mucho más grande que todo cuanto podemos conocer, para que lleguen a colmarse de la plenitud total de Dios. Y ahora, gloria sea a Dios, que puede hacer muchísimo más de lo que nosotros pedimos o pensamos, gracias a su poder que actúa en nosotros.” (Efesios 3: 16-20 - DHH) Es sólo en el conocimiento del amor de Dios que nos vamos a llenar de toda Su plenitud y vamos a ser capaces de vivir una vida plena en Él y tener un romance diario con el Amado preparándonos para nuestra eternidad con Jesucristo nuestro Señor. Declárale tu amor, dile: Jesús, te amo. Eres lo más hermoso que me ha sucedido. Hazme tuya. Mi corazón te anhela, mi mente sólo piensa en Ti. Espero con ansias el momento de nuestro encuentro. Te amo, te amo, Jesucristo.
Nuestro Amado viene por una Novia intensamente enamorada de Él. ¿Estás preparada? ¿Lo amas?

viernes, 28 de noviembre de 2008

2009, AÑO DE RESTITUCIÓN


2009, AÑO DE RESTITUCIÓN

Y os restituiré los años que comió la oruga, la langosta, el pulgón, y el revoltón; mi gran ejército que envié contra vosotros. (Joel 2: 25 RV 2000)

Este año 2008 Dios nos ha abierto nuevas puertas, o nuevos comienzos, para que caminemos en sus diseños establecidos desde siempre; pero no vamos a poder entrar por esas puertas nuevas si no cerramos las viejas puertas. Si todavía nos afecta, nos duele, las ofensas que nos hicieron, es que no hemos cerrado esas viejas puertas; están tan llenas de sarro y duras que nuestra fuerza no puede controlarlas, pero si dejamos que el aceite del Espíritu Santo penetre por esos goznes (bisagras) trabados por el sarro del resentimiento, entonces vamos a poder cerrar esas puertas y entrar por las que el Señor ha abierto para nosotros. Sólo así Dios va a poder restituirnos lo que el diablo devoró. No vamos a poder tomar posesión de nuestra herencia si todavía Egipto está dentro de nosotros. Egipto es la esclavitud, el sometimiento al faraón que es figura del diablo. No podemos vivir atados al pasado. El efecto del pasado durará el tiempo que tú decidas que dure. Muchas veces el problema no es la herida sino el dolor que hemos soportado durante muchos años y por eso duele tanto, ya no por la herida causada sino por el dolor soportado. Es importante cerrar las viejas puertas, cancelar el pasado y que ese dolor real o imaginario nos sirva para elevarnos a nuestro destino cerrando puertas con la llave del perdón.
Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, Y dio dones a los hombres. Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo. Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor. Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza. Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo, si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús. (Efesios 4: 8-21 RV60)
El año 2009 Dios va a restaurar los cinco ministerios – apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros- para perfeccionar a la Iglesia para prepararla para recibir a Cristo Jesús. Todo aquel que deje el pasado atrás, empezará a ser restituido. Los pródigos volverán a casa y los extraviados encontrarán el Camino. Dios va a levantar una nueva generación que caminará en santidad, en los caminos del Señor. El avivamiento viene a la Iglesia. Tan sólo mira por fe el fuego de Dios quemando las impurezas y derramando el don del arrepentimiento sobre todo hijo de Dios. Contempla al Cuerpo de Cristo como Él lo ve y derrama tu corazón delante de Él. Si algo tienes que dejar, éste es el tiempo para hacerlo. Basta el tiempo pasado para haber vivido complaciendo a la carne; ahora es tiempo de arrepentimiento. Pidamos a Dios que derrame el don del arrepentimiento sobre cada uno de sus hijos.

Con la restauración de los cinco ministerios en el Cuerpo de Cristo, Dios va a desatar sobre Su Iglesia prosperidad, tanto espiritual como material, porque Su Reino va a ser extendido entre las naciones y en este tiempo se levantará un avivamiento que atraerá a la lluvia postrera que será más poderosa que la primera, al comienzo de la Iglesia. Dios quiere traer de vuelta lo que el diablo le robó a la Iglesia por muchos años. Cuando empezó la Iglesia después de la resurrección de Jesucristo, los discípulos recibieron el Espíritu de Dios que les dio poder para testificar del Señor y hacer grandes maravillas. Este Espíritu de poder sigue vigente en la Iglesia, el diablo no puede opacarlo o disminuirlo; entonces lo que el diablo hizo fue poner un velo de conformismo en los hijos de Dios para que estos no busquen más de Dios y se conformen con recibir algo de Él los domingos o en algunas ocasiones especiales. Inventó también, el enemigo, muchísima distracción para mantener entretenidas y ocupadas a las personas en cosas superfluas.

Manteniendo el diablo ocupados a los hijos de Dios en los negocios de este mundo, ellos no desarrollaron sus dones, ni descubrieron sus ministerios, de tal forma que el diablo prácticamente ha devorado los dones ministeriales que Cristo dio a Sus hijos, al subir a lo alto, al lado del Padre, y llevando cautiva la cautividad con que el diablo nos tenía presos. Estos dones (apóstol, profeta, evangelista, pastores y maestros) Cristo dio a la Iglesia para perfeccionar a los santos para que puedan hacer la obra de Dios y cumplir Su voluntad extendiendo Su Reino para edificar (construir) el Cuerpo de Cristo, de tal forma que no se dejen llevar por doctrinas que no glorifican a Cristo, sino que crezcan más y más a la semejanza de Cristo, hasta llegar a ser esa Iglesia que Él viene a buscar, sin mancha, ni arruga, sino santa.

2009 es año de restitución, habrá un nuevo y poderoso mover del Espíritu Santo, prepara tu corazón para recibir lo que Dios tiene dispuesto para ti y empieza a ver viniendo hacia ti todo lo que el diablo te robó. Tienes dones que no los has usado, éste es el tiempo de empezar a usarlos; empieza a despertar a tus sueños, que no queden dormidos, es hora de activarlos. Espera con amor al pródigo porque no quedará perdido para siempre. Despierta a aquellos que como Lázaro yacen en la tumba imposibilitados de salir. Llámalos a la vida. Los pensamientos de Dios siempre son para nuestro bien. Créelo y verás la gloria de Dios.Por tanto, gocémonos y alegrémonos en nuestro Dios porque lo que Él ha dicho de seguro que lo hará.

2008, AÑO DE NUEVOS COMIENZOS


2008, AÑO DE NUEVOS COMIENZOS. AÑO DE SEPARACIÓN

"Ni nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera el vino nuevo rompe los odres, y se derrama el vino, y los odres se pierden; mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar." (Marcos2: 22)
Para recibir lo nuevo que Dios tiene para nosotros, debemos primero sacar todo lo viejo que aún nos queda. Dios quiere llenar nuestro odre, pero éste debe estar nuevo. Para que un odre viejo quede como nuevo se requiere un proceso de cambio radical para quitar su rigidez y hacerlo dócil para poder resistir el vino nuevo. En este tiempo Dios está derramando Su vino nuevo de revelación sobre Sus odres nuevos. Estos odres se han dejado trabajar en el proceso de cambio hasta quedar libres del espíritu religioso que impide al Espíritu Santo realizar el proceso de transformación en la vida del creyente.

Empieza ya un año de transformación donde lo viejo se desecha para dar lugar a lo nuevo de Dios. La vida vieja ya no debe seguir manejando al creyente, porque el hijo de Dios debe vaciarse de lo viejo y renovarse en el espíritu de su mente para crecer en la gracia que Dios le dio. El creyente no puede llevar una doble vida. O es un odre nuevo, o es un odre viejo. Si quiere permanecer gustando lo viejo, no puede recibir lo nuevo de Dios, la plenitud de Cristo. Cristo es el vino nuevo que se está vaciando sobre Sus odres para manifestar Su poder, Su revelación, Su vida al mundo que anda en tinieblas. Cuando Dios creó la tierra, el Espíritu de Dios se movía en el caos y la oscuridad, entonces lo primero que manifestó fue la luz. ¿Para qué la luz? Para que se revelara lo que Él iba a hacer. Entonces Dios separó las tinieblas de la luz. Eso mismo va a hacer en este tiempo, porque las tinieblas no pueden permanecer con la luz. Un nuevo comienzo implica separación. El hijo de Dios tiene que ser santo (separado) para Dios; apartado de toda especie de mal (1ª tesalonicenses 5:22)

"El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía." (Apocalipsis 22:11). Al final del libro de Revelación leemos este versículo como una amonestación a seguir en los caminos del Señor a pesar de la maldad que nos rodea. El que es santo no puede ya contaminarse con lo impuro y corrupto. Que Dios guarde nuestras mentes y corazones para no seguir la corriente de este mundo que trata de absorbernos. Hay un levantamiento del mal en el ámbito espiritual y lo podemos percibir en lo natural. Las tinieblas quieren opacar la luz. ¿Cuánta luz tienes? Mas si tu ojo fuere malo, todo tu cuerpo será tenebroso. Así que si la luz que en ti hay, son tinieblas, ¿cuántas serán las mismas tinieblas? Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno, y amará al otro; o se llegará al uno, y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios, y a las riquezas*.(Mateo 6: 23,24)(*Riqueza equivale a Mammón que es la confianza deificada en las riquezas, avaricia. Mammón es un sistema que atrapa a las personas). Este es el tiempo de definición, o somos de Dios o somos del mundo, pero ya no podemos andar a medias.

Nuevos comienzos es separación. El hijo de Dios debe estar totalmente separado (alejado) de la contaminación del mundo y acercado a Dios. La santificación es la consagración de todo nuestro ser al Señor. Es importante amar lo que Dios ama. La Persona del Espíritu Santo es la misma esencia de Dios y Dios ama sobremanera Su esencia, Su Ser en sí. Dios quiere que amenos al Espíritu Santo sobre todas las cosas, porque Él es Dios.

El Espíritu de Dios se está moviendo sobre el mundo y sobre nuestra nación y quiere manifestar la luz de Dios que está en cada uno de Sus hijos, por eso nos está confrontando para ver cuánta disposición tenemos de ser portadores de Su luz. La luz disipa las tinieblas, por muy densas que éstas sean. La luz sale con poder, pero si la luz está oculta, el poder no se manifiesta, porque una luz guardada es lo mismo que las tinieblas y las tinieblas avanzan si la luz no se manifiesta.

El justo debe seguir practicando la justicia y la justicia es andar en los diseños que Dios ya preparó para nosotros, es permanecer dentro de los propósitos de Dios, haciendo lo que Él nos llamó a hacer; es caminar alineados con Dios en el tiempo preciso y la hora precisa. El justo debe dejarse guiar por el Espíritu Santo de Dios y alinear cada día su vida en conformidad con la dirección de Dios. Cada uno tiene una obra específica dentro del reino de Dios, recordando que no todo lo bueno es lo justo, porque la justicia es vivir en perfecta alineación con Dios, porque Él quiere establecer Su justicia en Sus hijos. El santo debe seguir santificándose, debe seguir buscando la Presencia de Dios en intercesión, alabanza y adoración. Dios no quiere que nuestro trabajo, por muy bueno que sea, nos prive del gozo de estar en Su presencia, porque si algo ocupa el primer lugar en nuestras vidas, se convierte en nuestro Dios. Dios es Santo y quiere hijos santos, apartados para Él, acercados a Él, fusionados con Él. Todavía el Lugar Santísimo espera el encuentro santo entre Dios y Sus hijos. El Espíritu de Dios se está moviendo en ti, quiere sacudir tus aguas para que estas broten para vida y se manifieste la luz de Dios en ti y Su justicia sea establecida.

Nuevos comienzos sólo sobre lo nuevo, porque Dios no empieza nada sobre una vieja estructura. Hay un peso de revelación que Dios quiere derramar sobre Sus hijos para que sus ojos sean abiertos y caigan las escamas que los mantienen cegados. Hay una voz profética que se levanta, como la voz de Juan el Bautista, preparando el camino del Señor: Endereza lo torcido en tu vida en la soledad de tu comunión con Dios. Toma la plomada divina y nivela tu vida con la del Espíritu Santo de Dios. Levántese todo lo que está por debajo del conocimiento de Dios y alcance Su Presencia. Bájese todo lo que se levanta sobre Dios y sea Dios exaltado sobre todo. Que las aristas de religiosidad se allanen para que las piedras vivas se junten en un solo Espíritu. “Entonces se revelará la gloria del Señor, y la verá toda la humanidad. El Señor mismo lo ha dicho." (Isaías 40: 5)

lunes, 24 de noviembre de 2008

REFLEJANDO LA GLORIA DE DIOS


REFLEJANDO LA GLORIA DE DIOS

¡Pero, Felipe! ¿Tanto tiempo llevo ya entre ustedes, y todavía no me conoces? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo puedes decirme: 'Muéstranos al Padre'? ¿Acaso no crees que yo estoy en el Padre, y que el Padre está en mí? Las palabras que yo les comunico, no las hablo como cosa mía, sino que es el Padre, que está en mí, el que realiza sus obras. (Juan 14:9,10 - NVI) ¿Cómo se reconoce quién vive en la persona? A través de las palabras que él o ella comunica y por las obra que hace. Lo que la gente tiene que ver en nosotros son palabras y obras que reflejen al que vive en nosotros, para que crean en Dios y teman el Nombre de Jesús. Felipe estaba viendo a un hombre, pero no estaba viendo a la Palabra hecha carne; esa Palabra es el testimonio de Dios o la misma imagen de Dios. Somos los únicos seres creados en este planeta con la capacidad de hablar, de transmitir a través de las palabras todo aquello que pensamos y esa cualidad es de Dios. Dios es lo que su carácter es, por tanto Él es lo que Su Palabra es. No podemos separar Su palabra de Su carácter o cualidad. Nosotros somos lo que hablamos; y manifestamos qué naturaleza llevamos dentro. Manifestar es mostrar; Cristo mostró al Dios en quien Él estaba y ese Dios (Padre) también estaba en Jesús. Eran Uno, estaban tan fusionados que al mirar a Jesús se miraba al Padre. La imagen de Dios se hacía patente a través de las palabras que Jesús hablaba y de sus obras.

Dios quería y quiere mostrarse a través de nosotros. Somos los únicos seres creados a Su imagen y semejanza y somos los únicos seres, cuando recibimos a Jesús, que nuestra naturaleza puede ser cambiada, ¿para qué? Para que el mundo vea la naturaleza de Dios en nosotros. Una forma de manifestar la naturaleza de Dios es a través de las palabras que hablamos. “El Hijo es el resplandor de la gloria de Dios, la fiel imagen de lo que él es, y el que sostiene todas las cosas con su palabra poderosa.” (Hebreos 1:3 - NVI) Jesús, la imagen de Dios, emite palabra y sustenta todas las cosas; es que Jesús es la Palabra. Lo invisible de Dios se hizo visible a través de La Palabra y es esta Palabra la que sustenta todo. Lo invisible de Dios en nosotros se tiene que hacer visible a través de las palabras que emitimos o formulamos. De esta forma vamos a manifestar la imagen de Dios. Nuestras palabras tienen que concordar con lo que somos, o mejor dicho con Aquel en quien estamos y con el que está en nosotros, es decir Jesucristo. Las palabras que yo les comunico, no las hablo como cosa mía, sino que es el Padre, que está en mí, el que realiza sus obras. Las palabras realizan obras a través del que vive en nosotros; de este modo nos volvemos a Su semejanza. Las palabras cumplen su propósito, por eso cuando hablemos, hagámoslo para bendecir.

Créanme cuando les digo que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí; o al menos créanme por las obras mismas. Ciertamente les aseguro que el que cree en mí las obras que yo hago también él las hará, y aun las hará mayores, porque yo vuelvo al Padre. Cualquier cosa que ustedes pidan en mi nombre, yo la haré; así será glorificado el Padre en el Hijo. Lo que pidan en mi nombre, yo lo haré.” (Juan 14: 11-13 - NVI) Parafraseando lo que dijo Jesús: Si no creen mis palabras, al menos crean por las obras que realizo, las cuales ustedes también van a poder hacer si creen en mí, y las harán mayores, porque Yo voy al Padre; así que pidan lo que quieran que Yo lo haré para que sea glorificado el Padre en el Hijo. ¡Qué promesota! No podemos dejarla pasar por alto. Debemos detenernos y tomar lo que ya se nos dio. La Palabra habló ¿y no será ejecutada? Atrapa la revelación y toma lo tuyo, no la dejes pasar. ¡Pide! Porque lo que pidas en el Nombre de Jesús, Él lo hará.

Tenemos la Palabra dentro de nosotros y también la fe de Dios, empecemos a decretar vida, a transformar situaciones para que el mundo vea Quién vive en nosotros. Lo que Cristo fue aquí en la tierra, nosotros lo hemos heredado, porque todos “nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados a su semejanza con más y más gloria por la acción del Señor, que es el Espíritu.” (2ª Corintios 3:18) Estamos para reflejar la gloria de Dios y ser transformados a Su semejanza con más y más gloria por el Espíritu del Señor. Cuando quieras ver la gloria de Dios tan sólo mírate al espejo y confiesa: Yo reflejo la gloria de Dios. Porque si tienes la naturaleza de Dios en ti, lo que debe verse en ti es la gloria de Dios. Moisés reflejaba la gloria de Dios después de haber estado en Su presencia (Éxodo 33: 35). Tú tienes la presencia de Dios en ti, entonces lo que debe reflejarse es la gloria de esa Presencia. Cuando entendamos esto, vamos a desear ardientemente vivir en Santidad para no empañar la gloria de Dios. El mundo tiene que ver a Dios a través de Sus hijos, escuchar de Dios a través de las palabras de los hijos de Dios.

Cada hijo de Dios lleva a Cristo en él, por lo cual todo lo que digamos a los hijos de Dios, lo estamos diciendo a Dios, así que cuidemos nuestras palabras para no herir a Cristo. Manifestemos la Palabra viva en nosotros porque somos lo que hablamos y si el Cristo viviente está en nosotros, es Su Vida lo que saldrá de nuestros labios, porque somos portadores de vida, manifestadores de Su luz para reflejar la gloria de Dios. El mundo tiene que ver la vida de Dios en cada uno de sus hijos y esa vida se manifiesta en el amor que nos tenemos, porque Dios es amor. Hagamos crecer la naturaleza de Dios en nosotros, haciendo crecer los frutos del Espíritu. (Gálatas 5: 22,23). Que Dios nos dé sabiduría.

jueves, 20 de noviembre de 2008

LA PALABRA DE DIOS ES TRANSFORMADORA


LA PALABRA DE DIOS ES TRANSFORMADORA

"Por la palabra del Señor fueron creados los cielos, y por el soplo de su boca, las estrellas. Él recoge en un cántaro el agua de los mares, y junta en vasijas los océanos. Tema toda la tierra al Señor; hónrenlo todos los pueblos del mundo; porque él habló, y todo fue creado; dio una orden, y todo quedó firme." (Salmo 33: 6-9 -NVI) La palabra de Dios transformó el desorden en orden, trajo la luz y empezó a producir vida donde no había. La Palabra de Dios sale con un propósito y lo cumple. “Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo, y no vuelven allá sin regar antes la tierra y hacerla fecundar y germinar para que dé semilla al que siembra y pan al que come, así es también la palabra que sale de mi boca: No volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo deseo y cumplirá con mis propósitos.” (Isaías 55: 19,11 -NVI) Toda Palabra de Dios vuelve a Él con el propósito cumplido. Cuando nosotros hablamos la Palabra de Dios, debemos estar seguros que Ésta se cumplirá. Debemos estar tan seguros que nada nos hará mover de esa palabra sobre la cual nos hemos establecido. Podemos decir: Yo me quedo firme sobre esta Palabra y no importa los vientos y la tempestad, nadie me mueve de este lugar.

El centurión citado en Mateo 8: 5-13, entendió y creyó en el poder de la Palabra que salía de la boca de Jesús, por eso le dijo: “Pero basta con que digas una sola palabra, y mi siervo quedará sano.” (Mateo 8:8). Basta una sola palabra dicha con fe y ella vuela para cumplir su propósito. Las personas que hablen de parte de Dios siempre van a producir una transformación en ellas y en otras personas. Jesús hablaba de parte de Dios, hablaba lo que Dios le decía que hable. El centurión fue muy sagaz y entendió esto, dado que, como él lo hacía en lo natural con sus subalternos, en lo espiritual era lo mismo. Él se dio cuenta de la autoridad que tenía Jesús y creyó con fe en su corazón, por eso dijo que sólo bastaba una palabra para que los espíritus de rangos inferiores obedezcan. Esa autoridad que Cristo tenía en la tierra, ahora la tenemos nosotros (Lucas 10: 19), sólo falta que la creamos con fe. Una vez que aceptemos creer en lo que hemos recibido de parte de Dios, entonces nuestra palabra producirá buenos frutos y traerá lo que Dios tiene en el cielo a esta tierra para crear vida donde no hay. El Cristo que vive en nosotros es siempre Mayor que el que gobierna el mundo, por lo tanto, cuando dejamos que Él hable a través de nosotros, todo nombre tiene que inclinarse ante el Nombre que es sobre todo nombre, Jesucristo el Señor. Somos personas bajo autoridad, por tanto di la palabra y producirá el efecto deseado. ¡Obediencia! Esa es la clave para la victoria.

La Palabra de Dios en nosotros tiene que empezar a transformar no sólo nuestro entorno mediato, sino más allá, porque Ella primeramente va a penetrar nuestro ser partiendo el alma y el espíritu y escudriñando lo más recóndito de nosotros, discerniendo nuestros pensamientos e intenciones del corazón. (Hebreos 4: 12) Cuando la palabra de Dios va exponiéndonos a Su luz, no hay argumentos que valgan para seguir en pecado, sólo nos queda arrepentirnos humildemente y decidir no cometer más pecados contra Dios. La luz de Dios tiene que penetrar cada área de nuestro ser y esto sólo es posible si dejamos que Su Espada abra camino cortando nuestra carne y poniendo de manifiesto todo pensamiento e intenciones que llevamos muy adentro. Si le permitimos a la espada de Dios cortar nuestro ser, entonces el fluir de Su Palabra avanzará sin impedimento alguno y lo que salga de nuestra boca, será Palabra transformadora de Dios. No leamos la Palabra de Dios para saber mucho de Ella, dejemos que sea Ella quien nos lea, para exponer cuánto nos falta de Dios en nosotros.

Jesucristo es la Palabra viva de Dios y es esa Palabra la que vamos a hablar, es a Jesucristo a quien vamos a predicar y es por Él que vamos a levantar bandera y no por una denominación. Jesucristo es la vida (Juan 14:6) y si queremos engendrar esa vida en nosotros, es necesario embarazarnos de Su Vida para darlo luego a luz, no como quien arroja un caramelo de la boca, sino con verdaderos dolores de parto. Si no sufrimos por las almas que sufren, no vamos a poder darles la Vida de Dios. Los primeros cristianos fueron llamados trastornadores o transformadores del mundo (Hechos 17:6), porque por donde ellos pasaban las cosas empezaban a cambiar, porque sus palabras ardían con el poder de Dios y ese fuego empezaba a consumir la escoria del pecado y miles se convertían al Dios vivo. ¿Cuál era el secreto? Ellos sólo miraban a Jesucristo y hablaban las Palabras de Jesucristo; vivían y morían por Él. ¿Qué hablamos como cristianos? ¿Por quién vivimos y por quién morimos? La única palabra que va a transformar el mundo es la Palabra de Dios, porque “las palabras que Él habla son espíritu y son vida.” (Juan 6: 63).

El poder de la Palabra de Dios no ha cambiado, el fuego espera ser avivado, pero si nos vamos a pelear discutiendo si la mujer puede o no predicar, o si tal denominación que empieza a echar fuera a los demonios está en entredichos, ¿qué estamos haciendo? Echándole agua al fuego y apagando el poder de la Palabra. Los primeros cristianos estaban unánimes, enfocados en Cristo, sin miramientos, entonces el fluir de Dios arrasaba el mismo infierno. Señor, hágase tu voluntad para que unánimes hablemos una misma palabra: Tu Palabra; que tengamos una misma visión: almas para tu reino; que avancemos por un mismo camino, el camino de Santidad; que sintamos lo que Cristo sintió: humildad; que amemos como Cristo amó que se entregó por nosotros; que ya no nos juzguemos, sino que bendigamos, para que Tu Reino se extienda en la tierra y que las tinieblas retrocedan mientras Tu luz avance, para que Tu nombre, Jesús, sea engrandecido. Amén

lunes, 17 de noviembre de 2008

VIVIENDO LA VIDA DE DIOS EN NOSOTROS

VIVIENDO LA VIDA DE DIOS EN NOSOTROS,
UNA VIDA DE RESURRECCIÓN

Para vivir la vida de Dios en nosotros, necesitamos seguir por fe algunos pasos que la Biblia nos indica. Si no actuamos con fe, esto sería mera religiosidad que nos llevaría al fanatismo y daríamos lugar al espíritu de crítica. “Todo lo que no proviene de fe, es pecado.” (Romanos 14: 23). Lo que Jesús hizo en la cruz, no tiene precio, no podemos pagárselo con nada, fue algo incomparable, fue un verdadero acto de amor. Lo único que nos toca hacer es vivir la vida que Él ganó para nosotros. “Así que no dejen que el pecado controle su vida aquí en la tierra. No obedezcan los deseos de su naturaleza humana.” (Romanos 6:12 PDT). No hay nada que el diablo pueda hacer sin nuestro consentimiento. Por eso es importante mantenernos centrados en la Palabra de Dios para no dejar que el enemigo nos engañe con sus argucias, él sólo habla mentira porque es padre de mentiras. No debemos oírlo ni por un instante.
Pidamos a Dios entendimiento para hacer lo que Él nos manda, muriendo cada día y viviendo para Él. (Es importante leer cada texto citado y analizarlo, pidiendo a Dios que nos dé espíritu de sabiduría y revelación)

1º. Arrepintámonos de corazón y humillémonos delante de Dios confesando nuestras debilidades y pecados. (Salmo 51)
2º. Tomemos la decisión de renunciar a todo lo carnal en nosotros. A todo aquello que nos induce a pecar. (Tito 2: 11-14)
3º. Pongamos en práctica esta renuncia, haciendo morir lo terrenal en nosotros. Huyamos de todo lo que nos arrastra a pecar, (Colosenses 3: 5-7) y despojémonos de todo lo que nos lleva a la muerte (Colosenses 3: 8- 10).
4º. Vistámonos con las vestiduras de la nueva naturaleza. (Colosenses 3: 12 -14) Es importante no permanecer desnudos, sino cubiertos inmediatamente con las nuevas vestiduras. Estas vestiduras son las virtudes de Cristo.
5º. Permitamos luego, que la paz de Dios nos gobierne y seamos agradecidos. (Colosenses 3: 15). Vivamos en paz con nosotros, con Dios y con las personas. Controlemos nuestro carácter, pidiéndole al Espíritu Santo que nos ayude. De seguro que Él lo hará.
6º. Que more en abundancia la Palabra de Cristo en nosotros para ser de bendición a las personas. Leamos la Palabra de Dios y que Ella sea nuestro deleite constante. Meditemos en Ella todo el día. (Col. 3: 16)
7º. Que todo lo que hagamos sea para la gloria de Dios. Entonces, ya sea que coman, que beban, o que hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios. (1ª Corintios 10: 31 NBLH) Sólo Cristo es merecedor de toda gloria.
8º. Ejercitémonos en la piedad (1ª Timoteo 4: 7). Vivamos una vida de excelencia moral.
9º. Perdonemos (Efesios 4: 32). No almacenemos resentimiento dentro de nosotros. Perdonemos de inmediato a quien nos ofenda.
10º. Amemos a Dios y al prójimo. (Deuteronomio 6: 4 -5; Mateo 22: 37-40; Marcos 12: 30-31). El amor a Dios es lo primero y esto nos lleva a amar al prójimo, tomando en cuenta que Dios ama a las personas que Él creó a Su imagen.

La vida de resurrección ya no piensa en la muerte, porque es una vida nueva en Cristo, cambiada y transformada de todas las ataduras del pasado que carcomen el alma y la arrastran al infierno. Una vida resucitada con Cristo ya no vive de acuerdo al sistema de este mundo, sino que va transformando su forma de pensar llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo y comprobando que la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta. La vida resucitada almacena perdón y no ofensas. Mantiene siempre sus aguas saludables porque el perdón las endulza, entonces el rencor y la amargura huyen porque no encuentran dónde estacionarse.

Una vida de resurrección entra al reposo de Dios porque ya no vive en obras muertas, sino que se ejercita en la piedad. Este ejercicio consiste en poner en práctica por fe los diez puntos citados, no olvidando que debemos perdonar en todo tiempo, amándonos unos a otros y amando a Dios sobre todas las cosas. Dios nos ha dado nueva vida para que vivamos en Su presencia todo el tiempo y le adoremos en espíritu y en verdad, porque la carne no puede adorar a Dios. Sólo cuando nos decidimos a morir (a lo carnal) vamos a poder resucitar y estar en la presencia de Dios viviendo en libertad.

Para vivir la vida de Dios en nosotros sólo necesitamos vivirla, es decir, dejar que Cristo actúe en nosotros. No se trata de estar echando fuera a los demonios para que nos dejen en paz, sino de hacer crecer a Cristo en nosotros. Si no hay espacio para el enemigo en nosotros, entonces él no va a poder entrar, porque estaremos llenos del Espíritu de Dios. Nuestra lucha no consiste en estar esquivando al diablo, sino solamente en someternos a Dios haciendo Su voluntad y obedeciéndole en todo, entonces el diablo huirá. Leamos el capítulo 4 de Santiago según la versión en la Biblia Lenguaje Sencillo.
¿Saben por qué hay guerras y pleitos entre ustedes? ¡Pues porque no saben dominar su egoísmo y su maldad! Son tan envidiosos que quisieran tenerlo todo, y cuando no lo pueden conseguir, son capaces hasta de pelear, matar y promover la guerra. ¡Pero ni así pueden conseguir lo que quisieran! Ustedes no tienen, porque no se lo piden a Dios. Y cuando piden, lo hacen mal, porque lo único que quieren es satisfacer sus malos deseos. Ustedes no aman a Dios ni lo obedecen. ¿Pero acaso no saben que hacerse amigo del mundo es volverse enemigo de Dios? ¡Pues así es! Si ustedes aman lo malo del mundo, se vuelven enemigos de Dios. ¿Acaso no creen lo que dice la Biblia, que «Dios nos ama mucho»? En realidad, Dios nos trata con mucho más amor, como dice la Biblia: «Dios se opone a los orgullosos, pero trata con amor a los humildes». Por eso, obedezcan a Dios. Háganle frente al diablo, y él huirá de ustedes. Háganse amigos de Dios, y él se hará amigo de ustedes.¡ Pecadores, dejen de hacer el mal! Los que quieren amar a Dios, pero también quieren pecar, deben tomar una decisión: o Dios, o el mundo de pecado. Pónganse tristes y lloren de dolor. Dejen de reír y pónganse a llorar, para que Dios vea su arrepentimiento. Sean humildes delante del Señor y él los premiará. No critiquen a los demás. Hermanos, no hablen mal de los demás. El que habla mal del otro, o lo critica, es como si estuviera criticando y hablando mal de la ley de Dios. Lo que ustedes deben hacer es obedecer la ley de Dios, no criticarla. Dios es el único juez. Él nos dio la ley, y es el único que puede decir si somos inocentes o culpables. Por eso no tenemos derecho de criticar a los demás. No sean orgullosos. Escúchenme, ustedes, los que dicen así: «Hoy o mañana iremos a la ciudad; allí nos quedaremos todo un año, y haremos buenos negocios y ganaremos mucho dinero». ¿Cómo pueden hablar así, si ni siquiera saben lo que les va a suceder mañana? Su vida es como la niebla: aparece por un poco de tiempo, y luego desaparece. Más bien deberían decir: «Si Dios quiere, viviremos y haremos esto o aquello». Sin embargo, a ustedes les gusta hablar con orgullo, como si fueran dueños del futuro, y eso es muy malo. Si ustedes saben hacer lo bueno y no lo hacen, ya están pecando.
Que Dios nos dé entendimiento para captar lo que el Espíritu nos revela en esta Palabra.

domingo, 16 de noviembre de 2008

UNA VIDA DE RESURRECCIÓN


UNA VIDA DE RESURRECCIÓN

Al hablar de resurrección, no podemos dejar de pensar en muerte, y es lógico, pues sólo los muertos resucitan, ya que sin muerte, no hay resurrección y sin resurrección, no hay vida. Como hijos de Dios debemos entender la gran importancia de morir para vivir. Cristo dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.” (Lucas 9:23). ¿Qué está diciendo Jesús aquí? Sencillamente, ¡Muere! No hay otra forma de vivir la vida de la fe, si no es muriendo cada día. El tomar la cruz significaba muerte. eN Cuando el acusado tomaba la cruz, sabía que no tenía ni la más remota posibilidad de vivir, estaba destinado a morir y Cristo nos dice exactamente eso: ¿Me quieres seguir? Entonces muere, porque no hay otra forma de hacerlo. Nos parece duro pensar en morir y la carne grita diciendo: ¡Es injusto! Pero si entendemos que la única forma de alcanzar la resurrección es muriendo, entonces será más llevadero para nosotros cargar la cruz cada día.

¿Por qué morir? Porque la única forma de abandonar la naturaleza pecaminosa es clavándola en la cruz. “Sabemos que lo que antes éramos fue crucificado con él para que nuestro cuerpo pecaminoso perdiera su poder, de modo que ya no siguiéramos siendo esclavos del pecado” (Romanos 6:6 CAS) En otra versión dice así: Ciertamente nuestra vieja forma de ser fue clavada con Cristo en la cruz, y así aquella parte de nuestra vida que estaba dominada por el pecado quedó herida de muerte. De esta forma, nuestro cuerpo pecador no sigue sometido a la esclavitud del pecado” (Romanos 6:6 NVI) Si queremos abandonar la incredulidad, el orgullo y toda obra de la carne, debemos considerarnos muertos de verdad a todas las cosas que nos inducen a pecar, porque ya fueron clavadas en la cruz y debemos reemplazar estas áreas con lo que Dios dice respecto a nosotros para vivir de acuerdo a lo que Su Palabra declara. Debemos reconocer que somos libres haciendo morir la carne que nos esclaviza y lleva a la muerte. “La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz.”(Romanos 8: 6 BAD) La Biblia Lenguaje Sencillo dice: “Si vivimos pensando en todo lo malo que nuestros cuerpos desean, entonces quedaremos separados de Dios. Pero si pensamos sólo en lo que desea el Espíritu Santo, entonces tendremos vida eterna y paz.” (Romanos 8:6 BLS).

La vida resucitada es la única que ha vencido a la muerte. La carnalidad es símbolo de muerte. Este es un tiempo de definición para la Iglesia de Dios. No podemos estar divagando entre el camino estrecho y el ancho, debemos definirnos a entrar por el camino estrecho que lleva a la vida, ese Camino es Cristo. Debemos definirnos por Cristo y declarar con el salmista: “El hacer tu voluntad, Dios mío, me agrada y tu ley está en medio de mi corazón.” (Salmo 40: 8). Es sólo haciendo la voluntad de Dios que vamos a entrar en Cristo, lo contrario nos lleva a entrar en crisis. La carnalidad es sinónimo de crisis. La ley de Dios debe regir cada área de nuestro ser, esa ley que está ya escrita en nuestros corazones, es la ley del amor. Dios está llamando a Su Iglesia a tomar las armas y levantarse en adoración para vivir en el Espíritu y no satisfacer los deseos de la carne. “Las armas con las que luchamos no son de este mundo, sino que tienen el poder de Dios para destruir las fortalezas del enemigo. Con nuestras armas, también destruimos los argumentos de los que están en contra nuestra y acabamos con el orgullo que no le permite a la gente conocer a Dios. Así podemos capturar todos los pensamientos y hacer que obedezcan a Cristo.” (2ª Corintios 10: 4,5 NVI)

La vida resucitada nos lleva al rompimiento con todo lo carnal. Se empiezan a romper viejas estructuras humanas que impidieron por largo tiempo el estancamiento del Cuerpo de Cristo. Estamos viviendo el tiempo de Dios para la ruptura de todas las ataduras que enclaustraron a la Iglesia en sistemas ritualistas que le impidieron cumplir con todos los propósitos de Dios.


El Señor está diciendo a la Iglesia: “Mira, hoy te doy a elegir entre la vida y la muerte, entre lo bueno y lo malo, entre la vida y el éxito, o la muerte y el desastre. Si obedeces los mandamientos del Señor tu Dios que te ordeno hoy, amas al Señor tu Dios, vives como él manda y obedeces sus mandamientos, normas y leyes, entonces vivirás y te multiplicarás, y el Señor tu Dios te bendecirá en la tierra que vas a tomar en posesión. Pero si te alejas del Señor, no lo escuchas, te dejas arrastrar y adoras y sirves a otros dioses, entonces hoy te advierto que con toda seguridad serás destruido. No vivirás mucho tiempo en la tierra que vas a tomar en posesión, después de cruzar el río Jordán.» Llamo hoy al cielo y a la tierra para que sean testigos: Yo te estoy dando a elegir entre la vida y la muerte, entre la bendición y la maldición. Elige la vida para que tú y tus descendientes puedan vivir, amando al Señor tu Dios, obedeciéndolo y estando cerca de él, porque al hacer esto tendrás vida y permanecerás por mucho tiempo sobre la tierra que el Señor prometió darles a tus antepasados Abraham, Isaac y Jacob».” (Deuteronomio 30 15-20 NVI)

La vida de resurrección es una vida de obediencia por amor a Aquel que nos amó y se entregó por nosotros. La vida resucitada entra en el reposo de Dios porque cesa de hacer sus propias obras y hace las obras de Cristo; ya no se conforma con seguir doctrina y mandamientos de hombres, sino que se centra en hacer la voluntad de Dios. Una vida de resurrección es una vida de poder. Iglesia, entra al reposo de Dios y vive la victoria de la resurrección.

El Señor me habló y me dijo: No temas. Dile a mi pueblo adormilado que es hora de despertar, es hora que se levanten y vean la luz de este nuevo día de resurrección, porque ya se vislumbra esa luz y las tinieblas van retrocediendo, no esperes más, para que no te sorprenda el nuevo día aún envuelta con el manto de religiosidad, por tanto “despiértate tú que duermes y levántate de los muertos y te alumbrará Cristo.” (Efesios 5: 14).

jueves, 13 de noviembre de 2008

HABLANDO PROFÉTICAMENTE


HABLANDO PROFÉTICAMENTE

Nuestras palabras tienen tremendo poder, poder de vida o poder de muerte. ¿Cómo usamos nuestras palabras ahora que estamos en la vida de la fe? ¿Seguimos usando las palabras según nuestro propio criterio o las usamos según el criterio de Dios? “No digan malas palabras, sino palabras que ayuden y animen a los demás para que lo que hablen le haga bien a quien los escuche. No hagan poner triste al Espíritu Santo, quien es la garantía para su completa liberación en el día señalado.” (Efesios 4: 29,30) En las malas palabras, no sólo están las obscenas, sino también aquellas que llegan a ser maldición para el que las oye, palabras que no producen vida, sino muerte. Pablo nos exhorta a que hablemos ahora solamente aquello que producirá vida, la vida de Dios que nosotros llevamos dentro, pues tenemos la naturaleza de Dios y no la del diablo. El diablo habla mal para todos porque quiere que a todos les vaya mal, pero como nosotros no tenemos la naturaleza diabólica, entonces nuestro hablar debe ser de bendición. No vamos a querer entristecer al Espíritu Santo de Dios por las palabras que hablamos, por tanto amados de Dios, les ruegos que entreguemos nuestros pensamientos al Señor Jesús, llevando cautivo todo pensamiento a Cristo, para que cuando abramos nuestra boca, de ella sólo brote bendición. “De una misma boca salen bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así.” (Santiago 3:10) Que de nuestra boca brote sólo bendición.

Permitan que el mensaje de Cristo viva plenamente entre ustedes. Enséñense y aconséjense unos a otros con toda la sabiduría que Dios les da. Canten salmos y canciones espirituales con el corazón lleno de agradecimiento a Dios. Siempre dediquen al Señor Jesús todo lo que digan (hablen) y lo que hagan, dando gracias a Dios Padre a través de Jesús.” (Colosenses 3: 16,17). Cuando la Palabra de Dios está viviendo en nuestros corazones, lo que saldrá de nuestros labios será Palabra de Dios, para enseñar, aconsejar con la sabiduría de Dios. De nuestro corazón brotarán canciones de alabanza y gratitud a Dios porque vamos a dedicarle al Señor todo lo que hagamos y digamos. Entonces ya se acabarán los sarcasmos (las indirectas, ironías), las murmuraciones, porque ya le hemos entregado nuestro hablar al Señor y no podemos darle esas cosas y otras que pertenecen al infierno. Que nuestras palabras reflejen al Cristo que vive en nosotros.

Mientras hablaba así, muchos creyeron en él. Jesús dijo a aquellos judíos que habían creído en él: "Si ustedes permanecen fieles a mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos: conocerán la verdad y la verdad los hará libres". (Juan 8: 30-32). Permanecer es plantarse en la Palabra de Dios y echar raíces, de tal forma que nada ni nadie nos arranque de Ella. Es así y sólo así que vamos a poder ser discípulos del Señor Jesús. El olivo tiene una característica muy especial, en cuanto empieza a desarrollarse va profundizando sus raíces, de tal forma que si queremos arrancar a una pequeñita plantita de olivo con la mano, no vamos a poder arrancarla con toda su raíz; así debemos ser nosotros , debemos enraizarnos profundamente en la Palabra de Dios y fortalecernos en Él, para que cuando vengan los furiosos huracanes en contra de nosotros, no puedan desarraigarnos; podrán arrancarnos algunos gajos, pero esto producirá una poda en nosotros, de modo que lo que brotará después, será una nueva y poderosa rama que se desarrollará con mayor vigor. La Palabra de Dios es la única que nos da la verdadera libertad, porque nos hace conocer al que es la Palabra, a Jesucristo el Señor.

“El Espíritu da vida; la carne no vale para nada. Las palabras que les he hablado son espíritu y son vida.” (Juan 6: 63) Notemos que el espíritu y la vida van unidos. Nada de lo que hagamos en la carne produce vida, sino sólo lo que procede del Espíritu, porque nuestro espíritu está unido al del Señor y es uno con Él (1ª Corintios 6: 17); así como el Espíritu de Cristo estaba unido al del Padre y era Uno con Él, así también el nuestro es uno con el Señor; de modo que es importante y necesario vivir en el Espíritu, haciendo caso a nuestra nueva naturaleza - la de Cristo en nosotros- y desechando lo carnal que nos conduce a la muerte. Cuando estamos viviendo en el Espíritu, nuestras palabras son espíritu y vida y producen en nosotros y en los oyentes, la Vida de Dios.

Dios quiere que hablemos proféticamente, es decir que hablemos sólo sus Palabras, que aprendamos el lenguaje de Dios. “¿Por qué no entienden mi modo de hablar? Porque no pueden aceptar mi palabra.” (Juan 8: 43). “¿Porque no entienden mi lenguaje?” dice en otra versión. Cuando no podemos entender el lenguaje o modo de hablar de Dios, es sencillamente porque no queremos aceptar Sus Palabras. Cuando decidamos aceptar las Palabras de Jesús, vamos a entender Su Lenguaje, ese Lenguaje es celestial, se habla en los cielos. Cuando Jesús dijo que se haga la voluntad de Dios aquí en la tierra, así como se hace en los cielos, se estaba refiriendo a la forma de hablar, como se habla en el reino de Dios. Porque es la palabra la que produce vida o muerte. Fue por la Palabra de Dios que fue hecho todo y nosotros lo entendemos y aceptamos por fe (Hebreos 11: 3). Es esa palabra que produce vida, la que Dios quiere que hablemos y esa Palabra procede de Él (de Jesucristo); esa es la Palabra profética que Dios espera que hablemos en este tiempo. Jesucristo es la Vida, porque la Palabra se hizo carne, se hizo como nosotros, (Juan 1: 14) para que nosotros la podamos comer (ingerir y digerir; leerla y entenderla; oírla y hacerla) y tener la Vida de Dios en nosotros, para poder impartirla a otros y que ellos también tengan Vida “Zoe”, la vida de Dios.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

UNA VOZ PROFÉTICA


UNA VOZ PROFÉTICA ES LA QUE BUSCA EL SEÑOR

El mundo se encuentra ahora como le fue mostrado a Ezequiel en el capítulo 37 de su libro. Ezequiel vio un valle de huesos secos y Dios le dijo que profetizara sobre ellos, que profetizara vida; y ese es el mandato de Dios para Su Iglesia. El nos dice: Profetiza vida sobre la muerte. Ordena que del sepulcro donde se encuentran los muertos se levanten y que fluya la vida de Dios en ellos. ¿Acaso no son como huesos secos los que se alejan de Dios? ¿Acaso no están muertos los que caminan sin Dios? ¿Profetizarás sobre esos huesos secos para que vivan? Podemos saber mucho sobre el Señor, pero si no tomamos de Su vida, no vamos a poder darla a otros.

Cuando empecemos a mirar el mundo como lo mira Dios, nuestra visión se aclarará y vamos a poder ver los huesos secos por doquier, estaremos tropezándonos con huesos secos, sin vida, que son arrastrados al infierno sin la mínima posibilidad de salvación, a menos que nosotros abramos nuestra boca en intercesión profética sobre ellos. Pero no vamos a poder hacer eso si no amamos lo que ama Dios. Él ama a las almas, anhela almas para Su reino. ¿Puedes por un momento enfocarte en lo que es el enfoque de Dios? Mira a tu alrededor el montón de huesos secos arrastrados al fuego del infierno, cuando está en ti el poder darles vida. ¿No se conmueve tu corazón como se conmueve el de Dios? Ahora abre tus oídos espirituales y escucha la voz de Dios: “Profetiza para que vivan, profetiza para que vivan”. ¿Estaremos dispuestos a hacerlo? Ezequiel lo hizo porque se dio cuenta que de su palabra dependía la vida eterna o la muerte eterna de millones de personas. “En tu boca está el poder de la muerte o la vida.” “Lo que uno habla determina la vida y la muerte; que se atengan a las consecuencias los que no miden sus palabras.” (Pro 18:21 PDT)

Si te alimentas del Árbol de Vida, que es Jesucristo, el fruto de tus labios será vida; pero si engulles otras cosas que no proceden del Árbol de Vida, estás envenenado tu fuente y lo que brotará de ti estará contaminado. ¡Oigan bien lo que les digo!" Jesús les dijo también: "Pongan mucha atención a lo que oyen. De la manera que ustedes den, Dios les dará a ustedes y aun más. Porque al que entienda algo, se le permitirá que entienda más. Pero al que no entienda nada, hasta lo que entienda se le quitará". (Marcos 4: 23-25- PDT) Debemos poner atención a lo que oímos para no introducir muerte en nosotros. Lo que no es de Dios embota nuestro entendimiento y nos lleva a la muerte. Hay mucho de lo que no es de Dios en lo que oímos. No lo dejes entrar, cierra tus oídos. No des tus oídos al chismoso, al quejumbroso, al criticón, al blasfemador, al irritador y a todo lo que nace del mismo infierno. Las voces que oyes no siempre proceden del exterior, la mayoría procede de tu interior. Tu alma te habla todo el tiempo. ¿Acaso descansa tu mente? ¡Cuán importante es llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo!

“¡Profetiza vida!” Esa es la orden de Dios. "El Señor ha puesto su Espíritu en mí, porque me escogió para anunciar las buenas noticias a los pobres. Me envió a contarles a los prisioneros que serán liberados. A contarles a los ciegos que verán de nuevo, y a liberar a los oprimidos Me escogió para anunciar que este año el Señor mostrará su bondad". (Lucas 4: 18 - 20) Tú eres escogido (a) para anunciar el evangelio de salvación a esos huesos secos. Acaso no dijo Jesús: “Dios me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Así que hagan seguidores en todas las naciones. Bautícenlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a obedecer todo lo que yo les he mandado. Tengan presente que yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo.” Profetiza vida enseñando la verdad de Dios, libertando con tus palabras de vida a los cautivos por el diablo; quitando la venda de los que están cegados por las mentiras de Satanás, libertando a los que están oprimidos por los demonios. ¡Cuántos hay que están oprimidos por el vicio, cautivos por pasiones, cegados por la ignorancia! No están lejos de ti. Profetiza vida y no los empujes al infierno con tus palabras.

Ahí, en lo secreto de tu habitación, empieza a declarar vida. Llénate de la vida de Dios para que de tu interior fluya como ríos de agua vivificadora. Ya no consientas el pecado en ti; la amargura, el resentimiento, la susceptibilidad y todas aquellas cosas que enturbian tu fuente, deséchalas. Come del Pan de Vida para que vivas y concibas vida. A la persona que te está dañando, ámala y declara vida sobre ella. ¿Sabes que Dios ama al pecador? Si no hubiera sido así, ¿dónde estaríamos nosotros? ¿Puedes amar al que te abofetea? Cristo lo hizo y no solamente profetizó vida sobre nosotros que lo abofeteamos, sino que dio Su Vida por nosotros. ¡Cuánto amor derramado por ti y por mí!

Ezequiel 37:10 “Así que profeticé como se me ordenó. El espíritu llegó a ellos y empezaron a vivir. Luego todos se levantaron. Eran una multitud de soldados.” Una multitud espera la voz profética que diga: “Huesos secos: Oigan la Palabra del Señor.” ¿Qué palabra? Palabra de vida. Profetiza vida para que se levanten y vivan.

martes, 11 de noviembre de 2008

LA IMPORTANCIA DE LA PALABRA HABLADA


LA IMPORTANCIA DE LA PALABRA HABLADA

“En el principio era la Palabra, y la Palabra era con Dios, y la Palabra era Dios. Todas las cosas por Él fueron hechas, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho." (Juan 1: 1,3) Jesús es la Palabra de Dios, esta Palabra creó todo. La Palabra emitida por Jesús dio origen a todo lo creado. Jesús y Su Palabra son una misma cosa, no están separados. Lo que Él dice sale de Él y siempre produce algo. La Palabra, que es el mismo Jesucristo, tiene poder de producir; cuando Su Palabra sale de Su boca produce resultado. “… así es mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.” (Isaías 55. 11). La Palabra de Jesús produce porque es dicha con fe, porque Él es un Dios de fe; está convencido que hablando la Palabra, viene a la existencia lo que antes no había; fue así como creó el mundo. Él nunca dudó de Su Palabra. La fe no admite duda.

Es pues la fe es la sustancia de las cosas que se esperan, la demostración de las cosas que no se ven.” (Hebreos 11: 1). La fe es el componente invisible, pero tan cierto de lo que tú esperas. Así como los componentes del agua son dos moléculas de hidrógeno y una de oxígeno, que unidas forman el agua; la fe son aquellos componentes invisibles que unidos con la Palabra de Dios, dan como resultado lo que tú esperas. Tu fe unida a la fe de Dios, que es Su Palabra, siempre van a producir algo y ese algo es aquello de lo que tú tienes certeza inquebrantable. La fe es ese fundamento sólido de las cosas que tú estás esperando. Cuando el fundamento es sólido, el edificio está firme. Tú, como edificio, te afirmas en la fe de Dios, en Su Palabra y esto prueba lo que aún no se ve.

"Por la fe entendemos que el universo fue hecho por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve, fue hecho de lo que no se veía." (Hebreos 11: 3). La fe nos da entendimiento que se pueden producir cosas a través de la Palabra de Dios, que podemos traer aquello que no está visible en el mundo natural y hacerlo una realidad visible y tangible. La fe es sobrenatural, es espiritual y trabaja con la palabra. La palabra es el poder activo de la fe. La palabra sin incertidumbre activará y traerá lo que no es visible a la visibilidad. Eso hizo Jesús (la Palabra) en la creación. Ahora bien, como la fe es espiritual, las cosas que quieras activar en lo natural, debes primeramente verlas en lo espiritual, para eso necesitas una revelación de la Palabra de Dios en ti. Lo espiritual debe comprenderse desde el ámbito espiritual, no racional.

El ser humano es el único capacitado para hablar. Se están haciendo intentos vanos para hacer hablar a algunos animales, pero sin ni un resultado exitoso. Los humanos tenemos esa cualidad inherente desde el momento de nuestra creación, porque fuimos creados a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1: 26,27). Hay espíritu en el hombre, porque Dios es Espíritu. “Ciertamente espíritu hay en el hombre, y el soplo del Omnipotente le hace que entienda.” (Job 32: 8) El lenguaje humano nace en el espíritu, así como el de Dios nace en Su Espíritu, porque Él es Espíritu, Su Palabra es espiritual. A través del soplo del Omnipotente hemos recibido la cualidad del habla. Cristo dijo: “Porque de la abundancia del corazón habla la boca… Porque por tus palabras serás justificado y por tus palabras serás condenado.” (Mateo 12: 34,37) Hablamos de lo que llevamos muy dentro de nosotros y estas palabras van a producir, o el ser justificados o condenados, porque nuestras palabras también producen resultado, para nuestro bien o para nuestro mal.

Como hijos de Dios necesitamos poner nuestro fundamento en Su Palabra, nuestra fe tiene que estar basada en lo que dice Su Palabra revelada a nuestros corazones, para ello debemos constantemente oír Su palabra, porque la fe de Dios viene a nosotros por el oír Su Palabra (Romanos 10:17), no otras palabras que pueden hacernos dudar. Eso fue lo que pasó con Eva en el Huerto del Edén, por oír la voz de Satanás, puso en duda la Palabra de Dios y fue engañada. Necesitamos envolvernos con la Palabra de Dios para que la atmósfera que respiremos sea Su Palabra (Jesús), y lo que salga de nuestros labios produzca vida y no muerte porque “la muerte y la vida están en poder de la lengua; cual sea el uso que de ella hagas, tal será el fruto.” (Proverbios 18: 21 NC). Nuestra palabra tiene un tremendo poder para producir cosas y si éstas salen de la Fuente de Vida que es La Palabra de Dios, entonces produciremos vida, la vida de Dios que está en nosotros, de lo contrario seremos portadores de muerte, por lo tanto, guarda tu corazón, revisa bien lo que colocas en él, porque pronto saldrá a luz a través de tus palabras. Es importante que empieces a separar lo precioso de lo vil para que seas la boca de Dios (Jeremías 15: 19) y tus palabras produzcan vida para ti y para quienes te oigan.



lunes, 10 de noviembre de 2008

SEAMOS AGRADECIDOS


LA HORMIGA Y EL LEÑADOR

Un leñador, se ganaba la vida cortando leña para vender en el pueblo; y de ese modo alimentaba a su numerosa familia.

Un día, que había llovido mucho, él tuvo que salir al bosque a buscar leña, entonces vio a una hormiguita, que se debatía entre la vida y la muerte en un charco de agua. El leñador agarró a la indefensa hormiguita y la puso a salvo. La hormiguita nunca olvidó este favor que le hizo el leñador.

Pasó un tiempo, y cierto día, cuando el leñador se acercaba a una rama para sacarla con su mano, la hormiguita vio a una serpiente, que bien quietecita se ocultaba detrás de la rama; entonces la hormiguita se acordó que un día el leñador le salvó la vida, así que, para que el leñador no agarrara la rama donde se encontraba la serpiente, la hormiguita decidió picarle al leñador con todas sus fuerzas. Esto provocó que el leñador diera un salto, y entonces la víbora asustada salió de su escondite para ver qué pasaba.


De ese modo, el leñador vio a la víbora y agradeció a la hormiguita por haberle salvado la vida.

El agradecimientpo es una virtud que muchos han olvidado. Es importante empezar a recordar esta virtud.

sábado, 8 de noviembre de 2008

CONECTÁNDONOS CON DIOS


CONECTÁNDONOS CON DIOS. BOLIVIA NECESITA ADORADORES.
Al adorar a Dios en medio de una situación difícil, no estamos negando esta realidad, sino que la estamos conectando al Dios quien es “la realidad”, reconociendo que Él es mayor que cualquier circunstancia difícil por la cual estemos pasando. Cuando nos conectamos con Dios a través de la adoración, empezamos a verlo y a tocarlo, entonces nuestra fe se vivifica, porque vemos nuestra realidad desde la perspectiva de Dios y ya no de la nuestra. Esto no cabe en una mente natural, pero los que somos de Dios hemos crucificado la carne con sus pasiones y deseos y hemos entregado nuestra vida al que la compró con Su Sangre. Cuando Job recibió la noticia que lo había perdido todo, inclusive a sus hijos, lo único que hizo fue adorar a Dios. ¿Por qué? Sencillamente porque él era un adorador. Y a Dios se le adora en las buenas y en las malas. Como su primera respuesta fue la de adorar a Dios, Job pudo recibir la revelación de Quién es Dios y pudo decir victorioso: “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos (espirituales) te ven” Job 42: 25). Job había escuchado mucho de Dios y vivía de conforme a la voluntad de Dios, pero un día, Dios permitió que él fuera probado, y de acuerdo a su respuesta a la prueba, Job pudo recibir la revelación de Quién era Dios. Job había podido entrar al lugar donde la presencia de Dios lo envuelve todo. ¿Cómo respondemos a las pruebas? Si lo hacemos como Job vamos a entrar a una nueva dimensión espiritual y nuestra vida ya no será la misma, pues quien puede ver a Dios, nunca más será el mismo, o pregúntenselo al apóstol Pablo.

Al conectarnos con Dios reconocemos que Él todo lo puede y ya no nos adelantamos en querer solucionar los problemas, sino que acudimos a Él en adoración y allí en la intimidad con Dios, Él nos dará la respuesta y nos mostrará la solución. La adoración a Dios nos lleva a Su reposo. La adoración a Dios nos transforma a Su imagen. La adoración a Dios nutre nuestro espíritu, porque éste se conecta con el Espíritu de Dios. El libro de Apocalipsis nos da un consejo concerniente a leer este libro que es el menos leído. “Dichoso el que lee y dichosos los que escuchan las palabras de este mensaje profético y hacen caso de lo que aquí está escrito, porque el tiempo de su cumplimiento está cerca.” (Apocalipsis 1:3) Cuán dichosos seremos si leemos y hacemos caso de lo que aquí se escribe. No está diciendo que entendamos, sino que leamos y escuchemos. Obviando aquellas cosas que nos parecen difíciles de comprender, vemos que este libro nos muestra cómo Satanás se disputa la adoración, además nos muestra a quién solamente se debe adorar y quiénes vivirán y reinarán con Cristo mil años. (Apocalipsis 4:10; 5: 14; 13; 14: 9, 10; 22: 8; 20: 4) Lo que va a definir el destino final es la adoración. ¿A quién en verdad adoramos?

Si quieres afectar a tu generación y a muchas generaciones más, necesitas conectarte con Dios para saber quién es Él. Dios todo lo puede; nada hay imposible para Él, solamente está queriendo que tú te pongas de acuerdo con Él para que se realice Su obra aquí en la tierra. Puedes cambiar la historia de tu país y decretar por generaciones que la Ley de Dios es la que rige tu nación. Sabiendo Quién vive en ti, puedes ponerte al frente del enemigo que ha venido a robar a tus hijos y detenerlo en el Nombre de Jesús, del Todopoderoso, que vive en ti. Cuando vives conectado con Dios, no puedes resignarte a que el diablo haga de las suyas con lo que te pertenece; no puedes resignarte ver a tu país siendo dirigido por principios paganos, diabólicos. Dios te ha puesto para decirle ¡basta! al enemigo y para recordarte que no es en tus fuerzas, sino en las de Él. “Sed fuertes y valientes; no temáis ni os acobardéis a causa del rey de Asiria, ni a causa de toda la multitud que está con él, porque el que está con nosotros es más poderoso que el que está con él. Con él está sólo un brazo de carne, pero con nosotros está el SEÑOR nuestro Dios para ayudarnos y pelear nuestras batallas. Y el pueblo confió en las palabras de Ezequías, rey de Judá.” (2º Crónicas 32: 7,8) Debes recordar que con nosotros está el brazo fuerte del Rey Jesús y cuando el “asirio” venga a querer cambiar las leyes de tu nación para poder apoderarse de tus hijos y de tus bienes, no te acobardes, ni te desalientes, clama a Dios, porque de seguro te responderá y actuará.

"Y el SEÑOR envió un ángel que destruyó a todo guerrero valiente, comandante y jefe en el campamento del rey de Asiria. Así regresó avergonzado a su propia tierra. Y cuando había entrado al templo de su dios, algunos de sus propios hijos lo mataron allí a espada. Así salvó el SEÑOR a Ezequías y a los habitantes de Jerusalén de mano de Senaquerib, rey de Asiria, y de mano de todos los demás, y los guió por todas partes." (2ª Crónicas 21: 22) Si tú clamas a Dios, ese mismo Dios que escuchó el clamor de un rey y de un profeta, también te escuchará a ti. ¿Quién sabe si para esta hora te ha puesto Dios en medio de Su pueblo? Dios no quiere que tu nación caiga en manos del “asirio”, del pagano, donde impondrán a tus hijos la adoración a otros dioses, donde tus hijos serán enseñados por personas sin identidad sexual que proclaman el surgimiento de un tercer sexo. El “asirio” ha cercado nuestro país. ¿Le abrirás la puerta para que entre y tome tus hijos y los lleve esclavos a tierras lejanas? ¿Lo dejarás que imponga sus leyes sobre tus hijos, o clamarás a tu Dios para que venga con Su ejército y destruya los planes del enemigo? Recuerda que Dios nos ha dado un espíritu de poder, amor y dominio propio. ¿Crees que tienes a un Dios Todopoderoso? Entonces, no permitas que el enemigo dé un paso más. Lucha por lo que es tuyo. No estás solo. Dios pelea por lo que es Suyo; y tú y este país, le pertenecen a Jesucristo y no a la Pachamama. Dios está esperando que te levantes y no le temas al diablo. Decreta que el imperio del diablo es destruido, porque la luz de Dios brilla en Bolivia y Jesucristo es el Señor de este país.

viernes, 7 de noviembre de 2008

ADORACIÓN Y HUMILDAD


ADORACIÓN Y HUMILDAD

"Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma. Porque mi yugo es suave y mi carga es liviana." (Mateo 11: 28-30 NVI). Nunca debemos olvidar que nosotros no le escogimos a Él, sino, que Él nos escogió a nosotros, nos ha dado su gracia salvadora y nos llevó a la categoría de hijos, herederos de Dios y coherederos con Cristo; nos ha permitido entrar en Su pacto, nos ha dado Su nombre para que nos acerquemos al Padre. Puso Su naturaleza dentro de nosotros y una alabanza en nuestros corazones para que glorifiquemos Su nombre. “Nos escogió antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos y sin mancha delante de Él y esto por Su propia voluntad y no la nuestra, para que fuésemos alabanza de la gloria de Su gracia con la que nos hizo aceptos en el Amado.” (Efesios 1: 4-6). Si sólo entendiéramos esta parte, bastaría para prorrumpir en alabanzas y adoración a nuestro Dios. Somos hechura Suya, sumergidos en Cristo para ser como Él y sólo alcanzaremos esto cuando, cansados ya de batallar nuestras propias batallas nos sometamos bajo el yugo de Cristo; es decir que metemos nuestra cabeza bajo esa madera que no nos permitirá ir donde queremos, hacer lo que nos venga en gana, avanzar delante de Cristo y correr sin rumbo nuestro destino. Bajo el yugo hay descanso. Con nuestra cabeza bajo el yugo aprendemos a pensar como Él; nos volvemos partícipes de Su trabajo, ya no del nuestro; aprendemos a disponer de Su tiempo y a hacer todo conforme Él quiere, entonces nuestra alma descansará de sus propias obras y brotará la alabanza y adoración sólo a Él.

"Dichosos los pobres en espíritu, porque el reino de los cielos les pertenece. Dichosos los mansos, porque recibirán la tierra como herencia." (Mateo 5: 3 y 5) Si reconocemos que sólo en Él está la vida y sin Él nada somos, estamos aceptando nuestra incapacidad de dirigirnos por nuestra propia cuenta y nos rendimos a Él en sujeción y entramos al reino de Dios, porque sólo los que se someten a Él pueden pertenecer a Su reino de justicia, paz y gozo en el Espíritu. La humildad es lo opuesto al orgullo o la arrogancia. La persona humilde se coloca bajo el yugo sin protestar, porque esa es la única forma que se camina en el reino de Dios, uncidos o enyugados con Cristo. Nadie está suelto. Todos debemos estar bajo el yugo. Sólo bajo el yugo fluye la adoración, porque nuestra cerviz está sujeta a Él y es Cristo quien dirige cada acto en nuestra vida. Los mansos se amoldan al molde de Cristo; se introducen en Cristo, dejando todo aquello que no encaja en Su molde. Los mansos renuncian a sus derechos para que prevalezcan los derechos del único que tiene derechos, éste es Jesús el Vencedor. Sólo bajo el yugo estamos satisfechos y completos, “porque en Cristo habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad y nosotros estamos completos en Él, que es la cabeza de todo principado y potestad.”(Colosenses 2: 9,10).

El adorador sólo busca la presencia de Dios, se eleva hasta los lugares celestiales o trae la presencia de Dios a la tierra. El adorador se despoja de todo su “ego”, porque lo único que importa es Dios en la Persona de Jesucristo. Sólo la adoración en espíritu y verdad alcanza la presencia de Dios. ¿Por qué en espíritu? Porque Sólo se puede adorar a Dios en espíritu y el alma tiene que sujetarse al espíritu para que éste fluya y se una al Espíritu de Dios para poder adorar. Sólo el alma que se sujeta al espíritu es capaz de unirse a la adoración. Mientras el alma está inquieta pensando qué dirán, o tratando de decir sus propias palabras no fluye la adoración. ¿Por qué en verdad? Porque sólo la verdad nos hace libres. Esa verdad está en Su Palabra y no en la nuestra. Dios sólo escucha Su lenguaje. Su lenguaje se expresa a través de la adoración y la alabanza, hablando lo que dice Su Palabra. Los humildes entienden esto y dejan de ser, para que sólo Cristo sea.

Claro está que somos iguales a los demás, pero las armas de nuestra conducta son totalmente otras; porque no son armas humanas, sino poderosas armas divinas destinadas a destruir fortalezas, a derribar falsos argumentos y toda especie de soberbia que se alza contra el conocimiento de Dios, y a hacer cautivo todo pensamiento rebelde y llevarlo a obedecer a Cristo.” (2ª Corintios 10 3-5 CAS) La primera altivez que se destruye es nuestra propia altivez, nuestra arrogancia que no nos permite llegar a conocer a Cristo. Cuando nuestra rebeldía es corregida y llevada cautiva a Cristo, vamos a poder usar el arma más efectiva para destruir cualquier otra rebeldía, esa arma es el amor, el camino más excelente. El amor se vacía, se da por entero. El amor ama sin esperar ser amado. El amor ama y echa por tierra todo temor. El amor no es estúpido. Habla la verdad en amor, se defiende, en caso necesario, en amor, lucha por amor, pero también es capaz de morir por amor. Jesús murió por amor. Se humilló hasta lo sumo, haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz, para poder darnos entrada a Su reino y esa humillación permitió que Dios lo exaltara hasta lo sumo y le diera un Nombre que es sobre todo nombre, para que en el Nombre de Jesucristo se doble toda rodilla de los que están en los cielos y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre. (Filipenses 2: 3-11)


El hacer Tu voluntad, Dios mío me ha agradado" y caminar en Tus caminos es mi deleite; por tanto: Hágase en mí conforme a Tu voluntad, cumple tus propósitos en mi vida. Quiero cargar Tu yugo. Aquí estoy. Úsame. No quiero más mis planes, sólo quiero obedecerte. Me rindo a Ti Señor. Tómame. Amén.

jueves, 6 de noviembre de 2008

TRANSFORMADOS A SU IMAGEN


TRANSFORMADOS A SU IMAGEN

“Por lo tanto, todos nosotros, que miramos a cara descubierta la gloria del Señor, la reflejamos como claros espejos, y conforme a su propia imagen somos transformados y crecemos más y más en gloria por la acción del Espíritu del Señor.” (2ª Corintios 3: 18 CAS). A medida que penetramos a la misma presencia del Señor por medio de la alabanza y adoración, vamos viendo Su gloria, y esa misma gloria nos transforma a Su imagen, para que la reflejemos al mundo. En medio de tanta maldad que se está viviendo, si la Iglesia del Señor se acerca más y más a Dios, a través de la adoración, va a empezar a abrir los cielos y “Aunque la higuera no dé renuevos, ni haya frutos en las vides; aunque falle la cosecha del olivo, y los campos no produzcan alimentos; aunque en el aprisco no haya ovejas, ni ganado alguno en los establos; aun así, yo me regocijaré en el Señor, ¡me alegraré en Dios, mi libertador! El Señor Omnipotente es mi fuerza; da a mis pies la ligereza de una gacela y me hace caminar por las alturas…” (Habacuc 3: 17-19) No le adoramos a Dios por lo que nos pueda dar, sino por quién es Él y aunque todo falte a nuestro alrededor, aun así, Dios todavía tiene todo el control y nos fortalecemos en Él para estar siempre arriba de todos los problemas. La adoración a Dios nos hace crecer más y más a Su Semejanza hasta que todos lleguemos a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.

Hay una gran verdad que debemos tomar en cuenta y es que llegamos a ser como aquella persona u objeto a quien adoramos y cuanto más cerca de él o ella estemos, seremos más semejantes a nuestro objeto de adoración. “Nuestro Dios está en los cielos y puede hacer lo que le parezca. Pero sus ídolos son de oro y plata, producto de manos humanas. Tienen boca, pero no pueden hablar; ojos, pero no pueden ver; tienen oídos, pero no pueden oír; nariz, pero no pueden oler; tienen manos, pero no pueden palpar; pies, pero no pueden andar; ¡ni un solo sonido emite su garganta! Semejantes a ellos son sus hacedores, y todos los que confían en ellos.” (Salmo 115: 3-8). Muchas veces hemos estado con gente que no es capaz de captar verdades tan simples, porque sencillamente están como los objetos que adoran, incapaces de ver, oír, hablar o entender. Necesitamos empezar a despejar las tinieblas por medio de la adoración a Dios, para que aquellos que no vean, puedan ver y aquellos que no oigan, puedan oír, porque el Espíritu del Señor nos ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; nos ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón, a proclamar libertad a los cautivos, a dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos y a predicar el evangelio del Señor. (Lucas 4: 18,19). Lo que Jesús vino a hacer, lo tenemos que hacer también nosotros porque Él nos ha dado de Su Espíritu, y cuando nosotros declaramos la santidad de Dios por medio de la alabanza y la adoración, es decir hablando con nuestras bocas y diciendo quién es Dios y qué es capaz de hacer, las tinieblas no pueden prevalecer.

Cristo viene por una Novia que tenga Sus cualidades; una novia gloriosa, sin mancha ni arruga, porque Él quiere para Sí una Novia a la forma que Él quiere. A medida que la Iglesia lo adora y le alaba, se va limpiando de toda contaminación tanto del cuerpo, como del alma y del espíritu. La alabanza y adoración mantiene a todo nuestro ser centrado en Cristo, llevando nuestros pensamientos a la obediencia a Cristo y decidiendo pensar todo lo que le agrada a Él; ya no nos satisfacemos con vanos pensamientos, pues hemos muerto a nosotros mismos. La adoración nos lleva a la muerte de nuestro Ego. Una vida crucificada con Cristo, es una vida de adoración. La adoración nos hace andar en el Espíritu y de ese modo agradamos a Dios. No podemos andar en el Espíritu satisfaciendo a la carne. La carne nos lleva a la muerte, pero el Espíritu nos vivifica día a día y nos transforma a la imagen de Cristo.

Después de esto miré, y vi una gran multitud, que nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos, y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en las manos. Clamaban a gran voz: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero." Todos los ángeles estaban de pie alrededor del trono y alrededor de los ancianos y de los cuatro seres vivientes. Estos cayeron sobre sus rostros delante del trono y adoraron a Dios, diciendo: "¡Amén! La bendición, la gloria, la sabiduría, la acción de gracias, el honor, el poder y la fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén." (Apocalipsis 7: 9-11) La atmósfera celestial, es una atmósfera de adoración y es eterna, por los siglos de los siglos. El argumento más poderoso para la sempiterna adoración y alabanza está en la naturaleza del objeto de nuestra adoración. Es a Jesucristo a quien adoramos. “Y oí a cuanta criatura hay en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra y en el mar, a todos en la creación, que cantaban: "¡Al que está sentado en el trono y al Cordero, sean la alabanza y la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos!"Los cuatro seres vivientes exclamaron: "¡Amén!", y los ancianos se postraron y adoraron.” (Apocalipsis 5: 13,14). En tanto que exista el objeto de nuestra adoración, Él seguirá vivificando nuestra alabanza. “Yo soy el Señor tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto. Abre bien la boca, y te la llenaré.” (Salmo 81: 10) ¿De qué la va a llenar? De alabanza y adoración. Empieza a abrir tu boca para alabar y adorar el Nombre de Jesús y tu adoración será incorporada por siempre en la adoración al único que es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza; a Jesucristo el Señor.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

DERRAMA TU PERFUME SOBRE TU AMADO


ROMPE TU FRASCO DE ALABASTRO Y DERRAMA EL PERFUME SOBRE TU AMADO

Seis días antes de la Pascua llegó Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien Jesús había resucitado. Allí se dio una cena en honor de Jesús. Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban a la mesa con él. María tomó entonces como medio litro de nardo puro, que era un perfume muy caro, y lo derramó sobre los pies de Jesús, secándoselos luego con sus cabellos. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume. Judas Iscariote, que era uno de sus discípulos y que más tarde lo traicionaría, objetó: -¿Por qué no se vendió este perfume, que vale muchísimo dinero, para dárselo a los pobres? Dijo esto, no porque se interesara por los pobres sino porque era un ladrón y, como tenía a su cargo la bolsa del dinero, acostumbraba robarse lo que echaban en ella. -Déjala en paz --respondió Jesús--. Ella ha estado guardando este perfume para el día de mi sepultura. A los pobres siempre los tendrán con ustedes, pero a mí no siempre me tendrán. (Juan 12: 1-8)


Estamos enfrascados en nosotros mismos, como encapsulados, queriendo guardarnos de los agentes externos que pudieran robar nuestra felicidad, de tal modo que todo gira en torno a nuestro “YO”; pero ya es tiempo que rompamos nuestro frasco, aquello que nos encapsula, para que el perfume de la adoración y el amor a Dios salga e invada el salón del cielo donde está Dios y esa fragancia lo atraiga hacia nosotros. María de Betania tenía un frasco de alabastro lleno de perfume de nardo, que guardaba celosamente para usarlo en el día de su boda, perfumando la recámara con la costosa fragancia reservada para esa ocasión. Pero, un día reconoció quién era Su Amado, el Esposo anhelado y fue al lugar donde estaba Él sin importarle las miradas inquisidoras de los hombres que estaban reunidos en ese lugar, ni el comentario de ellos. Ella sólo tenía ojos para Su Amado y en su mente y corazón había un solo pensamiento: Él merece lo mejor y tengo que dárselo ahora, no esperaré un segundo más. Él merece todo mi amor y lo que he guardado para mi boda aquí en la tierra se lo daré ahora a Él, no puedo esperar por más tiempo. Entonces pasó por entre la gente y sin vacilar rompió el frasco con el perfume, que pronto invadió todo el lugar con el aroma de nardo y lo vació sobre Jesús, Su Amado, desde la cabeza hasta los pies. Sus lágrimas mojaban los pies de Jesús mientras ella los besaba y los secaba con sus cabellos. Lo más preciado que ella tenía lo entregó a Él. Para unos fue un gran desperdicio, pero para Jesús fue un acto de genuino amor.

Cuando nosotros rompamos nuestro frasco y nos vaciemos en nuestro Señor, sin importar lo que digan, Jesús nos va llenar de Él y el Amado Esposo tendrá deleite con nosotros. Jesús hizo lo mismo por nosotros (Filipenses 2: 5-11), Él se vació por amor y lo derramó sobre nosotros para que todo aquel que en Él cree no se pierda, mas tenga vida eterna. Hizo eso para que compartamos con Él todo lo que tiene. Desde el momento que le hemos dicho “sí” a Jesús, nos hemos desposado con Él y compartimos todo lo que Él posee. Ese perfume para la mujer, significaba el esfuerzo de todo un año de trabajo o quizá más, era muy costoso; pero bien valía el sacrificio y el aparente derroche, pues lo que ella estaba haciendo era algo singular, estaba entregando lo más valioso que ella tenía, no sólo en precio, sino también en valor sentimental y emocional, y le estaba diciendo al Maestro: Te amo con todo mi corazón, con toda mi alma, con toda mi mente y con todas mis fuerzas. Eres todo para mí. Sólo importas tú y sólo me interesa lo que tú pienses y digas de mí. No era fácil en aquella época decidirse a tremenda osadía de parte de una mujer, pero ella rompió no sólo el frasco de alabastro, sino también las estructuras humanas y se lanzó contra la corriente de aquella época con tal de atrapar el corazón de Su Amado.

Lo que hizo esta mujer, es lo que tiene que hacer toda persona que quiere conquistar el corazón de Jesús. Debe romper su “EGO” a los pies del Divino Maestro y romper toda estructura humana que lo aprisiona al sistema; debe ir contra toda corriente religiosa que le impone carga y le impide avanzar. Debe lanzarse a los pies de Jesús con un corazón arrepentido y entregarle todo su ser. Jesús lo quiere todo de nosotros, porque fue así como Él se dio por nosotros, por completo, entregó todo Su Ser por amor. No podemos seguir a Jesús y querer conquistar Su corazón si todavía nos reservamos algo para nosotros. Es tiempo que la Iglesia de Cristo entienda que sólo se puede seguir a Jesús negándose a sí mismo y tomando la cruz cada día. Sin muerte no hay resurrección; sin resurrección, no hay nueva vida. Esta mujer murió a la opinión de los discípulos, de los fariseos y del público que la observaba; no quiso agradarse ella misma guardando ese perfume para el momento especial de su boda, sino que lo derramó sobre el Maestro. Ella murió a todo lo que suponía las estructuras sociales, culturales, familiares, religiosa, etc. No le importó el qué dirán de la gente, sólo vivía para Jesús y al vivir para Jesús, murió a todo lo demás.

Este es el tiempo en que Jesús dice: "Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre... Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en Espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren." (Juan 4: 21 y 23) Iglesia, es tiempo de romper toda estructura humana y rendirnos a Dios en adoración. La adoración hace caer los muros que la religión nos ha impuesto para no poder ver a Dios; pero el Espíritu nos da la libertad para verlo y poder ser transformados a Su imagen. “Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.” (2ª Corintios 3:17-18) Rompe tu frasco y derrama el perfume de adoración sobre Tu Amado y verás Su gloria y serás transformada a Su imagen. Adórale en Espíritu y en verdad y cada eslabón de las cadenas que te mantenían atada, se romperán. Si te lanzas a los pies del Amado y depositas sobre Él toda tu gloria, (tu estima) y renuncias a tus supuestos derechos, Cristo te levantará en gloria para hacerte semejante a Él. Vé a Él en humildad de espíritu y con sencillez de corazón, porque al corazón contrito y humillado, Él no desprecia. Arrójate a Sus pies y déjate llevar por Su Espíritu al corazón del Amado.