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domingo, 11 de julio de 2010

VIVIMOS EN UN MUNDO HECHO DE PALABRAS

VIVIMOS EN UN MUNDO HECHO DE PALABRAS
"En el principio de todas las cosas era la Palabra, y la Palabra estaba con Dios y la Palabra era Dios. La Palabra estaba en el principio con Dios. Por medio de ella creó Dios todas las cosas, y sin ella nada de lo creado fue creado."
(Juan 1: 1- 3 CST-IBS)
Este mundo en que vivimos y todo el universo fueron hechos por palabras. Dios dijo y las cosas existieron. Cada galaxia con sus respectivas estrellas, planetas, asteroides y todo cuanto hay en el universo es sostenido por la Palabra de Dios. Cuando un bebé nace ya lleva las palabras dentro de sí, aunque no las pueda verbalizar, pero en su interior existe la capacidad de expresar lo que siente o necesita, entonces recurre al llanto o a los gritos porque su capacidad fonética aún no está desarrollada. Si bien el bebé no sabe el significado de las palabras porque todavía tiene que aprenderlas, sabe que puede expresar lo que lleva dentro. Es que todo lo que vemos fue hecho por palabras y se sostiene por palabras. Las palabras son el núcleo central de la existencia. Hablas palabras, escuchas palabras, pero sobre todo debes captar el espíritu de cada palabra. “El Espíritu da vida; la carne no vale para nada. Las palabras que les he hablado son espíritu y son vida” (Juan 6: 63 NVI). El discernimiento es crucial en la persona y esto lo podemos obtener cuando nos dejamos guiar por el Espíritu de Dios. La vida eterna depende de la palabra que pronunciemos, si hablas declarando que Jesucristo es Tu Señor, creyéndolo de todo corazón, serás salvo, porque con el corazón crees para justicia, es decir para que la voluntad de Dios sea hecha, pero con tu boca confiesas para tu salvación. Puedes ver esto en Romanos 10: 9, 10

Las palabras vienen del espíritu y no de la razón, pero muchas veces las personas hacen que la boca hable diferente a su espíritu, se dividen, esto causa confusión, sin embargo a través del Espíritu de Dios vamos a poder entender las intenciones ocultas. Nuestra capacidad para discernir lo que el espíritu dice, dependerá de la medida en que nos ejercitemos en el Señor, de nuestra intimidad con Su Espíritu. Si estamos ejercitados, podremos discernir las palabras que se dicen entre líneas, detectar las que se reservan o guardan e incluso discernir las palabras del espíritu de la persona, así vamos a ser capaces de captar e interpretar los problemas del alma y también del espíritu de la persona; entonces seremos capaces de ayudar a la persona. Pero si no estamos ejercitados, podremos oír a la persona sin siquiera percatarnos cuál es su verdadera intencionalidad. Nuestra capacidad para discernir lo que el espíritu de la persona dice dependerá de la medida en que ejercitemos esta capacidad dejándonos guiar por el Espíritu del Señor. “El que sólo se alimenta de leche es inexperto en el mensaje de justicia; es como un niño de pecho. En cambio, el alimento sólido es para los adultos, para los que tienen la capacidad de distinguir entre lo bueno y lo malo, pues han ejercitado su facultad de percepción espiritual.” (Hebreos 5: 13, 14 NVI). Necesitamos desarrollar nuestros sentidos espirituales por medio de una comunión íntima con el Espíritu Santo, Él nos guiará a toda verdad y nos hará conocer lo que toma de Jesucristo. “Pero cuando venga el Espíritu de la verdad, él los guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta sino que dirá sólo lo que oiga y les anunciará las cosas por venir. Él me glorificará porque tomará de lo mío y se lo dará a conocer a ustedes.” (Juan 14: 13- 14).

Nada sucede por azar en nuestra vida, sino que alguna palabra lanzada cumple su objetivo y las cosas empiezan a suceder, aunque nos olvidemos de lo que hemos dicho. Nuestras palabras crean realidades para bien o para mal, de ahí la importancia de dejarnos guiar por el Espíritu Santo, porque Él sólo dice lo que oye del Padre y del Hijo Jesucristo. Si nuestro espíritu está conectado al Espíritu de Dios, así como estuvo el espíritu de Cristo conectado al Padre, ya nada vamos a hacer por nuestra propia cuenta. "¿No creéis que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo de mí mismo. El Padre que está en mí, él mismo hace conmigo las obras que yo hago." (Juan 14: 10) Palabra y obra van entrelazadas, porque las palabras crean, producen algo. Si hablamos por el Espíritu de Dios, las obras de Dios vamos a hacer. Observa: “Las palabras que yo os hablo, no las hablo de mí mismo. El Padre que está en mí, él mismo hace conmigo las obras que yo hago.” Lo que Jesús vio hacer al Padre, eso habló. Observa bien este versículo, porque Jesús otra vez entrelaza palabra y obra; es que no pueden separarse. “Yo hablo lo que he visto en mi Padre; vosotros hacéis lo que habéis visto en vuestro padre.” (Juan 8. 38 TA).

“Pues cuando dicen esto, no se dan cuenta de que los cielos existían desde hace mucho tiempo, y también la tierra, surgida del agua y establecida entre las aguas por la palabra de Dios, por lo cual el mundo de entonces fue destruido, siendo inundado por el agua. Pero los cielos y la tierra actuales están reservados por Su palabra para el fuego, guardados para el día del juicio y de la destrucción de los impíos.” (2ª Pedro 3: 5-7 NBLH) Dios no ha cambiado, todo lo hace por medio de Su Palabra; y como nos creó a Su imagen y semejanza, también nos dio esa facultad de usar la palabra para crear circunstancias, realidades visibles que vienen del neuma, espíritu de la palabra. En Ezequiel 37, el profeta nos narra sobre cómo el espíritu de Dios lo llevó a un valle de huesos secos y le ordenó que profetizara sobre los huesos para que vivan y así lo hizo, entonces los huesos se cubrieron de tendones y carne; luego le ordenó que profetizara al espíritu o aliento y así lo hizo y los huesos cobraron vida. ¿Qué nos muestra esta figura? ¿Acaso Dios no podía hacer lo que le mandó hacer al profeta? Claro que sí, pero Dios quiere que cada hijo suyo profetice vida sobre aquellos que están muertos espiritualmente para que se levanten y busquen a Dios, porque nuestras palabras producen vida o muerte en las personas y Dios quiere que las usemos para producir vida. “La muerte y la vida están en poder de la lengua; cual sea el uso que de ella hagas, tal será el fruto." (Pr0verbios 18: 21 NC) Por lo tanto declaremos juntamente con los 24 ancianos y digamos:
Digno eres, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria y el honor y el poder, porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas. (Apocalipsis 4: 11 LBLA)

miércoles, 12 de noviembre de 2008

UNA VOZ PROFÉTICA


UNA VOZ PROFÉTICA ES LA QUE BUSCA EL SEÑOR

El mundo se encuentra ahora como le fue mostrado a Ezequiel en el capítulo 37 de su libro. Ezequiel vio un valle de huesos secos y Dios le dijo que profetizara sobre ellos, que profetizara vida; y ese es el mandato de Dios para Su Iglesia. El nos dice: Profetiza vida sobre la muerte. Ordena que del sepulcro donde se encuentran los muertos se levanten y que fluya la vida de Dios en ellos. ¿Acaso no son como huesos secos los que se alejan de Dios? ¿Acaso no están muertos los que caminan sin Dios? ¿Profetizarás sobre esos huesos secos para que vivan? Podemos saber mucho sobre el Señor, pero si no tomamos de Su vida, no vamos a poder darla a otros.

Cuando empecemos a mirar el mundo como lo mira Dios, nuestra visión se aclarará y vamos a poder ver los huesos secos por doquier, estaremos tropezándonos con huesos secos, sin vida, que son arrastrados al infierno sin la mínima posibilidad de salvación, a menos que nosotros abramos nuestra boca en intercesión profética sobre ellos. Pero no vamos a poder hacer eso si no amamos lo que ama Dios. Él ama a las almas, anhela almas para Su reino. ¿Puedes por un momento enfocarte en lo que es el enfoque de Dios? Mira a tu alrededor el montón de huesos secos arrastrados al fuego del infierno, cuando está en ti el poder darles vida. ¿No se conmueve tu corazón como se conmueve el de Dios? Ahora abre tus oídos espirituales y escucha la voz de Dios: “Profetiza para que vivan, profetiza para que vivan”. ¿Estaremos dispuestos a hacerlo? Ezequiel lo hizo porque se dio cuenta que de su palabra dependía la vida eterna o la muerte eterna de millones de personas. “En tu boca está el poder de la muerte o la vida.” “Lo que uno habla determina la vida y la muerte; que se atengan a las consecuencias los que no miden sus palabras.” (Pro 18:21 PDT)

Si te alimentas del Árbol de Vida, que es Jesucristo, el fruto de tus labios será vida; pero si engulles otras cosas que no proceden del Árbol de Vida, estás envenenado tu fuente y lo que brotará de ti estará contaminado. ¡Oigan bien lo que les digo!" Jesús les dijo también: "Pongan mucha atención a lo que oyen. De la manera que ustedes den, Dios les dará a ustedes y aun más. Porque al que entienda algo, se le permitirá que entienda más. Pero al que no entienda nada, hasta lo que entienda se le quitará". (Marcos 4: 23-25- PDT) Debemos poner atención a lo que oímos para no introducir muerte en nosotros. Lo que no es de Dios embota nuestro entendimiento y nos lleva a la muerte. Hay mucho de lo que no es de Dios en lo que oímos. No lo dejes entrar, cierra tus oídos. No des tus oídos al chismoso, al quejumbroso, al criticón, al blasfemador, al irritador y a todo lo que nace del mismo infierno. Las voces que oyes no siempre proceden del exterior, la mayoría procede de tu interior. Tu alma te habla todo el tiempo. ¿Acaso descansa tu mente? ¡Cuán importante es llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo!

“¡Profetiza vida!” Esa es la orden de Dios. "El Señor ha puesto su Espíritu en mí, porque me escogió para anunciar las buenas noticias a los pobres. Me envió a contarles a los prisioneros que serán liberados. A contarles a los ciegos que verán de nuevo, y a liberar a los oprimidos Me escogió para anunciar que este año el Señor mostrará su bondad". (Lucas 4: 18 - 20) Tú eres escogido (a) para anunciar el evangelio de salvación a esos huesos secos. Acaso no dijo Jesús: “Dios me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Así que hagan seguidores en todas las naciones. Bautícenlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a obedecer todo lo que yo les he mandado. Tengan presente que yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo.” Profetiza vida enseñando la verdad de Dios, libertando con tus palabras de vida a los cautivos por el diablo; quitando la venda de los que están cegados por las mentiras de Satanás, libertando a los que están oprimidos por los demonios. ¡Cuántos hay que están oprimidos por el vicio, cautivos por pasiones, cegados por la ignorancia! No están lejos de ti. Profetiza vida y no los empujes al infierno con tus palabras.

Ahí, en lo secreto de tu habitación, empieza a declarar vida. Llénate de la vida de Dios para que de tu interior fluya como ríos de agua vivificadora. Ya no consientas el pecado en ti; la amargura, el resentimiento, la susceptibilidad y todas aquellas cosas que enturbian tu fuente, deséchalas. Come del Pan de Vida para que vivas y concibas vida. A la persona que te está dañando, ámala y declara vida sobre ella. ¿Sabes que Dios ama al pecador? Si no hubiera sido así, ¿dónde estaríamos nosotros? ¿Puedes amar al que te abofetea? Cristo lo hizo y no solamente profetizó vida sobre nosotros que lo abofeteamos, sino que dio Su Vida por nosotros. ¡Cuánto amor derramado por ti y por mí!

Ezequiel 37:10 “Así que profeticé como se me ordenó. El espíritu llegó a ellos y empezaron a vivir. Luego todos se levantaron. Eran una multitud de soldados.” Una multitud espera la voz profética que diga: “Huesos secos: Oigan la Palabra del Señor.” ¿Qué palabra? Palabra de vida. Profetiza vida para que se levanten y vivan.