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sábado, 14 de febrero de 2009

HACIENDO LA VOLUNTAD DE DIOS

HACIENDO LA VOLUNTAD DE DIOS
"Cuídense de los falsos profetas. Vienen a ustedes disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos feroces. Por sus frutos los conocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los cardos? Del mismo modo, todo árbol bueno da fruto bueno, pero el árbol malo da fruto malo. Un árbol bueno no puede dar fruto malo, y un árbol malo no puede dar fruto bueno. Todo árbol que no da buen fruto se corta y se arroja al fuego. Así que por sus frutos los conocerán. "No todo el que me dice: 'Señor, Señor', entrará en el reino de los cielos, sino sólo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Muchos me dirán en aquel día: 'Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos milagros?' Entonces les diré claramente: 'Jamás los conocí. ¡Aléjense de mí, hacedores de maldad!' (Mateo 7: 15-23)
La voluntad de Dios es algo que debe quedar bien claro en la vida de cada hijo de Dios, porque es lo único que importa. Profetizar o hacer milagros o alguna obra muy buena que hagamos, no cuenta para Dios si no nos sujetamos a Su voluntad. El Reino de Dios es el gobierno absoluto de Dios sobre nuestras vidas, cuanto más nos sujetemos a Su voluntad, más y más vamos a introducirnos en Su gobierno, en Su reino, porque vamos a estar dispuestos a renunciar a nuestra voluntad, enseñada por este sistema, con sabiduría humana y dejaremos que se haga Su voluntad sin cuestionamiento. Si Dios es el Soberano absoluto de nuestras vidas, entonces nosotros le obedeceremos sin chistar.

"El hijo honra a su padre y el siervo a su señor. Ahora bien, si soy padre, ¿dónde está el honor que merezco? Y si soy señor, ¿dónde está el respeto que se me debe? Yo, el Señor Todopoderoso, les pregunto a ustedes, sacerdotes que desprecian mi nombre. "Y encima preguntan: ¿En qué hemos despreciado tu nombre? "Pues en que ustedes traen a mi altar alimento mancillado. "Y todavía preguntan: ¿En qué te hemos mancillado? "Pues en que tienen la mesa del Señor como algo despreciable. (Malaquías 1:6,7)
Dios merece mucho más de lo que hasta ahora le hemos dado. Dios realmente tiene que ser amado con todo nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo. El conjunto de nuestro ser debe amar sin medida a Dios. Esto podrá ser fácil con el espíritu, pero al alma hay que reeducarla para que entregue su dominio al espíritu y el cuerpo debe aprender a sujetarse al alma regenerada. Hacer la voluntad de Dios radica en entregarse totalmente a Él, a tal punto que ya no se escuche de nuestros labios: “Yo pienso”, “a mi modo de ver”, “yo opino”, etc., que no forman parte de un vocabulario del Reino de Dios. Porque dentro del Reino sólo se escucha: “Sí, Señor, hágase tu voluntad”; y si algo no está claro respecto a la voluntad de Dios, remitámonos al “original”, a la Palabra de Dios, sin preguntar la opinión de alguien más. Pidamos en oración que El Espíritu de Dios nos muestre con claridad lo que Dios quiere de cada uno de nosotros, pero al hacer esto, dejemos de lado nuestra opinión, porque ella no cuenta, es tan pobre y efímera, que no nos llevará a ninguna parte; sin embargo lo que Dios tiene para nosotros es duradero e incomparablemente rico, es lo súper excelente para nosotros, aunque no podamos percibirlo en un comienzo. Debemos empezar a creerle a Dios. Él tiene lo mejor para nosotros, o preguntémoselo a José, Daniel, Job y otros. Ninguno de ellos entendió porqué pasaban por sufrimientos, pero confiaron sus vidas al Todopoderoso y Él los libró y les dio muchísimo más que no hubieran conseguido con sus pensamientos y fuerza.

El hacer la voluntad de Dios no es cosa de poca importancia, es cuestión de vida o muerte, porque la vida cristiana no es un juego; lo que está en juego es nuestro destino eterno. No podemos jugar con la gracia de Dios, ella no es una cobertura para quienes quieren hacer lo que les venga en gana. Si bien “donde abunda el pecado, sobreabunda la gracia”, esto no quiere decir que pequemos para que se vea la sobreabundante gracia de Dios. “Pero allí donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia, a fin de que, así como reinó el pecado en la muerte, reine también la gracia que nos trae justificación y vida eterna por medio de Jesucristo nuestro Señor.” (Romanos 5:20,21) La gracia nunca es para muerte, por lo tanto no podemos seguir en camino de muerte pensando que la gracia nos va a librar. Ella es para justificación y vida eterna por medio de Jesucristo. El hijo de Dios se aferra a la gracia para no pecar, no para tener un justificativo para llevar una vida conforme a las pasiones del alma.

Jesucristo, el Hijo de Dios, vino a hacer la voluntad de Dios, ¿cuánto más nosotros que hemos sido comprados por el precio altísimo de la sangre de Jesucristo? Hacer la voluntad de Dios debe ser nuestro deleite. Conformar nuestros pensamientos a los pensamientos de Cristo debe ser nuestro mayor deseo y practicar esos pensamientos debe ser nuestra meta diaria. “Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y terminar su obra --les dijo Jesús— (Juan 4: 34) "Yo no puedo hacer nada por mi propia cuenta; juzgo sólo según lo que oigo, y mi juicio es justo, pues no busco hacer mi propia voluntad sino cumplir la voluntad del que me envió.” (Juan 5: 30) Jesucristo nos ha dejado ejemplo y sólo a Él debemos seguirle. No busquemos otra opinión, especialmente la de aquellas personas que no conocen a Dios. Leamos Hebreos 10 y Dios nos dé entendimiento. Afirmemos nuestros pies en Jesús y confiemos que Su Gracia nos va a sostener para no pecar. Cada día entreguemos nuestros pensamientos a Jesús y decidamos hacer Su voluntad, buscando en Su Palabra lo que Él tiene para nosotros, porque nadie va a ser tentado más allá de lo que pueda soportar, sino que Dios dará una salida para que se pueda resistir la tentación (1ª Corintios 10:13 - Podemos leer todo el capítulo). Nada hagamos creyendo que es lo mejor para nosotros; siempre consultemos a Dios al respecto, dejando de lado nuestro vano criterio, para que Dios nos dé Su pensamiento, que siempre es para bien, porque Él no nos dará lo Suyo, si antes no sacamos lo nuestro, aunque nos parezca lo mejor. Sé sabio.

sábado, 8 de noviembre de 2008

CONECTÁNDONOS CON DIOS


CONECTÁNDONOS CON DIOS. BOLIVIA NECESITA ADORADORES.
Al adorar a Dios en medio de una situación difícil, no estamos negando esta realidad, sino que la estamos conectando al Dios quien es “la realidad”, reconociendo que Él es mayor que cualquier circunstancia difícil por la cual estemos pasando. Cuando nos conectamos con Dios a través de la adoración, empezamos a verlo y a tocarlo, entonces nuestra fe se vivifica, porque vemos nuestra realidad desde la perspectiva de Dios y ya no de la nuestra. Esto no cabe en una mente natural, pero los que somos de Dios hemos crucificado la carne con sus pasiones y deseos y hemos entregado nuestra vida al que la compró con Su Sangre. Cuando Job recibió la noticia que lo había perdido todo, inclusive a sus hijos, lo único que hizo fue adorar a Dios. ¿Por qué? Sencillamente porque él era un adorador. Y a Dios se le adora en las buenas y en las malas. Como su primera respuesta fue la de adorar a Dios, Job pudo recibir la revelación de Quién es Dios y pudo decir victorioso: “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos (espirituales) te ven” Job 42: 25). Job había escuchado mucho de Dios y vivía de conforme a la voluntad de Dios, pero un día, Dios permitió que él fuera probado, y de acuerdo a su respuesta a la prueba, Job pudo recibir la revelación de Quién era Dios. Job había podido entrar al lugar donde la presencia de Dios lo envuelve todo. ¿Cómo respondemos a las pruebas? Si lo hacemos como Job vamos a entrar a una nueva dimensión espiritual y nuestra vida ya no será la misma, pues quien puede ver a Dios, nunca más será el mismo, o pregúntenselo al apóstol Pablo.

Al conectarnos con Dios reconocemos que Él todo lo puede y ya no nos adelantamos en querer solucionar los problemas, sino que acudimos a Él en adoración y allí en la intimidad con Dios, Él nos dará la respuesta y nos mostrará la solución. La adoración a Dios nos lleva a Su reposo. La adoración a Dios nos transforma a Su imagen. La adoración a Dios nutre nuestro espíritu, porque éste se conecta con el Espíritu de Dios. El libro de Apocalipsis nos da un consejo concerniente a leer este libro que es el menos leído. “Dichoso el que lee y dichosos los que escuchan las palabras de este mensaje profético y hacen caso de lo que aquí está escrito, porque el tiempo de su cumplimiento está cerca.” (Apocalipsis 1:3) Cuán dichosos seremos si leemos y hacemos caso de lo que aquí se escribe. No está diciendo que entendamos, sino que leamos y escuchemos. Obviando aquellas cosas que nos parecen difíciles de comprender, vemos que este libro nos muestra cómo Satanás se disputa la adoración, además nos muestra a quién solamente se debe adorar y quiénes vivirán y reinarán con Cristo mil años. (Apocalipsis 4:10; 5: 14; 13; 14: 9, 10; 22: 8; 20: 4) Lo que va a definir el destino final es la adoración. ¿A quién en verdad adoramos?

Si quieres afectar a tu generación y a muchas generaciones más, necesitas conectarte con Dios para saber quién es Él. Dios todo lo puede; nada hay imposible para Él, solamente está queriendo que tú te pongas de acuerdo con Él para que se realice Su obra aquí en la tierra. Puedes cambiar la historia de tu país y decretar por generaciones que la Ley de Dios es la que rige tu nación. Sabiendo Quién vive en ti, puedes ponerte al frente del enemigo que ha venido a robar a tus hijos y detenerlo en el Nombre de Jesús, del Todopoderoso, que vive en ti. Cuando vives conectado con Dios, no puedes resignarte a que el diablo haga de las suyas con lo que te pertenece; no puedes resignarte ver a tu país siendo dirigido por principios paganos, diabólicos. Dios te ha puesto para decirle ¡basta! al enemigo y para recordarte que no es en tus fuerzas, sino en las de Él. “Sed fuertes y valientes; no temáis ni os acobardéis a causa del rey de Asiria, ni a causa de toda la multitud que está con él, porque el que está con nosotros es más poderoso que el que está con él. Con él está sólo un brazo de carne, pero con nosotros está el SEÑOR nuestro Dios para ayudarnos y pelear nuestras batallas. Y el pueblo confió en las palabras de Ezequías, rey de Judá.” (2º Crónicas 32: 7,8) Debes recordar que con nosotros está el brazo fuerte del Rey Jesús y cuando el “asirio” venga a querer cambiar las leyes de tu nación para poder apoderarse de tus hijos y de tus bienes, no te acobardes, ni te desalientes, clama a Dios, porque de seguro te responderá y actuará.

"Y el SEÑOR envió un ángel que destruyó a todo guerrero valiente, comandante y jefe en el campamento del rey de Asiria. Así regresó avergonzado a su propia tierra. Y cuando había entrado al templo de su dios, algunos de sus propios hijos lo mataron allí a espada. Así salvó el SEÑOR a Ezequías y a los habitantes de Jerusalén de mano de Senaquerib, rey de Asiria, y de mano de todos los demás, y los guió por todas partes." (2ª Crónicas 21: 22) Si tú clamas a Dios, ese mismo Dios que escuchó el clamor de un rey y de un profeta, también te escuchará a ti. ¿Quién sabe si para esta hora te ha puesto Dios en medio de Su pueblo? Dios no quiere que tu nación caiga en manos del “asirio”, del pagano, donde impondrán a tus hijos la adoración a otros dioses, donde tus hijos serán enseñados por personas sin identidad sexual que proclaman el surgimiento de un tercer sexo. El “asirio” ha cercado nuestro país. ¿Le abrirás la puerta para que entre y tome tus hijos y los lleve esclavos a tierras lejanas? ¿Lo dejarás que imponga sus leyes sobre tus hijos, o clamarás a tu Dios para que venga con Su ejército y destruya los planes del enemigo? Recuerda que Dios nos ha dado un espíritu de poder, amor y dominio propio. ¿Crees que tienes a un Dios Todopoderoso? Entonces, no permitas que el enemigo dé un paso más. Lucha por lo que es tuyo. No estás solo. Dios pelea por lo que es Suyo; y tú y este país, le pertenecen a Jesucristo y no a la Pachamama. Dios está esperando que te levantes y no le temas al diablo. Decreta que el imperio del diablo es destruido, porque la luz de Dios brilla en Bolivia y Jesucristo es el Señor de este país.