Mostrando entradas con la etiqueta voluntad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta voluntad. Mostrar todas las entradas

miércoles, 9 de febrero de 2011

EL SUSURRO DEL ALMA

EL SUSURRO DEL ALMA
Y Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en sus narices aliento de vida, y el hombre vino a ser alma viviente.
(Génesis 2: 7 VM)
Cuando Dios sopló en el hombre el aliento de vida, Dios formó el alma, entonces el ser humano se convirtió en un ser consciente de su propia existencia. Formó el alma con voluntad, con capacidad de decidir por cuenta propia, Dios le dio libre albedrío; le dotó de una mente para que pensara pensamientos puros y también puso en el alma emociones, haciéndole capaz de sentir alegría, tristeza, agrado o desagrado, en fin, le dotó de personalidad propia. El alma es la personalidad del ser humano, con emociones, pensamientos y voluntad propia, es el ego humano. El alma es lo que la persona es en sí, por eso el ser humano es alma viviente”.

En el huerto del Edén, antes que el hombre pecara, su alma estaba ligada o sujeta a su espíritu, y éste a la vez estaba sujeto o ligado al Espíritu de Dios, entonces, todo lo que el alma pensaba, decidía o sentía, estaba de acuerdo a lo que Dios también pensaba, decidía o sentía, porque su alma estaba controlada por su espíritu; existía comunicación intrínseca con Dios, de tal forma que Adán y Dios eran “uno” en pensamiento, decisión y sentimiento. Por cuanto su espíritu estaba controlado por el Espíritu de Dios, Adán podía pensar los pensamientos de Dios y sus sentimientos eran nobles. Tenía voluntad propia para decidir y mientras estaba su espíritu unido al de Dios, tomaba decisiones sabias y no se equivocaba. Adán no era como un robot, podía seguir unido a Dios, o no, lo cual hizo, pues decidió desligarse de Dios y le dio el control de su alma al diablo, entonces pecó y con él toda la raza humana. El cuerpo de Adán, antes de la caída, estaba a la vez sujeto a su alma y tenía control sobre sus propios instintos naturales, haciendo sólo lo que su espíritu y alma le dictaban.

Cuando el hombre decidió, por cuenta propia, hacer lo contrario a la voluntad de Dios y desligarse del Espíritu de Dios, entonces simultáneamente su alma toma el control, quedando el espíritu humano atrapado entre el alma y el cuerpo, o desplazado de su lugar. Como nuestra comunión con Dios es a través del espíritu, el hombre, después de pecar, perdió esa comunión, entonces su alma quedó a merced del diablo. El alma no fue creada para tomar el control del ser humano, sino más bien para estar sujeta o controlada por el espíritu. Pablo dijo en 1ª Tesalonicense 5: 23: “Y que el mismo Dios de paz os santifique por completo; y que todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea preservado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.” Este es el orden porque somos espíritu en esencia, ya que Dios nos creó a Su Imagen y Semejanza y Él es Espíritu y es por medio de nuestro espíritu que nos comunicamos con Dios, no es a través del alma. El alma cuando está sujeta al espíritu recibe la comunicación de éste acerca de quién es Dios y cómo adorarlo. Somos espíritu, poseemos un alma y nuestro cuerpo es sólo nuestra morada temporal. Si nos mantenemos según el orden establecido por Dios, donde el espíritu toma el control, porque está controlado por el Espíritu de Dios, el alma se sujeta al espíritu y el cuerpo al alma, vamos a vivir en equilibrio, nos vamos a gozar haciendo la voluntad de Dios, viviendo en santidad y pureza, entonces seremos preservados irreprensibles para la venida de nuestro Señor Jesucristo.

Cuando el ser humano se deja gobernar por el alma, porque su espíritu no está sujeto al Espíritu Santo de Dios, entonces el alma susurra constantemente pidiendo atención para satisfacer sus caprichos o apetitos carnales. En el caso de los cristianos cuando siguen gobernados por el alma prestan más atención al susurro del alma por ser atendida que a la voz de su espíritu. La persona cristiana controlada por el alma se vuelve un cristiano carnal porque satisface los deseos de la carne, como lascivia, celos, envidia, ira, enojo, etc. “Porque la mente puesta en la carne es muerte, pero la mente puesta en el Espíritu es vida y paz. La mente puesta en la carne es enemiga de Dios, porque no se sujeta a la Ley de Dios, pues ni siquiera puede hacerlo, y los que están en la carne no pueden agradar a Dios.” (Romanos 8: 6-8 NBLH)

El alma constantemente susurra a nuestros oídos para ser atendida y es muy insistente. Muchos de nuestros errores no son culpa del diablo, sino de nosotros mismos por querer satisfacer los deseos del alma. Cuando recibimos a Cristo en nuestro corazón, nuestro espíritu se salva y se une al Espíritu de Cristo, pero nuestra alma necesita entrar en un proceso de salvación. Veamos que dice Santiago 1: 21: “Por lo cual, dejad toda inmundicia y superfluidad de malicia, y recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas.” Para salvar nuestro espíritu tan sólo necesitamos arrepentirnos genuinamente de nuestros pecados, recibir a Cristo en nuestro corazón aceptando Su sacrificio en la cruz y reconociéndolo como nuestro único Señor y Salvador; pero para salvar nuestra alma necesitamos dejar o despojarnos de toda impureza o deshonestidad y de toda maldad y aceptar con mansedumbre la Palabra de Dios sembrada en nuestros corazones para que nuestra alma empiece a ser transformada y sea salva de aquello que la deforma. La Palabra de Dios es como el agua que lava nuestra alma, por eso debemos llenarnos de la Palabra de Dios, porque nuestra alma necesita aprender a estar sujeta a nuestro espíritu y a sosegarse dejándose guiar por éste. Cuando esto pasa, entonces nuestra voluntad se sujeta a la voluntad de Dios, nuestros pensamientos los llevamos cautivos a la obediencia a Cristo y nuestras emociones son controladas por el Espíritu Santo de Dios.

Vivir conforme al diseño original de Dios: nuestro espíritu sujeto al Espíritu de Dios, nuestra alma sujeta a nuestro espíritu y nuestro cuerpo sujeto a nuestra alma y espíritu, nos trae paz y nos hace estar en paz con Dios, entonces el susurro del alma será el susurro de Dios, porque nuestro espíritu vivificado nos hará oír la voz de Dios y nuestra voluntad se deleitará en hacer la voluntad de Dios, nuestra mente pensará los pensamientos de Dios y nuestras emociones se gozarán de estar al servicio de Dios. “Bendice, alma mía, al SEÑOR, Y bendiga todo mi ser Su santo nombre. Bendice, alma mía, al SEÑOR, Y no olvides ninguno de Sus beneficios. El es el que perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus enfermedades; El que rescata de la fosa tu vida, El que te corona de bondad y compasión; El que colma de bienes tus años, Para que tu juventud se renueve como el águila." (Salmo 103: 1- 5 NBLH).

domingo, 19 de septiembre de 2010

VENGA TU REINO

VENGA TU REINO
“Venga tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como se hace en el cielo.” (Mateo 6: 10 PDT)

En la oración del Padre Nuestro, Jesús mostró cómo podemos traer a la tierra los diseños de Dios que están en los cielos. Muchos repiten esta oración sin que haga eco en el cielo, porque no la dicen creyendo que es posible que Dios pueda traer Su gobierno o reino a la tierra para que haya transformación a todo nivel, tanto personal, social, económico y que la tierra empiece a producir en abundancia. El gobierno de Dios sólo puede establecerse si lo pedimos con fe, creyendo que Dios va a transformar nuestras vidas, las vidas de nuestros amados, nuestra sociedad y nuestro país para que Su justicia sea hecha; podemos empezar a declarar por ejemplo: Que venga tu Reino sobre mi matrimonio, porque así como en los cielos el divorcio no es legal, tampoco sea legal en mi matrimonio, para que tu voluntad prevalezca; o también, que venga tu reino sobre mis hijos, para que Tu voluntad sea hecha en ellos y lo que Tú has determinado para ellos, se cumpla. Puedes declarar: Señor, que venga Tu Reino sobre mi nación para que tu justicia sea hecha, para que la corrupción que no es procedente en los cielos, tampoco lo sea en mi nación. O también declara: Señor que venga tu reino sobre mis finanzas, para que Tú manejes mi economía para la extensión de tu Reino y sea manifiesta tu justicia mientras doy a los necesitados; que mi mirada no esté puesta en el dinero que es corruptible, sino en tu Reino, que es incorruptible. Dios nos ha dado autoridad y nos enseñó cómo ejercerla: “Venga tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como se hace en el cielo.” Hay un profundo contenido en estas palabras y son la llave para bajar los diseños de Dios a esta tierra. ¿Quieres salud divina? Declara: Padre Eterno, que venga Tu Reino sobre mi cuerpo para que viva en salud divina y tu voluntad sea manifiesta en mi vida. En tu Reino no hay enfermedad, por lo tanto no acepto la enfermedad en mi vida, porque lo que no es procedente en Tu Reino, tampoco es procedente en mi cuerpo. Enséñame a cambiar mis hábitos alimenticios para no seguir dañando mi cuerpo y a vivir como ciudadana de Tu Reino. En el nombre de Jesucristo, amén.

Luego Dios dijo: «Ahora hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza. Tendrá poder sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y en toda la tierra. Reinará sobre los animales terrestres, y sobre todos los animales que se arrastran por el suelo» Así que Dios creó al ser humano a su imagen y semejanza, creó al varón y a la mujer. Y los bendijo diciendo: «Tengan muchos hijos para así poblar el mundo y ejercer control sobre él: dominando a los peces del mar, a las aves del cielo y a todo ser vivo que existe en la tierra». (Génesis 1: 26-28) Dios le ha dado al ser humano poder y dominio sobre la creación para que ejecute la voluntad de Dios y esto se hizo antes de que Adán y Eva decidieran pecar; al ceder a la tentación y pecar, entregaron el derecho de poder y dominio a Satanás; sin embargo cuando Jesucristo venció al diablo en la Cruz del Calvario, le quitó el poder y dominio sobre las cosas y sobre las personas y en un voto de confianza le entregó ese poder y dominio a la Iglesia. Satanás sigue engañando a los hijos de Dios haciéndoles creer que él tiene en sus manos el señorío y usa a personas que están de su lado para tomar control y ejercer toda clase de maldad; sin embargo la Palabra de Dios dice: “Pido también que les sean iluminados los ojos del corazón para que sepan a qué esperanza él los ha llamado, cuál es la riqueza de su gloriosa herencia entre los santos, y cuán incomparable es la grandeza de su poder a favor de los que creemos. Ese poder es la fuerza grandiosa y eficaz que Dios ejerció en Cristo cuando lo resucitó de entre los muertos y lo sentó a su derecha en las regiones celestiales, muy por encima de todo gobierno y autoridad, poder y dominio, y de cualquier otro nombre que se invoque, no sólo en este mundo sino también en el venidero. Dios sometió todas las cosas al dominio de Cristo, y lo dio como cabeza de todo a la iglesia. Ésta, que es su cuerpo, es la plenitud de aquel que lo llena todo por completo.” (Efesios 1: 18-23 NVI).

Si estamos en Cristo, entonces gobernamos con Él, estamos aquí, en esta tierra para traer el gobierno de Dios y no permitir que Satanás siga haciendo de las suyas. ¿Y cómo vamos a lograrlo? Clamando día y noche para que el Reino de Dios venga a tu vida, tu esposo/a, hijos, familia, ciudad, etc., para que Su voluntad sea hecha. Jesucristo ha vencido y está por encima de todo y Dios le dio un Nombre que es sobre todo nombre “para que ante el nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.” (Filipenses 2: 10 ,11 NVI) Jesucristo tiene toda autoridad sobre todo y nos ha delegado esa autoridad a Sus hijos. “Toda autoridad me ha sido dada sobre los cielos y sobre la Tierra. Y tal como mi Padre me ha enviado, también yo los envío a ustedes.(Matero 28: 18 Sy Español). Todos somos enviados para realizar lo que Cristo realizó y para traer el Reino de Dios a la tierra. "Créanme que Yo estoy en el Padre y el Padre en Mí; y si no, crean por las obras mismas. "En verdad les digo: el que cree en Mí, las obras que Yo hago, él las hará también; y aun mayores que éstas hará, porque Yo voy al Padre. "Y todo lo que pidan en Mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. "Si Me piden algo en Mi nombre, Yo lo haré.” (Juan 14: 11-14 NBLH) Si Jesús lo dice, yo lo creo, entonces sólo me queda empezar a ejecutar su obra y declarar con fe y firmeza: “Venga tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como se hace en el cielo.” Amén.

sábado, 14 de febrero de 2009

HACIENDO LA VOLUNTAD DE DIOS

HACIENDO LA VOLUNTAD DE DIOS
"Cuídense de los falsos profetas. Vienen a ustedes disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos feroces. Por sus frutos los conocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los cardos? Del mismo modo, todo árbol bueno da fruto bueno, pero el árbol malo da fruto malo. Un árbol bueno no puede dar fruto malo, y un árbol malo no puede dar fruto bueno. Todo árbol que no da buen fruto se corta y se arroja al fuego. Así que por sus frutos los conocerán. "No todo el que me dice: 'Señor, Señor', entrará en el reino de los cielos, sino sólo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Muchos me dirán en aquel día: 'Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos milagros?' Entonces les diré claramente: 'Jamás los conocí. ¡Aléjense de mí, hacedores de maldad!' (Mateo 7: 15-23)
La voluntad de Dios es algo que debe quedar bien claro en la vida de cada hijo de Dios, porque es lo único que importa. Profetizar o hacer milagros o alguna obra muy buena que hagamos, no cuenta para Dios si no nos sujetamos a Su voluntad. El Reino de Dios es el gobierno absoluto de Dios sobre nuestras vidas, cuanto más nos sujetemos a Su voluntad, más y más vamos a introducirnos en Su gobierno, en Su reino, porque vamos a estar dispuestos a renunciar a nuestra voluntad, enseñada por este sistema, con sabiduría humana y dejaremos que se haga Su voluntad sin cuestionamiento. Si Dios es el Soberano absoluto de nuestras vidas, entonces nosotros le obedeceremos sin chistar.

"El hijo honra a su padre y el siervo a su señor. Ahora bien, si soy padre, ¿dónde está el honor que merezco? Y si soy señor, ¿dónde está el respeto que se me debe? Yo, el Señor Todopoderoso, les pregunto a ustedes, sacerdotes que desprecian mi nombre. "Y encima preguntan: ¿En qué hemos despreciado tu nombre? "Pues en que ustedes traen a mi altar alimento mancillado. "Y todavía preguntan: ¿En qué te hemos mancillado? "Pues en que tienen la mesa del Señor como algo despreciable. (Malaquías 1:6,7)
Dios merece mucho más de lo que hasta ahora le hemos dado. Dios realmente tiene que ser amado con todo nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo. El conjunto de nuestro ser debe amar sin medida a Dios. Esto podrá ser fácil con el espíritu, pero al alma hay que reeducarla para que entregue su dominio al espíritu y el cuerpo debe aprender a sujetarse al alma regenerada. Hacer la voluntad de Dios radica en entregarse totalmente a Él, a tal punto que ya no se escuche de nuestros labios: “Yo pienso”, “a mi modo de ver”, “yo opino”, etc., que no forman parte de un vocabulario del Reino de Dios. Porque dentro del Reino sólo se escucha: “Sí, Señor, hágase tu voluntad”; y si algo no está claro respecto a la voluntad de Dios, remitámonos al “original”, a la Palabra de Dios, sin preguntar la opinión de alguien más. Pidamos en oración que El Espíritu de Dios nos muestre con claridad lo que Dios quiere de cada uno de nosotros, pero al hacer esto, dejemos de lado nuestra opinión, porque ella no cuenta, es tan pobre y efímera, que no nos llevará a ninguna parte; sin embargo lo que Dios tiene para nosotros es duradero e incomparablemente rico, es lo súper excelente para nosotros, aunque no podamos percibirlo en un comienzo. Debemos empezar a creerle a Dios. Él tiene lo mejor para nosotros, o preguntémoselo a José, Daniel, Job y otros. Ninguno de ellos entendió porqué pasaban por sufrimientos, pero confiaron sus vidas al Todopoderoso y Él los libró y les dio muchísimo más que no hubieran conseguido con sus pensamientos y fuerza.

El hacer la voluntad de Dios no es cosa de poca importancia, es cuestión de vida o muerte, porque la vida cristiana no es un juego; lo que está en juego es nuestro destino eterno. No podemos jugar con la gracia de Dios, ella no es una cobertura para quienes quieren hacer lo que les venga en gana. Si bien “donde abunda el pecado, sobreabunda la gracia”, esto no quiere decir que pequemos para que se vea la sobreabundante gracia de Dios. “Pero allí donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia, a fin de que, así como reinó el pecado en la muerte, reine también la gracia que nos trae justificación y vida eterna por medio de Jesucristo nuestro Señor.” (Romanos 5:20,21) La gracia nunca es para muerte, por lo tanto no podemos seguir en camino de muerte pensando que la gracia nos va a librar. Ella es para justificación y vida eterna por medio de Jesucristo. El hijo de Dios se aferra a la gracia para no pecar, no para tener un justificativo para llevar una vida conforme a las pasiones del alma.

Jesucristo, el Hijo de Dios, vino a hacer la voluntad de Dios, ¿cuánto más nosotros que hemos sido comprados por el precio altísimo de la sangre de Jesucristo? Hacer la voluntad de Dios debe ser nuestro deleite. Conformar nuestros pensamientos a los pensamientos de Cristo debe ser nuestro mayor deseo y practicar esos pensamientos debe ser nuestra meta diaria. “Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y terminar su obra --les dijo Jesús— (Juan 4: 34) "Yo no puedo hacer nada por mi propia cuenta; juzgo sólo según lo que oigo, y mi juicio es justo, pues no busco hacer mi propia voluntad sino cumplir la voluntad del que me envió.” (Juan 5: 30) Jesucristo nos ha dejado ejemplo y sólo a Él debemos seguirle. No busquemos otra opinión, especialmente la de aquellas personas que no conocen a Dios. Leamos Hebreos 10 y Dios nos dé entendimiento. Afirmemos nuestros pies en Jesús y confiemos que Su Gracia nos va a sostener para no pecar. Cada día entreguemos nuestros pensamientos a Jesús y decidamos hacer Su voluntad, buscando en Su Palabra lo que Él tiene para nosotros, porque nadie va a ser tentado más allá de lo que pueda soportar, sino que Dios dará una salida para que se pueda resistir la tentación (1ª Corintios 10:13 - Podemos leer todo el capítulo). Nada hagamos creyendo que es lo mejor para nosotros; siempre consultemos a Dios al respecto, dejando de lado nuestro vano criterio, para que Dios nos dé Su pensamiento, que siempre es para bien, porque Él no nos dará lo Suyo, si antes no sacamos lo nuestro, aunque nos parezca lo mejor. Sé sabio.

viernes, 2 de enero de 2009

SUEÑA LOS SUEÑOS DE DIOS

DIOS QUIERE QUE SUS SUEÑOS SE HAGAN REALIDAD EN TI

“Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse.” (Daniel 1:8) Este año, 2009, tú puedes hacer que los sueños de Dios se vuelvan realidad en tu vida. ¿Acaso depende de la persona? ¿No depende de Dios? Aunque Daniel nunca soñó estar en el palacio de Nabucodonosor, de pronto se vio allí. Ante él estaba una realidad nunca soñada, él vio de cerca las costumbres de los babilonios e hizo algo que cuando cualquier hijo de Dios lo hace, recibe el respaldo del Espíritu Santo. Lo que Daniel veía frente a él, era como una pesadilla, pero él propuso en su corazón no contaminarse. Esta decisión firme hizo que Dios le pusiera en gracia y en buena voluntad con el jefe de los eunucos y la pesadilla se transformó en una hermosa realidad. Daniel y sus compañeros fueron diez veces más sabios que los sabios de Babilonia, solamente porque él propuso hacer algo a favor de la justicia de Dios. Debido a esa osada decisión de Daniel, él pudo vencer a los leones y a fuerzas espirituales poderosas, porque unió cielo y tierra cuando decidió hacer la voluntad de Dios en el reino más pagano de la historia.

En el Padre Nuestro, Cristo nos muestra el secreto de hacer realidad Los sueños de Dios. “Hágase tu voluntad en la tierra, así como se hace en el cielo.” ¿Cuál es a voluntad de Dios? “Escuché entonces a todos los seres en el cielo, en la tierra, debajo de ella y en el mar, que decían: "¡Toda la alabanza, el honor, la gloria y el poder sean para el que está sentado en el trono y para el Cordero por siempre! "Las cuatro criaturas respondían: "¡Así sea!", y los ancianos se arrodillaban y adoraban.” (Apocalipsis 5:13, 14). (Puedes leer también Apocalipsis 4:8-11: 5:8-12). La adoración es lo que se hace en el cielo todo el tiempo, sin cesar, porque nadie puede estar delante de Él y no adorarle. Hemos sido creados para publicar las alabanzas de Dios. (Isaías 43: 21) La alabanza y la adoración unen el cielo y la tierra. Al hacer la voluntad de Dios unimos cielo y tierra, entonces los sueños de Dios entran a ser nuestros sueños. Notemos algo muy importante en el Padre Nuestro. Cristo glorifica al Padre primero y luego pide que Su Reino venga. Hemos visto que el Reino y el Rey son una Persona, Jesucristo. Cuando Cristo viene a nuestro corazón, el hacer la voluntad de Dios debe ser nuestra prioridad, entonces vamos a poder andar en acuerdo con el Rey Jesús. Él dijo que Él y Su Padre eran uno y Su deseo para nosotros es que seamos uno con Él, acomodando nuestros sueños a los de Dios, soñando los sueños de Dios.

“¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?” (Amós 3:3) ¿Podemos andar en acuerdo con Dios si no hacemos Su voluntad? ¿Podemos ser uno con Él haciendo nuestra propia voluntad? ¿Podemos soñar Sus sueños si no amamos Su Presencia? “En total, Enoc vivió trescientos sesenta y cinco años, y como anduvo fielmente con Dios, un día desapareció porque Dios se lo llevó.” (Génesis 5: 21-22) Enoc vivió 365 años en fidelidad a Dios. No es una casualidad el número de años que vivió Enoc. 365 días tiene un año y Dios quiere que cada día del año vivamos haciendo Su voluntad, caminando junto a Él, entonces nos pasará lo que le pasó a Enoc, seremos arrebatados, porque aquí en la tierra hicimos la voluntad de Dios y Su sueño se hará realidad, estaremos siempre con Él.

¿Acaso no basta con recibir a Jesús en el corazón? Veamos qué dice el mismo Jesús. "No todo el que me dice: 'Señor, Señor', entrará en el reino de los cielos, sino sólo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Muchos me dirán en aquel día: 'Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos milagros?' Entonces les diré claramente: 'Jamás los conocí. ¡Aléjense de mí, hacedores de maldad!' "Por tanto, todo el que me oye estas palabras y las pone en práctica es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca. Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa; con todo, la casa no se derrumbó porque estaba cimentada sobre la roca. (La Roca es Cristo) Pero todo el que me oye estas palabras y no las pone en práctica es como un hombre insensato que construyó su casa sobre la arena. Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa, y ésta se derrumbó, y grande fue su ruina." (Mateo 7: 21- 28). El hacer la voluntad de Dios nos hace ser reyes y sacerdotes de Dios. El rey tiene autoridad porque se sujeta a la autoridad del Rey de reyes. El sacerdote se conecta íntimamente con Dios, adora; entra al Santísimo todo el tiempo. Busca la Presencia de Dios. No se entretiene haciendo sólo obras. Hace obras y está en perfecta comunión con Dios. Es un adorador.

¿Hasta cuándo, ignorantes, seguirán amando la torpeza? ¿Hasta cuándo los burlones seguirán felices de hacer tonterías? ¿Hasta cuándo los brutos seguirán odiando el saber? Hagan caso a mi corrección, y yo derramaré mi espíritu sobre ustedes; les daré a conocer mis pensamientos. Yo los llamé, pero ustedes no me atendieron; les ofrecí mi mano, pero no me hicieron caso. Ustedes rechazaron mis consejos, se negaron a aceptar mi corrección. Por eso también yo me reiré de ustedes cuando les lleguen las dificultades; disfrutaré viéndolos todos atemorizados, cuando les llegue como una tormenta lo que tanto temen, y la desgracia los agarre como un torbellino. Entonces me llamarán, pero yo no responderé. Me buscarán al amanecer, pero no me encontrarán porque odiaron el conocimiento, se negaron a respetar al Señor. No quisieron escuchar mis consejos y no hicieron caso a mis correcciones, así que tendrán que comer del fruto de sus acciones y quedar hartos de sus propias maquinaciones. Los tontos mueren porque se niegan a seguir la sabiduría; los ricos son felices siguiendo su forma insensata de obrar, y eso los destruye. En cambio, el que me obedece vivirá tranquilo, seguro y sin temer ninguna desgracia. (Proverbios 1: 22 -33 PDT) No dejemos que pase más tiempo, decidamos cambiar, propongámonos hacer la voluntad de Dios, salvemos nuestra alma para que el Reino de Dios entre en nuestras vidas.
"Por lo cual, dejando toda inmundicia, y restos de malicia, recibid con mansedumbre la Palabra ingerida en vosotros, la cual puede hacer salvas vuestras almas." (Santiago 1: 21RV2000)

La Palabra de Dios es clara y no hay por dónde perderse. Por tanto no perdamos tiempo tratando de hacer las cosas conforme a nuestro criterio, sino sujetémonos a la voluntad de Dios para hacerla. Hagamos que los sueños de Dios se hagan realidad. Dios quiere soñar sus sueños en nosotros este 2009; quiere abrir los cielos para que Su voluntad sea hecha. Propongamos en nuestro corazón hacer la voluntad de Dios y digamos con David, lo que Él dijo respecto a Cristo: "Me agrada, Dios mío, hacer tu voluntad; tu ley la llevo dentro de mí." En medio de la gran asamblea he dado conocer tu justicia. Tú bien sabes, Señor, que no he sellado mis labios. No escondo tu justicia en mi corazón, sino que proclamo tu fidelidad y tu salvación, tu gran amor y tu verdad." (Salmo 4o: 8-10) ¿Cuánto nos agrada estar haciendo la voluntad de Dios? ¿Nos deleitamos en Su presencia? Hagamos que este 2009 los sueños de Dios sean nuestros sueños y veremos satisfechos los anhelos de nuestro corazón y también los de Dios. Oremos: Señor, quitamos todo sello de nuestros labios y decidimos proclamar Tu justicia con nuestros labios, nos proponemos hacer Tu voluntad y amar Tu Presencia. Decidimos dar a conocer lo que llevamos de Ti en nosotros. Lo que Tú has puesto en nuestro corazón queremos darlo a conocer, que conozcan TU JUSTICIA; no guardaremos en secreto Tu verdad. Y a partir de ahora proclamaremos Tu salvación, Tu fidelidad, Tu amor y verdad con nuestros labios y con nuestras vidas. Decidimos buscar Tu presencia y conocerte cada día más. Nuestro deleite eres Tú, Amado Señor Jesucristo. Que se hagan realidad Tus sueños en nosotros y Tu voluntad sea hecha en nuestras vidas, para que Tu gloria sea vista este 2009.