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domingo, 10 de octubre de 2010

PERDONA NUESTROS PECADOS

PERDONA NUESTROS PECADOS

“… y perdona nuestros pecados, porque nosotros también perdonamos a todos los que nos han hecho mal.” (Lucas 11: 4 PDT)

Es importante, que al orar, solicitando el perdón de Dios, Le pidamos primero que el Espíritu Santo escudriñe nuestro corazón para ver qué cosas ocultamos en lo más profundo de nuestro ser, quizá todavía haya un antiguo resentimiento contra alguien, o algún otro pecado que debemos confesar, luego nos ponemos de acuerdo con Dios, nos arrepentimos y confesamos nuestro pecado, entonces Dios nos va a perdonar. “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” (1ª Juan 1: 9 RV 60)

Sólo vamos a poder solicitar al Padre que nos perdone si nosotros también perdonamos, de lo contrario, con qué cara podríamos estar pidiéndole algo que nosotros no somos capaces de hacerlo. Cuando perdonamos las ofensas tenemos autoridad para frenar el daño y solicitar la protección divina. Perdonar no significa permitir que abusen de nosotros, tampoco nos da vía libre para juzgar al ofensor. Perdonar es no dejar que los gérmenes de la ofensa incuben en nuestro corazón. Con el perdón cuidamos nuestro pellejo, más que el ajeno. Perdonar también es un acto de amor, no sólo hacia el ofensor, sino también hacia nosotros mismos.

Cuando Jesús pendía de la cruz sin vida, un soldado romano quiso verificar si ya estaba muerto y le clavó su lanza en el corazón, en ese instante brotó agua y sangre de Su corazón abierto. La vida de Dios se manifestaba con Su muerte. La semilla que el Padre plantó yacía sin vida, para recibir una cosecha abundante de vidas salvadas por Su perdón liberado en la cruz. “Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen." (Lucas 23: 34ª). Cuando Jesús desató el perdón, todas las cadenas de opresión fueron rotas, para que todo aquel que acuda a Él obtenga perdón gratuito.

Cuando Jesús exclamó: “Padre, perdónalos…”, el infierno tembló, porque se rompía el poder del opresor que por miles de años mantuvo cautiva a la humanidad. La liberación de perdón de Jesús abrió las puertas del cielo a todo pecador que arrepentido se acogiera a la Gracia perdonadora de Dios, porque “por gracia somos salvos, por medio de la fe y esto no procede de nosotros, sino que es un regalo de Dios a toda la humanidad y no es por obra para que nadie tenga de qué gloriarse” (Efesios 2:8,9).

El Reino de los cielos es un Reino de perdón. El perdón da reposo a nuestro corazón y nos permite llegar a Dios en adoración y gozar de la intimidad con Él. Hay un tremendo poder en el perdón, es un milagro de vida, porque todo se vuelve estéril por la falta de perdón, en cambio cuando se libera a las personas perdonándolas, la vida de Dios fluye como un manantial que refresca no sólo nuestro corazón reseco y resquebrajado, sino el corazón y la vida de quienes nos han ofendido; porque no podemos pretender vivir sin perdonar, ya que no puede haber vida sin perdón.

“Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él.” (1ª Juan 3: 15). Cuando estamos aborreciendo o detestando a alguien, lo estamos matando; y si permanecemos en esa actitud ¿Cuál va a ser nuestro fin? La muerte. ¿Qué clase de muerte? “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre Celestial” (Mateo 6: 14) ¿Habrá algo que nos garantice la vida eterna sin el perdón de Dios? Recuerda que el homicida no tiene vida eterna permanente en él. ¿Quién otorga la vida eterna? Aquél que perdonó todos nuestros pecados. No podemos decir que amamos a Dios si aborrecemos al hermano, porque entonces estamos mintiendo. “Si alguien afirma: "Yo amo a Dios", pero odia a su hermano, es un mentiroso; pues el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios, a quien no ha visto.” (1ª Juan 4:20). Si no amamos a Dios, no vamos a poder estar eternamente con Él.

La vida de Dios está en Su Hijo y el que tiene al Hijo no puede ser portador de muerte. Así que amados, permitamos que el Espíritu Santo revise nuestro corazón y perdonemos a quienes nos han ofendido, y en lugar de guardar ofensas, almacenemos perdón para el momento en que necesitemos liberarlo. El perdón y el amor se unen para dar vida. “Porque Cristo, cuando aún estábamos muertos en nuestros delitos y pecados, nos dio vida juntamente con Él, perdonándonos todos los pecados y anuló el documento que el diablo tenía en nuestra contra, se lo quitó y lo clavó en la cruz triunfando sobre todo principado y potestad, exhibiéndolos públicamente, para que nunca más tuviesen potestad sobre nosotros que hemos buscado la vida en Cristo y hemos recurrido a Su gratuito perdón.” (Colosenses2: 13-15).


Perdonar es un acto de fe que nos permite ver al ofensor transformado aun cuando siga ofendiéndonos. Entonces no perdonamos porque sentimos hacerlo o porque nuestra razón nos da razones para ello, sino porque le hemos creído a Jesús y estamos dispuestos a obedecerle para nuestro bien. Si somos inteligentes vamos a perdonar, porque nadie va a querer dañar su cuerpo, alma y espíritu almacenado resentimiento. Entonces de nuestro espíritu hacemos brotar fe para el perdón.

Cuando seamos capaces de amarnos como para no permitir que algo nos dañe, vamos a poder amar al prójimo como nos amamos a nosotros mismos, y estaremos tan resueltos a perdonar, que aun antes que llegue la ofensa, ya hemos vertido el bálsamo del perdón sobre el ofensor y lo hemos derramado también sobre nuestro corazón; entonces nuestra alma no se llenará de heridas y vamos a estar sanos, satisfechos, felices, en paz, rebosando de gozo y amando aun cuando no seamos amados. El perdón es uno de los dones más maravillosos de Dios y que está al alcance de toda persona que quiera recibirlo. Decide creerle al Espíritu Santo de Dios y recibe este don. Perdona y serás inmensamente feliz.

Dios no puede ir en contra de nuestra voluntad, pero, desde que hemos elegido la vida, el perdón de Dios debe fluir a través de nosotros. Hay vida en ti y el diablo no puede robar lo que tú no le permitas. Agárrate de la vida de Dios y “ocúpate de tu salvación con temor y temblor, porque Dios es el que produce en ti, así el querer como el hacer, por su buena voluntad” y lo que “Él ha empezado en ti lo completará hasta el día de Jesucristo.” (Filipenses 2: 12,13; 1:6).

lunes, 19 de abril de 2010

¿POR QUÉ DEBEMOS PERDONAR?


¿POR QUÉ DEBEMOS PERDONAR?
1. Porque Dios nos perdonó a nosotros en Cristo, no tomando en cuenta nuestros pecados. “Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.” (Efesios 4: 32 NVI)
“No se enojen unos con otros, más bien, perdónense unos a otros. Cuando alguien haga algo malo, perdónenlo, así como también el Señor los perdonó a ustedes.” (Colosenses 3: 13: PDT)

2. Porque Dios es quien tomará venganza por nosotros si es que optamos por el perdón en lugar de devolver el mal. “No defendiéndoos a vosotros mismos, amados; antes dad lugar a la ira [de Dios], porque escrito está: Mía es la venganza; yo pagaré, dice el Señor.” (Romanos 12: 19 RV2000).

3. Porque si perdonamos, podemos llegar ante Dios para pedirle que Él también nos perdone. “Perdona el mal que hemos hecho, como nosotros perdonamos a los que nos han hecho mal.” (Mateo 6: 12 TKIM-DE).

4. Porque debemos seguir el ejemplo de Dios, pues él es un Dios perdonador.Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad.” (1ª Juan 1: 9 NVI).

5. Porque debemos ser consecuentes con lo que Dios nos mandó a predicar. Si predicamos del perdón de Dios, nosotros/as debemos ser los/as primeros/as en perdonar. De esta forma retiramos la ofensa escrita en el cielo en nuestra contra. “Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.” (Lucas 24: 46, 47 RV60).

6. Porque si perdonamos a quienes nos ofenden, entonces Dios también perdonará nuestras ofensas. “Y cuando se levanten para orar, si tienen algo contra alguien, perdónenle, para que su Padre en el cielo perdone sus ofensas." (Marcos 11: 25 NVI)

7. Para que el diablo no gane ventaja y se aproveche de nosotros. “A quien ustedes perdonen, yo también lo perdono. De hecho, si había algo que perdonar, lo he perdonado por consideración a ustedes en presencia de Cristo, para que Satanás no se aproveche de nosotros, pues no ignoramos sus artimañas.” (2ª Corintios 2: 10, 11 NVI)

8. Porque si seguimos el ejemplo de Cristo, entonces vamos a perdonar aun antes que nos lo pidan. “Jesús decía: -Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen-. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes.” (Lucas 23: 34 RV95)

9. Porque no podemos pagar por nuestros pecados para que sean borrados, sólo Jesucristo ha podido hacerlo. Él nos perdonó lo imperdonable, por eso debemos perdonar y así librarnos del tormento de los verdugos (demonios) que nos torturarán con resentimientos, amargura, sentimientos de culpa, etc.
"Por eso el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al comenzar a hacerlo, se le presentó uno que le debía miles y miles de monedas de oro. Como él no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, a su esposa y a sus hijos, y todo lo que tenía, para así saldar la deuda. El siervo se postró delante de él. 'Tenga paciencia conmigo --le rogó--, y se lo pagaré todo.' El señor se compadeció de su siervo, le perdonó la deuda y lo dejó en libertad. "Al salir, aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros que le debía cien monedas de plata. Lo agarró por el cuello y comenzó a estrangularlo. '¡Págame lo que me debes!', le exigió. Su compañero se postró delante de él. 'Ten paciencia conmigo --le rogó--, y te lo pagaré.' Pero él se negó. Más bien fue y lo hizo meter en la cárcel hasta que pagara la deuda. Cuando los demás siervos vieron lo ocurrido, se entristecieron mucho y fueron a contarle a su señor todo lo que había sucedido. Entonces el señor mandó llamar al siervo. '¡Siervo malvado! --le increpó--. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haberte compadecido de tu compañero, así como yo me compadecí de ti?' Y enojado, su señor lo entregó a los carceleros para que lo torturaran hasta que pagara todo lo que debía. "Así también mi Padre celestial los tratará a ustedes, a menos que cada uno perdone de corazón a su hermano. (Mateo 18: 23- 35 NVI)

lunes, 26 de enero de 2009

¿TODAVÍA TE OFENDES?


¿TODAVÍA TE OFENDES?
"Porque si soltareis a los hombres sus ofensas, os soltará también a vosotros vuestro Padre celestial. Mas si no soltareis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os soltará vuestras ofensas."
(Mat. 6: 14, 15 RV2000)
"Porque si ustedes perdonan a los hombres sus transgresiones (faltas, delitos), también su Padre celestial les perdonará a ustedes. "Pero si no perdonan a los hombres, tampoco su Padre les perdonará a ustedes sus transgresiones (faltas, delitos). (NBLH)

Ofensa es entre otras acepciones: “Sentirse humillado o herido en el amor propio o la dignidad” El amor propio es nuestro "YO", lo más profundo de nuestro ser; éste se ofende porque cree que no merece el trato que se le ha dado. En este caso el "YO" está vivo y activo en la persona ofendida. Por otra parte, la ofensa se retiene o se suelta a voluntad. Retener una ofensa es no perdonar al ofensor; es aceptar el agravio. Cuando sucede esto estamos permitiendo que la ofensa nos hiera y a medida que la retenemos se ahonda más, causando gran dolor y predisponiendo nuestro corazón a la extremada sensibilidad a causa de la herida; por otro lado nos volvemos insensibles ante el dolor ajeno, endureciendo nuestro corazón. La persona que retiene la ofensa está pecando. No me pregunten y qué del ofensor. De él se encargará Dios. No siempre el supuesto ofensor nos hiere porque quiere hacerlo, sino que nosotros permitimos ser heridos, porque abrimos nuestro corazón a la ofensa. El diablo ha puesto sensibilidad hacia nosotros en esa área de la ofensa, de modo que al aceptar el agravio, le estamos haciendo caso al enemigo y le estamos entregando parte de nuestra alma, dándole derecho legal para angustiarnos. El ofendido vive angustiado, está temeroso de ser herido, no quiere ser lastimado y trata de defenderse ante cualquier aparente agravio.

La forma efectiva para no ofendernos es no recibir la ofensa y si la hemos recibido, debemos soltarla inmediatamente como si fuera la peor plaga que se nos quiere colocar. El perdón es el antídoto contra la ofensa. En la parábola de los dos deudores, Jesús muestra cómo Él tiene compasión de un hombre que le debía mucho y lo perdona; sin embargo éste no fue capaz, después de ser liberado, de perdonar a un consiervo que le debía una miseria. Al enterarse de esto el amo, hace llamar al que había sido perdonado: Entonces el señor mandó llamar al siervo. “¡Siervo malvado! —le increpó—. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haberte compadecido de tu compañero, así como yo me compadecí de ti?” Y enojado, su señor lo entregó a los carceleros para que lo torturaran hasta que pagara todo lo que debía. Así también mi Padre celestial os tratará, a menos que cada uno perdone de corazón a su hermano." (Mateo 18: 32-35) Dios quiere que vivamos en libertad y la única forma de hacerlo es perdonando, porque de lo contrario vamos a ser atormentados.

Recordemos que pecamos cuando nos ofendemos y nosotros no queremos pecar, ¿verdad?, por eso debemos decidir no aceptar ni una ofensa, venga de quien venga. A medida que rechazamos las ofensas, nuestro corazón se vuelve más blando y puede ser amoldado por Dios. "Si el espíritu del príncipe se exaltare contra ti, no dejes tu lugar; porque la mansedumbre hará cesar grandes ofensas." (Eclesiastés 10: 4). La mansedumbre es la cualidad de ser dócil. Una persona mansa, puede perdonar; pero una persona cargada de orgullo no puede perdonar, porque siente en su fuero interno (conciencia) que no era merecedora de un trato tal, porque le faltaron el respeto y su EGO no soporta eso. La persona mansa ha renunciado a sus derechos, porque sabe que ya fue crucificada con Cristo y que toda ofensa contra su persona, la están haciendo al mismo Cristo y es Él quien va a asumir la defensa. En cambio, la persona orgullosa cree que debe hacer valer sus derechos y acepta las ofensas, sin darse cuenta que está siendo presa de los verdugos que van a oprimir su alma. Cuanto más almacenemos ofensa, más duros vamos a ser, más insensibles, sin misericordia; sin embargo cuanto más perdonemos, más semejante a Cristo vamos a ser, llenos de misericordia y bondad.

"El buen juicio de un hombre aplaca su ira, y su gloria es pasar por alto una ofensa." (Proverbios 9: 11 BPD) La persona prudente, sabia, no se deja gobernar por la ira y no toma en cuenta las ofensas, porque sabe que no le hacen bien. No trata de demostrar su disgusto frente al agresor/a para hacerle notar cuán grave fue la ofensa, más bien, trata a la persona con amor, hablándole con respeto y cariño y no mostrándole su disgusto, ya sea dejándole de hbalar o gritándole, etc. Si queremos vivir bien, empecemos a perdonar olvidando el agravio. Pidamos al Espíritu Santo que nos muestre qué ofensas tenemos guardadas y expongámoslas a la luz de Dios y echemos fuera toda ofensa, perdonando, porque es la única forma de hacerlo.

¿Cómo debemos perdonar? "Abandonen toda amargura, ira y enojo, gritos y calumnias, y toda forma de malicia. Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo." (Efesios 4: 31: 32) Dios nos perdonó lo imperdonable, sabiendo que estábamos destinados a morir, porque nacimos con la herencia de pecado, pero la gracia y el amor de Dios superaron toda ofensa contra Él y perdonó todos nuestros pecados, otorgándonos libre entrada en Su reino y dándonos el privilegio de ser hijos de Dios, con todos los derechos que tiene un hijo. "Pero Dios es muy compasivo, y su amor por nosotros es inmenso. Por eso, aunque estábamos muertos por culpa de nuestros pecados, él nos dio vida cuando resucitó a Cristo. Nos hemos salvado gracias al amor de Dios, aunque no lo merecíamos. Dios, al resucitar a Jesucristo, nos resucitó y nos dio un lugar en el cielo, junto a él. Hizo esto para mostrar en el futuro la bondad y el gran amor con que nos amó por medio de Jesucristo. Ustedes han sido salvados porque aceptaron el amor de Dios. Ninguno de ustedes se ganó la salvación, sino que Dios se la regaló. La salvación de ustedes no es el resultado de sus propios esfuerzos. Por eso nadie puede sentirse orgulloso." (Efesios 2: 4-9 BLS). Ninguna persona merecía la salvación, el perdón de Dios, pero aun así Él nos perdonó y borró todos nuestros pecados, los echó al olvido. Lo único que nos queda por hacer, es lo mismo que Dios hizo por nosotros. Él perdonó todas nuestras ofensas, por lo tanto, nosotros también debemos perdonar sin chistar todas las ofensas del prójimo y vivir en la libertad con que Cristo nos hizo libres. SÉ FELIZ.

lunes, 29 de diciembre de 2008

QUE TE SEAN RESTITUIDOS TUS SUEÑOS



  • Que este año te sean restituidos aquellos sueños que aún están dormidos y…

  • Que tengas suficiente amor, para amar aun a aquellos que no te aman

  • Que tengas suficiente gozo, para llenar de alegría tu mundo

  • Que tengas suficiente paz, para pacificar tu alma y la de los demás

  • Que tengas suficientes pruebas, para que seas paciente con los que te rodean

  • Que tengas suficiente dinero, para compartir con los necesitados

  • Que tengas suficientes ofensas, para poder perdonar

  • Que tengas suficiente de Jesucristo en tu corazón para darlo a conocer

  • Que tengas suficiente humildad, para no ofenderte

  • Que tengas suficiente mansedumbre, para ser dócil

  • Que tengas suficiente amabilidad, para ser cortés aun con aquellos que son intolerables

  • Que tengas suficiente dominio propio, para controlar tus impulsos de venganza

  • Que tengas suficiente FE para creerle a Dios a pesar de las circunstancias

  • Que tengas suficientes amigos para compartir con ellos este mensaje y que Dios te dé suficientes cosas más de todo aquello que anhela tu corazón.