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martes, 10 de mayo de 2011

ÉSTE ES EL MEJOR MOMENTO

ÉSTE ES EL MEJOR MOMENTO DE LA HISTORIA
Siglo XXI, estamos contemplando el poder de la ciencia y la tecnología en acción y al mismo tiempo el poder maligno con toda su devastación. Entonces pensamos: "Dios debe estar muy enojado con toda esta situación y sus ojos ya no soportan ver todo el mal". Dios sigue siendo el Dios justo y misericordioso que nos ha permitido vivir el mejor momento de la historia. Él no está enojado, Su corazón se derrite de amor y compasión. Dios está BUSCANDO a un hombre o a una mujer que haga lo que Él dice: "Yo he buscado entre ellos a alguien que se interponga entre mi pueblo y yo, y saque la cara por él para que yo no lo destruya. ¡Y no lo he hallado!" (Ezequiel 22: 30 NVI) Dios te está buscando a ti y cuando te dejes encontrar, tu corazón empezará a derretirse juntamente con el de Dios y fluirá de ti el amor y la compasión del Dios Todopoderoso para que tu pueblo no sea destruido.

Cuando unas tu sueño al sueño de Dios, brotará en ti el amor por la gente y empezarás a hacer historia, la mejor historia de amor que jamás se haya contado después del Calvario. El amor te saca de la cárcel del legalismo, de ese enclaustramiento ególatra y te lleva adonde nunca imaginaste ir. Empieza a vivir el mejor momento de tu historia. ¡AMA! El mal seguirá su curso, pero mientras tu amor siga fluyendo se abrirá paso por donde otros no se atrevieron a pasar. Este es el mejor momento de la historia de Bolivia y tú puedes escribirlo, porque en medio de tantos "ayes" declaramos que: Bolivia será llena del conocimiento de la gloria del Señor. Tú puedes declarar lo mismo para tu nación, ciudad o barrio, para tu familia, porque el amor se abre paso, hace cauce donde nunca lo hubo para que la tierra se llene del conocimiento de la gloria del Señor.

Empieza a escribir el mejor momento de la historia, porque Dios te dice: “Yo sé los planes que tengo para ustedes, planes para su bienestar y no para su mal, a fin de darles un futuro lleno de esperanza. Yo, el Señor, lo afirmo.” (Jeremías 29: 11 DHH). No mires la calamidad que te rodea, mira lo que Dios tiene para ti, aunque te encuentres en medio de de la calamidad. Los discípulos de Jesús, se encontraron en una ocasión en medio de un mar muy, pero muy tormentoso y pensaron que iban a morir, ellos sólo podían ver la tempestad, pues al parecer no había ni un atisbo de calma, todo era calamidad. Jesús estaba en la barca con ellos, pero dormía.
“Luego subió a la barca y sus discípulos lo siguieron. De repente, se levantó en el lago una tormenta tan fuerte que las olas inundaban la barca. Pero Jesús estaba dormido. Los discípulos fueron a despertarlo. --¡Señor --gritaron--, sálvanos, que nos vamos a ahogar!--Hombres de poca fe --les contestó--, ¿por qué tienen tanto miedo? Entonces se levantó y reprendió a los vientos y a las olas, y todo quedó completamente tranquilo. Los discípulos no salían de su asombro, y decían: "¿Qué clase de hombre es éste, que hasta los vientos y las olas le obedecen?” (Mateo 8: 23 – 27). Si Jesús está en tu barca, en tu corazón, aunque parezca que está dormido, Él siempre tiene el control de toda la situación. No te inquietes. Mientras Él esté en tu barca, ten por seguro que no te ahogarás.

La tempestad aparece “de repente”, cuando menos la esperas y su objetivo es hundirte, no viene sólo para darte un gran susto, viene para destruirte, pero con Jesús en tu barca nunca lo logrará; así que, enfrenta a la tempestad como lo hizo Jesús, reprende a esa situación difícil y no mires a la tempestad, para que no apague tu fe, mira sólo a Jesús, Él es el dueño de la situación. No mires que los productos de la canasta familiar han subido hasta las nubes y que lo que ganas ya no te alcanza, mira al Dueño y Señor de la situación, mira a Jesús. Cuando las cosas se ponen difíciles, ése es el mejor momento de la historia, porque te obliga a mirar al que tiene todo el control y ya te ha dado la autoridad para hacer frente a cualquier tempestad en Su nombre y por el poder del Espíritu de Dios que mora en ti. Escribe ya el final de la historia, porque la tempestad viene y se va, pero la Palabra de Dios permanece para siempre. Recuerda que Él tiene pensamientos de bien para ti, para darte el fin que esperas.

miércoles, 9 de febrero de 2011

EL SUSURRO DEL ALMA

EL SUSURRO DEL ALMA
Y Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en sus narices aliento de vida, y el hombre vino a ser alma viviente.
(Génesis 2: 7 VM)
Cuando Dios sopló en el hombre el aliento de vida, Dios formó el alma, entonces el ser humano se convirtió en un ser consciente de su propia existencia. Formó el alma con voluntad, con capacidad de decidir por cuenta propia, Dios le dio libre albedrío; le dotó de una mente para que pensara pensamientos puros y también puso en el alma emociones, haciéndole capaz de sentir alegría, tristeza, agrado o desagrado, en fin, le dotó de personalidad propia. El alma es la personalidad del ser humano, con emociones, pensamientos y voluntad propia, es el ego humano. El alma es lo que la persona es en sí, por eso el ser humano es alma viviente”.

En el huerto del Edén, antes que el hombre pecara, su alma estaba ligada o sujeta a su espíritu, y éste a la vez estaba sujeto o ligado al Espíritu de Dios, entonces, todo lo que el alma pensaba, decidía o sentía, estaba de acuerdo a lo que Dios también pensaba, decidía o sentía, porque su alma estaba controlada por su espíritu; existía comunicación intrínseca con Dios, de tal forma que Adán y Dios eran “uno” en pensamiento, decisión y sentimiento. Por cuanto su espíritu estaba controlado por el Espíritu de Dios, Adán podía pensar los pensamientos de Dios y sus sentimientos eran nobles. Tenía voluntad propia para decidir y mientras estaba su espíritu unido al de Dios, tomaba decisiones sabias y no se equivocaba. Adán no era como un robot, podía seguir unido a Dios, o no, lo cual hizo, pues decidió desligarse de Dios y le dio el control de su alma al diablo, entonces pecó y con él toda la raza humana. El cuerpo de Adán, antes de la caída, estaba a la vez sujeto a su alma y tenía control sobre sus propios instintos naturales, haciendo sólo lo que su espíritu y alma le dictaban.

Cuando el hombre decidió, por cuenta propia, hacer lo contrario a la voluntad de Dios y desligarse del Espíritu de Dios, entonces simultáneamente su alma toma el control, quedando el espíritu humano atrapado entre el alma y el cuerpo, o desplazado de su lugar. Como nuestra comunión con Dios es a través del espíritu, el hombre, después de pecar, perdió esa comunión, entonces su alma quedó a merced del diablo. El alma no fue creada para tomar el control del ser humano, sino más bien para estar sujeta o controlada por el espíritu. Pablo dijo en 1ª Tesalonicense 5: 23: “Y que el mismo Dios de paz os santifique por completo; y que todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea preservado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.” Este es el orden porque somos espíritu en esencia, ya que Dios nos creó a Su Imagen y Semejanza y Él es Espíritu y es por medio de nuestro espíritu que nos comunicamos con Dios, no es a través del alma. El alma cuando está sujeta al espíritu recibe la comunicación de éste acerca de quién es Dios y cómo adorarlo. Somos espíritu, poseemos un alma y nuestro cuerpo es sólo nuestra morada temporal. Si nos mantenemos según el orden establecido por Dios, donde el espíritu toma el control, porque está controlado por el Espíritu de Dios, el alma se sujeta al espíritu y el cuerpo al alma, vamos a vivir en equilibrio, nos vamos a gozar haciendo la voluntad de Dios, viviendo en santidad y pureza, entonces seremos preservados irreprensibles para la venida de nuestro Señor Jesucristo.

Cuando el ser humano se deja gobernar por el alma, porque su espíritu no está sujeto al Espíritu Santo de Dios, entonces el alma susurra constantemente pidiendo atención para satisfacer sus caprichos o apetitos carnales. En el caso de los cristianos cuando siguen gobernados por el alma prestan más atención al susurro del alma por ser atendida que a la voz de su espíritu. La persona cristiana controlada por el alma se vuelve un cristiano carnal porque satisface los deseos de la carne, como lascivia, celos, envidia, ira, enojo, etc. “Porque la mente puesta en la carne es muerte, pero la mente puesta en el Espíritu es vida y paz. La mente puesta en la carne es enemiga de Dios, porque no se sujeta a la Ley de Dios, pues ni siquiera puede hacerlo, y los que están en la carne no pueden agradar a Dios.” (Romanos 8: 6-8 NBLH)

El alma constantemente susurra a nuestros oídos para ser atendida y es muy insistente. Muchos de nuestros errores no son culpa del diablo, sino de nosotros mismos por querer satisfacer los deseos del alma. Cuando recibimos a Cristo en nuestro corazón, nuestro espíritu se salva y se une al Espíritu de Cristo, pero nuestra alma necesita entrar en un proceso de salvación. Veamos que dice Santiago 1: 21: “Por lo cual, dejad toda inmundicia y superfluidad de malicia, y recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas.” Para salvar nuestro espíritu tan sólo necesitamos arrepentirnos genuinamente de nuestros pecados, recibir a Cristo en nuestro corazón aceptando Su sacrificio en la cruz y reconociéndolo como nuestro único Señor y Salvador; pero para salvar nuestra alma necesitamos dejar o despojarnos de toda impureza o deshonestidad y de toda maldad y aceptar con mansedumbre la Palabra de Dios sembrada en nuestros corazones para que nuestra alma empiece a ser transformada y sea salva de aquello que la deforma. La Palabra de Dios es como el agua que lava nuestra alma, por eso debemos llenarnos de la Palabra de Dios, porque nuestra alma necesita aprender a estar sujeta a nuestro espíritu y a sosegarse dejándose guiar por éste. Cuando esto pasa, entonces nuestra voluntad se sujeta a la voluntad de Dios, nuestros pensamientos los llevamos cautivos a la obediencia a Cristo y nuestras emociones son controladas por el Espíritu Santo de Dios.

Vivir conforme al diseño original de Dios: nuestro espíritu sujeto al Espíritu de Dios, nuestra alma sujeta a nuestro espíritu y nuestro cuerpo sujeto a nuestra alma y espíritu, nos trae paz y nos hace estar en paz con Dios, entonces el susurro del alma será el susurro de Dios, porque nuestro espíritu vivificado nos hará oír la voz de Dios y nuestra voluntad se deleitará en hacer la voluntad de Dios, nuestra mente pensará los pensamientos de Dios y nuestras emociones se gozarán de estar al servicio de Dios. “Bendice, alma mía, al SEÑOR, Y bendiga todo mi ser Su santo nombre. Bendice, alma mía, al SEÑOR, Y no olvides ninguno de Sus beneficios. El es el que perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus enfermedades; El que rescata de la fosa tu vida, El que te corona de bondad y compasión; El que colma de bienes tus años, Para que tu juventud se renueve como el águila." (Salmo 103: 1- 5 NBLH).

martes, 25 de enero de 2011

¿A QUIÉN ESTÁS CREYENDO?

¿A QUIÉN ESTÁS CREYENDO?
Déjame inventar una historia, de alguien muy malo, por supuesto.
Un día, Satanás, el padre de la mentira, estaba pensando cómo arruinar mucho más a la gente. Después de tanto pensar y repensar, llamó a su hija, la “Mentira” y le dijo: -Hija, eres mi preferida, por eso te voy a enviar para que te introduzcas en la mente de los humanos y empieces a cambiar sus pensamientos por los tuyos, de esta forma, las personas te tendrán a ti como reina en sus mentes y gobernarás sobre sus vidas, te enseñorearás de sus pensamientos, afirmarás tu trono en los humanos y ellos te creerán a ti a pesar de tener lo que ellos creen que es verdad.
Mientras tú estés asentada en sus pensamientos, puedes permitirles momentos de lucidez en cuanto a la verdad, pero no por mucho tiempo. Tienes que imponerte y destruir lo verdadero martillando con tu mazo hasta hacer trizas la verdad. Los humanos creen que Dios existe, cámbiales esa forma de pensar, como sólo tú sabes hacerlo. A algunos los cambiarás de un sopetón; a otros, a los que yo les mande calamidades, empezarás haciéndoles creer que ese su Dios no los ama. A la mayoría, les harás creer que no sirven para nada, que sus vidas no tienen sentido y que es mejor dejar de existir o desistir de esa creencia en Dios. A otros átalos con recuerdos recurrentes de su pasado hostil y no los dejes pensar en un futuro mejor. Hazles creer que ya no pueden cambiar sus circunstancias y por lo tanto tienen que resignarse a vivir así como viven.

La Mentira preguntó a su padre: - Y si aceptan al que es la Verdad, ¿qué puedo hacer?
A lo que Satanás contestó: - No te preocupes por eso, tan sólo insiste en tener un espacio en sus mentes y poco a poco te vas haciendo campo y vas ganado más espacio, de tal forma que ellos se confundan y no sepan a quién creer. Yo estaré ayudándote y te mandaré a Temor, mi aliado, él te abrirá paso para que entres en la mente de los humanos, porque él se encargará de hacerles dar miedo para enfrentar su situación o emprender algo nuevo.
De esta forma, Mentira bajó a la tierra y empezó su trabajo, que sin lugar a dudas lo hizo muy, pero muy bien y empezó a ganar terreno en la mente de las personas, cambiando la verdad por sus mentiras.

Si bien, esto es una suposición, nosotros entendemos que es así, porque frente a cada verdad, el diablo contrapone una mentira o falsificación de la verdad. A Eva, la primera mujer, le dijo: “No morirás…..” (Génesis 3:4), y luego una sarta de mentiras y Eva le creyó. Lo mismo hace con los hijos de Dios, entonces dejamos de creerle a Dios y creemos a las mentiras del diablo. Frases como: “Nadie me quiere”; “No sirvo para nada”;no puedo hacerlo”; “no tengo paciencia”; “soy un tonto”; “me quiero morir”, etc. son mentiras que por tanto pensarlas y decirlas, las empezamos a creer y van abriéndose campo en nuestra mente desechando de esta forma la verdad de Dios.

Frente a la mentira “nadie me quiere”, la desmentimos diciendo: “Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.” (Juan 3: 16NVI) “Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros.” (Romanos 5: 8 NVI) “Así manifestó Dios su amor entre nosotros: en que envió a su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y envió a su Hijo para que fuera ofrecido como sacrificio por el perdón de nuestros pecados.” (1ª Juan 4: 9,10 NVI)
Frente a la mentira “no sirvo para nada”, nos agarramos de la verdad que encontramos en Efesios 2: 10. “Porque somos hechura Suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas.” Entonces decimos: Fui creado para buenas obras, Dios ya preparó esas obras para que ande en ellas, entonces sirvo para todo lo que Dios quiere que haga en esta tierra.
Frente a la mentira “no puedo hacerlo”, la refutamos citando Filipenses 4: 13. “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.
Frente a la mentira “no tengo paciencia”, nos aferramos a la verdad que Dios nos dio el fruto del Espíritu donde incluye la paciencia. “En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. No hay ley que condene estas cosas.” (Gálatas 5: 22, 23 NVI).

De este modo, aferrados a la verdad de la Palabra de Dios, vamos a destronar a las mentiras del diablo, “llevando cautivo todo pensamiento para que se someta a Cristo” (2ª Corintios 10: 5). Así, ya no daremos cabida a los pensamientos negativos que carcomen el alma. Y “Para concluir, hermanos, enfoquen sus pensamientos hacia todo lo que es verdad, noble, justo, puro, amable, admirable en alguna virtud o en algo digno de alabar.” (Filipenses 4: 8 TKIM-D). La verdad de Dios es la que debe gobernarnos y no permitamos que la mentira distorsione nuestra forma de pensar, depende de nosotros qué pensamientos vamos a pensar. Que Dios nos dé entendimiento para que comprendamos y conozcamos y creamos Su Verdad, que es Jesucristo, el Verbo de Dios, para que cimentados en Él seamos capaces de pensar Sus pensamientos y vivir conforme a Su voluntad.

sábado, 20 de marzo de 2010

SOMOS SERES EPIRITUALES

SOMOS SERES EPIRITUALES

“Y Dios consideró que esto era bueno, y dijo: "Hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza…. Y Dios creó al ser humano a su imagen; lo creó a imagen de Dios. Hombre y mujer los creó.” (Génesis 1: 25b, 26ª NVI) Qué maravilloso es saber que hemos sido creados a la imagen y semejanza de Dios. Pero, ¿cómo es Dios? “Dios es espíritu, y quienes lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad.” (Juan 4: 24 NVI) Nosotros somos espíritu porque hemos heredado eso de Dios, tenemos un alma donde está la voluntad, los pensamientos y los sentimientos y ahí está incluido nuestro temperamento y carácter, lo que en realidad somos como humanos. El alma fue atrapada por Satanás cuando tentó a Eva y ella accedió a sus insinuaciones y luego Adán decidió otorgarle al diablo la autoridad que Dios le había dado. “Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y ejerza dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados, sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra. Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios y les dijo: Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sojuzgadla; ejerced dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra.” (Génesis 1: 26-28 LBLA). Sin embargo, Cristo con Su triunfo en la cruz devolvió al ser humano lo que el enemigo le quitó, le devolvió la autoridad para extender el Reino de Dios a las naciones, para incursionar en las tinieblas e introducir la luz de Dios. “Jesús se acercó entonces a ellos y les dijo: --Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.” (Mateo 28: 18-20 NVI)

La autoridad que los hijos de Dios tenemos es delegada, porque fue a Jesucristo a quien se le dio toda autoridad, pero Él nos dio la jurisdicción para hacer la obra de Dios aquí en la tierra, por eso dijo: “vayan y hagan”, esto significa que tenemos que avanzar hacia las naciones y formar personas con una nueva mentalidad, con mentalidad del Reino de Dios, enseñándoles cómo se vive en este Reino. La vida en el Reino se la vive por fe, haciendo las obras que Cristo hizo. “El Hijo de Dios fue enviado precisamente para destruir las obras del diablo.” (1ª Juan 3: 8) Destruimos las obras del diablo cuando no nos sometemos más a la esclavitud del pecado y dejamos de pecar para seguir a Cristo en todo, sin pecado, para que el diablo no tenga nada con nosotros, nada a qué aferrarse. Para esto sometemos nuestra alma a la sujeción de nuestro espíritu y nuestro espíritu a la sujeción del Espíritu Santo, es decir que quien gobierna nuestro ser es nuestro espíritu y no el alma con todo su razonamiento y emociones, que dicho sea de paso, no son malas, pero necesitan estar bajo control, bajo el control de nuestro espíritu, porque debes recordar que somos seres espirituales, fue ese el diseño de Dios y no somos seres meramente anímicos; no estoy diciendo “anémicos”, que es en eso que nos convertiríamos si nuestra alma toma el control, pero anémicos espirituales.

La fe de Dios está en nuestro espíritu y es esa fe que debemos activar, esta fe es capaz de hacer lo que Cristo hizo, por eso debemos alinear nuestra fe espiritual a la fe de Dios. Cuando nuestra fe se alinea con la fe de Dios las cosas suceden, entonces empezamos a declarar Su Palabra que brota de nuestro espíritu como una palabra profética, como cuando se interpreta lenguas sin que medie el razonamiento, es algo sobrenatural y glorioso. Esta fe es diferente de la confesión positiva y muy racional. Cuando dejamos que el Cristo que vive en nosotr@s hable, esa Palabra sale con fe, porque es el Dios de fe quien la dice a través de nosotros. La mente racional no puede entender esto, pero quienes somos guiados por el Espíritu de Dios ponemos en sujeción a nuestra mente y dejamos actuar a nuestro espíritu. “El que no es espiritual no acepta lo que viene del Espíritu de Dios porque le parece una tontería. No puede entenderlo porque eso tiene que juzgarse espiritualmente.” (1ª Corintios 2: 14 NVI). El alma humana exige el dominio de la carne o la naturaleza pecaminosa para satisfacer sus bajas pasiones, pero los que somos guiados por el Espíritu Santo de Dios sabemos que esto nos conduce a la muerte espiritual. “La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz.” (Romanos 8: 6). El alma humana exige primeramente entender lo que Dios dice para poder creer; en cambio los que vivimos guiados por nuestro espíritu unido al Espíritu de Dios, le creemos a Dios aun sin entender, porque el entendimiento vendrá en la medida de nuestra aceptación a la Palabra de Dios. Por lo tanto, pongamos nuestra mente con sus pensamientos e imaginaciones en sujeción a la obediencia a Cristo, pensando los pensamientos como nos dice el apóstol Pablo: “Para concluir, hermanos, enfoquen sus pensamientos hacia todo lo que es verdad, noble, justo, puro, amable, admirable en alguna virtud o en algo digno de alabar.” (Filipenses 4: 8 TKIM-DE).

lunes, 20 de abril de 2009

TENEMOS EL PENSAMIENTO DE CRISTO

TENEMOS EL PENSAMIENTO DE CRISTO
Porque ¿quién penetró en el pensamiento del Señor, para poder enseñarle? Pero nosotros tenemos el pensamiento de Cristo. (1ª Corintios 2: 16 BPD)

El propósito de Dios para nuestras vidas es el potencial dentro de nosotros que nos mueve a tener pensamientos acerca de ese propósito y la palabra que brota de nuestra boca es la potencia que activa lo que ya tenemos de Dios. Cuanta más Palabra de Dios introduzcamos en nosotros, más elementos tenemos para activar la voluntad de Dios y traer Su Reino a la tierra. El Reino de Dios es Su gobierno sobre nosotros, Su voluntad establecida en nosotros para ser transformadores y trastornadores del sistema operante. Cuando hablo del sistema operante, me refiero al sistema establecido por el diablo, que está basado en fraudes, hechicerías, mentiras, asesinatos y todo lo que él sabe hacer muy bien. Los ciudadanos del Reino de Dios estamos aquí en la tierra para manifestar el gobierno de Dios y de este modo hacer retroceder a las tinieblas, porque nuestra luz brillará donde quiera que estemos. Sólo vamos a traer Su Reino si nos movemos dentro de Sus propósitos para nosotros. Tú y yo hemos sido creados con un propósito y tenemos que saber cuál es ese propósito para que nos movamos de acuerdo a lo que Dios ya estableció para nosotros.

El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído, no es mía, sino del Padre que me envió. Estas cosas os he hablado estando aun con vosotros. Mas aquel Consolador, el Espíritu Santo, al cual el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que os he dicho. (Juan 14: 24-26 RV 1865). Los pensamientos de Cristo son de aquel que guarda las Palabras de Cristo en su corazón, de tal manera que es el Espíritu de Dios quien se encarga de ordenar los pensamientos y hacernos recordar las Palabras de Dios que hemos almacenado dentro de nosotros, pero si no almacenamos nada, nada se nos podrá recordar. Las Palabras de Cristo son el efecto de Sus pensamientos y revelan quién es Él, por eso, teniendo Sus Palabras en nosotros y permitiendo que Su Espíritu nos enseñe, tenemos a Cristo revelado y vamos a poder manifestar Su Gloria. “Ciertamente espíritu hay en el hombre, y el soplo del Omnipotente le hace que entienda.” (Job 32: 8)

Al recibir a Cristo en nuestros corazones se nos abre la posibilidad de tener una mente como la de Él y poder pensar Sus pensamientos. La posibilidad está abierta, pero depende de nosotros entrar por esa puerta (de posibilidad) o detenernos y no avanzar, si nos detenemos llegamos a un conformismo espiritual que no nos va a llevar a conformarnos a Cristo, sino a conformarnos a este mundo, donde lo más importante será nuestro trabajo, profesión, hijos y otras cosas, aunque no dejamos de ser “cristianos”. Conformarse a la mente de Cristo es decidir no pensar por cuenta propia, sino que llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo, pensamos lo verdadero, honesto, amable, puro y todo aquello que es de excelencia moral que nos conducirá a guardar los mandamientos de Cristo. El conformarnos a Cristo nos hace partícipes del Reino de Dios y los ciudadanos de este Reino traemos la voluntad de Dios a la tierra porque nuestros pensamientos están unidos al de Cristo, entonces unimos cielo y tierra para que los propósitos de Dios establecidos desde antes de la fundación del mundo sean cumplidos. Los propósitos de Dios son los que Él ya diseñó para cada ser humano, los cuales tenemos que activar. El potencial que tenemos dentro de nosotros son los propósitos de Dios para nuestras vidas. Si no sabes tu propósito para lo cual Dios te creó, pregúntale a Él, porque tienes que moverte dentro de Su voluntad o propósito para ti.

Al unirnos a Cristo venimos a ser un espíritu con Él (1ª Corintios 6:17). Este nuevo espíritu unido al Espíritu de Cristo empieza a abrirse paso para que la luz de Dios penetre al alma, pero nosotros tenemos el control de nuestra alma donde está nuestra mente, voluntad y emociones; entonces depende de cada uno decidir ser alumbrado por el espíritu regenerado y que tiene la luz de Dios, o quedarse en penumbra, lo cual es terrible, porque a media luz nosotros vemos las cosas distorsionadas y nos confundimos. Quien se confunde es el alma, no el espíritu. Necesitamos abrir nuestra mente para que reciba toda la luz del Espíritu de Dios a través de nuestro espíritu, para esto debemos despojarnos de todo argumento de este sistema que nos lleva a desconocer a Dios como el único dador de todo conocimiento, porque sólo le vamos a conocer espiritualmente y no racionalmente. Sólo la mente espiritual, aquella que se deja guiar por el espíritu (a través del Espíritu Santo), va a conocer a Dios, porque Dios es Espíritu y lo espiritual se entiende espiritualmente. “Y nosotros hemos recibido, no el espíritu del mundo, sino el Espíritu que es de Dios, para que conozcamos lo que Dios nos ha dado; lo cual también hablamos, no con doctas palabras de humana sabiduría, mas con doctrina del Espíritu, acomodando lo espiritual á lo espiritual. Mas el hombre animal no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque le son locura: y no las puede entender, porque se han de examinar espiritualmente. Empero el espiritual juzga todas las cosas; mas él no es juzgado de nadie. Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿quién le instruyó? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.” (1ª Corintios 2: 12-16 SRV 1909)

Dejemos que la mecha que se ha encendido en nuestro espíritu llegue al alma y explote para que ese potencial se transforme en potencia y lleguemos a pensar como Cristo, porque Su triunfo nos ha dado la victoria y a pesar de las dificultades, sabemos que está en nosotros el poder de traer el Reino de Dios a la tierra cumpliendo el propósito de Dios en nuestras vidas. Por tanto cambiemos nuestra forma de pensar y conformémonos al pensamiento de Cristo.

viernes, 13 de marzo de 2009

¿PODEMOS PENSAR COMO CRISTO

¿PODEMOS PENSAR COMO CRISTO?
"Como dice la Biblia: "¿Quién sabe lo que piensa el Señor? ¿Quién puede darle consejos?" Pero nosotros tenemos el Espíritu de Dios, y por eso pensamos como Cristo." (1ª Corintios 2:16)

Dios creó al ser humano con una mente como la de Él para que tenga la capacidad de pensar como Dios piensa, y de esa manera poder comunicarse sin restricciones con Su Creador. Sin embargo, Satanás se interpuso y distorsionó la mente del ser humano para que pensara como el diablo piensa. Nuestra mente está diseñada para pensar los pensamientos de Cristo; pensar lo contrario pone a nuestra mente a trabajar en dirección opuesta a lo establecido, dañando no sólo nuestra psique, sino también nuestro cuerpo físico y nuestro espíritu. El ser humano nacido de nuevo debe entender que su mente pertenece a Cristo y está apta para almacenar los pensamientos que provienen del Espíritu Santo para hacer la voluntad de Dios. Ningún cristiano, hijo de Dios, en quien mora el Espíritu Santo, debería prestarle su mente al diablo, para que éste la llene de basura. Mas bien, debe agarrar sus pensamientos y llevarlos a la cruz de Cristo, allí donde se nos dio la victoria; allí donde el diablo fue derrotado juntamente con todos sus secuaces. Imagínate tu mente como un cofre donde Dios guarda sus más preciados tesoros, tesoros que Dios quiere que compartas, pues para eso fue creada; no fue creada para ser un contenedor de basura, para ser un instrumento del diablo. Por tanto, pensemos bien en lo que pensamos. No podemos dar rienda suelta a cualquier pensamiento que aparezca en nuestra mente. Entreguemos nuestra mente a Cristo y decidamos pensar los pensamientos de Él y el Espíritu Santo respaldará nuestra decisión (Filipenses 4: 8). Nuestra decisión, si es de acuerdo a la voluntad de Dios, abre la puerta del cielo para nosotros, pero si es de acuerdo a nuestro propio razonamiento caprichoso o al del diablo, cierra la puerta del cielo, porque no estamos pensando como Dios quiere que pensemos. "¡Cuán preciosos, oh Dios, me son tus pensamientos! ¡Cuán inmensa es la suma de ellos!... Examíname, oh Dios, y sondea mi corazón; ponme a prueba y sondea mis pensamientos. Fíjate si voy por mal camino, y guíame por el camino eterno." (Salmo 139: 17, 23,24 NVI) Si pensamos los pensamientos de Dios, nuestra mente será embellecida, porque no hay nada más hermoso que pensar como Dios piensa. Pidamos a Dios que siempre revise nuestros pensamientos; y si estos se han desviado de los pensamientos de Dios, que Él nos muestre, para que corrijamos nuestra forma de pensar, tomando una decisión correcta.

El hombre es lo que piensa en su corazón (Proverbios 23:7) Somos lo que pensamos. Si somos de Cristo, ciertamente los pensamientos de Cristo pensaremos y aunque el enemigo quiera sembrar su malvada semilla dentro de nosotros, no podrá hacerlo si nuestra mente está clavada a la cruz de Cristo. El hombre o la mujer espiritual que están sujetos al Espíritu Santo de Dios están capacitados para pensar espiritualmente, porque su mente no está dominada por las circunstancias, ni por los sentimientos, sino por el Espíritu de Dios. Guarda tus pensamientos, porque tus acciones manifestarán (exhibirán) lo que hay en tu mente.

"Esto, pues, digo y requiero en el Señor; que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos a la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; los cuales habiendo perdido toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para con avidez cometer toda clase de impureza. Pero vosotros no habéis aprendido así a Cristo; si es que le habéis oído, y habéis sido por Él enseñados de cómo la verdad está en Jesús. En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre que está viciado conforme a los deseos engañosos; y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, que es creado según Dios, en justicia y en santidad verdadera. Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros. Airaos, pero no pequéis: No se ponga el sol sobre vuestro enojo; ni deis lugar al diablo." (Efesios 4: 17-27). (Lee Romanos 6: 6 y Colosenses 3: 9),

El hijo de Dios debe ajustar su mente a la mente de Cristo y desechar lo que no pertenece al Espíritu Santo. Por lo tanto, entendemos que este es un trabajo que debemos hacer nosotros tomando una decisión. Dios ya nos ha abierto la posibilidad de tener una mente que sea como la de Él, pero depende de nosotros si nos conformamos (adecuamos) a ella o nos mantenemos conforme (de acuerdo) con la mente carnal. Pensar los pensamientos de Cristo no depende de Dios, sino de cada uno de nosotros. Dios, por medio de Jesucristo, nos ha dado ya la facultad de pensar como Él. El sacrificio de Cristo en la cruz del Calvario ya ha logrado todos los requisitos para que vivamos conforme a la voluntad de Dios, pero nosotros tenemos que adaptar nuestra voluntad a la de Él. Dios no va a imponernos nada por la fuerza. Cuando Cristo dijo que se haga la voluntad de Dios aquí en la tierra, de la misma forma que se hace en el cielo, estaba diciendo que pensemos como piensa Dios, para que las cosas se den de acuerdo al orden divino aquí en la tierra; porque en nuestra mente, por medio de los pensamientos, se incuba la determinación de servir a Dios o no hacerlo.

El diablo sabe que al tomar nuestra mente atrapa todo nuestro ser y no podemos desarrollarnos como verdaderos hijos de Dios. Además sabe que es en la mente que él puede hacer incubar el germen maligno que contaminará no sólo nuestro ser, sino de quienes nos rodean. El apóstol Pablo dijo: "no os conforméis a este mundo; mas transformaos por la renovación de vuestra mente, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta." (Romanos 12: 2) Nuestra actitud debe ser de constante transformación renovando nuestra forma de pensar y adecuándola a la de Cristo y no a la del mundo. "Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Por tanto, nosotros todos, mirando con cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados en la misma imagen, de gloria en gloria como por el Espíritu del Señor." (2ª Corintios 3: 17-18) La transformación viene de contemplar la gloria de Dios que ya está en nosotros por Su Espíritu. Muy dentro de nosotros no sólo está nuestra alma y espíritu, sino también el Espíritu Santo, el cual está dispuesto a ayudarnos en cualquier necesidad. Busquemos Su presencia y nuestros pensamientos serán transformados y la gloria de Dios será manifestada

martes, 10 de febrero de 2009

SÓLO TÚ CONTROLAS TUS PENSAMIENTOS

SÓLO TÚ PUEDES CONTROLAR TUS PENSAMIENTOS
"Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad." (Filipenses 4:8 RV60)
Nadie puede controlar tus pensamientos aparte de ti, sólo tú eres la única persona en el mundo que puede pensar tus propios pensamientos, sólo tú puedes decidir qué es lo que vas a pensar. Si no fuera así, el apóstol Pablo no hubiera escrito lo que acabamos de leer. El diablo o los demonios pueden incitarte a pensar lo que ellos quisieran que pienses, pero nadie puede tomar control de tu albedrío; ellos no pueden obligarte a pensar lo que tú no quieres. Dios te ha creado con la capacidad de tomar tus propias decisiones. Por medio de tus pensamientos, tú decides cómo va a ser tu día, si vas a ser feliz o no, apesar de las circunstancias, porque ellas no determinan tu estado de ánimo. Tan sólo escucha a tus pensamientos, porque es importante escuchar lo que pensamos, para que no digamos algo que en realidad no queríamos decirlo, pero que por supuesto lo hemos pensado. Nadie puede hablar sin haberlo pensado antes, aunque no te hayas percatado de tus pensamientos.

Las palabras que hablamos son el fruto de lo que llevamos dentro. “No es buen árbol el que da malos frutos, ni árbol malo el que da buen fruto. Porque cada árbol se conoce por su fruto; pues no se cosechan higos de los espinos, ni de las zarzas se vendimian uvas. El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.” (Lucas 6: 42-45) Tú produces fruto de lo que te alimentas y tu fruto, que son tus palabras, alimentan a otros. No querrás dar un fruto venenoso a tus amados, ni a nadie, ¿verdad?, entonces considera muy bien lo que estás pensando. Sólo tú tienes autoridad sobre tus pensamientos. Sólo tú tienes la llave para abrir o cerrar la puerta de tu mente. Tú puedes cerrar tu mente a aquellos pensamientos que envenenarán tu fruto, lo que va a salir de ti a través de tus palabras. Tú eres como un árbol y tienes que nutrirte de la savia de Dios. Tú decides ser un árbol bueno o un árbol malo; y todo esto lo realizas con sólo pensar.

“No comas pan con el de malas intenciones, ni codicies sus manjares delicados; porque cual es su pensamiento en su mente, tal es él: "Come y bebe," te dirá; pero su corazón no está contigo. Vomitarás tu parte que comiste y echarás a perder tus suaves palabras.” (Proverbios 23: 6-8) Este texto nos dice que no nos alimentemos de las palabras que salen de la persona que tiene malas intenciones, porque sus palabras son fáciles de digerir, pero en seguida quedamos ahítos hasta vomitar. Esta persona está llena de veneno, te hablará con zalamerías, pero en su mente no estás tú. Si comes de ella, vomitarás y de nada te ha servido ser amable con ella, habrás echado a perder tus buenas palabras. “No hables a oídos del necio, porque despreciará la prudencia de tus palabras.” (Proverbios 23: 9). Si te das cuenta, lo que el sabio Salomón nos está mostrando, no es cuestión de comida, sino de pensamientos y palabras. Por más que el insensato hable palabras aparentemente bonitas, lo que cuenta en realidad es lo que él piensa; es la intencionalidad de las palabras. El fruto puede parecer hermoso, pero contiene veneno por la intención del pensamiento. No te alimentes de las palabras de un adulador. Cierra la puerta de tu mente a esas palabras, para que no contaminen tus pensamientos.

Los pensamientos son el fundamento de nuestro ser. Tú debes gobernar sobre tus pensamientos y estos no deben gobernarte a ti. El control de tus pensamientos lo tienes tú. Tu vida depende de lo que piensas de ti mismo y de los demás. Tu vida está en poder de tus pensamientos. Todo lo que piensas va formando una sólida estructura que determinará tu forma de ser y actuar. Recuerda que tú eres lo que son tus pensamientos. Tus pensamientos son el cimiento de tu vida y existencia. Si tu vida está sostenida sobre un buen fundamento de pensamientos, entonces todo tu ser permanecerá firme.

martes, 4 de noviembre de 2008

CONQUISTA EL CORAZÓN DE DIOS

CONQUISTA EL CORAZÓN DE DIOS

Quizá estés pensando que eso de conquistar el corazón de Dios es una utopía y hasta una blasfemia, pero te digo que eso fue lo que hizo David, un hombre como tú y como yo, con debilidades humanas y también con fracasos, pero nada de eso le impidió atrapar el corazón de Dios y ser llamado “el varón conforme al corazón de Dios”. David amaba la presencia de Dios más que todas las cosas, a tal extremo que llevó el arca del pacto a su ciudad, en medio de la tienda que él había levantado para ella (1º Crónicas 15: 28; 16: 1). El anhelo de David era hacerle una casa para Dios, pero Él no se lo permitió, sino que dejó ese privilegio a Salomón, su hijo. (Los detalles puedes verlo en 1º Crónicas 17). Lo que queremos resaltar es la intención del corazón de David, porque Dios mira lo que hay en nuestro corazón. David sólo quería agradar a Dios en todo, quería atrapar el corazón de Dios y saber cuáles eran sus deseos y complacerlos.

Estamos viviendo en una época de singular importancia para la Iglesia, donde el corazón de Dios es mostrado como si se le estuviera haciendo una operación a corazón abierto. Desde que el velo fue quitado de en medio, Dios dejó al descubierto Su Corazón para aquellos que quieran atraparlo. “…y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón.” (Jeremías 29:13).En el versículo 11 dice: "Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.” Cuando sabemos qué piensa Dios de nosotros, nuestra mente o forma de pensar se renueva, cambia nuestra perspectiva acerca de Dios, entonces lo vamos a buscar sabiendo qué hay en Su corazón. Si tenemos la revelación que Sus pensamientos son de paz respecto a nosotros, entonces nos acercaremos a Él, declarando Su paz. Y “paz” es estar completo. En Cristo estamos completos (Colosenses 2:9), no nos falta ningún bien, Él es la Fuente de todo bien. Cuando haya tristeza en tu corazón, acude a la Fuente de gozo; Dios es el Dios de todo gozo y gozo eterno, no momentáneo. “En Su presencia hay plenitud de gozo, delicias a Su diestra para siempre.” (Salmo 16:11). Acércate a Él declarando Su gozo. Dile: Vengo a Ti Señor, para saciar mi sed de gozo, vengo a Tu Fuente para sumergirme en Tu gozo, Tu gozo me fortalece, Tu gozo me eleva a Ti. “Tus palabras son el gozo de mi corazón, por eso, las he tomado como mi heredad.” (Salmo 119:111). Cuando hay temor en tu corazón, acude a la Fuente de amor; Dios es amor y el amor echa fuera el temor. Cuando entre amargura en tu corazón, bebe del manantial de miel que emana de Sus labios; Dios es más dulce que la miel. Su Palabra endulza nuestra vida. “¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca.” (Salmo 119:103)

Dios guarda en completa paz a aquel cuyo corazón en Él persevera (Isaías 26:3). Acude a Dios sabiendo qué piensa Él de ti y qué tiene para ti. Dios tiene pensamientos de paz hacia ti. “Y la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” (Filipenses 4:7). Atrapamos el corazón de Dios, sabiendo lo que Él tiene planeado para nosotros y aceptándolo en nuestro corazón. Es decir, traemos el corazón de Dios al nuestro y llevamos nuestro corazón al de Él. Es mutuo, Él toma lo tuyo y tú tomas lo de Él. ¿Quién gana? Tú, por supuesto, pues has tomado lo de Dios y desechado lo de Satanás. El versículo seis nos dice que no nos afanemos por nada, sino que acudamos a Dios en oración, ruego y acción de gracias, es decir: hablando (oración), solicitando (ruego) y luego agradeciendo a Dios, sabiendo que hemos sido escuchados y que nuestra súplica no se archivará en la gaveta del olvido. El agradecimiento atrae la paz de Dios, porque esto demuestra que confiamos en que Él hará lo que le hemos solicitado. Nunca dudemos de la bondad de Dios, empecemos a regocijarnos en Él. Entremos por sus atrios con alabanza y por sus puertas con acción de gracias. La alabanza nos trae Su gozo y la acción de gracias Su complacencia. Si nos gozamos en Él y complacemos Su corazón, lo estamos atrapando.

Dios no está ocultando Sus intenciones respecto a nosotros, es más, Su corazón está al descubierto. Cada palpitar de Su corazón te dice: te amo, te amo, te deseo, te deseo. Su amor es tan apasionado que Él no quiere perder ni un instante de estar cerca de nosotros, vive ansiando nuestro corazón, por eso nos dice: “Dame hijo mío tu corazón y miren tus ojos por mis caminos.” (Proverbios 23:26). Dios es amor, todo Su ser es amor. Él ya nos ha envuelto en Su amor a través de Su Hijo Jesucristo, Él sólo quiere ser correspondido. No importa nuestras imperfecciones, Él no mira lo malo, tan sólo quiere que lo busquemos por amor y Él extenderá Sus amorosos brazos, nos llenará de besos, nos vestirá de justicia, pondrá un anillo de autoridad en nuestro dedo, hará fiesta, se gozará con nosotros, nos hará el mejor banquete, nos sentaremos a la mesa como si nunca hubiéramos pecado. Dios quiere que atrapemos Su corazón y sólo será posible si sabemos lo que Él siente respecto a nosotros. Él siente tanto amor por nosotros que ni siquiera nos negó a Su Hijo, sino que lo dio en rescate por nosotros y con Él todas las cosas. Dios está ardientemente apasionado por ti y por mí. ¿Serías capaz de corresponderle? Mira Su corazón, arde de pasión por ti, te anhela y te dice: “Con amor eterno te he amado; por tanto te prolongué mi misericordia.” (Jeremías 31: 3) “Y les daré a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún más, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.” (Juan 17: 36) “Porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.” ¿Para qué? Para poder amar a Dios como Él nos ama y así corresponder a tanto amor y atrapar Su Corazón.