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domingo, 24 de octubre de 2010

PORQUE TUYO ES EL REINO...

PORQUE TUYO ES EL REINO Y EL PODER Y LA GLORIA

"Porque tuyo es el reino y el poder y la gloria para siempre jamás. Amén." (Mateo 6: 13 LBLA)

La oración del “Padre Nuestro” que Jesús nos enseñó, concluye declarando que el Reino es del Señor y el poder y la gloria. Observa cómo empezó la oración: “Padre nuestro…” Si el Reino es de Papá, quiere decir que nosotros estamos inmersos en ese Reino, como ciudadanos del mismo. Y si el poder y la gloria también son de Papá, entonces nosotros también participamos de ese poder y de esa gloria, gracias a la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, que nos abrió el camino al Padre. No hay poder más grande que el poder de Jesucristo quien nos ha hecho partícipes de ese poder, pero sólo la gloria es para Él.

“Teníamos una deuda porque no cumplimos las leyes de Dios. La cuenta de cobro tenía todos los cargos contra nosotros, pero Dios nos perdonó la deuda y clavó la cuenta en la cruz. Dios venció a todos los poderes y fuerzas espirituales a través de la cruz, desarmándolos y obligándolos a desfilar derrotados ante el mundo.” (Colosenses 2: 14, 15 PDT) La autoridad que Jesús nos dio es superior al poder del diablo, porque Jesucristo es infinitamente más grande que el diablo con toda su pandilla de demonios. Jesús ya venció, y esto fue sabido en toda la creación, inclusive en el mismo infierno, porque Jesucristo bajó hasta allí para arrebatar las llaves del poder de la muerte y del infierno. “No tengas miedo. Yo soy el Primero y el Último, y el que vive. Estuve muerto, pero ahora vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del infierno. (Apocalipsis 1: 17b, 18)

“Entonces Jesús les dijo: -Vi a Satanás caer del cielo como un relámpago. Tengan la seguridad de que les he dado autoridad de aplastar escorpiones y serpientes, y autoridad sobre todo el poder del enemigo. Nada les hará daño.” (Lucas 10: 18, 19 PDT).

En Apocalipsis 5 vemos cómo en el cielo la adoración es para el Vencedor, Jesucristo, nuestro Señor.
En la mano derecha del que estaba sentado en el trono vi un rollo escrito por ambos lados y sellado con siete sellos. También vi a un ángel poderoso que proclamaba a gran voz: "¿Quién es digno de romper los sellos y de abrir el rollo?" Pero ni en el cielo ni en la tierra, ni debajo de la tierra, hubo nadie capaz de abrirlo ni de examinar su contenido. Y lloraba yo mucho porque no se había encontrado a nadie que fuera digno de abrir el rollo ni de examinar su contenido.
Uno de los ancianos me dijo: "¡Deja de llorar, que ya el León de la tribu de Judá, la Raíz de David, ha vencido! Él sí puede abrir el rollo y sus siete sellos." Entonces vi, en medio de los cuatro seres vivientes y del trono y los ancianos, a un Cordero que estaba de pie y parecía haber sido sacrificado. Tenía siete cuernos y siete ojos, que son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra. Se acercó y recibió el rollo de la mano derecha del que estaba sentado en el trono. Cuando lo tomó, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero. Cada uno tenía un arpa y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones del pueblo de Dios. Y entonaban este nuevo cántico: "Digno eres de recibir el rollo escrito y de romper sus sellos, porque fuiste sacrificado, y con tu sangre compraste para Dios gente de toda raza, lengua, pueblo y nación. De ellos hiciste un reino; los hiciste sacerdotes al servicio de nuestro Dios, y reinarán sobre la tierra." Luego miré, y oí la voz de muchos ángeles que estaban alrededor del trono, de los seres vivientes y de los ancianos. El número de ellos era millares de millares y millones de millones. Cantaban con todas sus fuerzas: "¡Digno es el Cordero, que ha sido sacrificado, de recibir el poder, la riqueza y la sabiduría, la fortaleza y la honra, la gloria y la alabanza!" Y oí a cuanta criatura hay en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra y en el mar, a todos en la creación, que cantaban: "¡Al que está sentado en el trono y al Cordero, sean la alabanza y la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos!" Los cuatro seres vivientes exclamaron: "¡Amén!", y los ancianos se postraron y adoraron. (Apocalipsis 5 NVI)

La adoración y la alabanza en el cielo es dada sólo a Jesucristo por los siglos de los siglos. Jesús nos enseñó en el Padre Nuestro cómo debemos glorificar al Único Dios, Él es Dios, nuestro único Dios.

Jesucristo es el único merecedor de toda gloria. Juan vio en visión cómo Jesucristo, el Cordero de Dios recibía toda la gloria por siempre.
“Cada uno de ellos tenía seis alas y estaba cubierto de ojos, por encima y por debajo de las alas. Y día y noche repetían sin cesar: «Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era y que es y que ha de venir.» Cada vez que estos seres vivientes daban gloria, honra y acción de gracias al que estaba sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, los veinticuatro ancianos se postraban ante él y adoraban al que vive por los siglos de los siglos. Y rendían sus coronas delante del trono exclamando: «Digno eres, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria, la honra y el poder, porque tú creaste todas las cosas; por tu voluntad existen y fueron creadas.»
(Apocalipsis 4: 8-11)

Cada hijo de Dios debe acercarse a Él con alabanzas en sus labios, bendiciendo y adorando al Único que venció, a Jesucristo nuestro Señor; declarando que el reino le pertenece a Jesucristo, también el poder y la gloria por siempre. Entender esto es reconocer quién es Dios y quiénes somos nosotros frente a Él. ¿Por qué es que Dios ha hecho de nuestro cuerpo su Templo? Para que de allí brote la alabanza y adoración hacia Él. Así como en el Tabernáculo de David, la adoración hacia Dios retumbaba las 24 horas, de la misma manera, de nuestro tabernáculo debe retumbar la adoración hacia Dios las 24 horas, aun nuestros sueños, mientras dormimos, deben estar repletos de adoración.

¿No saben que ustedes son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? Si alguno destruye el templo de Dios, él mismo será destruido por Dios; porque el templo de Dios es sagrado, y ustedes son ese templo. (1ª Corintios 3: 16- 17 NVI)
¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han recibido de parte de Dios? Ustedes no son sus propios dueños; fueron comprados por un precio. Por tanto, honren con su cuerpo a Dios. (1ª Corintios 6: 19, 20 NVI)

“Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria por todos los siglos, amén” Reconocer que el Reino pertenece a Jesucristo, es reconocer Su señorío sobre nosotros y Su poder para establecer Su reino sobre todo por siempre y para siempre; por tanto sólo Él es digno de alabanza, gloria y honra por la eternidad. Amén.

miércoles, 12 de agosto de 2009

DIOS ESTÁ BUSCANDO DOS COSAS

DIOS ESTÁ BUSCANDO DOS COSAS
"Busqué entre ellos un hombre que levantara una muralla y que se pusiera en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyera; pero no lo hallé." (Ezequiel 22: 30 RV 95)
"Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque también el Padre tales adoradores busca que lo adoren." (Juan 4: 23 RV 95)
Desde que nacemos a la vida de la fe hasta que dejamos este mundo, los hijos/as de Dios estamos en una guerra constante contra Satanás y sus demonios; no hay tregua. Esta guerra es porque el diablo quiere ser adorado y no escatima esfuerzo para lograrlo. El apóstol Pablo nos exhorta a orar todo el tiempo y a tomar toda la armadura de Dios para la batalla. A pesar que Satanás ya ha sido derrotado en la cruz del Calvario, tiene todavía un ejército de guerrilleros demoníacos que están al acecho buscando el momento de descuido de los hijos de Dios para atacarlos. Las tinieblas arremeten contra la luz y cuando las tinieblas avanzan, Dios mira desde los cielos y busca para ver si hay alguien que esté clamando a Dios por la tierra donde vive, por su ciudad o país; porque cuando la maldad se acrecienta, debido a que los hijos de Dios no se manifiestan, entonces Dios tiene que actuar y manda juicio sobre ese lugar, pero si encuentra a una sola persona clamando a favor de su país o ciudad, Dios interviene y se levanta para destruir los planes del enemigo.

Dios está buscando a los/as valientes que se interpongan a favor de su país, que clamen por su nación de día y noche, que se pongan delante de Dios clamando por misericordia y que la luz y la verdad envuelvan su patria para que el Reino de Dios se establezca en cada nación.

Que se levanten oh Dios esos hombres y mujeres valientes y den la cara por Bolivia en reverente clamor. Padre, ya no podemos estar callados, vemos maldad por doquier. Actúa oh Dios en favor de tu pueblo. Revélate a cada hijo tuyo, que el temor a Ti llene nuestras vidas para que vivamos en santidad y pureza, que tu amor nos una y tu verdad nos alimente, para que el fuego de tu Espíritu queme toda escoria en nuestro ser. Sea la luz de Dios sobre nosotros y alumbre nuestras vidas, que tu luz brille y sean disipadas las tinieblas. Que tu pueblo se levante a una sola voz y declare: Jesucristo es el Señor sobre Bolivia. Tú eres el único Señor. A ti clamo y Tú me respondes. Que retrocedan las tinieblas porque Jesucristo ha tomado a Bolivia en Sus manos. Ha escuchado el clamor de sus hijos y actuará. Gracias Dios por Tu salvación y tu paz. Aviva nuestros corazones y manifiesta Tu gloria. Avívanos Señor.Venga tu Reino sobre nuestra nación, hágase Tu voluntad en esta tierra, establece Tus diseños en nuestra Patria y vivifícanos por amor de Tu nombre. Amén.

Dios está buscando intercesores para que Él pueda actuar a favor de Su pueblo o de las personas. Los intercesores tocan el corazón de Dios. También Dios está buscando adoradores, hijos de Dios que anhelen estar en la presencia del Señor continuamente. Los adoradores abren las puertas al corazón de Dios y entran para refugiarse y gozarse en Él. La adoración nos lleva a interceder y la intercesión nos lleva a adorar. Estas son dos armas poderosas para derrotar al enemigo. En la intercesión nos ponemos a favor de alguien o de muchos y por la adoración los introducimos al trono de Dios, porque tomamos con la intercesión el lugar de la persona, o personas; y mientras intercedemos y adoramos nos introducimos a la presencia de Dios juntamente con aquellos por quienes estamos intercediendo.

"Después de la muerte de Josué, los israelitas le preguntaron al Señor: ¿Quién de nosotros será el primero en subir y pelear contra los cananeos? El Señor respondió: Judá será el primero en subir, puesto que ya le he entregado el país en sus manos. Entonces los de la tribu de Judá dijeron a sus hermanos de la tribu de Simeón: "Suban con nosotros al territorio que nos ha tocado, y pelearemos contra los cananeos; después nosotros iremos con ustedes al territorio que les tocó." Y los de la tribu de Simeón los acompañaron. Cuando Judá atacó, el Señor entregó en sus manos a los cananeos y a los ferezeos. En Bézec derrotaron a diez mil hombres." (Jueces 1: 1-5) Judá significa “alabanza” (Génesis 29: 35) y Simeón significa “Dios oye” (Génesis 29: 33). Dios ya había entregado el territorio en manos de Su pueblo, entonces ellos consultaron al Señor para saber quién subiría primero contra los enemigos y Dios contestó: Alabanza irá primero. Adoración y alabanza toman posesión de las promesas y juntamente con la intercesión (Dios oye) traen la victoria. Los adoradores e intercesores (Judá y Simeón) extienden el Reino de Dios y destruyen las tinieblas.

"Al día siguiente, madrugaron y fueron al desierto de Tecoa. Mientras avanzaban, Josafat se detuvo y dijo: "Habitantes de Judá y de Jerusalén, escúchenme: ¡Confíen en el Señor, y serán librados! ¡Confíen en sus profetas, y tendrán éxito!"Después de consultar con el pueblo, Josafat designó a los que irían al frente del ejército para cantar al Señor y alabar el esplendor de su santidad con el cántico: "Den gracias al Señor; su gran amor perdura para siempre." Tan pronto como empezaron a entonar este cántico de alabanza, el Señor puso emboscadas contra los amonitas, los moabitas y los del monte de Seír que habían venido contra Judá, y los derrotó. Cuando los hombres de Judá llegaron a la torre del desierto para ver el gran ejército enemigo, no vieron sino los cadáveres que yacían en tierra. ¡Ninguno había escapado con vida!" (2º Crónicas 20:20- 22, 24) Dios nos ha dado el recurso de la adoración para derrotar a los enemigos y la intercesión para arrebatar a los que el diablo tiene cautivos. El salmo 149 nos muestra el efecto y poder de la alabanza. La adoración e intercesión son armas de guerra que todo cristiano debe aprender a usar para derrotar inclusive al más fiero enemigo. El diablo tiembla cuando un intercesor y adorador se pone en acción porque Dios se dispone a actuar. Adora al Dios Todopoderoso e intercede por tu país y verás cómo las tinieblas huyen.

domingo, 9 de agosto de 2009

DIOS ESTÁ EN TI ¡GÓZATE!

DIOS ESTÁ EN TI ¡GÓZATE!
“David iba vestido con un efod de lino, y danzaba con todas sus fuerzas, y tanto él como todos los israelitas llevaban el arca del Señor entre gritos de alegría y toque de trompetas.”
(2º Samuel 6: 14,15).
En el Antiguo Testamento, el Arca del Señor simbolizaba la presencia de Dios. Después de muchos años que el Arca estuvo olvidada, David preparó un lugar para el Arca y la llevó allí entre expresiones de júbilo y gran gozo. David entendía lo que significaba tener cerca la presencia de Dios. Lo maravilloso de este tiempo de abundante gracia es que la presencia de Dios está en medio de nosotros sus hijos, está en nuestro corazón, allí está el Arca del Dios vivo, sin cortinas intermedias que ocultan Su presencia. El Arca de Dios está en ti y en mí y ese gozo que invadió a David al llevar el Arca del Pacto hasta la morada que él le preparó, debe invadirnos a nosotros todo el tiempo y aún más, porque la Presencia de Dios habita en nosotros.

“Estén siempre gozosos” (1ª Tesalonicenses 5:16) El gozo es la complacencia de poseer algo muy valioso; y nosotros tenemos lo incomparablemente más valioso que todas las posesiones que el mundo nos pueda ofrecer; tenemos a Jesucristo, por eso Pablo nos exhorta a mantenernos siempre con gozo. El gozo debe ser la característica número uno de todo cristiano. En Filipenses 4: 4, Pablo nos dice que “nos regocijemos en el Señor siempre y repite: Otra vez digo: Regocijaos.” La Biblia está saturada de las palabras gozo, alegría, júbilo, etc., porque nuestro Dios es un Dios de gozo, es un Dios gozoso, Él es todo gozo. Si entramos en Él, nuestro ser debe estar invadido por Su gozo. Lo primero que el diablo quiere hacer es quitarnos el gozo y hundirnos en la tristeza y la depresión, pero no se lo vamos a permitir, "porque el gozo del Señor es nuestra fortaleza" (Nehemías 8: 10).

“El reino de Dios es justicia, paz y gozo por el Espíritu Santo” (Romanos 15: 17). Cuando entramos en el Reino de Dios, entramos a Su justicia, Su paz y Su gozo, porque entramos en Cristo. El Arca es símbolo de salvación. Noé fue salvo en un arca con toda su familia. Cristo es nuestra Arca; en Él somos salvos por la sangre del nuevo pacto derramada en la cruz del Calvario, esta sangre nos envuelve como un manto protector y se extiende a nuestras generaciones. El Arca es salvación para nosotros y los nuestros hasta mil generaciones. Después que David llevó el Arca a Su lugar, entonó un hermoso salmo (1º Crónicas 16: 7 -36) y declaró en el versículo 15-17 (Septuaginta) lo siguiente: “Rememorar por siempre su pacto —su palabra que mandó— por mil generaciones; el que pactó con Abraham; y su juramento a Isaac; y que constituyó a Jacob en precepto; a Israel el pacto sempiterno” Lo que fue dado en lo físico y natural a Israel, a nosotros se nos concede en lo espiritual, porque hemos entrado en Cristo a heredar las promesas. El gozo permite que nuestra fe se mantenga viva y nuestros ojos espirituales vean el alcance de las bendiciones del Señor.

“Por esta razón me arrodillo delante del Padre, de quien recibe nombre toda familia en el cielo y en la tierra. Le pido que, por medio del Espíritu y con el poder que procede de sus gloriosas riquezas, los fortalezca a ustedes en lo íntimo de su ser, para que por fe Cristo habite en sus corazones. Y pido que, arraigados y cimentados en amor, puedan comprender, junto con todos los santos, cuán ancho y largo, alto y profundo es el amor de Cristo; en fin, que conozcan ese amor que sobrepasa nuestro conocimiento, para que sean llenos de la plenitud de Dios. Al que puede hacer muchísimo más que todo lo que podamos imaginarnos o pedir, por el poder que obra eficazmente en nosotros, ¡a él sea la gloria en la iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos! Amén.” (Efesios 3: 14 -21 NVI) El gozo del Señor nos fortalece (Nehemías 8: 10) porque hace que Cristo habite en nosotros de forma continua. El gozo del Señor no permite la entrada al enemigo, este gozo se convierte en nuestra inexpugnable (infranqueable, invencible) fortaleza, por tanto debemos gozarnos siempre para mantener al enemigo alejado. El gozo está unido a la alabanza y la adoración, porque “no puede estar triste el corazón que alaba a Cristo”

“¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor! Canten al Señor un cántico nuevo, alábenlo en la comunidad de los fieles. Que se alegre Israel por su creador; que se regocijen los hijos de Sión por su rey. Que alaben su nombre con danzas; que le canten salmos al son de la lira y el pandero. Porque el Señor se complace en su pueblo; a los humildes concede el honor de la victoria. Que se alegren los fieles por su triunfo; que aun en sus camas griten de júbilo. Que broten de su garganta alabanzas a Dios, y haya en sus manos una espada de dos filos para que tomen venganza de las naciones y castiguen a los pueblos; para que sujeten a sus reyes con cadenas, a sus nobles con grilletes de hierro; para que se cumpla en ellos la sentencia escrita. ¡Ésta será la gloria de todos sus fieles! ¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor!” (Salmo 149 NVI)
El gozo y la alabanza doblegan el poder del enemigo y lo aprisionan. Por medio del gozo podemos destruir a nuestros enemigos espirituales que quieren aprisionar nuestra alma. Así que, gocémonos siempre en el Señor y el enemigo permanecerá bajo nuestros pies. ¡Aleluya! Nos gozamos de ser hijos de Dios.

martes, 28 de abril de 2009

SACRIFICIO DE ALABANZA

SACRIFICIO DE ALABANZA
“Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él (Jesucristo), sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre.” (Hebreos 13:15)
Es hermoso alabar al Señor en medio de la congregación juntamente con los hermanos y esto fluye espontáneamente sin hacer ningún esfuerzo, si es que estamos acostumbrados a hacerlo; sin embargo cuando las cosas no andan bien, resulta difícil para nuestros labios pronunciar alabanza. ¿Te has preguntado por qué? Porque inconscientemente o muy consciente, tu alma deduce que no puedes alabar a quien no merece alabanza, porque crees que Dios no está haciendo nada por ti, a pesar de ver tu sufrimiento que supones que es el mayor de todos los sufrimientos. ¿Qué estás haciendo entonces? Estás poniendo tu “YO” como el centro sobre el cual deben girar las cosas y estás dejando de lado a Jesucristo, quien debe ser en todo momento el centro de todo, sobre el cual nosotros debemos girar. Sólo Jesucristo es digno de alabanza, aun cuando las cosas no estén saliendo como las esperamos.

“Ofrezcamos siempre a Dios”: Siempre quiere decir continuamente, en todo momento. Dios merece siempre nuestra alabanza, aunque ésta implique sacrificio para nosotros y las cosas no anden como quisiéramos. Cuando Jonás estaba en el vientre del pez, por su desobediencia, él invocó a Dios. Su situación no era posible de ser solucionada humanamente, él necesitaba un milagro y sabía a quién recurrir.
Jonás 2: “Entonces Jonás oró al Señor su Dios desde el vientre del pez. Dijo: "En mi angustia clamé al Señor, y él me respondió. Desde las entrañas del sepulcro pedí auxilio, y tú escuchaste mi clamor. A lo profundo me arrojaste, al corazón mismo de los mares; las corrientes me envolvían, todas tus ondas y tus olas pasaban sobre mí. Y pensé: He sido expulsado de tu presencia. ¿Cómo volveré a contemplar tu santo templo? Las aguas me llegaban hasta el cuello, lo profundo del océano me envolvía; las algas se me enredaban en la cabeza, arrastrándome a los cimientos de las montañas. Me tragó la tierra, y para siempre sus cerrojos se cerraron tras de mí. Pero tú, Señor, Dios mío, me rescataste de la fosa. "Al sentir que se me iba la vida, me acordé del Señor, y mi oración llegó hasta ti, hasta tu santo templo. "Los que siguen a ídolos vanos abandonan el amor de Dios. Yo, en cambio, te ofreceré sacrificios y cánticos de gratitud. Cumpliré las promesas que te hice. ¡La salvación viene del Señor!" Entonces el Señor dio una orden y el pez vomitó a Jonás en tierra firme.”

“Yo empero con voz de alabanza te sacrificaré: pagaré lo que prometí: a Jehová sea el salvamento.” (Jonás 2: 9 –RV1865) La alabanza es un elogio o celebración que se hace a alguien por sus proezas. Jonás prometió elogiar a Dios por la tremenda salvación que obtuvo, porque estando prácticamente muerto, sepultado ya y sus ojos veían muy cerca el mismo infierno a donde fue lanzado por su desobediencia, sin embargo, él sabía que si clamaba al Dios misericordioso, Éste le salvaría, entonces él no dejaría de alabarle. Jesucristo nos salvó de una muerte eterna, inminente y segura a causa del pecado que heredamos desde Adán, ¿no habríamos de alabarle todo el tiempo y durante la eternidad? ¿Acaso es menor nuestra salvación que la de Jonás? Nuestra salvación es mucho mayor que la de Jonás porque el precio pagado es incomparablemente mayor, ya que es el precio de la Sangre del Hijo de Dios hecho hombre por nosotros. Por lo tanto no debería faltar la alabanza de nuestros labios. Si sacrificamos alabanza a Dios, es decir que alabamos aun cuando no sintamos hacerlo, estamos haciendo lo que deberíamos hacer y aun así estamos catalogados como “siervos inútiles”, porque sólo hacemos lo que debemos hacer y no más de ello (Lucas 17:10). Si hacemos las cosas porque debemos hacerlas, estamos cayendo en una mera religión, pero si lo que hacemos, lo hacemos por amor y gratitud, esto agrada a Dios. El sacrificio de alabanza debe ser hecho por amor y gratitud, aun cuando no sintamos hacerlo y nuestros labios se nieguen a prorrumpir en alabanza. Estábamos destinados a una muerte segura, sin embargo Jesucristo nos dio vida, Su vida (Efesios 2:1- 10). Alábale desde el fondo de tu corazón, con tus labios y con tu espíritu. Declara las obras maravillosas que Él ha hecho por ti. Alábale.

“Porque mía es toda bestia del bosque, Y los millares de animales en los collados. Conozco a todas las aves de los montes, Y todo lo que se mueve en los campos me pertenece. Si yo tuviese hambre, no te lo diría a ti; Porque mío es el mundo y su plenitud. ¿He de comer yo carne de toros, O de beber sangre de machos cabríos? Sacrifica a Dios alabanza, Y paga tus votos al Altísimo; E invócame en el día de la angustia; Te libraré, y tú me honrarás. Pero al malo dijo Dios: ¿Qué tienes tú que hablar de mis leyes, y que tomar mi pacto en tu boca? Pues tú aborreces la corrección, Y echas a tu espalda mis palabras. Si veías al ladrón, tú corrías con él, Y con los adúlteros era tu parte. Tu boca metías en mal, Y tu lengua componía engaño. Tomabas asiento, y hablabas contra tu hermano; Contra el hijo de tu madre ponías infamia. Estas cosas hiciste, y yo he callado; Pensabas que de cierto sería yo como tú; Pero te reprenderé, y las pondré delante de tus ojos. Entended ahora esto, los que os olvidáis de Dios, No sea que os despedace, y no haya quien os libre. El que sacrifica alabanza me honrará; Y al que ordenare su camino, Le mostraré la salvación de Dios.” (Salmo 50: 10- 23 RV60) Conviene leer todo el capítulo.

El sacrificio de alabanza guardará nuestro corazón de mal, porque vamos a estar centrados en el Dios de nuestra salvación y no en nuestras proezas, o fracasos; en lo que nos hacen o dejan de hacer otras personas. Hagamos de nuestra vida un altar de alabanza a Dios y seamos así aceptables a Él; que no broten de nuestros labios quejas contra Dios, o insulto, o infamia contra nadie, pues ningún ser humano, por quien Jesucristo dio Su vida, merece desprecio, sino nuestro sincero amor y honra, porque honrando al prójimo le honramos a Dios. “Todo lo que respira alabe al Señor. Aleluya.”

miércoles, 25 de marzo de 2009

BENEFICIOS DE LA ADORACIÓN


BENEFICIOS DE LA ADORACIÓN – Parte 1


  • Cuando adoramos nos deleitamos en Dios y entonces Él nos concede los deseos de nuestro corazón. (Salmo 37: 4).

  • Cuando adoramos nos acoplamos a la adoración celestial. (Apocalipsis 4: 13).

  • Cuando adoramos unimos nuestra voluntad a la voluntad de Dios, haciendo que se cumpla en nosotros Su propósito.

  • La adoración hace trabajar a los ángeles a favor nuestro.

  • El corazón entendido se sumerge en la adoración porque sabe que es allí que verá el rostro de Su Amado.

  • La adoración trae la gloria de Dios a la tierra y hace que se cumpla la palabra que la tierra será llena de Su gloria.

  • La adoración es entrega, es renuncia, es muerte al “YO”.

  • La adoración derrota a nuestros enemigos, que no son humanos, sino son espíritus malignos.

  • Un estilo de vida de adoración es la clave para llegar a ser “conforme al corazón de Dios”.

  • Es a través de la adoración que capturamos el corazón de Dios.

  • El tiempo que disponemos para adoración redundará en nuestro beneficio con creces, porque Dios no da con medida, siempre lo hace sobreabundantemente.

  • La adoración brota de un corazón agradecido.

  • La adoración va dirigida a Dios, por quién es Él; pero el beneficio viene a nosotros, por quién es Dios.

  • La adoración desbarata el plan del enemigo en nuestra contra. Por medio de la adoración se nos revela secretos del enemigo en contra nuestra, porque Dios no nos va a ocultar nada cuando entramos en intimidad con Él.

  • Adoración y alabanza toman posesión de las promesas y juntamente con la intercesión traen la victoria.

  • ADORAR es buscar la presencia de Dios apasionadamente.

  • La adoración nos lleva a contemplar la gloria de Dios.

  • En medio de la adoración al Señor se recibe la revelación de quién es el Cristo.

  • Los adoradores e intercesores extienden el Reino de Dios y destruyen las tinieblas.

  • En la adoración nos fundimos en un acto de amor, donde no buscamos al Señor por las bendiciones, sino por quién es Él, por el solo deseo de estar con Él en verdadera intimidad.

  • Los adoradores atraen la Presencia de Dios.

  • El adorador no tiene temor, porque el “Perfecto Amor”, echa fuera el temor; no se puede adorar si hay temor.

  • La adoración hace estremecer los cimientos, abrir los cerrojos de hierro, soltar las cadenas y hacer caer rendido al verdugo.

  • Dios sólo escucha Su lenguaje. Éste se expresa a través de la adoración y la alabanza, hablando lo que dice Su Palabra.

viernes, 20 de marzo de 2009

DERROTANDO EJÉRCITOS

DERROTANDO EJÉRCITOS POR MEDIO DE LA ALABANZA
“Que broten de su garganta alabanzas a Dios, y haya en sus manos una espada de dos filos para que tomen venganza de las naciones y castiguen a los pueblos; para que sujeten a sus reyes con cadenas, a sus nobles con grilletes de hierro; para que se cumpla en ellos la sentencia escrita. ¡Ésta será la gloria de todos sus fieles! ¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor!”
(Salmo 149:7-9)

Cuando entendamos el poder de la alabanza a Dios, nuestras gargantas no podrán permanecer calladas, porque el Espíritu Santo va a empezar a mover nuestras cuerdas bucales para proclamar las proezas de nuestro Dios sobre Sus enemigos, que también son nuestros, y como no pueden contra Dios quieren dañarnos a nosotros. La alabanza es exaltación que brota de nuestras gargantas, es Palabra del Espíritu a través de nosotros, es la Palabra Viva que es Jesucristo. Esta Palabra son las promesas y realidades de Dios hacia nosotros, que son como espada de dos filos para nuestros enemigos espirituales, porque ellos perdieron toda oportunidad de recibir algo del Señor por su rebelión, y ahora somos nosotros, los hijos de Dios, por medio de Jesucristo, quienes vamos a recibir y estamos recibiendo lo que ellos despreciaron por seguir al diablo.

La alabanza y la Palabra hacen cinco cosas mencionadas en los versículos 7 – 9 del salmo 149:
Primero, que Dios tome venganza de las naciones, éstas que quieren dañar a los hijos de Dios; no vamos a ser nosotros los que nos vamos a vengar. Nuestra tarea es alabar a Dios y declarar lo que Él tiene para nosotros escrito en Su Palabra. Recordemos que nuestra lucha no es contra sangre ni carne, sino contra principados, potestades, gobernadores de las tinieblas de este siglo, huestes espirituales de maldad en las regiones celestes (Efesios 6: 12) Son jerarquías demoníacas que toman naciones, pueblos, lugares, etc., y que están representados por alguna imagen o escultura que simboliza a ese llamado dios del lugar, del cual, el verdadero Dios tomará venganza y destruirá sus poderes cuando alabamos.
Segundo, para que Dios castigue a los pueblos, a aquellos que han rendido honor a sus dioses antes que al verdadero Dios. Hay pueblos que tienen un príncipe espiritual o “patrón” a quien le rinden culto. La alabanza hace que el poder de ese principado se debilite, se quiebre y la gente sea libertada de la atadura del demonio. Quienes persistan en seguir a esos demonios recibirán el castigo de Dios.
Tercero, para sujetar a sus reyes con cadena. ¿Qué quiere decir esto? Un rey es el que tiene autoridad y dominio sobre una nación. El rey es la potestad demoníaca de las tinieblas que tiene controlada a una nación y si queremos derrotarla, debemos alabar a Dios. Si vemos esto en nuestra nación, lo que debemos hacer es alabar a Dios todo el tiempo, declarando las promesas de Dios para nuestra nación y proclamando que Jesucristo es el Señor de nuestro país. Dios habita entre las alabanzas de Su pueblo (Salmo 22:3) y donde Él habita, no pueden estar los demonios. Oh, si llegamos a entender esto, vamos a hacer de nuestra nación un santuario de Dios en todo tiempo y las tinieblas retrocederán ante las voces de alabanza al único Dios verdadero; las cadenas de opresión serán rotas, los cimientos del paganismo serán removidos y las puertas se abrirán a la luz de Dios.
Cuarto, para sujetar a sus nobles con grilletes. Los nobles serían los demonios subalternos que instigan a las personas o toda clase de maldad, desde la rebelión hasta el crimen, desde el alcoholismo hasta la prostitución, etc. La alabanza los aprisiona y nos proporciona paz.
Quinto, para que se cumpla en ellos la sentencia escrita. La alabanza hace que se ejecute la sentencia decretada por el Señor sobre estos espíritus malignos, para que ellos ya no tomen el control sobre las personas, pueblos y naciones; para que no tomen cautivos a nuestros hijos.

“Después de consultar con el pueblo, Josafat designó a los que irían al frente del ejército para cantar al Señor y alabar el esplendor de su santidad con el cántico: "Den gracias al Señor; su gran amor perdura para siempre." Tan pronto como empezaron a entonar este cántico de alabanza, el Señor puso emboscadas contra los amonitas, los moabitas y los del monte de Seír que habían venido contra Judá, y los derrotó.” (2º Crónicas 20: 21,22) Ante la arremetida de los ejércitos enemigos contra Judá, el pueblo de Dios clamó al Señor y Él les dijo que se prepararan para ver la victoria que traería. Ellos creyeron esta palabra y salieron a la batalla alabando al Señor. Mientras ellos alababan con fuerte voz, Dios se encargaba de sus enemigos. Mientras nosotros nos mantengamos glorificando y alabando a Dios por lo que Él hará en nuestras vidas, en nuestra nación, Él se encargará de los enemigos espirituales que quieren destruirnos; pero primero debemos humillarnos delante de Él y reconocer que le hemos fallado, pedir perdón por nuestros pecados y buscarle de todo corazón. Si mi pueblo, que lleva mi nombre, se humilla y ora, y me busca y abandona su mala conducta, yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré su pecado y restauraré su tierra. (2º Crónicas 7:14) Como pueblo de Dios eso es lo que debemos hacer, entonces fluirá la alabanza de nuestras gargantas, le exaltaremos con voz de júbilo y regocijo y Dios se deleitará en nosotros y nos salvará.

jueves, 1 de enero de 2009

PREDESTINADOS PARA SER COMO CRISTO


ESTAMOS PREDESTINADOS PARA SER COMO CRISTO
Romanos 8: 28 “Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito.” ¿Tú crees que fuiste llamada/o de acuerdo con su propósito? Si es así, entonces sigue leyendo.

Romanos 8: 29 “Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.” ¿Crees que Dios te conoció desde siempre? Si estuviste en la mente de Dios aun antes de que el universo fuera creado, es porque Dios ya te había conocido y ya te dio un propósito para lo cual has sido creada/o. Ese propósito es que tú seas transformada/o a la misma imagen de Su Hijo, para que te parecieras a Jesús el Cristo en todo, porque la gloria que Él recibió del Padre ya nos la dio, con el solo propósito de que seamos uno con Él, así como Jesucristo es UNO con el Padre. (Juan 17: 22). Si permanecemos unidos a Cristo, lo que se va a producir en nosotros es Su imagen, la única imagen que Dios reconoce.

El propósito y meta eternos de Dios es que lleguemos a ser como Su Hijo, por eso estamos aquí, y ese debería ser también nuestro único objetivo. El apóstol Pablo dijo lo siguiente en Filipenses 3: 9-16 (CAS) “Mi mayor anhelo es sentirme unido a él, no ya en virtud de una justicia mía, personal, resultado de mi estricta obediencia a la ley mosaica, sino solamente por la fe en él, en Cristo, porque Dios nos hace justos por la fe. Yo he renunciado a todo lo demás por llegar a conocer a Cristo y el poder de su resurrección, y por ser semejante a él mediante la participación en sus sufrimientos y en su muerte; es decir, por ver si de una o de otra manera puedo alcanzar la resurrección de los muertos. « Ciudadanos del cielo » No digo que haya logrado ya esa meta, ni que yo sea perfecto. Lo que pretendo es seguir adelante, tratando de ver si un día podré ser lo que Cristo, al salvarme, quiso que fuese. No, hermanos, todavía no soy como debo ser; pero, eso sí, olvidando las cosas que voy dejando atrás y mirando a lo que está delante, procuro alcanzar la meta y recibir el premio celestial al que Dios me ha llamado por medio de Cristo Jesús. Confío en que todos los que hemos llegado a la madurez en la fe estemos de acuerdo en estas cosas; y si en algo no lo estáis, espero que Dios os lo haga entender, para que podamos seguir caminando juntos, movidos por un mismo sentir.”

Romanos 8: 30 “A los que predestinó, también los llamó; a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó.” Un día, en la eternidad, Dios te soñó, después te llamó y tú aceptaste Su llamado al recibir a Jesucristo como Señor y Salvador de tu vida y en ese momento Él te hizo justo, porque “al que no conoció pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en él recibiéramos la justicia de Dios.” (2ª Corintios 5: 21).También Dios nos glorificó al introducirnos en Aquel que es digno de toda gloria, en Jesucristo el Señor. Hemos sido creados en Cristo por voluntad de Dios, “para alabanza de su gloriosa gracia, que nos concedió en el Amado.” (Efesios 1: 6). Estamos destinados a ser alabanza; y recuerda que la alabanza te posesiona y posiciona (afirma) en el lugar que Dios ya ha establecido para ti, en Cristo. Los adoradores en el cielo están constantemente dando gloria al único que es digno de adoración y lo siguen por todo lado en alabanza y adoración. Cuando tú Le alabas y adoras, no sólo Le tributas alabanza, sino que te vuelves "Alabanza”, todo tu ser se mueve en alabanza y haces vibrar cada cuerda dentro de ti en alabanza y adoración a Jesucristo.

En la eternidad un ser era todo alabanza, fue llamado Lucifer, porque la alabanza es luz, pero él se llenó de oscuridad al querer recibir la gloria y no darla al único merecedor de toda gloria, por eso fue sacado de la presencia de Dios y destinado a una eterna oscuridad. Ahora Dios nos ha otorgado el privilegio de ser alabanza para manifestar Su luz y gloria. Dejemos de lado todo aquello que no nos permite alabarle (resentimiento, temor, duda, angustia y toda obra de la carne) y mantengamos la alabanza como un estilo de vida en nosotros, porque eso es lo que haremos por la eternidad.

Romanos 8: 31 "¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra?" ¡Qué diré frente a esto! Que nada ni nadie, me podrá arrebatar de los brazos amorosos de mi Señor Jesucristo, porque mi vida está escondida en Él, he sido engendrada en Cristo, Su naturaleza me da vida, el conocerle me fortalece, formo parte de Él, así como la rama de la vid que está sujeta al tronco, es parte de la misma vid, y no se puede decir que es otra cosa, porque tiene la misma naturaleza del tronco. No soy un parásito absorbiendo la sabia de la planta, pero sin producir fruto. La rama propia de la planta absorbe los nutrientes con un solo propósito, la de dar fruto, y ese fruto es la gloria del Padre, porque a través del fruto se conoce a la planta.

Romanos 8: 32 “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas?” ¿Puedes creer esto? Dios quiere darnos todas las cosas que en su infinita sabiduría Él sabe que es lo mejor para nosotros; sin embargo nosotros estamos viendo solamente lo que nuestra limitada visión nos permite ver y nos aferramos a ello. Dile al Señor que te muestre qué tiene para ti y no lo pierdas de vista hasta conseguirlo. Haz como Jacob y dile: “No te soltaré hasta que me bendigas” (Génesis 32: 26b). ¿Por qué Jacob le dijo eso? Porque ya Dios le había dicho: “No te abandonaré hasta cumplir todo lo que te he prometido” (Génesis28: 15b). Dios cumple lo que ha prometido. Dios ya te ha bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales. (Efesios 1: 3). Si puedes creerlo, ya tienes sus promesas cumplidas en ti, porque al que Le cree, todo le es posible.

jueves, 13 de noviembre de 2008

HABLANDO PROFÉTICAMENTE


HABLANDO PROFÉTICAMENTE

Nuestras palabras tienen tremendo poder, poder de vida o poder de muerte. ¿Cómo usamos nuestras palabras ahora que estamos en la vida de la fe? ¿Seguimos usando las palabras según nuestro propio criterio o las usamos según el criterio de Dios? “No digan malas palabras, sino palabras que ayuden y animen a los demás para que lo que hablen le haga bien a quien los escuche. No hagan poner triste al Espíritu Santo, quien es la garantía para su completa liberación en el día señalado.” (Efesios 4: 29,30) En las malas palabras, no sólo están las obscenas, sino también aquellas que llegan a ser maldición para el que las oye, palabras que no producen vida, sino muerte. Pablo nos exhorta a que hablemos ahora solamente aquello que producirá vida, la vida de Dios que nosotros llevamos dentro, pues tenemos la naturaleza de Dios y no la del diablo. El diablo habla mal para todos porque quiere que a todos les vaya mal, pero como nosotros no tenemos la naturaleza diabólica, entonces nuestro hablar debe ser de bendición. No vamos a querer entristecer al Espíritu Santo de Dios por las palabras que hablamos, por tanto amados de Dios, les ruegos que entreguemos nuestros pensamientos al Señor Jesús, llevando cautivo todo pensamiento a Cristo, para que cuando abramos nuestra boca, de ella sólo brote bendición. “De una misma boca salen bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así.” (Santiago 3:10) Que de nuestra boca brote sólo bendición.

“Permitan que el mensaje de Cristo viva plenamente entre ustedes. Enséñense y aconséjense unos a otros con toda la sabiduría que Dios les da. Canten salmos y canciones espirituales con el corazón lleno de agradecimiento a Dios. Siempre dediquen al Señor Jesús todo lo que digan (hablen) y lo que hagan, dando gracias a Dios Padre a través de Jesús.” (Colosenses 3: 16,17). Cuando la Palabra de Dios está viviendo en nuestros corazones, lo que saldrá de nuestros labios será Palabra de Dios, para enseñar, aconsejar con la sabiduría de Dios. De nuestro corazón brotarán canciones de alabanza y gratitud a Dios porque vamos a dedicarle al Señor todo lo que hagamos y digamos. Entonces ya se acabarán los sarcasmos (las indirectas, ironías), las murmuraciones, porque ya le hemos entregado nuestro hablar al Señor y no podemos darle esas cosas y otras que pertenecen al infierno. Que nuestras palabras reflejen al Cristo que vive en nosotros.

“Mientras hablaba así, muchos creyeron en él. Jesús dijo a aquellos judíos que habían creído en él: "Si ustedes permanecen fieles a mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos: conocerán la verdad y la verdad los hará libres". (Juan 8: 30-32). Permanecer es plantarse en la Palabra de Dios y echar raíces, de tal forma que nada ni nadie nos arranque de Ella. Es así y sólo así que vamos a poder ser discípulos del Señor Jesús. El olivo tiene una característica muy especial, en cuanto empieza a desarrollarse va profundizando sus raíces, de tal forma que si queremos arrancar a una pequeñita plantita de olivo con la mano, no vamos a poder arrancarla con toda su raíz; así debemos ser nosotros , debemos enraizarnos profundamente en la Palabra de Dios y fortalecernos en Él, para que cuando vengan los furiosos huracanes en contra de nosotros, no puedan desarraigarnos; podrán arrancarnos algunos gajos, pero esto producirá una poda en nosotros, de modo que lo que brotará después, será una nueva y poderosa rama que se desarrollará con mayor vigor. La Palabra de Dios es la única que nos da la verdadera libertad, porque nos hace conocer al que es la Palabra, a Jesucristo el Señor.

“El Espíritu da vida; la carne no vale para nada. Las palabras que les he hablado son espíritu y son vida.” (Juan 6: 63) Notemos que el espíritu y la vida van unidos. Nada de lo que hagamos en la carne produce vida, sino sólo lo que procede del Espíritu, porque nuestro espíritu está unido al del Señor y es uno con Él (1ª Corintios 6: 17); así como el Espíritu de Cristo estaba unido al del Padre y era Uno con Él, así también el nuestro es uno con el Señor; de modo que es importante y necesario vivir en el Espíritu, haciendo caso a nuestra nueva naturaleza - la de Cristo en nosotros- y desechando lo carnal que nos conduce a la muerte. Cuando estamos viviendo en el Espíritu, nuestras palabras son espíritu y vida y producen en nosotros y en los oyentes, la Vida de Dios.

Dios quiere que hablemos proféticamente, es decir que hablemos sólo sus Palabras, que aprendamos el lenguaje de Dios. “¿Por qué no entienden mi modo de hablar? Porque no pueden aceptar mi palabra.” (Juan 8: 43). “¿Porque no entienden mi lenguaje?” dice en otra versión. Cuando no podemos entender el lenguaje o modo de hablar de Dios, es sencillamente porque no queremos aceptar Sus Palabras. Cuando decidamos aceptar las Palabras de Jesús, vamos a entender Su Lenguaje, ese Lenguaje es celestial, se habla en los cielos. Cuando Jesús dijo que se haga la voluntad de Dios aquí en la tierra, así como se hace en los cielos, se estaba refiriendo a la forma de hablar, como se habla en el reino de Dios. Porque es la palabra la que produce vida o muerte. Fue por la Palabra de Dios que fue hecho todo y nosotros lo entendemos y aceptamos por fe (Hebreos 11: 3). Es esa palabra que produce vida, la que Dios quiere que hablemos y esa Palabra procede de Él (de Jesucristo); esa es la Palabra profética que Dios espera que hablemos en este tiempo. Jesucristo es la Vida, porque la Palabra se hizo carne, se hizo como nosotros, (Juan 1: 14) para que nosotros la podamos comer (ingerir y digerir; leerla y entenderla; oírla y hacerla) y tener la Vida de Dios en nosotros, para poder impartirla a otros y que ellos también tengan Vida “Zoe”, la vida de Dios.