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miércoles, 13 de mayo de 2009

PRACTICANDO LA PALABRA DE DIOS

PRACTICANDO LA PALABRA DE DIOS
"No todo el que me dice: 'Señor, Señor', entrará en el reino de los cielos, sino sólo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Muchos me dirán en aquel día: 'Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos milagros?' Entonces les diré claramente: 'Jamás los conocí. ¡Aléjense de mí, hacedores de maldad!' "Por tanto, todo el que me oye estas palabras y las pone en práctica es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca. Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa; con todo, la casa no se derrumbó porque estaba cimentada sobre la roca. Pero todo el que me oye estas palabras y no las pone en práctica es como un hombre insensato que construyó su casa sobre la arena. Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa, y ésta se derrumbó, y grande fue su ruina." (Mateo 7: 21 – 27 NVI)

Todo aquél que le ha entregado su vida a Dios por medio de Jesucristo, es decir, recibiendo a Cristo como Señor y Salvador de su vida, debe también permanecer en Cristo haciendo la voluntad de Dios en obediencia a Su Palabra. Esto es caminar sobre la Palabra de Dios, porque si nos desviamos de Ella haciendo lo que creemos que es bueno vamos a ser reprobados y lo que construyamos se derrumbará como la casa construida en la arena. En cambio si construimos sobre la Roca, que es Cristo, es decir sobre Su Palabra, de acuerdo a lo que Ella dice, vamos a permanecer firmes cuando vengan las pruebas y las tentaciones, porque hemos puesto nuestro cimiento en Cristo, basado en lo que la Biblia dice y no en lo que los hombres nos dicen. Necesitamos cada día conocer un poco más de La Palabra de Dios, alimentarnos de la Vida de Dios. “Y o soy el pan de vida --declaró Jesús--. El que a mí viene nunca pasará hambre, y el que en mí cree nunca más volverá a tener sed.” (Juan 6: 35). Jesús es nuestro alimento y Jesucristo es Su Palabra, Él no puede estar separado de lo que dice. Necesitamos comer a Cristo todos los días a través de Su Palabra. No podemos en lo natural pretender vivir saludablemente si no nos alimentamos, porque muy pronto vamos a sufrir de desnutrición y vamos a enfermar e inclusive hasta morir. En lo espiritual es lo mismo, si no nos alimentamos diariamente del Pan de Vida que es Cristo Jesús, entonces vamos a ser presa fácil de los engaños de Satanás que nos enfermarán el alma, porque el diablo trabaja con el alma de la persona para hacerla pecar.

Por lo cual, desechando toda inmundicia y todo resto de malicia, reciban ustedes con humildad (mansedumbre) la palabra implantada, que es poderosa para salvar sus almas. Sean hacedores de la palabra y no solamente oidores que se engañan a sí mismos. (Santiago 1: 21 -22 NBLH). La palabra “desechando”, quiere decir: “poniendo aparte algo para no volverse a tomar”. ¿Qué debemos botar de nosotros? Toda “inmundicia” es decir, “suciedad” “deshonestidad” que todavía tengamos y todo resto de malicia, de maldad que aún permanezca en nosotros. ¿Por qué debemos despojarnos de estas cosas? Para poder recibir la Palabra que fue sembrada en nosotros y recibirla con humildad, con sencillez de corazón. La Palabra de Dios sembrada en nosotros debe crecer, es por eso que debemos arrancar todo lo que impide su crecimiento y liberar a nuestra alma colocándola en su lugar para que nuestro espíritu sujeto al Espíritu de Dios tome el control de nuestro ser.

Sea quitada de ustedes toda amargura, enojo, ira, gritos, insultos, así como toda malicia. (Efesios 4: 21)
Pero ahora desechen también todo esto: ira, enojo, malicia, insultos, lenguaje ofensivo de su boca. Dejen de mentirse los unos a los otros, puesto que han desechado al viejo hombre con sus malos hábitos, y se han vestido del nuevo hombre, el cual se va renovando hacia un verdadero conocimiento, conforme a la imagen de Aquél que lo creó. (Colosenses 3: 8 -10). Cuando quitamos de nosotros estas cosas mencionadas y permitimos que la Palabra de Dios crezca, nuestra alma se va renovando, se sana, se salva como dice Santiago 1:21. En el alma tenemos los pensamientos, las emociones, sentimientos y la voluntad. La Palabra de Dios purifica nuestra alma de todo pensamiento malo; de toda emoción o alteración dañina a nuestro ser y nos ayuda a tomar buenas decisiones y a hablar lo que es correcto y verdadero, de modo que vayamos adquiriendo el carácter de Cristo. Eso es ser hacedores de la Palabra de Dios, esta Palabra tiene que hacerse parte nuestra, tiene que formar parte de nuestra vida, tiene que llegar a ser nuestra vida misma, así como Cristo y Su Palabra son la misma cosa. Sólo así llegaremos a ser la boca de Dios. “Entonces Yavé me dijo: "Si vuelves a mí, yo te haré volver a mi servicio. Separa el oro de la escoria si quieres ser mi propia boca." (Jeremías 15: 19). Debemos hacer la separación de lo bueno y lo malo, desechando todo lo malo e impuro para hablar sólo las Palabras de Dios. Desechando lo que envenena el alma, debemos seguir el orden establecido por Dios y hacer que nuestro espíritu gobierne todo nuestro ser, para esto debemos decirle a nuestro espíritu que se sujete al Espíritu Santo y al alma que se sujete a nuestro espíritu y a nuestro cuerpo que se sujete a nuestra alma regenerada; de ese modo es como Dios va a poder tener control en nuestras vidas y vamos a vivir y andar en el Espíritu, entonces Su Palabra se hará vida en nosotros y la luz de Dios crecerá en nuestro espíritu alumbrando todo nuestro ser y guiándonos a toda verdad y santidad. Recordemos que nuestra comunión con Dios es a través del espíritu y no a través del alma: “porque el hombre que está en el alma no acepta las cosas espirituales porque le son locura, pues no es capaz de comprenderlas, porque han de discernirse por medio del espíritu.” (1ª Corintios 2: 14 Syespañol).

jueves, 23 de abril de 2009

EL PODER DEL NOMBRE DE JESÚS

EL PODER DEL NOMBRE DE JESÚS
Ya no voy a estar por más tiempo en el mundo, pero ellos están todavía en el mundo, y yo vuelvo a ti. "Padre santo, protégelos con el poder de tu nombre, el nombre que me diste, para que sean uno, lo mismo que nosotros. Mientras estaba con ellos, los protegía y los preservaba mediante el nombre que me diste, y ninguno se perdió sino aquel que nació para perderse, a fin de que se cumpliera la Escritura.
(Juan 17: 11, 12)
El nombre que Jesús recibió fue la autoridad que pudo vencer el poder de Satanás, porque frente al Nombre de Dios, no hay poder que se resista. Jesús es, era y será lo que Su nombre es. Él no tenía que estar diciendo, “vengo en el nombre del Padre”, porque Él era Dios; y Satanás sabía muy bien quién era Jesús. El nombre de Dios es la autoridad de Él y la Persona de Jesucristo legítimamente tenía esa autoridad, así que podía ejercer poder sobre cualquier otro poder. Ahora bien, lo maravilloso del Cuerpo de Cristo es que Dios le ha dado autoridad, esa autoridad es Su Nombre en la Persona de Jesucristo, para quienes de verdad creen y lo aceptan; es ese Nombre que es sobre todo nombre, tanto en los cielos, en la tierra o debajo de la tierra. La Iglesia tiene la autoridad que Dios le ha dado para deshacer las obras del diablo, así como Cristo lo hacía. “El Hijo de Dios fue enviado precisamente para destruir las obras del diablo.” (1ª Juan 3: 8b). Esta autoridad es mayor que el poder del diablo. Por ejemplo, si un minusválido tiene un cargo de autoridad en la calle para cobrarnos por el estacionamiento de nuestro vehículo, aunque no tenga la fuerza y capacidad física para obligarnos a obedecer la orden, por ser una autoridad, aunque sea en algo al parecer insignificante, nosotros debemos obedecerle, porque debido a su autoridad tiene el poder de hacernos pagar una multa o quizá algo mayor, si estamos en un país donde las leyes se cumplen por supuesto. La autoridad es superior al poder. El poder está subordinado a la autoridad, es por eso que el Nombre de Jesús está sobre cualquier otro nombre en cualquier lugar del universo y nosotros como Iglesia hemos recibido esa autoridad para usar Su Nombre.

El Señor Jesucristo ha dado a Su Cuerpo (Iglesia) Su Nombre, Su autoridad para que hagamos lo que Cristo hizo estando en la tierra y Él dijo: “Les aseguro que el que confía en mí hará lo mismo que yo hago. Y, como yo voy a donde está mi Padre, ustedes harán cosas todavía mayores de las que yo he hecho.” (Juan 14: 12). La autoridad que Cristo dejó a Su Iglesia es para que ésta continúe Su obra y no permita que Satanás se imponga. A pesar de estar viviendo en medio de un mundo de maldad, porque este sistema está regido por el maligno, nosotros podemos declarar con firmeza y certidumbre lo que Habacuc declaró: “Porque así como las aguas cubren los mares, así también se llenará la tierra del conocimiento de la gloria del Señor." (Habacuc 2: 14). Este conocimiento va a ser manifiesto por la autoridad y poder que tiene Su Iglesia. Cada hija/o de Dios lleva dentro de ella/él al Espíritu Santo; es éste el mismo poder que resucitó de los muertos a Cristo Jesús. Por eso Pablo oraba por los creyentes y decía: “Pido también que les sean iluminados los ojos del corazón para que sepan a qué esperanza él los ha llamado, cuál es la riqueza de su gloriosa herencia entre los santos, y cuán incomparable es la grandeza de su poder a favor de los que creemos. Ese poder es la fuerza grandiosa y eficaz que Dios ejerció en Cristo cuando lo resucitó de entre los muertos y lo sentó a su derecha en las regiones celestiales, muy por encima de todo gobierno y autoridad, poder y dominio, y de cualquier otro nombre que se invoque, no sólo en este mundo sino también en el venidero. Dios sometió todas las cosas al dominio de Cristo, y lo dio como cabeza de todo a la iglesia.” (Efesios 1: 18 -22 NVI).

Yo también pido que lo ojos de cada hija/o de Dios sean iluminados para que entiendan cuál es la herencia que como santos tienen, para que comprendan el poder y la autoridad que se les ha dado, para que ejerzan adecuadamente lo que Cristo les legó. La autoridad que tenemos por el derecho que nos dio Jesucristo de llevar Su Nombre, es superior al poder de Satanás. El engaño del diablo es colocar temor en los hijos de Dios y mostrarse demasiado grande como para que se lo derrote; sin embargo, nosotros sabemos que Mayor es el que está en nosotros que el que está en el mundo (1ª Juan 4: 4). Teniendo el entendimiento de Quién está en nosotros y que Su Nombre es la autoridad máxima sobre todo nombre o poder, sometiéndonos a Él en obediencia por amor, vamos a resistir al diablo, porque éste ya fue derrotado en la cruz y fue exhibido en vergüenza ante todos los seres del universo. Con la victoria de Cristo, nosotros que nos hemos unido a Él, ya tenemos la victoria."Miren, les he dado autoridad para pisotear sobre serpientes y escorpiones, y sobre todo el poder del enemigo, y nada les hará daño.” (Lucas 10: 19) No permitas que el temor te invada, no proviene de Dios, recházalo. Recuerda siempre quién eres en Cristo y qué tienes en Él. “Todas las cosas las sometió Dios debajo de sus pies y, también sobre todas las cosas, lo ha hecho cabeza de la iglesia. Así la iglesia, que es el cuerpo de Cristo, está llena del que todo lo llena en todos.” (Efesios 1: 22, 23 CAS). Usa lo que tienes y saca el mayor provecho de lo que Dios te dio. Tienes autoridad sobre todo poder demoníaco. No vivas más en esclavitud, sometiéndote a los deseos de tu vieja naturaleza o del diablo porque ya Cristo te hizo libre. Rompe toda cadena de opresión en el Nombre de Jesucristo, rechaza la derrota, vive la victoria que Cristo ganó por ti y disfruta de tu herencia. Señor, abre los ojos del entendimiento de cada persona, hija/o tuyo que lea esto, para que entienda que estando en Ti, por haberte recibido y por vivir en Tu voluntad, tiene la autoridad de Tu Nombre que es superior a cualquier otro nombre. Amén.

sábado, 21 de febrero de 2009

EL INFIERNO ES REAL

EL INFIERNO ES REAL
"Había una vez un hombre muy rico, que vestía ropas muy lujosas. Hacía fiestas todos los días, y servía las comidas más caras. En cambio, junto a la entrada de su casa había un hombre pobre, llamado Lázaro, que tenía la piel llena de llagas. Unas personas lo sentaban siempre allí, y los perros venían a lamerle las llagas. Este pobre hombre tenía tanta hambre que deseaba comer, por lo menos, las sobras que caían de la mesa del hombre rico."Un día, el hombre pobre murió y los ángeles lo pusieron en el sitio de honor, junto a su antepasado Abraham. Después murió también el hombre rico. Lo enterraron y se fue al infierno, donde sufría muchísimo. Desde allí vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro sentado junto a él. "Entonces el rico llamó a Abraham y le dijo: "¡Abraham, antepasado mío, compadécete de mí! Manda a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y me refresque la lengua. Sufro muchísimo con este fuego". Pero Abraham le respondió: "Tú eres mi descendiente, pero recuerda que cuando ustedes vivían, a ti te iba muy bien, y a Lázaro, muy mal. Ahora, él es feliz aquí, mientras que a ti te toca sufrir. Además, a ustedes y a nosotros nos separa un gran abismo, y nadie puede pasar de un lado a otro". El hombre rico dijo: "Abraham, te ruego entonces que mandes a Lázaro a la casa de mi familia. Que avise a mis cinco hermanos que, si no dejan de hacer lo malo, vendrán a este horrible lugar". Pero Abraham le contestó: "Tus hermanos tienen la Biblia. ¿Por qué no la leen? ¿Por qué no la obedecen?" El hombre rico respondió: "Abraham, querido antepasado, ¡eso no basta! Pero si alguno de los muertos va y habla con ellos, te aseguro que se volverán a Dios". Abraham le dijo: "Si no hacen caso de lo que dice la Biblia, tampoco le harán caso a un muerto que vuelva a vivir"". (Lucas 16: 19 -31 BLS)

Tanto el cielo como el infierno son reales, aunque el infierno no fue creado para el ser humano, sino para Satanás y los ángeles que le siguieron."Luego dirá a los que estén a su izquierda: Ápártense de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles." (Mateo 25: 41 NVI). Pero lamentablemente, todos los que siguen a Satanás y no quieren arrepentirse y recibir a Cristo y seguirle, se irán al infierno. No basta con ser bueno según nuestro criterio o según lo que el mundo dicta, lo que importa es aceptar el sacrificio de Cristo y reconocer que nosotros no nos podemos salvar, sino sólo Jesucristo lo puede hacer. Reconocer esto y aceptarlo recibiendo a Jesucristo en nuestro corazón y obedeciendo Su Palabra nos libra del infierno. "No tengan miedo de la gente que puede destruir el cuerpo, pero no el alma. Teman a Dios, que sí puede destruir en el infierno el cuerpo y el alma." (Mateo 10: 28 BLS). Esto lo dijo Jesús, tan crudamente como lo leemos, Él no dudó en hablar del infierno y lo hizo para que nadie fuera allí, sino que temiendo a Dios, "temer" en el sentido de: “Pasión del ánimo, que hace huir o rehusar aquello que se considera dañoso, arriesgado o peligroso” según el Diccionario DRAE, podamos huir a tiempo, mientras estamos vivos en la tierra y no sufrir por la eternidad en el infierno. Tan sólo aceptando a Jesucristo de corazón, con arrepentimiento genuino y obedeciéndole, vamos a ser libres del infierno. Como ven, no es algo muy costoso, es sólo cuestión de decidirnos por Cristo.

"Habitantes del pueblo de Cafarnaúm, ¿creen que van a ser bienvenidos en el cielo? Déjenme decirles que van a ser enviados a lo más profundo del infierno. Si los milagros que se han hecho entre ustedes se hubieran hecho entre los habitantes de la ciudad de Sodoma, ellos habrían cambiado y la ciudad aún existiría. Les aseguro que en el día del juicio final el castigo que ustedes recibirán será peor que el de ellos". (Mateo 11: 23, 24 BLS). La incredulidad de las personas, cegadas por su orgullo, debido a la dureza del corazón, que ni aun viendo el poder de Dios no se arrepienten, dará como resultado que sean enviadas al infierno.

"Jesús les dijo: El que siembra la buena semilla de trigo soy yo, el Hijo del hombre. El terreno es el mundo, y las buenas semillas de trigo son todos los que obedecen las leyes del reino de Dios. Las semillas de cizaña son los que obedecen al diablo, que fue quien las sembró en el mundo. El tiempo de la cosecha es el juicio final, y los trabajadores que recogen la cosecha son los ángeles. Así como se arranca la mala hierba y se quema, así sucederá cuando Dios juzgue a todos. Yo, el Hijo del hombre, enviaré a mis ángeles para que saquen de mi reino a todos los que hacen lo malo y obligan a otros a hacerlo. Los ángeles echarán a esas personas en el infierno, y allí tendrán tanto miedo que llorarán y rechinarán los dientes. Pero los que obedecen a Dios brillarán como el sol en su reino. ¡Ustedes, si en verdad tienen oídos, presten atención!" (Mateo 13: 37-43 BLS) Al final del tiempo señalado por Dios, Él va a juzgar a la humanidad y separará a los que obedecieron al diablo para que sean echados al infierno, pero los que obedecemos al Dios Todopoderoso y a Jesucristo nuestro Salvador brillaremos por siempre en el Reino de Dios, con la luz que irradia de nuestro Amado Señor Jesucristo. “Dios dice en la Biblia: "Yo los escuché en el momento oportuno; llegó el momento de salvarlos, y lo hice". ¡Escuchen! Ese momento oportuno ha llegado. ¡Hoy es el día en que Dios puede salvarlos! (2ª Corintios 6: 2 BLS) Por tanto no desaproveches esta oportunidad, quizá mañana sea demasiado tarde. Recibe ahora a Jesucristo, el Hijo de Dios como tu Salvador y Señor. Pide perdón por tus pecados y vive para obedecerle en todo. En la Biblia encontrarás Su voluntad. ¡Léela!
Puedes leer
: Romanos 14: 15; 2ª Pedro 2: 4; Judas 1: 23; Apocalipsis 19: 20; cap.20: 10, 14, 15; cap. 21: 8)