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martes, 22 de junio de 2010

ACERCA DEL PODER DE LA LENGUA

ACERCA DEL PODER DE LA LENGUA
Quiero darte algunos versículos de la Biblia que hablan por sí solos acerca del poder de la lengua. Pon atención y entiende, porque tu vida está en poder de tu lengua.
“La lengua tiene poder sobre la vida y la muerte, aquellos que la gobiernan han de comer sus frutos.” (Proverbios 18: 21 TKIM-DE) Las palabras que hablamos son frutos con los que nos alimentamos; si son buenas palabras, viviremos, pero si son malas palabras, entonces, moriremos. Las buenas palabras activan la vida, elevan las defensas en nuestro cuerpo, nos fortalecen, sincronizan nuestras células para que nuestro cuerpo mantenga su vigor y salud. “Él (Dios) sacia tu boca con cosas buenas, así tu juventud se renueva como la del águila.” (Salmo 103: 5 TKIM-DE). Cuando de nuestros labios salen cosas buenas nuestro cuerpo empieza a rejuvenecerse, a renovarse, porque activamos la vida. ¡Qué buena terapia! Encontramos el elixir de la vida. La vida eterna también depende de lo que declares con tu boca: “¿Qué afirma entonces? "Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón." Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo.” (Romanos 10: 8 -10 NVI) Confiesa a Jesucristo como tu Señor y Salvador, arrepiéntete de tus pecados y toma la decisión de obedecerle, que venga el Reino de Dios a tu vida para que la voluntad del Todopoderoso sea hecha en ti.

“La palabra amable es árbol de vida; la palabra perversa destruye el espíritu.” (Proverbios 15: 4 PDT). Quien sabe hablar palabras amables (agradables, afectuosas) sabe dar vida, para sí mismo y para quienes las escuchen; pero la palabra malvada o perversa destruye a la persona en su fuero interno, en su espíritu. Jesús dijo: “El Espíritu da vida; la carne no vale para nada. Las palabras que les he hablado son espíritu y son vida.” (Juan 6: 63 NVI). Jesús hablaba palabras que eran espíritu y vida, porque el espíritu es el que da vida; sin embargo una palabra perversa puede anular o destruir el espíritu. ¿Te das cuenta cuán poderosa en la palabra? “Panal de miel son las palabras amables: endulzan la vida y dan salud al cuerpo.” (Proverbios 16: 24 NVI). Tú puedes cambiar la vida de las personas y traerles sanidad a sus cuerpos si tan sólo viertes palabras amables, dulces, de buen gusto, no estoy hablando de lisonjas, sino de palabras que declaren el buen deseo para las personas. “Hay quien, hablando, hiere como espada; la lengua de los sabios es medicina.” (Proverbios 12: 18 CAB). Si tus palabras son habladas con sabiduría pueden llegar a ser la mejor medicina para las personas, pero si son habladas a la ligera pueden dañar severamente y hasta causar la muerte emocional o anímica en la persona.

“Pero yo les digo que en el día del juicio todos tendrán que dar cuenta de toda palabra ociosa que hayan pronunciado. Porque por tus palabras se te absolverá, y por tus palabras se te condenará." (Mateo 12: 36, 37 NVI) En el día del juicio, que con seguridad habrá ese día, TODOS vamos a tener que dar cuenta ante Dios de nuestras palabras y de acuerdo a ellas vamos a recibir la condenación o la absolución. “Con el corazón se cree para alcanzar la justicia, y con la boca se confiesa para obtener la salvación.” (Romanos 10: 10 BPD) Lo que dice nuestra boca nos puede salvar, no solamente para vida eterna, sino que nos puede salvar de situaciones engorrosas aquí y ahora. Por eso es de suma importancia que prestemos la debida atención a lo que hablamos. “El que pone un guardia a su boca y a su lengua, se libra de muchos tormentos.” (Proverbios 21: 23 BL 95).

“Todo el que habla, que hable de acuerdo a la palabra de Dios, y todo el que ministra, que ministre según el poder que Dios le da, para que en todo lo que ustedes hagan, Dios sea glorificado por medio de Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y la honra por siempre y para siempre. Amén.” (1ª Pedro 4: 11 SyEspañol). Debemos hablar siempre de acuerdo a la Palabra de Dios para que Jesucristo sea glorificado. “Ellos lo vencieron con la sangre del Cordero, con su palabra y con su testimonio, pues hablaron sin tener miedo a la muerte.” (Apocalipsis 12: 11BL 95) Al acusador, al diablo, se lo vence con la Palabra de Dios que da testimonio del Cordero que derramó Su Sangre en propiciación por nuestros pecados. Hablar la Palabra de Dios, con la misma fe de Dios, así como las habló Jesucristo cuando fue tentado, echa fuera a Satanás de nuestras vidas.

Nuestra lengua debe empezar a proclamar continuamente alabanzas al único y Santo Dios y confesar el Nombre de Jesucristo, porque esa es la mejor alabanza. “Así que ofrezcamos continuamente a Dios, por medio de Jesucristo, un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de los labios que confiesan su nombre." (Hebreos 13: 15 NVI) De nuestra boca debe salir continuamente alabanzas a Dios, aunque no sintamos hacerlo, porque si decidimos alabarlo a pesar de las adversidades, Él será glorificado. “El sacrificio de alabanza me glorifica; y a aquel que vaya por la senda correcta Yo enseñaré la salvación de Elohim." (Salmo 50: 23 TKIM –DE) El sacrificio de alabanza brota de los labios que reconocen quién es Jesucristo y cuán incomparablemente valioso es para nuestras vidas el sacrificio que Él hizo en la cruz del Calvario. “Te ofreceré sacrificio de alabanza, e invocaré el nombre de Jehová.” (Salmo 116: 17 RVG-R) Por la eternidad retumbará nuestra alabanza al único que es digno, a Jesucristo el Vencedor. “Y oí a cuanta criatura hay en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra y en el mar, a todos en la creación, que cantaban: "¡Al que está sentado en el trono y al Cordero, sean la alabanza y la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos!" (Apocalipsis 5: 13 NVI) Amén y amén.

jueves, 23 de abril de 2009

EL PODER DEL NOMBRE DE JESÚS

EL PODER DEL NOMBRE DE JESÚS
Ya no voy a estar por más tiempo en el mundo, pero ellos están todavía en el mundo, y yo vuelvo a ti. "Padre santo, protégelos con el poder de tu nombre, el nombre que me diste, para que sean uno, lo mismo que nosotros. Mientras estaba con ellos, los protegía y los preservaba mediante el nombre que me diste, y ninguno se perdió sino aquel que nació para perderse, a fin de que se cumpliera la Escritura.
(Juan 17: 11, 12)
El nombre que Jesús recibió fue la autoridad que pudo vencer el poder de Satanás, porque frente al Nombre de Dios, no hay poder que se resista. Jesús es, era y será lo que Su nombre es. Él no tenía que estar diciendo, “vengo en el nombre del Padre”, porque Él era Dios; y Satanás sabía muy bien quién era Jesús. El nombre de Dios es la autoridad de Él y la Persona de Jesucristo legítimamente tenía esa autoridad, así que podía ejercer poder sobre cualquier otro poder. Ahora bien, lo maravilloso del Cuerpo de Cristo es que Dios le ha dado autoridad, esa autoridad es Su Nombre en la Persona de Jesucristo, para quienes de verdad creen y lo aceptan; es ese Nombre que es sobre todo nombre, tanto en los cielos, en la tierra o debajo de la tierra. La Iglesia tiene la autoridad que Dios le ha dado para deshacer las obras del diablo, así como Cristo lo hacía. “El Hijo de Dios fue enviado precisamente para destruir las obras del diablo.” (1ª Juan 3: 8b). Esta autoridad es mayor que el poder del diablo. Por ejemplo, si un minusválido tiene un cargo de autoridad en la calle para cobrarnos por el estacionamiento de nuestro vehículo, aunque no tenga la fuerza y capacidad física para obligarnos a obedecer la orden, por ser una autoridad, aunque sea en algo al parecer insignificante, nosotros debemos obedecerle, porque debido a su autoridad tiene el poder de hacernos pagar una multa o quizá algo mayor, si estamos en un país donde las leyes se cumplen por supuesto. La autoridad es superior al poder. El poder está subordinado a la autoridad, es por eso que el Nombre de Jesús está sobre cualquier otro nombre en cualquier lugar del universo y nosotros como Iglesia hemos recibido esa autoridad para usar Su Nombre.

El Señor Jesucristo ha dado a Su Cuerpo (Iglesia) Su Nombre, Su autoridad para que hagamos lo que Cristo hizo estando en la tierra y Él dijo: “Les aseguro que el que confía en mí hará lo mismo que yo hago. Y, como yo voy a donde está mi Padre, ustedes harán cosas todavía mayores de las que yo he hecho.” (Juan 14: 12). La autoridad que Cristo dejó a Su Iglesia es para que ésta continúe Su obra y no permita que Satanás se imponga. A pesar de estar viviendo en medio de un mundo de maldad, porque este sistema está regido por el maligno, nosotros podemos declarar con firmeza y certidumbre lo que Habacuc declaró: “Porque así como las aguas cubren los mares, así también se llenará la tierra del conocimiento de la gloria del Señor." (Habacuc 2: 14). Este conocimiento va a ser manifiesto por la autoridad y poder que tiene Su Iglesia. Cada hija/o de Dios lleva dentro de ella/él al Espíritu Santo; es éste el mismo poder que resucitó de los muertos a Cristo Jesús. Por eso Pablo oraba por los creyentes y decía: “Pido también que les sean iluminados los ojos del corazón para que sepan a qué esperanza él los ha llamado, cuál es la riqueza de su gloriosa herencia entre los santos, y cuán incomparable es la grandeza de su poder a favor de los que creemos. Ese poder es la fuerza grandiosa y eficaz que Dios ejerció en Cristo cuando lo resucitó de entre los muertos y lo sentó a su derecha en las regiones celestiales, muy por encima de todo gobierno y autoridad, poder y dominio, y de cualquier otro nombre que se invoque, no sólo en este mundo sino también en el venidero. Dios sometió todas las cosas al dominio de Cristo, y lo dio como cabeza de todo a la iglesia.” (Efesios 1: 18 -22 NVI).

Yo también pido que lo ojos de cada hija/o de Dios sean iluminados para que entiendan cuál es la herencia que como santos tienen, para que comprendan el poder y la autoridad que se les ha dado, para que ejerzan adecuadamente lo que Cristo les legó. La autoridad que tenemos por el derecho que nos dio Jesucristo de llevar Su Nombre, es superior al poder de Satanás. El engaño del diablo es colocar temor en los hijos de Dios y mostrarse demasiado grande como para que se lo derrote; sin embargo, nosotros sabemos que Mayor es el que está en nosotros que el que está en el mundo (1ª Juan 4: 4). Teniendo el entendimiento de Quién está en nosotros y que Su Nombre es la autoridad máxima sobre todo nombre o poder, sometiéndonos a Él en obediencia por amor, vamos a resistir al diablo, porque éste ya fue derrotado en la cruz y fue exhibido en vergüenza ante todos los seres del universo. Con la victoria de Cristo, nosotros que nos hemos unido a Él, ya tenemos la victoria."Miren, les he dado autoridad para pisotear sobre serpientes y escorpiones, y sobre todo el poder del enemigo, y nada les hará daño.” (Lucas 10: 19) No permitas que el temor te invada, no proviene de Dios, recházalo. Recuerda siempre quién eres en Cristo y qué tienes en Él. “Todas las cosas las sometió Dios debajo de sus pies y, también sobre todas las cosas, lo ha hecho cabeza de la iglesia. Así la iglesia, que es el cuerpo de Cristo, está llena del que todo lo llena en todos.” (Efesios 1: 22, 23 CAS). Usa lo que tienes y saca el mayor provecho de lo que Dios te dio. Tienes autoridad sobre todo poder demoníaco. No vivas más en esclavitud, sometiéndote a los deseos de tu vieja naturaleza o del diablo porque ya Cristo te hizo libre. Rompe toda cadena de opresión en el Nombre de Jesucristo, rechaza la derrota, vive la victoria que Cristo ganó por ti y disfruta de tu herencia. Señor, abre los ojos del entendimiento de cada persona, hija/o tuyo que lea esto, para que entienda que estando en Ti, por haberte recibido y por vivir en Tu voluntad, tiene la autoridad de Tu Nombre que es superior a cualquier otro nombre. Amén.