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domingo, 19 de septiembre de 2010

VENGA TU REINO

VENGA TU REINO
“Venga tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como se hace en el cielo.” (Mateo 6: 10 PDT)

En la oración del Padre Nuestro, Jesús mostró cómo podemos traer a la tierra los diseños de Dios que están en los cielos. Muchos repiten esta oración sin que haga eco en el cielo, porque no la dicen creyendo que es posible que Dios pueda traer Su gobierno o reino a la tierra para que haya transformación a todo nivel, tanto personal, social, económico y que la tierra empiece a producir en abundancia. El gobierno de Dios sólo puede establecerse si lo pedimos con fe, creyendo que Dios va a transformar nuestras vidas, las vidas de nuestros amados, nuestra sociedad y nuestro país para que Su justicia sea hecha; podemos empezar a declarar por ejemplo: Que venga tu Reino sobre mi matrimonio, porque así como en los cielos el divorcio no es legal, tampoco sea legal en mi matrimonio, para que tu voluntad prevalezca; o también, que venga tu reino sobre mis hijos, para que Tu voluntad sea hecha en ellos y lo que Tú has determinado para ellos, se cumpla. Puedes declarar: Señor, que venga Tu Reino sobre mi nación para que tu justicia sea hecha, para que la corrupción que no es procedente en los cielos, tampoco lo sea en mi nación. O también declara: Señor que venga tu reino sobre mis finanzas, para que Tú manejes mi economía para la extensión de tu Reino y sea manifiesta tu justicia mientras doy a los necesitados; que mi mirada no esté puesta en el dinero que es corruptible, sino en tu Reino, que es incorruptible. Dios nos ha dado autoridad y nos enseñó cómo ejercerla: “Venga tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como se hace en el cielo.” Hay un profundo contenido en estas palabras y son la llave para bajar los diseños de Dios a esta tierra. ¿Quieres salud divina? Declara: Padre Eterno, que venga Tu Reino sobre mi cuerpo para que viva en salud divina y tu voluntad sea manifiesta en mi vida. En tu Reino no hay enfermedad, por lo tanto no acepto la enfermedad en mi vida, porque lo que no es procedente en Tu Reino, tampoco es procedente en mi cuerpo. Enséñame a cambiar mis hábitos alimenticios para no seguir dañando mi cuerpo y a vivir como ciudadana de Tu Reino. En el nombre de Jesucristo, amén.

Luego Dios dijo: «Ahora hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza. Tendrá poder sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y en toda la tierra. Reinará sobre los animales terrestres, y sobre todos los animales que se arrastran por el suelo» Así que Dios creó al ser humano a su imagen y semejanza, creó al varón y a la mujer. Y los bendijo diciendo: «Tengan muchos hijos para así poblar el mundo y ejercer control sobre él: dominando a los peces del mar, a las aves del cielo y a todo ser vivo que existe en la tierra». (Génesis 1: 26-28) Dios le ha dado al ser humano poder y dominio sobre la creación para que ejecute la voluntad de Dios y esto se hizo antes de que Adán y Eva decidieran pecar; al ceder a la tentación y pecar, entregaron el derecho de poder y dominio a Satanás; sin embargo cuando Jesucristo venció al diablo en la Cruz del Calvario, le quitó el poder y dominio sobre las cosas y sobre las personas y en un voto de confianza le entregó ese poder y dominio a la Iglesia. Satanás sigue engañando a los hijos de Dios haciéndoles creer que él tiene en sus manos el señorío y usa a personas que están de su lado para tomar control y ejercer toda clase de maldad; sin embargo la Palabra de Dios dice: “Pido también que les sean iluminados los ojos del corazón para que sepan a qué esperanza él los ha llamado, cuál es la riqueza de su gloriosa herencia entre los santos, y cuán incomparable es la grandeza de su poder a favor de los que creemos. Ese poder es la fuerza grandiosa y eficaz que Dios ejerció en Cristo cuando lo resucitó de entre los muertos y lo sentó a su derecha en las regiones celestiales, muy por encima de todo gobierno y autoridad, poder y dominio, y de cualquier otro nombre que se invoque, no sólo en este mundo sino también en el venidero. Dios sometió todas las cosas al dominio de Cristo, y lo dio como cabeza de todo a la iglesia. Ésta, que es su cuerpo, es la plenitud de aquel que lo llena todo por completo.” (Efesios 1: 18-23 NVI).

Si estamos en Cristo, entonces gobernamos con Él, estamos aquí, en esta tierra para traer el gobierno de Dios y no permitir que Satanás siga haciendo de las suyas. ¿Y cómo vamos a lograrlo? Clamando día y noche para que el Reino de Dios venga a tu vida, tu esposo/a, hijos, familia, ciudad, etc., para que Su voluntad sea hecha. Jesucristo ha vencido y está por encima de todo y Dios le dio un Nombre que es sobre todo nombre “para que ante el nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.” (Filipenses 2: 10 ,11 NVI) Jesucristo tiene toda autoridad sobre todo y nos ha delegado esa autoridad a Sus hijos. “Toda autoridad me ha sido dada sobre los cielos y sobre la Tierra. Y tal como mi Padre me ha enviado, también yo los envío a ustedes.(Matero 28: 18 Sy Español). Todos somos enviados para realizar lo que Cristo realizó y para traer el Reino de Dios a la tierra. "Créanme que Yo estoy en el Padre y el Padre en Mí; y si no, crean por las obras mismas. "En verdad les digo: el que cree en Mí, las obras que Yo hago, él las hará también; y aun mayores que éstas hará, porque Yo voy al Padre. "Y todo lo que pidan en Mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. "Si Me piden algo en Mi nombre, Yo lo haré.” (Juan 14: 11-14 NBLH) Si Jesús lo dice, yo lo creo, entonces sólo me queda empezar a ejecutar su obra y declarar con fe y firmeza: “Venga tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como se hace en el cielo.” Amén.

martes, 22 de junio de 2010

ACERCA DEL PODER DE LA LENGUA

ACERCA DEL PODER DE LA LENGUA
Quiero darte algunos versículos de la Biblia que hablan por sí solos acerca del poder de la lengua. Pon atención y entiende, porque tu vida está en poder de tu lengua.
“La lengua tiene poder sobre la vida y la muerte, aquellos que la gobiernan han de comer sus frutos.” (Proverbios 18: 21 TKIM-DE) Las palabras que hablamos son frutos con los que nos alimentamos; si son buenas palabras, viviremos, pero si son malas palabras, entonces, moriremos. Las buenas palabras activan la vida, elevan las defensas en nuestro cuerpo, nos fortalecen, sincronizan nuestras células para que nuestro cuerpo mantenga su vigor y salud. “Él (Dios) sacia tu boca con cosas buenas, así tu juventud se renueva como la del águila.” (Salmo 103: 5 TKIM-DE). Cuando de nuestros labios salen cosas buenas nuestro cuerpo empieza a rejuvenecerse, a renovarse, porque activamos la vida. ¡Qué buena terapia! Encontramos el elixir de la vida. La vida eterna también depende de lo que declares con tu boca: “¿Qué afirma entonces? "Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón." Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo.” (Romanos 10: 8 -10 NVI) Confiesa a Jesucristo como tu Señor y Salvador, arrepiéntete de tus pecados y toma la decisión de obedecerle, que venga el Reino de Dios a tu vida para que la voluntad del Todopoderoso sea hecha en ti.

“La palabra amable es árbol de vida; la palabra perversa destruye el espíritu.” (Proverbios 15: 4 PDT). Quien sabe hablar palabras amables (agradables, afectuosas) sabe dar vida, para sí mismo y para quienes las escuchen; pero la palabra malvada o perversa destruye a la persona en su fuero interno, en su espíritu. Jesús dijo: “El Espíritu da vida; la carne no vale para nada. Las palabras que les he hablado son espíritu y son vida.” (Juan 6: 63 NVI). Jesús hablaba palabras que eran espíritu y vida, porque el espíritu es el que da vida; sin embargo una palabra perversa puede anular o destruir el espíritu. ¿Te das cuenta cuán poderosa en la palabra? “Panal de miel son las palabras amables: endulzan la vida y dan salud al cuerpo.” (Proverbios 16: 24 NVI). Tú puedes cambiar la vida de las personas y traerles sanidad a sus cuerpos si tan sólo viertes palabras amables, dulces, de buen gusto, no estoy hablando de lisonjas, sino de palabras que declaren el buen deseo para las personas. “Hay quien, hablando, hiere como espada; la lengua de los sabios es medicina.” (Proverbios 12: 18 CAB). Si tus palabras son habladas con sabiduría pueden llegar a ser la mejor medicina para las personas, pero si son habladas a la ligera pueden dañar severamente y hasta causar la muerte emocional o anímica en la persona.

“Pero yo les digo que en el día del juicio todos tendrán que dar cuenta de toda palabra ociosa que hayan pronunciado. Porque por tus palabras se te absolverá, y por tus palabras se te condenará." (Mateo 12: 36, 37 NVI) En el día del juicio, que con seguridad habrá ese día, TODOS vamos a tener que dar cuenta ante Dios de nuestras palabras y de acuerdo a ellas vamos a recibir la condenación o la absolución. “Con el corazón se cree para alcanzar la justicia, y con la boca se confiesa para obtener la salvación.” (Romanos 10: 10 BPD) Lo que dice nuestra boca nos puede salvar, no solamente para vida eterna, sino que nos puede salvar de situaciones engorrosas aquí y ahora. Por eso es de suma importancia que prestemos la debida atención a lo que hablamos. “El que pone un guardia a su boca y a su lengua, se libra de muchos tormentos.” (Proverbios 21: 23 BL 95).

Todo el que habla, que hable de acuerdo a la palabra de Dios, y todo el que ministra, que ministre según el poder que Dios le da, para que en todo lo que ustedes hagan, Dios sea glorificado por medio de Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y la honra por siempre y para siempre. Amén.” (1ª Pedro 4: 11 SyEspañol). Debemos hablar siempre de acuerdo a la Palabra de Dios para que Jesucristo sea glorificado. “Ellos lo vencieron con la sangre del Cordero, con su palabra y con su testimonio, pues hablaron sin tener miedo a la muerte.” (Apocalipsis 12: 11BL 95) Al acusador, al diablo, se lo vence con la Palabra de Dios que da testimonio del Cordero que derramó Su Sangre en propiciación por nuestros pecados. Hablar la Palabra de Dios, con la misma fe de Dios, así como las habló Jesucristo cuando fue tentado, echa fuera a Satanás de nuestras vidas.

Nuestra lengua debe empezar a proclamar continuamente alabanzas al único y Santo Dios y confesar el Nombre de Jesucristo, porque esa es la mejor alabanza. “Así que ofrezcamos continuamente a Dios, por medio de Jesucristo, un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de los labios que confiesan su nombre." (Hebreos 13: 15 NVI) De nuestra boca debe salir continuamente alabanzas a Dios, aunque no sintamos hacerlo, porque si decidimos alabarlo a pesar de las adversidades, Él será glorificado. “El sacrificio de alabanza me glorifica; y a aquel que vaya por la senda correcta Yo enseñaré la salvación de Elohim." (Salmo 50: 23 TKIM –DE) El sacrificio de alabanza brota de los labios que reconocen quién es Jesucristo y cuán incomparablemente valioso es para nuestras vidas el sacrificio que Él hizo en la cruz del Calvario. “Te ofreceré sacrificio de alabanza, e invocaré el nombre de Jehová.” (Salmo 116: 17 RVG-R) Por la eternidad retumbará nuestra alabanza al único que es digno, a Jesucristo el Vencedor. “Y oí a cuanta criatura hay en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra y en el mar, a todos en la creación, que cantaban: "¡Al que está sentado en el trono y al Cordero, sean la alabanza y la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos!" (Apocalipsis 5: 13 NVI) Amén y amén.

jueves, 27 de mayo de 2010

LA LENGUA ES COMO UN TIMÓN

LA LENGUA ES COMO UN TIMÓN
“Fíjense también en los barcos. A pesar de ser tan grandes y de ser impulsados por fuertes vientos, se gobiernan por un pequeño timón a voluntad del piloto. Así también la lengua es un miembro muy pequeño del cuerpo, pero hace alarde de grandes hazañas. ¡Imagínense qué gran bosque se incendia con tan pequeña chispa!”
(Santiago 3: 4,5)
En estos versículos, el apóstol Pablo compara la lengua con el timón de un barco, que es pequeño comparado con la nave, sin embargo se encarga de dirigir el curso de ella por la ruta correcta o equivocada, según el piloto la gobierne. Cada persona es el piloto de su embarcación y la lengua es el timón, el conductor moverá el timón a la dirección que le plazca, si conduce bien, llegará a destino y si conduce mal, se atendrá a las consecuencias, que puede ser un fatal naufragio. Cada persona (piloto) decide qué pensar y qué decir, de esa forma va dirigiendo su embarcación a un puerto seguro o irá a la deriva sin un rumbo fijo.

“El que mucho habla, mucho yerra; el que es sabio refrena su lengua.” (Proverbios 10: 19 NVI). El hombre prudente o sabio sabrá frenar su lengua para que no hable demasiado, porque en medio de esas palabras puede haber algunas que salen y son veneno porque contamina a los oyentes; éstas pueden ser palabras negativas o perversas de las cuales vamos a tener que lamentar después de haberlas dicho y ustedes saben que “palabra suelta, no tiene vuelta”. Cuando la palabra es soltada cumple su objetivo, si es soltada para bendición, eso hará, pero si es soltada para maldición, también cumplirá su cometido; pero no todo está perdido, podemos aplicar un antídoto contra el veneno y es arrepentirnos de lo que hemos dicho para maldición, pedir perdón a Dios y en algunos casos a la persona y luego empezar a derramar cataratas de bendiciones para anular el efecto nocivo. Si al contrario, fueron otras personas quienes lanzaron palabras de maldición o negativas sobre nuestras vidas, debemos perdonarlas y pedirle a Dios que las perdone, de este modo quitamos la ofensa del cielo porque el perdón libera, o suelta, o desata tanto al ofensor como al ofendido; luego rechazamos esas palabras y declaramos que quedan sin efecto y desatamos bendición sobre nosotros y también sobre la otra persona; recuerda que deben ser cataratas de bendiciones.

No toda palabra de maldición ha sido dicha con ese propósito, pero ha sido dicha lamentablemente en despropósito, sin que se haya detenido a pensar antes de hablar. Muchas maldiciones vienen de los padres, cónyuges, profesores, pastores, líderes y amigos, no porque realmente ellos quieran maldecirnos, sino porque no han medido sus palabras o no saben hablar el lenguaje del Reino de Dios que son palabras de vida que provienen de un corazón lleno de la fe de Dios. Algunas palabras de maldición son dicha por la misma persona para su persona. Entre ellas pueden ser por ejemplo: “No creo que puedas realizar ese trabajo”, “qué tonta/o soy”, “Eres un flojo/a no has hecho tu tarea”, “me quiero morir”, “él /ella siempre es así (floja/o, renegón/a, mentiroso/a, etc.). Como puedes ver, estas palabras no parecen muy nocivas, sin embargo van formando estorbos en nuestra vida, a tal punto que pueden bloquear nuestro progreso. Es importante considerar algunas palabras que hemos dicho o nos han dicho, no con el ánimo de amargarnos, sino más bien con el deseo de liberarnos y liberar a otras personas.

Tú eres el piloto de tu vida hasta que decidas entregarle el timón al Espíritu Santo para que Él dirija tu barco. Si eres hijo/a de Dios tienes que dejarle a Cristo a través del Santo Espíritu de Dios que gobierne tu vida y si todavía no te has rendido a Jesucristo, hazlo ahora y dile: Señor Jesús, me rindo a Ti, ven a mi vida y sé el Señor y piloto de ella. Te pido que me perdones por las ofensas cometidas contra ti y te recibo como mi Salvador y Señor, quiero hacer tu voluntad a partir de ahora, ven y vive tu vida en mí. Gracias Padre Eterno por recibirme como tu hijo/a. En el nombre de Jesucristo, mi Señor y Salvador, amén.

Has tomado una decisión que sólo los valientes son capaces de hacerlo y ahora Dios te ve como una persona justa. “Porque Dios tomó a Cristo, que de sí mismo no conocía el pecado, y le hizo cargar con el nuestro como si fuera suyo; de esta forma, a nosotros, libres ya de toda culpa, Dios nos declara justos.” (2ª Corintios 5: 21 CAS). Empieza a hablar y actuar como justo/a, créele a Dios. Si todavía quedan resabios en ti, no te angusties, entrégale tus imperfecciones a Cristo y dile al Espíritu Santo que te ayude en tu debilidad. Ya no manejes tu vida, sino que cada día dile a tu espíritu que tome su lugar y se sujete al Espíritu Santo, a tu alma dile que ocupe su lugar y que se sujete a tu espíritu; y a tu cuerpo que se sujete a tu alma, para que todo tu ser esté unido al Espíritu Santo de Dios. Ahora empieza a pensar y hablar como una persona justa. “La boca del justo imparte sabiduría, y su lengua emite justicia." (Salmo 37: 30). Dile a Dios, lo mismo que el rey David le dijo en el salmo 19: 14 “Sean, pues, aceptables ante ti mis palabras y mis pensamientos, oh Señor, roca mía y redentor mío.” Recuerda que nadie puede pensar tus pensamientos, así que “lleva cautivo todo pensamiento para que se someta a Cristo.” (2ª Corintios 10: 5b). De este modo podrás controlar tu lengua y ser de bendición a quienes te oigan.

miércoles, 19 de mayo de 2010

EL PODER DE LA LENGUA

EL PODER DE LA LENGUA
La lengua tiene poder sobre la vida y la muerte, aquellos que la gobiernan han de comer sus frutos. (Proverbios 18: 21 TKIM-D)
Las palabras que hablamos son de suma importancia, pues entre lo que decimos y lo que nos sucede hay una estrecha relación. Las palabras que hablamos pueden traer sobre nuestras vidas y sobre quienes nos oyen sanidad, liberación, consuelo, restauración o también destrucción, odio, maldición o bendición, vida o muerte. “Hay quienes hablan como dando estocadas de espada; mas la lengua de los sabios es medicina.” (Proverbios 12: 18 RVG-R). Existen dos clases de personas que hablan, sólo dos, pero el resultado es totalmente diferente: Unos hablan para dar muerte o para herir, o destruir, estos son como el ladrón que Jesús nos muestra en Juan 10: 10 “Cuando el ladrón llega, se dedica a robar, matar y destruir. Yo he venido para que todos ustedes tengan vida, y para que la vivan plenamente.” (BLS) Las palabras del sabio, del hijo de Dios que es sabio - nota que estoy diciendo, “el hijo de Dios que es sabio”, porque puede haber hijos de Dios que no son sabios, sino insensatos en su manera de pensar, hablar y vivir- estas palabras de los hijos de Dios que son sabios curan, dan alivio, son de consuelo y producen vida porque provienen del dador de vida, Jesucristo. Quizá preguntes con legítima razón: ¿Acaso los hijos de Dios pueden hablar palabras que producen muerte? Absolutamente SÍ, porque están hablando influenciados por su alma y no por el espíritu. Dios sólo se comunica con el espíritu de la persona que se deja guiar por el Espíritu Santo.
“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos (maduros) de Dios. Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: "¡Abba! ¡Padre!" (Romanos 8: 14, 15). Los hijos maduros son aquellos que gobiernan su alma poniéndola en sujeción a su espíritu que a la vez está sujeto al Espíritu Santo de Dios, ya no son guiados por sus emociones o razonamientos, sino que mueren a su “EGO” cada día para que Cristo los gobierne por medio del Santo Espíritu, pues Él conoce la mente de Cristo, piensa como Dios y trae esa mente a los hijos de Dios que quieren pensar como Cristo.

"El ser humano sabe domar y, en efecto, ha domado toda clase de fieras, de aves, de reptiles y de bestias marinas; pero nadie puede domar la lengua. Es un mal irrefrenable, lleno de veneno mortal. Con la lengua bendecimos a nuestro Señor y Padre, y con ella maldecimos a las personas, creadas a imagen de Dios. De una misma boca salen bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así. ¿Puede acaso brotar de una misma fuente agua dulce y agua salada? Hermanos míos, ¿acaso puede dar aceitunas una higuera o higos una vid? Pues tampoco una fuente de agua salada puede dar agua dulce. ¿Quién es sabio y entendido entre ustedes? Que lo demuestre con su buena conducta, mediante obras hechas con la humildad que le da su sabiduría. Pero si ustedes tienen envidias amargas y rivalidades en el corazón, dejen de presumir y de faltar a la verdad. Ésa no es la sabiduría que desciende del cielo, sino que es terrenal, puramente humana y diabólica. Porque donde hay envidias y rivalidades, también hay confusión y toda clase de acciones malvadas. En cambio, la sabiduría que desciende del cielo es ante todo pura, y además pacífica, bondadosa, dócil, llena de compasión y de buenos frutos, imparcial y sincera. En fin, el fruto de la justicia se siembra en paz para los que hacen la paz." (Santiago 3: 7-18 NVI).
Hablamos de dos diferentes clases de personas, unas son sabias en lo terrenal y las otras en lo celestial; unas tienen la sabiduría que es terrenal, puramente humana y diabólica; las otras tienen la sabiduría celestial que produce paz, bondad, docilidad, compasión, que produce buenos frutos, frutos de justicia; es imparcial y sincera. De acuerdo a la sabiduría que gobierne el corazón de las personas, ellas van a hablar, ya sea para vida o para muerte, para bendición o maldición. El apóstol Santiago nos dice que ya no podemos seguir hablando tanto bendición y maldición por nuestra misma boca; debemos por lo tanto pedirle a Dios como lo hizo el salmista David: “SEÑOR, pon guarda a mi boca; Vigila la puerta de mis labios.” (Salmo 141: 3 NBLH). Humanamente no vamos a poder controlar nuestra boca, por eso debemos cada día entregar nuestra lengua y nuestros pensamientos a la dirección del Espíritu Santo. El poder de nuestra boca cuando la abrimos para hablar puede ser mortífero. “Así también la lengua es un miembro muy pequeño del cuerpo, pero hace alarde de grandes hazañas. ¡Imagínense qué gran bosque se incendia con tan pequeña chispa! También la lengua es un fuego, un mundo de maldad. Siendo uno de nuestros órganos, contamina todo el cuerpo y, encendida por el infierno, prende a su vez fuego a todo el curso de la vida.” (Santiago 3: 5,6) Debemos vigilar o poner atención a las palabras antes de decirlas, para ello, debemos cuidar bien nuestros pensamientos, es preferible permanecer callado meditando la Palabra de Dios que dar atención a vanas y ociosas palabras de quienes nos rodean. La mente de Cristo no recibe las palabras que no provienen de Dios. En Marcos 4: 24 dice mirad lo que oís, es decir estén atentos a lo que oyen para no introducir veneno en sus mentes y que después salga por la boca. Estamos llamados a ser bendición, porque somos herederos de bendición. “No devuelvan mal por mal ni insulto por insulto; más bien, bendigan, porque para esto fueron llamados, para heredar una bendición. En efecto, "el que quiera amar la vida y pasar días felices, guarde su lengua del mal y sus labios de proferir engaños. Apártese del mal y haga el bien; busque la paz y sígala. ” (1ª Pedro 3: 9, 10).

sábado, 6 de junio de 2009

HABLA SÓLO PALABRAS DE VIDA

HABLA SÓLO PALABRAS DE VIDA
"Los fariseos se fueron entonces y se pusieron a consultar entre sí el modo de enredar a Jesús en sus propias palabras, y de hacerle decir algo que lo comprometiera." (Mateo 22: 15 CAS)

Las palabras que decimos nos comprometen, no sólo en el ámbito natural, sino también, y con mayor fuerza en el ámbito espiritual. Todo lo que decimos queda registrado, Cristo dijo: “Esto os digo: en el día del juicio, los hombres tendrán que rendir cuentas de cualquier palabra inútil que hayan pronunciado.” (Mateo 12: 36) Las palabras inútiles, vanas u ociosas son palabras que lanzamos para herir a otros, o que tienen la intención de dañar y por lo tanto no pueden producir buenos resultados. En este contexto, Jesús se está refiriendo a los fariseos que lo acusaban de estar inspirado por Satanás, pero también engloba a todos los seres humanos. Nuestras palabras tienen que ser dichas con sabiduría, por eso es urgente que pidamos a Dios todos los días que nos dé espíritu de sabiduría, para no apresurarnos en hablar, porque los emisarios de Satanás están esperando que salgan las palabras de nuestra boca para tomarlas –si son palabras que provienen del infierno interno que podamos tener- y luego ejecutarlas en nuestra contra. De igual forma, si pronunciamos las palabras que provienen de Dios, éstas vuelven a Dios y son ejecutadas a nuestro favor. Jesús hablaba sólo las Palabras de Dios, no lo que Su humanidad le dictaba, porque Él se dejaba gobernar por el Espíritu de Dios, fue por eso que los sabuesos fariseos no pudieron hacerle caer en la trampa de las palabras.

“El que mucho habla, mucho yerra; el que es sabio refrena su lengua.” (Proverbios 10: 19) La persona sabia sabe controlar su lengua y cuando habla lo hace acertadamente sin pretender que tiene la última palabra; acepta otras sugerencias, sopesa cada razonamiento y separa lo que está bien de lo que está mal. Los fariseos quisieron tenderle una trampa a Jesús y le dijeron: “Danos tu opinión: ¿Está permitido pagar impuestos al césar o no? Conociendo sus malas intenciones, Jesús replicó: --¡Hipócritas! ¿Por qué me tienden trampas? Muéstrenme la moneda para el impuesto. Y se la enseñaron. --¿De quién son esta imagen y esta inscripción? --les preguntó. –Del césar –respondieron. –Entonces denle al césar lo que es del césar y a Dios lo que es de Dios. Al oír esto, se quedaron asombrados. Así que lo dejaron y se fueron.” En nuestro diario vivir nos vamos a encontrar con personas que van a querer nuestra opinión, no con el ánimo sincero, sino que en algunos casos para justificar alguna conducta incorrecta y si no somos sabios para responder, puede que caigamos en sus trampas. Si no tenemos una respuesta dirigida por el Espíritu de Dios en ese momento, es preferible no responder y ser sinceros diciéndoles que llevaremos el caso delante de Dios para que nos dé entendimiento y que nos revele cuál es Su respuesta; o decirles que ellos busquen directamente a Dios con corazón sincero.

“Yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió me ordenó qué decir y cómo decirlo. Y sé muy bien que su mandato es vida eterna. Así que todo lo que digo es lo que el Padre me ha ordenado decir.” (Juan 12: 49, 50 NVI) Si Jesús no hablaba lo que le venía en ganas, cuánto más nosotros debemos hablar sólo lo que Dios ponga en nuestra boca, para ello es importante saturarnos de la Palabra de Dios. Cristo dijo que comiéramos Su carne y bebiéramos Su sangre para tener vida eterna (Juan 6: 51), porque Él es la Palabra hecha carne. Su vida viene a nosotros por medio de Su Palabra y sólo así vamos a poder hablar vida. No debemos distraernos en lo que nos pasó, o nos pasa, sino más bien, introduzcámonos en la Palabra, Ella se encargará de limpiar y curar nuestra alma, pero ésta debe alinearse con nuestro espíritu para conocer más de Dios y de Jesucristo.

“Las palabras que decimos con nuestra lengua son como el fuego. Nuestra lengua tiene mucho poder para hacer el mal. Puede echar a perder toda nuestra vida, y hacer que nos quememos en el infierno.” (Santiago 3: 6). Cuando le permitimos al Espíritu Santo gobernar nuestros pensamientos y decidimos obedecer a la Palabra de Dios, nuestra lengua va a poder ser refrenada y usada para ser de bendición para nosotros y para otros. Recordemos que nuestras palabras nos van a absolver o condenar. Entonces es un caso de vida o muerte y como somos sabios, elegiremos la vida, hablando sólo palabras de vida que provienen del Verbo hecho carne. Si permanecemos unidos a Cristo, lo que brotará de nuestros labios será bendición para nosotros y quienes nos escuchen. Consagremos nuestros pensamientos y nuestra boca al Señor Jesucristo.

“Que habite en ustedes la palabra de Cristo con toda su riqueza: instrúyanse y aconséjense unos a otros con toda sabiduría; canten salmos, himnos y canciones espirituales a Dios, con gratitud de corazón.” (Colosenses 3: 16) Sigamos este consejo y hagamos que la Palabra de Dios entre en nosotros para quedarse, para que se haga nuestra vida, de tal forma que todo nuestro ser sea Palabra de Dios, porque así era Jesús, el Verbo encarnado. Él era lo que Sus Palabras decían, no podía ser otra cosa porque era la Palabra hecha carne y esa Palabra ya está en nosotros Sus hijos/as como una semilla, sólo debemos desarrollarla alimentándonos de Palabra y Palabra de Dios todo el tiempo. El pueblo de Israel en el desierto tenía como único alimento el maná, no sólo porque no había otra cosa, porque Dios podía darles otra clase de comida y en efecto les dio cuando insistieron, sino porque en el maná estaban los nutrientes que los mantendrían saludables y fortalecidos en el desierto; así es la Palabra de Dios, es la única que nos va a mantener con vida y vida eterna, fortalecidos en Cristo para resistir cualquier ataque del diablo.