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viernes, 17 de abril de 2009

SAL Y LUZ DE LA TIERRA

TÚ HAS SIDO LLAMADA/O PARA SER SAL Y LUZ DE LA TIERRA
"Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve insípida, ¿cómo recobrará su sabor? Ya no sirve para nada, sino para que la gente la deseche y la pisotee. "Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad en lo alto de una colina no puede esconderse. Ni se enciende una lámpara para cubrirla con un cajón. Por el contrario, se pone en la repisa para que alumbre a todos los que están en la casa. Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que está en el cielo.
(Mateo 5: 13 -16)
Jesucristo dejó Su Cuerpo, que es Su Iglesia, aquí en la tierra para darle sabor, el sabor característico del reino de Dios, por eso cuando Él enseñó el “Padre Nuestro” mandó que trajeran los diseños del cielo a la tierra, cuando dijo, “venga tu reino, sea hecha tu voluntad aquí en la tierra, así como se hace en los cielos”. Según el orden de prioridades, en la oración enseñada por el Señor Jesucristo, viene primero la declaración de la santidad de Dios, el reconocimiento de quién es Dios y luego la petición para que venga Su gobierno a esta tierra; este gobierno es el que dará sabor de vida porque preservará la vida misma implantando la Vida de Dios en los corazones de las personas. Sin embargo, si Los hijos de Dios siguen la corriente de este sistema mundial, van perdiendo su sabor, entonces se volverán el hazme reír de los hijos del diablo y la maldad se incrementará. El diablo es el príncipe de este mundo, pero nosotros, los hijos de Dios, estamos aquí para marcar la diferencia y no para seguir la corriente satánica con todos sus fugaces encantos. La Iglesia de Cristo tiene que implantar la cultura del reino de Dios y dar sabor a la tierra.

Nuestra tarea es sazonar la sociedad que está corrompida, es darle el sabor de reino de Dios, es empezar a gobernar según los decretos celestiales, es traer el cielo a la tierra. Implantar la cultura del Reino es decretar los diseños de Dios para esta tierra. No vamos a pelear contra el príncipe de este mundo, él ya está vencido, vamos a establecernos como una cultura celestial que asienta sus bases en este planeta y si el diablo quiere hacernos frente y no ceder territorio, entonces tomamos las armas poderosísimas y le ordenamos retirarse del lugar donde nosotros nos plantemos. “Porque así como las aguas cubren los mares, así también se llenará la tierra del conocimiento de la gloria del Señor.” (Habacuc 2: 14 NVI). Esta declaración es para este tiempo porque la gloria de Dios ha de verse en cada hijo suyo. La luz de Dios se alzará y brillará manifestando la justicia de Dios y quebrando el yugo de injusticia satánica debido a la unción de los manifestadores del Reino de Dios. Entonces el temor, el miedo que no permitía levantar la luz de Dios huirá, y vendrá el reverente temor a Dios en todos Sus hijos y brillarán como antorchas en medio de la oscuridad, entonces la santidad a Dios se podrá ver en sus vidas porque Dios mismo los guardará, porque ellos guardaron sus vidas y sus pensamientos para Dios.

Levántate Iglesia y brilla, porque el Sol de Justicia está sobre ti. Ha llegado tu tiempo. Este es el tiempo, es el tercer día, es la resurrección, es la gloria de Dios sobre la Iglesia. La oscuridad que ha invadido la tierra empieza a desvanecerse porque viene el día, brilla el sol y Su Gloria se manifiesta. Es tiempo de preparar los graneros porque viene la lluvia que madurará los frutos. Esfuérzate por conocerlo. Busca Su presencia. Toma autoridad, empieza a traer los diseños de Dios a la tierra. Gobierna, toma ciudades, pide naciones para Cristo, porque tu tiempo ha llegado. La gloria de la resurrección está sobre ti. La lluvia tardía traerá sanidad y restauración y bañará el desierto y brotará la vida. Alza tu voz y no calles. Es hora de arrepentimiento y clamor. Es hora de no mirar atrás, es hora de avanzar, porque lo que está en ruinas tiene que reedificarse. La sociedad corrompida tiene que sanarse. Tus hijos pródigos volverán. Extiende tus brazos para recibirlos. Ensánchate y avanza. Alcanza a los débiles e infúndeles fuerza; a los atormentados dales paz. Gobierna con cetro de justicia y lazos de amor. “¡Vengan, volvámonos al Señor! Él nos ha despedazado, pero nos sanará; nos ha herido, pero nos vendará. Después de dos días nos dará vida; al tercer día nos levantará, y así viviremos en su presencia. Conozcamos al Señor; vayamos tras su conocimiento. Tan cierto como que sale el sol, él habrá de manifestarse; vendrá a nosotros como la lluvia de invierno, como la lluvia de primavera que riega la tierra.” (Oseas 6: 1-3)

“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: "¡Abba! ¡Padre!" El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria.” (Romanos 8: 14 – 17). Los hijos maduros de Dios se dejan guiar por el Espíritu Santo y el temor huye de ellos, empiezan a gobernar decretando los diseños de Dios para esta tierra y la voluntad de Dios se establece, Su luz brilla y la sal empieza a detener la corrupción por los decretos de los hijos de Dios. La luz descubre lo escondido y las tinieblas huyen porque la justicia de Dios se manifiesta. Los hombres malos aborrecen la luz porque no quieren ser descubiertos en sus maldades. La Iglesia del tercer milenio debe levantarse y gobernar en el Nombre de Jesucristo, “porque toda la creación está confiada y expectante por la manifestación de los hijos de Dios” (Romanos 8: 19) Este es el tiempo de la manifestación gloriosa de los hijos de Dios.

miércoles, 25 de febrero de 2009

LA VICTORIA DEL CALVARIO

LA VICTORIA DEL CALVARIO
"Antes, ustedes estaban muertos, pues eran pecadores y no formaban parte del pueblo de Dios. Pero ahora Dios les ha dado vida junto con Cristo, y les ha perdonado todos sus pecados. La ley escrita estaba en contra de nosotros, pero Dios le puso fin por medio de la muerte de Cristo en la cruz. Dios les quitó el poder a los espíritus que tienen autoridad, y por medio de Cristo los humilló delante de todos, al pasearlos como prisioneros en su desfile victorioso."
(Colosenses 2: 13-15 BLS)
Cuando Dios creó a Adán y Eva, les dio toda autoridad sobre lo creado. (Génesis 1: 28). Ellos eran los gobernantes absolutos sobre la tierra y debían traer el gobierno del cielo a la tierra. Eran los encargados de extender la cultura del reino de los cielos a este planeta. Por medio de ellos, cielo y tierra se unían y la voluntad de Dios se manifestaba. Pero, un día, Satanás se interpuso y astutamente hizo que Adán cediera su señorío al diablo. ¿Qué pasó? Adán decidió ser leal a Satanás y ya no a Dios. A partir de ese momento, su nuevo amo tenía derecho legal sobre ellos y sobre toda su descendencia. Dios no podía intervenir, porque Él respeta Sus leyes y si esa era la decisión del hombre, Dios la respetaba, a pesar de no ser la correcta. La tierra que Dios le dio al hombre fue traspasada a Satanás, pero ese no iba a ser su destino final, porque Dios había establecido que esta tierra le perteneciera a la raza humana, pero, ¿cómo recuperarla legalmente? Sólo un Hombre a la semejanza de Adán, pero sin la mancha del pecado, de la contaminación satánica, sólo Él legalmente podía recuperarla.

"Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación; sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros, y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios." (1ª Pedro 1: 17 -21 RV60)
Entonces Dios, quien ya había destinado a Su Hijo desde antes de la fundación del mundo, para que fuese quien nos rescatase del yugo de esclavitud, llegado el momento, lo envió a rescatarnos; y vanos fueron los intentos de Satanás por destruirlo o hacerlo pecar, porque Jesús de Nazaret se mantuvo sin pecado. Satanás en su saña por destruir al Dios Hombre, lo llevó hasta la más cruenta y horrible muerte, la muerte de cruz, pensando que en algún momento se iba a romper el vínculo entre el Padre y el Hijo, pero sus expectativas se desvanecieron cuando se escucharon la palabras: “Consumado es”. Estas palabras retumbaron por todo el universo, estremeciendo inclusive los cimientos del infierno y paralizando de miedo e impotencia al líder de la pandilla infernal, Satanás, alias el diablo y a todo su ejército, quienes habiendo sido derrotados, fueron despojados de su poder y humillados frente a todos los santos ángeles de Dios, mientras el Cristo los exhibía públicamente en Su Gran Desfile Triunfal, destruyendo al que tenía el poder de la muerte, esto es el diablo.
Ahora Jesucristo nos dice: "No tengas miedo. Yo soy el Primero y el Último, y el que vive. Estuve muerto, pero ahora vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del infierno.” (Apocalipsis 1: 18) Iglesia, ya no hay de qué temer porque Satanás está destruido, hace 2000 años atrás ya fue destruido, ya no tiene ningún poder. Celebra tu libertad y empieza a gobernar. Toma autoridad y empieza a reinar.

Cuando se escucharon la palabras: “Consumado es”, Satanás sabía lo que le esperaba, porque había dado muerte a un inocente, ya no había escapatoria, su trampa se volvió contra él. Todo derecho legal que tenía sobre la humanidad le fue quitado; todo poder sobre la raza adámica quedaba anulado, su señorío fue deshecho y su maldad fue manifiesta. “Por tanto, ya que ellos son de carne y hueso, él también compartió esa naturaleza humana para anular, (destruir, derogar, abolir, inutilizar) mediante la muerte, al que tiene el dominio de la muerte --es decir, al diablo--, y librar a todos los que por temor a la muerte estaban sometidos a esclavitud durante toda la vida.” (Hebreos 2: 14, 15 NVI). Como Cristo no tenía la naturaleza de Adán en sus genes, no era esclavo de Satanás, por lo tanto aun siendo totalmente humano, derrotó al diablo y le quitó el derecho que tenía sobre nosotros. ¡Aleluya! Somos libres del tirano y nada tenemos con él, así como Jesucristo nada tenía con el príncipe de este mundo. "No hablaré mucho más con ustedes, porque viene el príncipe (gobernante) de este mundo, y él no tiene nada en Mí” (Juan 14: 30 NBLH). Las cadenas ya han sido rotas y el poder de Satanás ya ha sido anulado y toda autoridad ha vuelto a los hijos de Dios.

Entonces, ¿por qué todavía el diablo sigue haciendo de las suyas? Porque el diablo ha sometido a las personas por engaño, que es lo único que sabe hacer y les ha hecho creer que él todavía tiene poder, cuando en realidad ya ha sido despojado de su poder, ahora sólo es un pobre diablo. Dios ha delegado a Su Iglesia la autoridad para extender Su reino. “Jesús se acercó entonces a ellos y les dijo: Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.” (Mateo 28: 18-20 NVI) Al Vencedor se le dio toda potestad en los cielos y en la tierra y Él nos ha dado la orden de avanzar y tomar posesión de lo que por derecho nos pertenece. “Ellos lo han vencido por medio de la sangre del Cordero y por el mensaje del cual dieron testimonio; no valoraron tanto su vida como para evitar la muerte.” (Ap. 12:11) Este mensaje es la victoria de Cristo en la cruz y la derrota de Satanás. A él no le gusta oír de su derrota. Dísela y declara tu libertad mediante la sangre del Cordero por Su victoria en la cruz. Aleluya.