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domingo, 19 de septiembre de 2010

VENGA TU REINO

VENGA TU REINO
“Venga tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como se hace en el cielo.” (Mateo 6: 10 PDT)

En la oración del Padre Nuestro, Jesús mostró cómo podemos traer a la tierra los diseños de Dios que están en los cielos. Muchos repiten esta oración sin que haga eco en el cielo, porque no la dicen creyendo que es posible que Dios pueda traer Su gobierno o reino a la tierra para que haya transformación a todo nivel, tanto personal, social, económico y que la tierra empiece a producir en abundancia. El gobierno de Dios sólo puede establecerse si lo pedimos con fe, creyendo que Dios va a transformar nuestras vidas, las vidas de nuestros amados, nuestra sociedad y nuestro país para que Su justicia sea hecha; podemos empezar a declarar por ejemplo: Que venga tu Reino sobre mi matrimonio, porque así como en los cielos el divorcio no es legal, tampoco sea legal en mi matrimonio, para que tu voluntad prevalezca; o también, que venga tu reino sobre mis hijos, para que Tu voluntad sea hecha en ellos y lo que Tú has determinado para ellos, se cumpla. Puedes declarar: Señor, que venga Tu Reino sobre mi nación para que tu justicia sea hecha, para que la corrupción que no es procedente en los cielos, tampoco lo sea en mi nación. O también declara: Señor que venga tu reino sobre mis finanzas, para que Tú manejes mi economía para la extensión de tu Reino y sea manifiesta tu justicia mientras doy a los necesitados; que mi mirada no esté puesta en el dinero que es corruptible, sino en tu Reino, que es incorruptible. Dios nos ha dado autoridad y nos enseñó cómo ejercerla: “Venga tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como se hace en el cielo.” Hay un profundo contenido en estas palabras y son la llave para bajar los diseños de Dios a esta tierra. ¿Quieres salud divina? Declara: Padre Eterno, que venga Tu Reino sobre mi cuerpo para que viva en salud divina y tu voluntad sea manifiesta en mi vida. En tu Reino no hay enfermedad, por lo tanto no acepto la enfermedad en mi vida, porque lo que no es procedente en Tu Reino, tampoco es procedente en mi cuerpo. Enséñame a cambiar mis hábitos alimenticios para no seguir dañando mi cuerpo y a vivir como ciudadana de Tu Reino. En el nombre de Jesucristo, amén.

Luego Dios dijo: «Ahora hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza. Tendrá poder sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y en toda la tierra. Reinará sobre los animales terrestres, y sobre todos los animales que se arrastran por el suelo» Así que Dios creó al ser humano a su imagen y semejanza, creó al varón y a la mujer. Y los bendijo diciendo: «Tengan muchos hijos para así poblar el mundo y ejercer control sobre él: dominando a los peces del mar, a las aves del cielo y a todo ser vivo que existe en la tierra». (Génesis 1: 26-28) Dios le ha dado al ser humano poder y dominio sobre la creación para que ejecute la voluntad de Dios y esto se hizo antes de que Adán y Eva decidieran pecar; al ceder a la tentación y pecar, entregaron el derecho de poder y dominio a Satanás; sin embargo cuando Jesucristo venció al diablo en la Cruz del Calvario, le quitó el poder y dominio sobre las cosas y sobre las personas y en un voto de confianza le entregó ese poder y dominio a la Iglesia. Satanás sigue engañando a los hijos de Dios haciéndoles creer que él tiene en sus manos el señorío y usa a personas que están de su lado para tomar control y ejercer toda clase de maldad; sin embargo la Palabra de Dios dice: “Pido también que les sean iluminados los ojos del corazón para que sepan a qué esperanza él los ha llamado, cuál es la riqueza de su gloriosa herencia entre los santos, y cuán incomparable es la grandeza de su poder a favor de los que creemos. Ese poder es la fuerza grandiosa y eficaz que Dios ejerció en Cristo cuando lo resucitó de entre los muertos y lo sentó a su derecha en las regiones celestiales, muy por encima de todo gobierno y autoridad, poder y dominio, y de cualquier otro nombre que se invoque, no sólo en este mundo sino también en el venidero. Dios sometió todas las cosas al dominio de Cristo, y lo dio como cabeza de todo a la iglesia. Ésta, que es su cuerpo, es la plenitud de aquel que lo llena todo por completo.” (Efesios 1: 18-23 NVI).

Si estamos en Cristo, entonces gobernamos con Él, estamos aquí, en esta tierra para traer el gobierno de Dios y no permitir que Satanás siga haciendo de las suyas. ¿Y cómo vamos a lograrlo? Clamando día y noche para que el Reino de Dios venga a tu vida, tu esposo/a, hijos, familia, ciudad, etc., para que Su voluntad sea hecha. Jesucristo ha vencido y está por encima de todo y Dios le dio un Nombre que es sobre todo nombre “para que ante el nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.” (Filipenses 2: 10 ,11 NVI) Jesucristo tiene toda autoridad sobre todo y nos ha delegado esa autoridad a Sus hijos. “Toda autoridad me ha sido dada sobre los cielos y sobre la Tierra. Y tal como mi Padre me ha enviado, también yo los envío a ustedes.” (Matero 28: 18 Sy Español). Todos somos enviados para realizar lo que Cristo realizó y para traer el Reino de Dios a la tierra. "Créanme que Yo estoy en el Padre y el Padre en Mí; y si no, crean por las obras mismas. "En verdad les digo: el que cree en Mí, las obras que Yo hago, él las hará también; y aun mayores que éstas hará, porque Yo voy al Padre. "Y todo lo que pidan en Mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. "Si Me piden algo en Mi nombre, Yo lo haré.” (Juan 14: 11-14 NBLH) Si Jesús lo dice, yo lo creo, entonces sólo me queda empezar a ejecutar su obra y declarar con fe y firmeza: “Venga tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como se hace en el cielo.” Amén.

domingo, 3 de enero de 2010

BUSQUEMOS EL REINO DE DIOS


BUSQUEMOS EL REINO DE DIOS
Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas.
(Mateo 6: 33)
Juan el Bautista empezó su ministerio con estas palabras: "Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca." (Mateo 3: 2). De la misma manera, Jesús comenzó a predicar diciendo: "Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca." (Mateo 4: 17). ¿Qué era lo que hacía acercarse al Reino de los cielos a la tierra en una época de confusión religiosa? La presencia de la Persona de Jesucristo, porque Él es tanto Reino y Rey de Su gobierno. Jesús estaba trayendo el Reino de los cielos a la tierra, estaba uniendo cielo y tierra para que se establezca la voluntad de Dios. Jesús estaba físicamente en la tierra, pero espiritualmente unido al Padre. “El Padre y yo somos uno.” (Juan 10: 30). Desde que Jesús vino a la tierra trajo los diseños del cielo para que sus hijos entren en el Reino y caminen conforme la voluntad de Dios. Al introducirnos en Cristo (Reino) nos fundimos en Él, para que Él se desarrolle mientras nosotros menguamos, dejamos de ser, para que Cristo sea en nosotros, eso es negarse y morir; pero lo maravilloso de esta negación y muerte es que empezamos a afirmarnos y a vivir, porque la vida empieza cuando estamos en Él. Físicamente seguimos siendo iguales, pero espiritualmente empieza una transformación que va a llegar a cambiar nuestra forma de ser y pensar; y lo que determina lo que somos es nuestro pensamiento. “No comas pan de hombre de mal ojo, ni codicies sus manjares; porque cual es su pensamiento en su alma, tal es él. Come y bebe, te dirá; mas su corazón no está contigo.” (Proverbios 23: 7 SSE). Los pensamientos forman nuestro carácter para bien o para mal y atraemos aquello que pensamos aunque hablemos otra cosa. Si nuestros pensamientos son los de Filipenses 4: 8 que dice: “Para concluir, hermanos, enfoquen sus pensamientos hacia todo lo que es verdad, noble, justo, puro, amable, admirable en alguna virtud o en algo digno de alabar.” (TKIM-D); entonces nuestro carácter será sincero, noble, justo, etc., porque nuestros pensamientos determinan nuestro carácter. Los pensamientos van formando estructuras en nuestro ser que pueden llegar a ser inquebrantables si no cambiamos nuestra forma de pensar. El único combo que quebranta la fortaleza de nuestra mente es el pensamiento correcto. Las fortalezas bloquean nuestra mente porque se forman por pensamientos incorrectos, ya sea de envidia, resentimientos, celos, temores y otros; pero cuando cambiamos nuestra forma de pensar hacia aquello que el apóstol Pablo nos aconseja en Filipenses, entonces esas fortalezas se derrumban y nuestra mente se despeja para poder pensar lo correcto. Nosotros decidimos qué pensar, nadie puede pensar por nosotros.

El Reino de Dios es espiritual y eterno, se gesta en el espíritu regenerado, pero a medida que se desarrolla va produciendo una transformación en nuestra alma también y por ende en nuestros pensamientos, entonces empezamos a desarrollar los pensamientos de Cristo porque nos dejamos guiar por el Espíritu Santo y así empezamos a unir cielo y tierra. Recuerden que Jesús era “Hombre”, así como era también Dios. Como Hombre necesitaba estar sujeto al Espíritu de Dios, porque así y sólo así iba a poder traer los diseños del cielo a esta tierra, y eso fue lo que hizo. Toda transformación, para que sea efectiva, debe empezar en el espíritu, no se trata de un esfuerzo mental, que puede ser efectivo, pero limitado, porque si el espíritu no es transformado, entonces la transformación no es completa; en cambio si empieza en el espíritu, de allí se expande a todo nuestro ser, porque somos en esencia espíritu, tenemos un alma y vivimos en un cuerpo. “El espíritu humano es la lámpara del Señor, pues escudriña lo más recóndito del ser.” (Proverbios 20: 27 NVI). Por eso Jesucristo le dijo a Nicodemo, en San Juan capítulo 3, que debía nacer de nuevo, debía nacer del espíritu y no del alma, porque es el espíritu regenerado que provee luz al alma donde están nuestros pensamientos. Cuando nuestro espíritu se une al espíritu de Dios a través del nuevo nacimiento, nos volvemos en la luz del mundo porque empezamos a irradiar amor, el amor de Dios. Empezamos a traer y mostrar el Reino de Dios a las personas, empezamos a ser transformadores, o como se dijo de los primeros cristianos, “trastornadores”. “Pero no hallándolos, trajeron a Jasón y a algunos hermanos ante las autoridades de la ciudad, gritando: Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá; a los cuales Jasón ha recibido; y todos éstos contravienen los decretos de César, diciendo que hay otro rey, Jesús.” (Hechos 17: 6,7).

El Reino de Dios es espiritual y lo espiritual gobierna sobre lo natural. Las leyes están primeramente instituidas en el mundo espiritual y luego se dan en el plano material. En esencia, el Reino de Dios es gobierno. Quienes entramos al Reino de Dios, entramos a ser gobernados por Su Rey, Jesucristo, para poder gobernar sobre las situaciones o circunstancias; para poder ser “trastornadores” , para cambiar la historia. Jesucristo cambió la historia de este mundo, a tal punto que a partir de Él se mide el tiempo de forma diferente, se dice: Antes de Cristo o después de Cristo, Él es el parámetro para medir el tiempo. Él es nuestra medida de crecimiento también. “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.” EL Reino de Dios se rige por el amor hacia Dios y hacia el prójimo y este amor tiene que saturar nuestros pensamientos para que la atmósfera que nos envuelve y transmitimos sea amor. “Dios es amor”; la atmósfera del Reino de Dios es amor y lo menos que puede fluir de Sus súbditos es amor. Este año 2010, Dios quiere que manifestemos Su carácter al mundo para que Su gloria sea vista, que nos volvamos a Sus diseños que fueron trazados por amor desde antes de la fundación del mundo y concluyó Su obra con la manifestación más grandiosa de Su amor: la Cruz. Recuerda que el amor es el gozne que mueve el Reino de Dios y también a cada súbdito de Su Reino.

domingo, 20 de diciembre de 2009

EL REINO DE DIOS



EL REINO DE DIOS
El Reino de Dios es el gobierno de un Rey, ese Rey es Jesucristo, Él es el soberano Señor sobre Su reino. Como Señor de Su reino, Él tiene cuidado que nada falte a sus súbditos por amor a Su Nombre. “El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes pastos me hace descansar. Junto a tranquilas aguas me conduce; me infunde nuevas fuerzas. Me guía por sendas de justicia por amor a su nombre.” (Salmo 23: 1-3). El nombre de Jesús revela Su naturaleza, quién es Él. Jesucristo es el que suple todas y cada una de nuestras necesidades. Esa confianza en Él es la que debemos reflejar los ciudadanos del Reino de Dios, reconociendo que nuestro Rey tiene cuidado de cada uno@ de nosotr@s en particular y está pendiente de todas nuestras necesidades para suplirlas. Este Reino es espiritual, nos da reposo para que Cristo pueda reposar en nosotros y hacer Su voluntad en nuestras vidas y Su voluntad en siempre buena, agradable y perfecta. (Romanos 12: 2)

El rey tiene dominio absoluto sobre sus ciudadanos. Lo que comen, lo que visten, dónde viven es del rey; la vida misma de cada ciudadano le pertenece al rey. Nos cuesta entender este concepto de reino, pues nosotros hemos nacido en un país supuestamente demócrata, donde el pueblo elige al gobernante y se somete a él, mientras éste cumpla con ellos. “Ustedes no me escogieron a mí, sino que yo los he escogido a ustedes y les he encargado que vayan y den mucho fruto, y que ese fruto permanezca. Así el Padre les dará todo lo que le pidan en mi nombre.” (Juan 15: 16). En el Reino de Dios los ciudadanos son elegidos por el Rey. “Desde antes de crear el mundo, Dios nos eligió por medio de Cristo para que fuéramos sólo de él y viviéramos sin pecado. Dios nos amó tanto que decidió enviar a Jesucristo para adoptarnos como hijos suyos, pues así había pensado hacerlo desde un principio. Dios hizo todo eso para que lo alabemos por su grande y maravilloso amor. Gracias a su amor, nos dio la salvación por medio de su amado Hijo.” (Efesios 1: 4-6). No se trata aquí que Dios empieza a escoger al azar, sino que Él sabe desde siempre quiénes lo van a recibir y quiénes van a querer seguirlo, porque muchos son llamados, pero pocos escogidos. (Mateo 22: 14). Dios quiere que entremos en Su Reino, en Su reposo para que Él pueda hacer Su obra en nosotros.

Entrar en el Reino de Dios es entrar en Su reposo, descansar en Él, para que Cristo actúe, esto no significa estar ociosos. Cuando te mantengas firme y estable en el Reino de Dios y acalles tu alma, Dios reposará en ti, porque Él no puede reposar en un corazón abatido, lleno de contradicciones, angustias y temores. Dios está buscando un corazón reposado en Él, para poder hacer Su morada allí. “El que me ama, mi Palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.” (Juan 14: 23). Dios siempre quiso morar en Su pueblo. “Y pondré mi morada en medio de vosotros, y mi alma no os abominará; y andaré entre vosotros, y Yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo.” (Levítico 26: 11,12). El anhelo de Dios es morar en un corazón establecido en Él, capaz de creerle a Él. Dios está buscando hombres y mujeres que le amen, que se enamoren de Él, así como Él está enamorado de cada uno de nosotr@s Sus hij@s. Cuando ardamos de pasión por Él, entonces vamos a guardar Su Palabra y no tendremos ni un ápice de duda respecto a lo que dice Dios, vamos a actuar movidos por la fe en Dios y no por nuestro vano criterio. La fe de Dios en nosotros nos permite creerle, es esa fe que debemos activar cada día; esa fe es espiritual, no racional.

Dios quiere morar en cada hij@ suyo, para hacer oír Su voz, porque “… si entresacares lo precioso de lo vil, serás como m i boca…” (Jeremías 15: 19). Cuando entres a Su reposo, ya no oirás tu propia voz, porque tu boca será un instrumento de Dios para completar Su obra aquí en la tierra. Entrar a Su reposo es establecer Su Reino en tu vida. “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” (Mateo 6: 33). Lo primero en tu vida debe ser buscar el Reino de Dios. Cuando tú entres en Cristo (en Su Reino), Él se encargará de tu vida, de lo que vas a comer o beber; también se encargará de tu cuerpo, de lo que vas a vestir y de tu salud. Entonces, ¿no trabajaremos? Vamos a trabajar a conciencia pero sin angustiarnos. En el Reino de Dios, cada hij@ suyo es valios@ y las provisiones ya están suplidas, por tanto, si “Jehová es nuestro Pastor, nada nos falta”. Si entendemos esto, nuestro trabajo va a ser más llevadero, daremos lo mejor de nosotros, haciendo nuestro trabajo como para Dios y no como para los hombres porque Dios merece lo mejor de cada un@.

Dios va a completar lo que empezó en ti. Él completará lo que empezó en ti para que la plenitud de Dios invada cada célula de tu ser, de modo que la gloria de Dios sea vista en ti. Cuando entres en el reposo de Dios, cesarán tus obras, tus esfuerzos y el Cristo que vive en ti comenzará a hacer Su obra, entonces Su Espíritu se moverá en tus aguas y lo que en ti era desorden, se volverá orden. Empezarás a alinear tu vida con el Espíritu de Dios. Tu espíritu unido al Espíritu de Dios ocupará su lugar en Cristo. Empezarás a traer el cielo a la tierra; la vida de Dios y Su carácter se manifestarán en ti y tú y toda tu casa se volverán a Dios. Él te quiere a ti y a tu familia contigo. No desfallezca tu corazón, Él siempre te ayudará y te sustentará con la diestra de Su justicia. En el reino de Dios se piensa como Dios, se actúa como Él, se ama como Él y se vive como Él. Así que si tus hijos aún no están en Cristo, si tu cónyuge, o un ser amado, no está con el Señor, empieza a verlos enamorados de Jesús. Dios quiere a toda tu familia contigo en Su Reino. ¡Créelo y actúa en fe!
“Padre nuestro que estás en el cielo: Que todos reconozcan que tú eres el verdadero Dios, que Tú eres el único Rey. Que todos los que viven en la tierra te obedezcan, como te obedecen los que están en el cielo.” Amén

viernes, 17 de abril de 2009

SAL Y LUZ DE LA TIERRA

TÚ HAS SIDO LLAMADA/O PARA SER SAL Y LUZ DE LA TIERRA
"Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve insípida, ¿cómo recobrará su sabor? Ya no sirve para nada, sino para que la gente la deseche y la pisotee. "Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad en lo alto de una colina no puede esconderse. Ni se enciende una lámpara para cubrirla con un cajón. Por el contrario, se pone en la repisa para que alumbre a todos los que están en la casa. Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que está en el cielo.
(Mateo 5: 13 -16)
Jesucristo dejó Su Cuerpo, que es Su Iglesia, aquí en la tierra para darle sabor, el sabor característico del reino de Dios, por eso cuando Él enseñó el “Padre Nuestro” mandó que trajeran los diseños del cielo a la tierra, cuando dijo, “venga tu reino, sea hecha tu voluntad aquí en la tierra, así como se hace en los cielos”. Según el orden de prioridades, en la oración enseñada por el Señor Jesucristo, viene primero la declaración de la santidad de Dios, el reconocimiento de quién es Dios y luego la petición para que venga Su gobierno a esta tierra; este gobierno es el que dará sabor de vida porque preservará la vida misma implantando la Vida de Dios en los corazones de las personas. Sin embargo, si Los hijos de Dios siguen la corriente de este sistema mundial, van perdiendo su sabor, entonces se volverán el hazme reír de los hijos del diablo y la maldad se incrementará. El diablo es el príncipe de este mundo, pero nosotros, los hijos de Dios, estamos aquí para marcar la diferencia y no para seguir la corriente satánica con todos sus fugaces encantos. La Iglesia de Cristo tiene que implantar la cultura del reino de Dios y dar sabor a la tierra.

Nuestra tarea es sazonar la sociedad que está corrompida, es darle el sabor de reino de Dios, es empezar a gobernar según los decretos celestiales, es traer el cielo a la tierra. Implantar la cultura del Reino es decretar los diseños de Dios para esta tierra. No vamos a pelear contra el príncipe de este mundo, él ya está vencido, vamos a establecernos como una cultura celestial que asienta sus bases en este planeta y si el diablo quiere hacernos frente y no ceder territorio, entonces tomamos las armas poderosísimas y le ordenamos retirarse del lugar donde nosotros nos plantemos. “Porque así como las aguas cubren los mares, así también se llenará la tierra del conocimiento de la gloria del Señor.” (Habacuc 2: 14 NVI). Esta declaración es para este tiempo porque la gloria de Dios ha de verse en cada hijo suyo. La luz de Dios se alzará y brillará manifestando la justicia de Dios y quebrando el yugo de injusticia satánica debido a la unción de los manifestadores del Reino de Dios. Entonces el temor, el miedo que no permitía levantar la luz de Dios huirá, y vendrá el reverente temor a Dios en todos Sus hijos y brillarán como antorchas en medio de la oscuridad, entonces la santidad a Dios se podrá ver en sus vidas porque Dios mismo los guardará, porque ellos guardaron sus vidas y sus pensamientos para Dios.

Levántate Iglesia y brilla, porque el Sol de Justicia está sobre ti. Ha llegado tu tiempo. Este es el tiempo, es el tercer día, es la resurrección, es la gloria de Dios sobre la Iglesia. La oscuridad que ha invadido la tierra empieza a desvanecerse porque viene el día, brilla el sol y Su Gloria se manifiesta. Es tiempo de preparar los graneros porque viene la lluvia que madurará los frutos. Esfuérzate por conocerlo. Busca Su presencia. Toma autoridad, empieza a traer los diseños de Dios a la tierra. Gobierna, toma ciudades, pide naciones para Cristo, porque tu tiempo ha llegado. La gloria de la resurrección está sobre ti. La lluvia tardía traerá sanidad y restauración y bañará el desierto y brotará la vida. Alza tu voz y no calles. Es hora de arrepentimiento y clamor. Es hora de no mirar atrás, es hora de avanzar, porque lo que está en ruinas tiene que reedificarse. La sociedad corrompida tiene que sanarse. Tus hijos pródigos volverán. Extiende tus brazos para recibirlos. Ensánchate y avanza. Alcanza a los débiles e infúndeles fuerza; a los atormentados dales paz. Gobierna con cetro de justicia y lazos de amor. “¡Vengan, volvámonos al Señor! Él nos ha despedazado, pero nos sanará; nos ha herido, pero nos vendará. Después de dos días nos dará vida; al tercer día nos levantará, y así viviremos en su presencia. Conozcamos al Señor; vayamos tras su conocimiento. Tan cierto como que sale el sol, él habrá de manifestarse; vendrá a nosotros como la lluvia de invierno, como la lluvia de primavera que riega la tierra.” (Oseas 6: 1-3)

“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: "¡Abba! ¡Padre!" El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria.” (Romanos 8: 14 – 17). Los hijos maduros de Dios se dejan guiar por el Espíritu Santo y el temor huye de ellos, empiezan a gobernar decretando los diseños de Dios para esta tierra y la voluntad de Dios se establece, Su luz brilla y la sal empieza a detener la corrupción por los decretos de los hijos de Dios. La luz descubre lo escondido y las tinieblas huyen porque la justicia de Dios se manifiesta. Los hombres malos aborrecen la luz porque no quieren ser descubiertos en sus maldades. La Iglesia del tercer milenio debe levantarse y gobernar en el Nombre de Jesucristo, “porque toda la creación está confiada y expectante por la manifestación de los hijos de Dios” (Romanos 8: 19) Este es el tiempo de la manifestación gloriosa de los hijos de Dios.

sábado, 4 de abril de 2009

EL REINO DE DIOS

EL REINO DE DIOS

"Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder." (1ª Corintios 4: 20).
Cuando Jesús estuvo en la tierra, Él no vino a instaurar un Reino que subyugara a los romanos, sino al contrario, Él vino a establecer un Reino que se asentara en el interior de la persona y la transformara. Jesús sabía que no podemos empezar una transformación de afuera para adentro, sino desde adentro, en el ser íntimo de la persona. “Porque de adentro, del corazón humano, salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, el engaño, el libertinaje, la envidia, la calumnia, la arrogancia y la necedad. Todos estos males vienen de adentro y contaminan a la persona.” (Marcos 7: 21-23 NVI)

Los pensamientos están siempre en constante actividad, pensamos, pensamos y pensamos, pero ¿cómo podemos detener los pensamientos? No podemos detenerlos, pero sí, controlarlos. Cada persona piensa lo que quiere pensar y no piensa dos pensamientos a la vez. Podemos traer a la memoria momentos gratos o ingratos, podemos anticipar en la mente acontecimientos que nunca pasarán. Nuestros pensamientos van a determinar nuestra conducta, las reacciones que tengamos frente a la vida y las circunstancias. Jesús vino a mostrarnos una nueva forma de gobierno; el gobierno de nuestro ser interno, sometiendo nuestros pensamientos a la obediencia a Cristo. (2ª Corintios 10: 5) Si somos capaces de gobernar nuestros pensamientos, vamos a ser capaces de gobernar las circunstancias y no vamos a ser presa de la ansiedad o el estrés, ni del temor o la preocupación.

El Reino de Dios es poder dentro de nosotros, porque quien vive en cada hijo de Dios es Jesucristo por medio del Espíritu Santo y de Él emana el poder. “Pero cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder y serán mis testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra.” (Hechos 1:8). El poder para el cambio no radica en nuestra fuerza, sino en la fuerza del Espíritu de Dios, pero el Espíritu Santo sólo actuará si le permitimos hacerlo. Es importante reconocer nuestra debilidad y pedirle a Él que nos ayude en nuestra decisión de cambiar. Si nosotros no decidimos cambiar los pensamientos y actitudes negativas, que dañan nuestra vida, el Espíritu Santo, no actuará a nuestro favor, porque Él no hará nada si nosotros no le permitimos.

Los fariseos estaban preocupados por las apariencias externas, como lavarse las manos antes de comer, cosa que es buena, pero que no produce un cambio en el interior de la persona, que es de donde sale la contaminación más peligrosa que cualquier germen que podamos introducir a la boca por no lavarnos las manos. El reino de Dios no es apariencia externa, ni es tangible físicamente, si bien se puede evidenciar por la forma de ser de quienes son gobernados por el Soberano. Jesucristo es el Reino y el Soberano de Su Reino.

El apóstol Pablo nos dice que el Reino de Dios es justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. (Romanos 14: 17). Cuando habla de la justicia, no se refiere a la humana, sino a la divina, que los ciudadanos del Reino manifiestan en la tierra. Jesús dijo: “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.” (Mateo 6:10) El Reino de Dios en la persona, trae la voluntad de Dios a la tierra, de tal forma que lo que es improcedente en los cielos, los del Reino de Dios, declaramos improcedente en la tierra, para que la justicia de Dios se cumpla. El Reino de Dios trae paz, no sólo en el corazón del ciudadano del Reino, sino también sobre familias, pueblos, ciudades y naciones. La justicia y la paz generan gozo y éste fortalece la vida de los ciudadanos del Reino. No puede haber un ciudadano del Reino de Dios que no posea estas características. La justicia, la paz y el gozo son características que deben ser evidentes en cada ciudadano del Reino. Cristo manifestaba estas cualidades en Su vida. El Reino de Dios debe brotar del interior de la persona para producir transformación en el exterior, no sólo de su persona, sino de quienes la rodean.

Para poder participar del Reino de Dios, la persona debe primero recibir a Jesucristo como Señor y Salvador y decidir someterse a Su Señorío y obedecerle “El que me ama, obedecerá mi palabra, y mi Padre lo amará, y haremos nuestra vivienda en él. El que no me ama, no obedece mis palabras.” (Juan 14: 23, 24ª) El Reino de Dios es Su vivienda en nosotros, de tal forma que Él sea quien gobierne cada pensamiento y acto en nosotros. Nuestra obediencia a Cristo la hacemos por amor, permitiendo de este modo que Su Reino se establezca en la tierra. Esta obediencia trae bendición a nuestras vidas. Los ciudadanos del Reino de Dios unen el cielo y la tierra porque permiten que la voluntad de Dios sea hecha en sus vidas y también en la de otros. Los ciudadanos del Reino de Dios extienden la cultura de Reino a las naciones para preparar el escenario para recibir al Rey y único Soberano del Reino de Dios, a Jesucristo el Señor. ¡Aleluya!

miércoles, 4 de marzo de 2009

EL REINO DE DIOS ES UN REINO DE LUZ


EL REINO DE DIOS ES UN REINO DE LUZ
“En él (Jesús) estaba la vida, y la vida era la luz de la humanidad. Esta luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no han podido extinguirla.” (Juan 1: 4,5)
Al principio, en la creación, cuando la tierra se encontraba desordenada y vacía, Dios empezó a poner orden y lo primero que hizo para restablecer el orden fue manifestar la luz. “Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas.” (Génesis 1: 3, 4). Exactamente lo mismo sucede cuando nacemos de nuevo. Nuestro ser, que debido al pecado estaba en desorden, una vez que el Espíritu de Dios, por milagro de la nueva creación, entra en nuestro espíritu, la luz de Dios se manifiesta en nosotros y hace la separación de la luz y las tinieblas. “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.” (1ª Pedro 2: 9, 10). Esta luz la recibimos al aceptar el sacrificio de Cristo en la cruz, permitiendo que Su Sangre nos limpie y nos cubra como un manto que es la justicia de Dios en nosotros. “Porque al que no conoció pecado, por ti y por mí, Dios lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él.” (2ª Corintios 5: 21)

Ahora nosotros somos la luz del mundo. "Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad en lo alto de una colina no puede esconderse. Ni se enciende una lámpara para cubrirla con un cajón. Por el contrario, se pone en la repisa para que alumbre a todos los que están en la casa. Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que está en el cielo.” (Mateo 5:14-16). Tenemos que mostrar nuestra luz a través de lo que hacemos, para que los que no conocen a Dios puedan conocerlo por medio de nosotros y le den gloria a Dios. Cuando la luz de Dios se haga manifiesta, las tinieblas van a tener que retroceder, porque la luz va a poner al descubierto toda obra del infierno. Cristo vino para deshacer la obras del diablo (1ª Juan 3:8) y Él vive en nosotros, Él es la luz verdadera, y esa luz deshará toda obra del diablo. Por tanto es de suma importancia que nuestra vida esté libre de tinieblas para poder manifestar la luz de Cristo. No podemos ser manifestadores de la luz del Dios Todopoderoso y de las tinieblas al mismo tiempo. Nuestra vida debe ser transparente, sin nada en lo cual el diablo pueda tener una razón para tomarnos. Pidamos a Dios que nos muestre qué partes de nuestro ser todavía están en tinieblas. Recuerda que las tinieblas no son de Dios, por lo tanto tenemos que desecharlas.

Somos hijos de luz. “Todos ustedes son hijos de la luz y del día. No somos de la noche ni de la oscuridad.” (1ª Tesalonicenses 5: 5, 9) por lo tanto, tenemos que manifestar lo que somos y tenemos. Somos luces, (Efesios 5: 8) y se nos exhorta a andar como tales, porque nuestra luz es para alumbrar a todos los que nos rodean. (Mateo 5: 14-16) Nuestra luz debe alumbrar en nuestro hogar, en el lugar donde trabajamos y por donde nos movemos, porque “luz está sembrada para el justo, y alegría para los rectos de corazón.” (Salmo 97: 11). La siembra de luz en nuestra vida debe extenderse, porque la alegría acompaña a los rectos. Luz y gozo se complementan, porque la tristeza del mundo opaca la luz, pues produce muerte. (2ª Corintios 7: 10).

Somos manifestadores de la luz de Dios y ¿cómo se manifiesta esa luz? Veremos solamente dos aspectos:
1. Por la comunión que tenemos entre los hermanos. “Este es el mensaje que hemos oído de él y que les anunciamos: Dios es luz y en él no hay ninguna oscuridad. Si afirmamos que tenemos comunión con él, pero vivimos en la oscuridad, mentimos y no ponemos en práctica la verdad. Pero si vivimos en la luz, así como él está en la luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesucristo nos limpia de todo pecado.” (1ª Juan 1: 7). Si entre nosotros está la luz de Dios, vamos a vivir transparentemente entre hermanos, sin enemistades, ni recelos, sino en plena comunión. La comunión es de suma importancia para nosotros, pues somos un Cuerpo en Cristo y si no estamos en comunión, la luz de Dios que está nosotros, va menguando y muchas veces se apaga y no cumple con el propósito de Dios para la humanidad. Pablo al hablar a los corintios y decirles que huyan de la idolatría, les reflexiona de esta manera: “Como a sensatos os hablo; juzgad vosotros lo que digo. La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? Siendo uno solo el pan, (Cristo) nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan.” (1ª Corintios 10: 15-17). Somos un cuerpo en Cristo, por lo tanto este Cuerpo es santo y debe estar en unidad.
2. Por el amor a los hermanos. “El que afirma que está en la luz, pero odia a su hermano, todavía está en la oscuridad. El que ama a su hermano permanece en la luz, y no hay nada en su vida que lo haga tropezar. Pero el que odia a su hermano está en la oscuridad y en ella vive, y no sabe a dónde va porque la oscuridad no lo deja ver.” (1ª Juan 2: 10) El diccionario DRAE define el odio como: "Antipatía y aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea." No podemos desear el mal a nadie, por mucho que esa persona nos esté dañando. Cristo nos dijo que bendigamos cuando nos maldicen y ultrajan. Eso es manifestar la luz de Dios. Eso es buenas obras. La luz se hace manifiesta a través de nuestras buenas obras y nuestras buenas obras son producto de nuestros buenos pensamientos. Es en nuestros pensamientos que debemos dejar que la luz de Dios brille, para que las palabras que salgan de nuestra boca sean luz y no tinieblas. La luz no va a venir como un haz del cielo para hacer resplandecer nuestros pensamientos, sino más bien, somos nosotros que de acuerdo a Filipenses 4: 8 y 2ª Corintios 10: 5, debemos guardar nuestros pensamientos centrados en Cristo, llevando cautivo todo pensamiento a la cruz de Cristo, porque sólo en la luz de Dios veremos la luz. “Porque en ti está la fuente de la vida, y en tu luz podemos ver la luz.” (Salmo 36: 9). Fuera de Él, todo es tinieblas.

“La justicia y el derecho son el fundamento de tu trono, y tus heraldos, el amor y la verdad. Dichosos los que saben aclamarte, Señor, y caminan a la luz de tu presencia; los que todo el día se alegran en tu nombre y se regocijan en tu justicia.” (Salmo 89: 14-16). Amén.

viernes, 20 de febrero de 2009

GUARDA TU BOCA

GUARDA TU BOCA
"Pon, Señor, un guardia en mi boca, y un candado que cierre enteramente mis labios. No permitas que se deslice mi corazón a palabras maliciosas, para pretextar excusas en los pecados, como hacen los hombres malvados; en sus delicias no quiero tomar parte."
(Salmo 141: 3, 4 TA)
Nuestros pensamientos se expresan por palabras y se gestan dentro de nosotros, de ahí es que debemos guardar diligentemente nuestros pensamientos y pedirle a Dios que nos ayude en nuestra decisión. En la oración, del Padre nuestro, después de dirigirnos a Dios, lo primero que se pide es: “venga tu reino; hágase tu voluntad, así en la tierra, como en el cielo.” (Mateo 6: 10 TA). El reino de Dios tiene que invadir nuestros pensamientos, para que hagamos la voluntad de Dios en nuestras vidas. Pero ¿qué es el reino de Dios? Es Su gobierno en nosotros. Al pedirle de corazón que venga el reino de Dios y se haga Su voluntad, le estamos diciendo gobierna nuestros pensamientos, porque es de allí que sale todo lo que vamos a hacer después. Nuestros pensamientos son un potencial dentro de nosotros y las palabras son la potencia que sale de nuestra boca para producir algo que puede ser bueno o malo; por eso es que nuestro hablar es de suma importancia. Cada uno de nosotros se alimenta de sus propias palabras. “Cada uno se llena con lo que dice y se sacia con lo que habla. En la lengua hay poder de vida y muerte; quienes la aman comerán de su fruto”. (Proverbios 18: 20, 21) Hay tremendo poder en lo que decimos y de esas palabras nos alimentamos y producimos vida o muerte. Si hablamos las Palabras de Dios, tendremos vida y daremos vida a los demás.

"O bien decid que el árbol es bueno, y bueno su fruto; o si tenéis el árbol por malo tened también por malo su fruto, ya que por el fruto se conoce la calidad del árbol. ¡Oh raza de víboras! ¿Cómo es posible que vosotros habléis cosa buena, siendo, como sois, malos? Puesto que de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre de bien, del buen fondo de su corazón saca buenas cosas, y el hombre malo, de su mal fondo saca cosas malas. Yo os digo que hasta de cualquier palabra ociosa que hablaren los hombres han de dar cuenta el día del juicio. Porque por tus palabras habrás de ser justificado, y por tus palabras condenado." (Mateo 12: 33-37 TA) Al árbol se lo reconoce por sus frutos y a las personas por sus palabras. Nuestras palabras son frutos que se han generado en nuestros pensamientos; por eso le debemos pedir a Dios que no nos deje caer en tentación y que nos libre del mal; pero Él sólo puede actuar si nosotros decidimos que Él tome control de nuestras vidas, para ello, no demos dar rienda suelta a nuestros pensamientos, sino pensar “todo lo que es conforme a la verdad, todo lo que respira pureza, todo lo justo, todo lo que es santo, o santifica, todo lo que os haga amables, todo lo que sirve al buen nombre, toda virtud, toda disciplina loable” (Filipenses 4: 8 TA). El controlar los pensamientos está en nosotros y sobre ese control, Dios recién actuará, porque Él respeta nuestras decisiones, sean éstas buenas o malas. Dentro de nosotros se van gestando las palabras y de allí salen y van a definir nuestro destino, porque es por nuestras palabras que vamos a ser justificados o condenados.

"¿Qué afirma entonces? "Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón." Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo." (Romanos 10: 8-10 NVI). Es por lo que creemos dentro de nosotros, que vamos a ser justificados y por lo que hablamos vamos a ser salvos. Todo lo que hablemos debe estar de acuerdo con la Palabra de Dios, de lo contrario vamos a estar en problemas. ¿No es cierto que muchas veces nos hemos metido en problemas por hablar a la ligera? Pongamos atención a nuestros pensamientos. “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida. Aparta de ti la perversidad de la boca, y aleja de ti la iniquidad de labios.” (Proverbios 4: 23, 24) Nuestros pensamientos son como un manantial que debe servir para darnos vida, pero si lo contaminamos, pensando lo contrario a la Palabra de Dios, producirá en nosotros, muerte. Nuestros pensamientos y nuestras palabras están íntimamente ligados.

Dios le dijo a Josué que para poder conquistar la tierra Prometida debía hacer lo siguiente: "Tu boca hable de continuo del libro de esta ley, y medita de día y de noche lo que en él se contiene, a fin de guardar y cumplir todas las cosas en él escritas; con lo cual irás por el recto camino, y procederás sabiamente." (Josué 1: 8 TA) Recita siempre el libro de la ley y medita en él de día y de noche; cumple con cuidado todo lo que en él está escrito. Así prosperarás y tendrás éxito. (Josué 1: 8 NVI) El éxito de nuestra vida depende que hablemos y meditemos en lo que Dios tiene para nosotros; hablar lo contrario, es hablar fracaso y no hemos sido creados y rescatados para vivir en fracaso. Dios nos ha hecho para tener éxito en todo, pero esto depende de lo que pensamos; si nuestros pensamientos están de acuerdo con los de Dios, porque hemos permitido que Su reino nos gobierne, vamos a tener éxito, si no, vamos a fracasar. El diablo es un fracasado porque no se sujetó a pensar como Dios. "En cambio nosotros, los hijos de Dios, tenemos la mente de Cristo para pensar Sus pensamientos." (1ª Corintios 2: 16). Sujetémonos a Dios y pensemos en Su Palabra todo el tiempo, para que ésta brote de nuestra boca y nos conduzca por el camino de santidad y alcancemos las promesas que Dios ya tiene establecidas para nosotros. Seamos sabios y dejemos que sea Dios quien gobierne nuestra vida. Ofrezcamos cada día a Dios palabras que broten de un corazón agradecido y lleno de fe en Su Palabra. Que Dios nos dé entendimiento y empecemos a pensar los pensamientos de Dios.