domingo, 18 de octubre de 2009

INTERCESIÓN Y ADORACIÓN

INTERCESIÓN Y ADORACIÓN, DOS COSAS QUE BUSCA DIOS

Cuando el Sumo Sacerdote tenía que entrar al Lugar Santísimo debía llenar su incensario con incienso para que produjera mucho humo que llenara el pequeño espacio del Lugar Santísimo. En ese lugar no había ninguna luz artificial y la luz del sol no podía penetrar allí, pues estaba totalmente cubierto, entonces cuando éste entraba, no veía absolutamente nada hasta que la luz de la Presencia de Dios lo envolvía y el humo se abría espacio por las cortinas y era visto por el pueblo. El Sumo Sacerdote estaba protegido por el humo, podía ver la luz, pero no a Dios, porque entonces moriría. En el día de la Expiación, una vez al año, entraba el Sumo Sacerdote al Lugar Santísimo con la sangre del cordero ofrecida por los pecados de él mismo y del pueblo. Ahora, en esta época de Gracia, es por la Sangre del Cordero inmolado en la cruz del Calvario que nosotros podemos entrar al trono de Dios y atraer Su Presencia con el humo de nuestra intercesión y adoración. Estos dos elementos son el incienso de olor fragante que Dios acepta. Este sacrifico es aceptable a Dios. Esto es lo que hace brotar el humo y atrae la Presencia del Dios Todopoderoso. El intercesor sufre dolores de parto, gime por quienes está intercediendo y no se detendrá hasta ver a Cristo formado en ellos y aun así seguirá dando gracias a Dios por ellos. Los intercesores abren camino para que Dios actúe. Levantan a hombres y mujeres a los cuales Dios quiere usar.

“Y busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que Yo no la destruyese; y no lo hallé.” (Ezequiel 22: 30) Quien se pone a la brecha es el intercesor, clamando a Dios para que no destruya la tierra, aplacando la ira de Dios, pidiendo clemencia y misericordia por el pueblo, confesando el pecado y pidiendo perdón, entonces la nube de Dios empieza a descender, pero no tienes que detenerte, debes empezar a adorar, eso deleita el corazón de Dios y no puede quedarse donde está, viene a tu encuentro, porque Él está buscando adoradores que le adoren en espíritu y en verdad. "Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren." (Juan 4: 23) La adoración conlleva acción de gracias y alabanza, bendiciendo el nombre del Señor y reconociendo Su bondad (Salmo 100: 4,5). Cuando actúas de esa forma, no hay lugar para quejas o lamento, ni acusaciones, porque eso no le agrada a Dios, pues no procede de Él, sino del diablo. De nuestros labios deben brotar sacrificios de gratitud y alabanzas, bendiciendo siempre el nombre de Jesús.

“… por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por Él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.” (Hebreos 7: 25). Jesús intercede por nosotros ante el Padre y cuando nosotros intercedemos por las personas nos unimos a Jesús en la intercesión. “¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.” (Romanos 8: 34). Nadie nos puede condenar si Cristo está intercediendo por nosotros. Él está a la diestra de Dios Padre y nosotros Sus hijos con Él (Efesios 2: 6). El adorador no tiene temor, porque el “Perfecto Amor”, que es Cristo, echa fuera el temor; no se puede adorar si hay temor.

Sólo los adoradores atraen la Presencia de Dios. No necesitas tener una hermosa voz, pero si la tienes, úsala; sólo se requiere un corazón hambriento de Dios. Es tan hermoso a sus oídos nuestra adoración, aunque muchos desorejados gallos se escapen de nuestros labios, a Él no le interesa eso, hace callar a todos en el cielo para poder escucharnos, entonces desciende y se acerca a nosotros. No necesitamos entrar a una academia de canto para aprender a cantar, pero si quieres mejorar tu canto, acude a una academia de canto, y si no, eleva un canto a Dios de todo corazón que brote de tu espíritu unido al Espíritu de Dios, que tu corazón empiece a adorar y tus labios a declarar las grandezas de Dios.
Porque Él es bueno y para siempre es Su misericordia, díganlo los redimidos del Señor, los que Él ha redimido con Su Sangre, adórenle los rescatados por el Señor, los que Él rescató con Su Sangre. Adórenle cielo y tierra porque para siempre es Su misericordia. Adórenle en la hermosura de Su Santidad, adórenle con cánticos de júbilo y gratitud en los labios. Adórenle todos los lavados por Su Sangre. Todos los que aman a Dios, ¡adórenle!

Tú ahora eres el Templo de Dios, es dentro de ti que Él quiere ser adorado. Él no quiere ser un visitante más, sino un habitante permanente en Su Templo. Él está tocando a tu corazón ¿lo dejarías entrar?, o ¿pasará de largo y te conformarás con el perfume que indica que estuvo ahí, pero ya no está? Por mucho tiempo la Iglesia se ha conformado con sólo el perfume y descuidó Su Presencia. Lo ha dejado tocando y cuando al fin salió a recibirle, ya Él no estaba, aunque Su fragancia aún permanecía allí. Vivió sólo con la fragancia, pero nunca estuvo con Él. Dios quiere manifestar Su Presencia y esto sólo será posible si encuentra un pueblo que lo está buscando en adoración e intercesión. Enciende la llama de la adoración buscando Su Presencia y pronto provocarás un gran incendio. Intercede por tus hijos, hermanos, personas, nación y pronto provocarás un cambio en tu región. Que Dios te dé entendimiento.