sábado, 17 de diciembre de 2011

TRATANDO DE ENTENDER EL AMOR

TRATANDO DE ENTENDER EL AMOR
Si amas, da, entrega tu ser en amor, porque "nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos".(Juan 15:13) Los términos "darse" y "entregarse", no significan entregar el cuerpo para el placer sexual, sino más bien guardar el cuerpo de contaminación por amor, para mantenerse pura/o para la persona que Dios tiene preparada para cada una/o.


La palabra amor está tan empapada de sensualismo, que inclusive se usa el término "hacer el amor", para indicar una relación sexual, que generalmente es ilícita. Analiza el tiempo en que vivimos y observa las advertencias de Cristo en la Biblia, "como en los días de Noé", "como sucedió en los días de Lot". Lo que caracterizaba en esos días era justamente lo que vemos ahora, un desenfreno sexual, donde lo natural no satisface y se vuelven a prácticas "contra naturaleza".


Amor significa, aprender a respetar nuestro cuerpo, para que así podamos respetar el ajeno. Hay una advertencia dada por Cristo para los que vivimos en esta época: "Acordaos de la mujer de Lot". No podemos mirar atrás en esta vía de escape. Dios nos ofrece la libertad, la vida eterna. Prosigamos hacia la meta, libres de contaminación. No olvidemos que "nuestra ciudadanía no es de este mundo". (Filipenses 3: 20)


La filosofía post - modernista, que estamos viviendo ahora, que no es más que hedonismo, no debe penetrar en la vida del cristiano. Somos seres con la mente de Cristo; es cierto que tenemos instintos, pero no somos animales irracionales para ser guiados por los instintos, ya que Dios nos ha dado "espíritu de dominio propio". (1ª Timoteo 1: 7)


El amor, pues, no significa pasión desordenada. Dios, es Dios de orden. Todo lo contrario a la palabra de Dios, es del diablo, del enemigo de nuestras almas o de nuestra concupiscencia. La voluntad de Dios es "nuestra santificación, que nos apartemos de fornicación" (1ª Tesalonicenses 4: 3)

Dios quiere pureza en nuestro ser y el amor es puro; si está contaminado, no es amor. "Absteneos de toda especie de mal. Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestros ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo" (1ª Tesalonicenses 5: 22, 23) El amor piensa en el bien del otro, por eso la ley se resume en: "amarás a tu prójimo como a ti mismo". (Romanos 13: 9).

martes, 22 de noviembre de 2011

2012, AÑO DE REFORMA

2012, AÑO DE REFORMA
El Espíritu del Señor omnipotente está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a sanar los corazones heridos, a proclamar liberación a los cautivos y libertad a los prisioneros, a pregonar el año del favor del Señor y el día de la venganza de nuestro Dios, a consolar a todos los que están de duelo, y a confortar a los dolientes de Sión. En vez de cenizas, aceite de alegría en vez de luto, traje de fiesta en vez de espíritu de desaliento. Serán llamados robles de justicia, plantíos del Señor, para mostrar su gloria. Reconstruirán las ruinas antiguas, y restaurarán los escombros de antaño; repararán las ciudades en ruinas, y los escombros de muchas generaciones.” (Isaías 61: 1- 4 NVI)

Reforma es devolverle la forma original a lo que se ha deformado, volverlo a ser como fue al principio. Dios está llamando a Su pueblo a volver a los diseños originales, al propósito para el cual fuimos establecidos en esta tierra, para arreglar lo que el enemigo destruyó. Él ya nos ha ungido con Su espíritu para anunciar las buenas nuevas de salvación a los pobres, a aquellos que están sin herencia en el Reino de Dios, porque el diablo los ha cegado. Tenemos que levantar la voz anunciando las BUENAS NUEVAS, la gente está cansada de malas nuevas y vive en angustia esperando lo peor, pero los hijos del Reino estamos llamados a darles noticias buenas de salvación, alivio al espíritu angustiado; pero primero necesitamos revestirnos del poder sobrenatural del Espíritu de Dios, recibir la fuerza del Omnipotente, Su consuelo y Su ánimo, salir de una vez de entre las cenizas y ungirnos con el aceite que Él está ofreciendo a cada uno de Sus hijos. Dios viene a devolvernos la identidad de hijos.

Como fue en un principio con Adán y Eva, Dios quiere que sea en este tiempo. Su Espíritu está ansioso de cubrirnos, por eso es necesario que nos quitemos la capa de mendicidad y recibamos el manto de fiesta. Papá Dios quiere que entremos a Su fiesta. ¿Recuerdas qué pasó con el hijo pródigo? Anduvo por el mundo derrochando su herencia y después se vio pobre, sin fuerzas, casi desnudo, pero de pronto se le encendió el foquito, tuvo un momento de lucidez y dijo: -Qué hago yo aquí, pero si en la casa de mi padre hasta los sirvientes gozan de buena comida y yo aquí estoy a punto de comer lo que comen los inmundos cerdos. Volveré a mi padre…- Volveré a mi padre, fue la mejor decisión que hizo. Quizá dirás –pero yo no estoy como ese hijo, yo tengo comunión con Dios e inclusive disfruto de Sus bendiciones- Te pregunto, ¿disfrutas? ¿No estarás como el hermano mayor, poseyéndolo todo y no disfrutando nada? Dios ya ha preparado una fiesta, ya fue matado el Cordero más valioso, para que comamos y disfrutemos de todas Sus delicias. Mira que no te hablo de dinero, o mansiones, eso es secundario. Te hablo de DELEITE. “Me darás a conocer la senda de la vida; En Tu presencia hay plenitud de gozo; En Tu diestra hay deleites para siempre.” (Salmo 16: 11 NBLH)

Entremos a la fiesta de bodas ahora, no esperemos en un futuro lejano, la fiesta ya ha empezado. “El reino de los cielos puede compararse a un rey que hizo un banquete de bodas para su hijo. "Y envió a sus siervos a llamar a los que habían sido invitados a las bodas, pero no quisieron venir. "De nuevo envió otros siervos, diciéndoles: 'Digan a los que han sido invitados: "Ya he preparado mi banquete; he matado mis novillos y animales cebados, y todo está preparado; vengan a las bodas." "Pero ellos no hicieron caso y se fueron: uno a su campo, otro a sus negocios, y los demás, echando mano a los siervos, los maltrataron y los mataron. "Entonces el rey se enfureció, y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos asesinos e incendió su ciudad. "Luego dijo a sus siervos: 'La boda está preparada, pero los que fueron invitados no eran dignos. 'Vayan, por tanto, a las salidas de los caminos, e inviten a las bodas a cuantos encuentren.' "Aquellos siervos salieron por los caminos, y reunieron a todos los que encontraron, tanto malos como buenos; y el salón de bodas se llenó de invitados.” (Mateo 22: 2- 10 NBLH)

El mundo nos está absorbiendo con muchos quehaceres “buenos” y no nos permite disfrutar de lo que Dios ya preparó para nosotros. Hay una fiesta a la cual Dios te está invitando, allí no puedes entrar con cualquier ropa, necesitas identificarte con la ropa de fiesta, sin angustia, ni preocupaciones, sin heridas en el alma; necesitas vestirte de Cristo, así como Adán y Eva estuvieron vestidos en un principio. Ponte el traje de fiesta y quítate el del desaliento. Vuélvete a lo que Dios ya diseñó para Sus hijos. Dios está continuando la reforma en Sus hijos y Él quiere que te dejes vestir con Su traje, así como el hijo pródigo se dejó vestir. Dios quiere que entres a Su fiesta, no te resistas. Es tiempo de reforma, de transformación, innovación, porque las cosas viejas ya pasaron, de aquí en adelante todo es nuevo.

domingo, 20 de noviembre de 2011

UN CORAZÓN ARREPENTIDO

UN CORAZÓN ARREPENTIDO


Contra ti he pecado, sólo contra ti,
y he hecho lo que es malo ante tus ojos;
por eso, tu sentencia es justa,
y tu juicio, irreprochable.
(
Salmo 51: 4)
El salmo 51 es la muestra del arrepentimiento de un hombre de Dios después de haber pecado; conviene que lo leas bajo la dirección del Espíritu Santo. Trataremos de ver algunos pasos que David sigue en este salmo.
1) David pide piedad al Dios Altísimo recordándole que Él es un Dios de misericordia.
2) Pide que borre sus rebeliones lavando su maldad y limpiando su pecado.
3) Reconoce que su pecado ha sido contra Dios, que ofendió la santidad de Dios.
4) Reconoce que Dios es un Dios que ama la verdad y hace comprender la sabiduría, por eso acude a Él.
5) Pide purificación, con hisopo. Se somete a la disciplina de Dios.
6) Vuelve a pedir que Dios lo lave para que vuelva a sentir gozo, alegría y sanidad corporal ("Y se recrearán los huesos que has abatido").
7) Pide a Dios, "no mires mis pecados y esconde tu rostro de mi maldad". Nosotros ahora le pediríamos que nos mire a través de la sangre de su Hijo Jesucristo.
8) Crea un corazón limpio, renueva un espíritu recto dentro de mí y no me eches de delante de ti; no quites de mí tu Santo Espíritu.
9) David quiere volver a sentir el gozo de la salvación. Sentirse salvo nuevamente y sentirse guiado nuevamente por el Espíritu de Dios. El pecado nos aleja de Dios y nos llena de angustia y temor.

David podía enseñar el camino de la salvación, pues sabía que, "al corazón contrito y humillado", Dios no lo desprecia. He ahí el secreto. Dios quiere que cada uno de nosotros tengamos un corazón que se duela de su maldad y que se humille delante de Dios. Un corazón arrepentido. Un corazón apasionado por Dios, que no pueda vivir sin la presencia de Dios. Un corazón que pueda decirle:
A dónde iré Señor sin Ti, sólo Tú tienes Palabras de vida eterna y yo he creído y seguiré creyendo en Ti a pesar de las circunstancias. Sólo tu amor me satisface, sólo Tú me deleitas. Mi gozo y mi vida es estar siempre contigo, amándote, adorándote, sirviéndote, rindiendo mi ser completamente a Ti. Mi corazón dice: te amo, te amo, te amo mi Señor Jesucristo. Espíritu Santo de Dios, ayúdame a mantener vivo el fuego de pasión por mi Amado Señor Jesucristo, que mientras mi corazón palpite, cada latido diga: te amo, te amo, te amo Jesús. Que cada respiración mía diga: Jesús, Jesús, Jesús. Es que mi ser no sabe cómo vivir sin Ti.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

¿CÓMO SON TUS PALABRAS?

¿CÓMO SON TUS PALABRAS?
Hay palabras sin sentido que se vuelven con sentido por el uso de los muchos y el despecho de los pocos. En cuestión de género, no manda la palabra, sino el género que a la misma da sentido. Y qué antagónico resulta decir: “hacer el amor”, cuando están comprando sexo; palabras sin sentido, confusas y mal entendidas… pero bueno, ¿quiénes entienden mal? ¿Los con sentidos o los sin sentidos? ¿Y quiénes son ellos o ellas? ¿Son palabras los balbuceos imprecisos del niño que aún mama? Para sus padres, sí; para el oyente inexperto sólo serán ruidos de un aspirante a hablar.

Al entrar Jesús en Capernaúm, se le acercó un centurión pidiendo ayuda. --Señor, mi siervo está postrado en casa con parálisis, y sufre terriblemente. --Iré a sanarlo --respondió Jesús. --Señor, no merezco que entres bajo mi techo. Pero basta con que digas una sola palabra, y mi siervo quedará sano. (Mateo 8: 5-8 NVI) ¿Qué le estaba diciendo el centurión a Jesús? Tu Palabra tiene autoridad, porque yo sé lo que es estar bajo autoridad y en autoridad. Tú no necesitas ir a mi hogar, además, ¿quién soy yo para que Tú entres en mi hogar? Lanza tan sólo la palabra y ésta hará la obra. Yo sé el poder que tienen mis palabras, el alcance de éstas, porque también estoy en autoridad. Señor Jesús, Tú tienes la autoridad, Tú tienes el poder, Tú tienes el querer; lanza la palabra y será hecho.

“Al oír esto, Jesús se asombró y dijo a quienes lo seguían: --Les aseguro que no he encontrado en Israel a nadie que tenga tanta fe. Les digo que muchos vendrán del oriente y del occidente, y participarán en el banquete con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos. Pero a los súbditos del reino se les echará afuera, a la oscuridad, donde habrá llanto y rechinar de dientes.” (ver. 10 – 12) Jesús queda maravillado, extasiado cuando escucha palabras de fe, éstas impresionan Su corazón, lo derriten y lo llevan a realizar el milagro. “Luego Jesús le dijo al centurión: --¡Ve! Todo se hará tal como creíste. Y en esa misma hora aquel siervo quedó sanó.” (ver. 13).

Las palabras del Señor Jesús, son Palabras de verdad y vida. Las palabras con la fuerza de la fe en el Señor Jesucristo, reciben lo que creen. “El Espíritu da vida; la carne no vale para nada. Las palabras que les he hablado son espíritu y son vida.” (Juan 6. 63 NVI). Paradójicamente a las palabras que lanzó a la higuera: “Y viendo una higuera cerca del camino, vino a ella, y no halló nada en ella, sino hojas solamente; y le dijo: Nunca jamás nazca de ti fruto. Y luego se secó la higuera.” (Mateo 21: 19). Estas palabras de Jesús produjeron muerte. Te has preguntado alguna vez, ¿por qué lanzó Jesús esas palabras? ¿Fue por rabia, enojo, furia? Nada de eso, sino que, para qué sirve una higuera frondosa sino tiene higos. Pero no era tiempo de higos; ¿entonces para qué pretendía demostrar aquello que no poseía para dar?

Hay mucha pompa en las palabras cuando se dice lo que no se pretende en realidad, como discursos políticos, prensa alharaca, palabras y palabras como hojas en la higuera, pero sin sentido, sin decir lo que en realidad pretenden, dejando al azar la interpretación, pero manifestándose pomposamente. Distorsionan las palabras entrelíneas para hacernos creer lo que en realidad no son. No te fíes de aquel que te invita a comer en su mesa y te endulza con palabras halagüeñas, pero su pensamiento no está contigo, sino en el provecho que puede sacar de ti. (Lee Proverbios 23: 6 -9) Estas palabras zalameras producen náuseas y provocan vómito.

"Conozco tus obras; sé que no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras lo uno o lo otro! Por tanto, como no eres ni frío ni caliente, sino tibio, estoy por vomitarte de mi boca." (Apocalipsis 3: 15 y 16). Tibieza en las palabras es falta de fe. Si no tienes palabras de fe en el Señor Jesús, como tuvo el centurión, provocas náuseas. A Jesús no le convence un discurso pomposo, le maravilla la fe en Su Palabra. ¿Tienes fe? Habla fe, déjate de discursos baratos, el Señor Jesús sabe cuál es la intención de tu corazón.

El paralítico estaba sentado a la puerta del templo llamada “Hermosa”, esperando la compasión de las personas que iban a orar y a agradecerle a Dios por tantas bendiciones, en fin, ellas podían ir allí con sus propios pies y voluntariamente; él, sin embargo, era llevado por otros para pedir a los hombres lo que Dios bien podía hacer por él. De pronto, Pedro y Juan se acercaron para entrar por la puerta al templo y el paralítico les rogaba por una pequeña limosna. “Este, cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, les rogaba que le diesen limosna. Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: Míranos. Entonces él les estuvo atento, esperando recibir de ellos algo. Mas Pedro dijo: "No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda. Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos; y saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios. Y todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios." (Hechos 3: 3-9 RV 60)

Míranos”, somos humanos como tú, no tenemos dinero, pero hay Alguien dentro de nosotros que puede sacarte de esta situación. Mientras el paralítico los miraba fijamente, sin decir palabras, esperando recibir algo material, aunque ínfimo, que no satisfaría su necesidad, oyó decir estas poderosas palabras a Pedro: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda. Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos; y saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios. Y todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios. Éstas fueron palabras con poder, autoridad y fe, en un NOMBRE, no fueron palabras pomposas que se desvanecen al instante, fueron palabras de vida, que producen fruto en su tiempo, que satisfacen una necesidad; este hombre ya nunca más se sentaría a la puerta del templo, iría con sus propios pies a adorar al Dador de vida.

No tengo oro ni plata, pero lo que tengo te doy”, qué quiere decir: No es en mi poder o fuerza, sino en el poder y la fuerza de Alguien dentro de mí, que sí puede hacer mucho por ti y en esa autoridad lanzo la palabra: “¡Levántate y anda!” para que la gloria no sea para el hombre, sino sólo para el que es la Palabra, el Verbo de Dios, Jesucristo, el Señor. Tú puedes lanzar la palabra con autoridad si eres hijo de Dios y esa palabra dará resultados, satisfará una necesidad, levantará a personas.

Ahora te digo: ¡Mírate! ¿Tienes algún recurso material que pueda levantar a un paralítico sin posibilidad de cura? Nada material podrá satisfacer la necesidad del alma hambrienta de Dios, del incapacitado para buscar a Dios. Pero tú tienes un recurso valiosísimo dentro de ti, tienes a Jesucristo y si lo tienes a Él, lo tienes todo. Lo que tienes dentro de ti, empieza a darlo para que otros puedan también glorificar a Dios por ellos mismos, para que puedan entrar a la misma presencia de Dios. Lanza la Palabra, Jesucristo es la Palabra. Hay muchos paralíticos por el temor, la amargura, el resentimiento, los celos, la decepción, etc. y necesitan que alguien les lance la Palabra para que nunca más sean los mismos. Dios ya te dio los recursos, te dio a Su Hijo, no para guardarlo dentro de ti, sino para decirlo al mundo, usa la Palabra que es vida y extiende Su Reino con el poder que llevas dentro de ti.





martes, 20 de septiembre de 2011

CÓMO SER UN TRIUNFADOR

CÓMO SER UN TRIUNFADOR

¿Acaso puede uno hablar de seguridad en este mundo de incertidumbre? Pululan por todas partes las agencias de seguros ofreciéndote garantía en tu vida y si ésta no es posible, garantía para tu descendencia.

Qué incierta es esta vida, tan incierta como que no sabes cuándo la dejarás. Si miras atrás, hay cosas que no quisieras recordar, y si pretendes poner la mirada hacia delante, la inseguridad te hace tambalear.

El hombre inseguro un día dirá: “Paz y seguridad”, y es ahí que vendrá sobre ellos destrucción repentina. Ellos tienen ojos que no les sirven para vislumbrar lo por venir. Están ciegos.

¿Cuál es el horizonte de tu vida? Cuanto más lejano se divise, más próximo está de ti. Cuanto más alto mires, más pronto llegarás a la cumbre. Las cosas que se adquieren sin mayor esfuerzo porque nos hemos fijado una meta próxima, acabarán pronto por aplastarnos

¿Cuál es la meta de tu vida? ¿Requiere de esfuerzo llegar a ella? Si abatido al subir la cuesta quieres desistir y razonas: “qué fácil es la bajada y cuán duro el ascenso”, entonces, caerás al abismo, oscura sima en la cual no sabes qué te espera.

Si has llegado a la mitad de la cuesta, recuerda que la otra mitad restante la sentirás más liviana, pues tus pies ya han encallecido, tus manos se volvieron ágiles y tu cuerpo curtido por el sol y la tempestad podrá resistir cualquier otro embate que la vida te marque.

No hay incertidumbre para quien mira siempre adelante, hacia la meta. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo.” (Hebreos 12: 2,3 NVI)

Si quieres ser un triunfador y tener seguridad en tu vida, hay sólo un camino, su nombre es, JESUCRISTO. Mientras tu mirada esté centrada en Él podrás avanzar como Pedro sobre las olas de tempestad, pero si desvías tu mirada de Él, de seguro te hundirás.

La tempestad no es tu meta. No la mires. Tu meta es Cristo. Míralo a Él.

sábado, 10 de septiembre de 2011

CÓMO SER GUIADOS

CÓMO SER GUIADOS POR EL ESPÍRITU SANTO
Cuando nacemos empezamos a ser conscientes de este mundo natural y a medida que vamos creciendo vamos desarrollando más nuestro ser consciente. Hemos crecido respondiendo a este ámbito natural y nuestros sentidos naturales se fueron desarrollando por el uso. Sin embargo, un día decidimos recibir a Cristo en nuestro corazón y algo en nuestro interior ha pasado. Empezamos a percibir vagamente, en primera instancia, algo del mundo espiritual. Esto, ¿por qué? Porque hemos sido unidos a Cristo por el poder de Dios. Pero gracias a él (Dios) ustedes están unidos a Cristo Jesús, a quien Dios ha hecho nuestra sabiduría --es decir, nuestra justificación, santificación y redención.” (1ª Corintios 1: 30 NVI). En otras palabras, se nos devolvió la verdadera vida, la vida de Dios, la vida del Espíritu. Aquella vida que Adán y Eva perdieron cuando desobedecieron a Dios y decidieron gobernarse por cuenta propia. Entonces, ya no vivimos por vista, por lo que vemos, sino por la fe en Dios, por aquello que en el mundo natural no se ve; sin embargo, en el mundo espiritual, llegamos a ser consciente de lo que realmente es.

Vivir guiados por el Espíritu Santo de Dios es vivir más conscientes de Dios, que de lo que vemos o sentimos, porque Dios vive dentro de nosotros, entonces sabemos quiénes somos en Cristo. Cuando Jesús estuvo aquí en la tierra, sabía quién era, si bien, no lo supo desde pequeño, pero fue aprendiéndolo a medida que estudiaba las Escrituras y se comunicaba con Su Padre. Jesús era el Hijo de Dios, y ¿qué somos nosotros que le hemos recibido como Señor y Salvador de nuestras vidas? “Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios.” (Juan 1: 12 NVI) Somos hijos de Dios y necesitamos ser conscientes de quién es nuestro Padre. Así como en lo natural recibimos los genes de nuestros padres, que nos hacen semejantes a ellos, en lo espiritual es lo mismo, recibimos la herencia genética, si vale el término, de nuestro Papá Celestial. “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y vosotros no recibisteis un espíritu que de nuevo os esclavice al miedo, sino el Espíritu que os adopta como hijos y os permite clamar: «¡Abba! ¡Padre!» El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios.” (Romanos 8: 14-16).

El deseo de Dios ha sido siempre conformarnos a Su imagen y semejanza, por eso creó a Adán y Eva conforme a Su imagen y semejanza, parecidos a Él. Y ¿cómo es Dios?Dios es espíritu, y los que le adoran deben ser guiados por el Espíritu para que lo adoren como se debe. Se acerca el tiempo en que los que adoran a Dios el Padre lo harán como se debe, guiados por el Espíritu, porque el Padre quiere ser adorado así. ¡Y ese tiempo ya ha llegado!” (Juan 4: 23 BLS). Así como es Dios, somos nosotros sus hijos, es decir, somos espíritu, tenemos un alma viviente y ocupamos momentáneamente este cuerpo, para poder estar en la esfera terrestre. Dios quiso hacernos seres espirituales para que podamos tener comunión con Él, porque sólo nuestro espíritu es capaz de comunicarse con Dios, porque es allí donde reside el Espíritu del Señor. "En cambio, quien se une con el Señor se hace un solo cuerpo espiritual con él." (1ª Corintios 6: 17 BLS) ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, (el cual está) en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque comprados sois por (gran) precio; glorificad, pues, (y traed) a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios. (1ª Corintios 6: 19, 20 RV2000)

Cuando nos dejamos guiar por el Espíritu, caminamos en la luz, sabemos lo que hacemos y a dónde vamos. “Porque ustedes antes eran oscuridad, pero ahora son luz en el Señor. Vivan como hijos de luz.” (Efesios 5: 8 NVI). Cuando nacemos de nuevo, hemos sido introducidos en Cristo y allí somos luz, porque en Él no hay ninguna tiniebla. Somos luz, pero a veces pensamos, o hablamos tinieblas, necesitamos constantemente dejarnos guiar por el Espíritu que nos habita para caminar en luz, sobre todo principado, potestad o señorío de tinieblas, tomando gobierno y autoridad sobre toda tiniebla y enarbolando el estandarte de Jesucristo, quien nos dio la victoria, haciendo resplandecer la luz de Dios para que huyan las tinieblas y el Reino de Dios se establezca en esta tierra.





lunes, 29 de agosto de 2011

¡COBREN ÁNIMO!

¡COBREN ÁNIMO!

Quiero que lo sepan para que cobren ánimo, permanezcan unidos por amor, y tengan toda la riqueza que proviene de la convicción y del entendimiento. Así conocerán el misterio de Dios, es decir, a Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento. Toda la plenitud de la divinidad habita en forma corporal en Cristo y en él, que es la cabeza de todo poder y autoridad, ustedes han recibido esa plenitud. (Colosenses 2: 2, 3, 9, 10 NVI)

Estamos completos en Cristo, tenemos la autoridad que Él nos delegó y podemos entrar al lugar de todos Sus tesoros de sabiduría y conocimiento, para “ejecutar sentencia” prontamente contra todo aquello que se levanta contra el conocimiento de Cristo, ya sea por mentiras en contra nuestra o por blasfemia directa al Nombre de Jesucristo, ante el cual toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Él es Señor.

Así vi al perverso sepultado; ellos aun habían venido del Lugar Kadosh (Santo). Pero aquellos que habían actuado rectamente fueron olvidados en la ciudad. Esto también es vanidad; porque el castigo decretado por una obra maligna no es llevado a cabo prontamente; por lo tanto, el corazón de los hijos de los hombres está totalmente determinado en aquellos que hacen el mal. (Eclesiastés 8: 10, 11 TKIM-DE)

Ejecutar o decretar son lo mismo. Tenemos autoridad para cerrar las bocas mentirosas y para alejar del lugar donde Dios nos colocó a aquellos que son estorbo, recordando que nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra espíritus inmundos que vienen en contra nuestra, escondidos tras un disfraz humano. Pero recuerden, el Mayor está con nosotros. Basta ya de darle espacio al enemigo para que haga de las suyas. Ese territorio llamado hogar, donde reside nuestra familia, nos pertenece, sin embargo el enemigo, el diablo, quiere destruirnos, porque somos ahí una amenaza para él, por eso se esfuerza por sacar a nuestros hijos del camino del Señor; pero, ¡cobra ánimo! Vístete de valor y pelea la batalla en el nombre de Jesucristo. Pide a Dios por la conversión de esas personas, que gobernadas y enceguecidas por el enemigo están queriendo atrapar a tus hijos o familiares, no permitas que el diablo gane ventaja. Estamos en una guerra frontal, pero nuestro enemigo ya fue vencido por Jesucristo el Vencedor, y esa victoria es ahora nuestra, de los que hemos recibido a Jesús como nuestro Señor y Salvador; sin embargo tienes que usar los recursos que Él te dio y en Su Nombre ata a esos espíritus que gobiernan esas vidas, átalos para que no puedan operar y mientras estén atados actúa a favor de esas personas y llévales el mensaje de salvación o pide a Dios que otros vayan con ese Mensaje.

Las armas con que luchamos no son del mundo, sino que tienen el poder divino para derribar fortalezas. Destruimos argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevamos cautivo todo pensamiento para que se someta a Cristo. (2ª Corintios 10: 4, 5 NVI)

La adoración es un arma poderosa para derrotar al diablo. ¿Sabes por qué? Porque la adoración nos eleva a Dios, justo al mismísimo lugar que Satanás ocupaba antes de su caída, lugar que la Iglesia de Cristo, como la Esposa del Cordero estará por la eternidad. En ese lugar no existe la palabra derrota y el temor huye despavorido. En medio de la crisis, adora a Dios. Recuerda, ya tienes la victoria. No digas nada que anule lo que Dios ya te dio. Cobra ánimo en Cristo y sé que de ésta saldrás en victoria.

miércoles, 22 de junio de 2011

SOMOS EL ESPEJO DE DIOS

SOMOS EL ESPEJO DE DIOS
Ahora bien, el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Así, todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados a su semejanza con más y más gloria por la acción del Señor, que es el Espíritu.
(2ª Corintios 3: 17, 18 NVI)
Dios quiere mostrarse al mundo a través de nosotros, Él quiere que todos conozcan Su gloria, Su grandeza y sepan a quién representamos en esta tierra. En la antigüedad cuando Moisés hablaba con Dios, la gloria de Dios se impregnaba en él y su rostro brillaba a tal punto que tenía que cubrirse el rostro para poder dirigirse al pueblo. “No hacemos como Moisés, quien se ponía un velo sobre el rostro para que los israelitas no vieran el fin del resplandor que se iba extinguiendo. Sin embargo, la mente de ellos se embotó, de modo que hasta el día de hoy tienen puesto el mismo velo al leer el antiguo pacto. El velo no les ha sido quitado, porque sólo se quita en Cristo. Hasta el día de hoy, siempre que leen a Moisés, un velo les cubre el corazón. Pero cada vez que alguien se vuelve al Señor, el velo es quitado.” (2ª Corintios 3: 14- 16 NVI) Los hijos de Dios, quienes hemos reconocido a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador, arrepintiéndonos de nuestros pecados y volviéndonos a Él, llegamos a ser el espejo de Dios, porque Su Espíritu que vive en nosotros nos va transformando más y más a Su semejanza. Así que lavémonos bien la cara para no distorsionar Su gloria. Su Palabra nos limpia y purifica para que seamos más semejantes a Él.

Adán y Eva fueron creados a imagen y semejanza de Dios y mientras ellos se mantuvieron en obediencia y dependencia de Dios, portaban y reflejaban la misma gloria de Dios. Jesucristo cuando estuvo en la tierra también reflejó la gloria de Dios, inclusive le dijo a uno de sus discípulos lo siguiente: “Le dijo Felipe: Muéstranos al Padre y nos basta, Señor nuestro. Jesús le dijo: He estado con ustedes todo este tiempo, y no me has conocido, Felipe. El que me ve a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: "Muéstranos al Padre"? ¿No crees que yo estoy en mi Padre y mi Padre en mí? Las palabras que yo hablo no las hablo por cuenta propia, sino que mi Padre que mora en mí, Él realiza estas obras. Crean que yo estoy en mi Padre y mi Padre en mí, y si no, crean al menos por las obras.” (Juan 14: 8-11 SyEspañol) Jesús vino a mostrarnos al Padre y cada hijo de Dios también muestra al Padre, aunque algunos no lo puedan ver como en el caso de Felipe. Muchas veces, ni siquiera nosotros mismos podemos creer esto, pues nos parece demasiada pretensión, sin embargo Dios quiere mostrarse, quiere que el mundo vea Su grandeza a través de Sus hijos, grandeza reflejada en palabras y en hechos.

"En verdad les digo: el que cree en Mí, las obras que Yo hago, él las hará también; y aún mayores que éstas hará, porque Yo voy al Padre. "Y todo lo que pidan en Mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. "Si Me piden algo en Mi nombre, Yo lo haré." (Juan 14: 12 – 14 NBLH) Miren ¡qué promesa! Lo que pasa es que nos cuesta creerla, pero si asimilamos bien estas palabras a la luz de la revelación de Dios, ya no nos vamos a mirar como insignificantes y mendigos de los favores de Dios, sino que entenderemos que lo que Dios nos dio es a Él mismo, es Su Espíritu morando en nosotros para hacer Sus obras y manifestar Su gloria. Y esta gloria no se extingue como pasaba con Moisés después de salir de la presencia de Dios, sino que va en aumento, de tal modo que somos transformados a Su imagen con más y más gloria por la acción de Su espíritu que vive en nosotros. La voluntad de Dios es que alcancemos la estatura de Cristo, que lleguemos a ser como Él, por eso Su Espíritu nos va transformando, va puliendo algunas áreas de nuestro carácter que no se asemejan a Cristo, para que reflejemos Su gloria, mientras más pulidos estemos, más perfecta va a ser la imagen que reflejemos de Dios. Sin velo, con el rostro descubierto vamos reflejando la gloria de Dios, vamos sacando a flote la acción del Espíritu en nosotros y empezaremos a hacer las obras que Cristo hizo. Lo que Cristo prometió, de seguro que lo cumple. Tan sólo nos queda creerle. Somos el espejo de Dios y reflejamos Su gloria.

domingo, 29 de mayo de 2011

LAS OBRAS TAMBIÉN CUENTAN

LAS OBRAS TAMBIÉN CUENTAN
Somos salvos por fe y no por obras, porque la salvación no depende de lo que hagamos, sino de lo que decidamos creer y aceptar, ya que esto define nuestro destino eterno, sea el cielo con Dios, o el infierno, alejado de Dios. Entonces, aquí, y sólo aquí, en esta tierra, mientras estemos en vida, decidimos dónde vamos a pasar la eternidad. “Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte.” (Efesios 2: 8,9 NVI). Ahora bien, las obras que nosotros hagamos determinarán nuestra recompensa o cómo pasaremos la eternidad, porque a Dios le interesa lo que hacemos “hoy”, ya que hay una conexión directa entre lo que hacemos hoy, con lo que obtendremos en la eternidad, todo lo que hacemos, cuenta para Dios, Él toma en cuenta hasta un vaso de agua que demos a uno de Sus pequeños y no dejará de recompensarnos por la eternidad, a Él nada se le escapa. “Porque el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces recompensará a cada persona según lo que haya hecho.” (Mateo 16: 27 NVI)

Cada persona tiene un comienzo, pero nuestra existencia seguirá eternamente, no tendrá fin; así que, al morir el ser humano puede ir a uno de los dos destinos eternos conforme a su elección mientras estuvo en la tierra, el cielo donde está Dios, que es un lugar real o el infierno, sin Dios, que también es real y no lo deseo para nadie. "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a Su Hijo unigénito (único), para que todo aquél que cree en El, no se pierda, sino que tenga vida eterna. "Porque Dios no envió a Su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por El. "El que cree en El no es condenado (juzgado); pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito (único) Hijo de Dios. "Y éste es el juicio: que la Luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la Luz, pues sus acciones eran malas. "Porque todo el que hace lo malo odia la Luz, y no viene a la Luz para que sus acciones no sean expuestas. "Pero el que practica la verdad viene a la Luz, para que sus acciones sean manifestadas que han sido hechas en Dios." (Juan 3: 16-21 NBLH).

Si la persona, estando en vida, ha decidido creer en Jesucristo como Su Salvador y Señor, entonces decidió por el cielo con Dios, pero si al contrario, no quiso creer ni aceptar a Jesucristo como Su Salvador y Señor, entonces también ha decidido por la otra opción, el infierno, sin Dios. Conforme hayamos creído, vamos a definir nuestro destino eterno, pero conforme nos hayamos conducido en este período terrenal, determinamos nuestra recompensa, o grado de cómo pasaremos la eternidad. Inclusive en el infierno habrá grados o niveles de castigo."Y tú, Capernaúm, ¿acaso serás elevada hasta los cielos? ¡Hasta el Hades (región de los muertos) descenderás! Porque si los milagros que se hicieron en ti se hubieran hecho en Sodoma, ésta hubiera permanecido hasta hoy. "Sin embargo, les digo que en el día del juicio será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma que para ti." (Mateo 11: 23 NBLH). Observen que no lo digo yo, sino aquel que vino de la eternidad, que todo lo sabe. Ahora miren lo que Jesús les dijo a los escribas y Fariseos. "¡Ay de ustedes, escribas y Fariseos, hipócritas, que devoran las casas de las viudas, aun cuando por pretexto hacen largas oraciones! Por eso recibirán mayor condenación." (Mateo 23: 14 NBLH).

"Poco después, Jesús les dijo a sus discípulos: --No se preocupen. Confíen en Dios y confíen también en mí. En la casa de mi Padre hay lugar para todos. Si no fuera cierto, no les habría dicho que voy allá a prepararles un lugar. Después de esto, volveré para llevarlos conmigo. Así estaremos juntos." (Juan 14: 1-3 BLS). ¡Qué maravillosa promesa! Jesús dijo que estaremos con Él, por eso Él toma en cuenta cada detalle de nuestra vida, cada actitud de nuestro corazón, para poder darnos según nuestras obras. “Por este motivo confiamos y deseamos estar ausentes del cuerpo y presentes ante nuestro Señor, y nos esforzamos para que, ya sea presentes o ausentes, le seamos agradables, porque todos nosotros habremos de comparecer ante el tribunal del Cristo, para que cada uno sea recompensado de acuerdo a lo que hizo estando en el cuerpo, haya sido bueno o haya sido malo.” (2ª Corintios 5: 8-10). El último libro de la Biblia confirma lo que estamos diciendo: “También vi un trono blanco y al que estaba sentado en él, de cuya presencia se apartaron la Tierra y los cielos, y no se encontró lugar para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, que estaban de pie delante del trono. Y los libros fueron abiertos. Después otro libro fue abierto, que es el de la vida. Y los muertos fueron juzgados por las cosas que estaban registradas en los libros, conforme a sus hechos. El mar entregó a los muertos que estaban en él, y la Muerte y el Seol entregaron a los muertos que se encontraban en ellos, y fueron juzgados cada uno conforme a sus acciones. Y la Muerte y el Seol fueron arrojados al lago de fuego. Ésta es la segunda muerte: el lago de fuego. Y el que no se hallaba inscrito en el libro de la vida, era arrojado al lago de fuego.” (Apocalipsis 20: 11- 15 SyEspañol).


El resultado de lo que hayamos hecho por Jesús aquí en la tierra determinará el grado de recompensa en el cielo; pero también las obras malas tendrán un grado de pago en el infierno. Entonces, mis amados cada cosa que hagamos, por muy pequeña que nos parezca, es tomada en cuenta por Dios. Que esta breve reflexión nos sirva para medir bien lo que hacemos para que nuestra recompensa pueda ser mayor, porque Dios es un Dios que recompensa por la eternidad. Entonces, mis obras también cuentan para Dios, porque hay una conexión directa entre lo que hacemos y la eternidad. Las decisiones que tomemos en vida, nos seguirán por la eternidad, así que no busquemos una recompensa terrenal, sino eterna. Hagamos todo como para Cristo y por amor a Él, porque la actitud con que lo hacemos también cuenta.

viernes, 20 de mayo de 2011





PLENITUD DE LA GRACIA DE DIOS

En lo que atañe a la ley, ésta intervino para que aumentara la transgresión. Pero allí donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia, a fin de que, así como reinó el pecado en la muerte, reine también la gracia que nos trae justificación y vida eterna por medio de Jesucristo nuestro Señor. (Romanos 5: 20, 21 NVI)

Estamos aquí con el propósito de recibir lo que Dios tiene para nosotros; y lo que Dios va a responder es lo que tu corazón está esperando, “porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia” (Juan 1: 16). Dios está con su mano de Gracia extendida para que nosotros la alcancemos por fe y con humildad de corazón. Hay gracia y más gracia disponible para cada uno de nosotros hasta “que lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4: 13). Todavía no hemos llegado a la perfección, estamos en un proceso, pero vamos a llegar. Cuando Dios habla de plenitud, está hablando de sobreabundancia y esa sobreabundancia de Su Gracia está a nuestra disposición, es una sobreabundancia integral, para cada aspecto de nuestra vida, sin embargo hay una sola fórmula para recibir más de Su gracia, veamos: “Pero El da mayor gracia. Por eso dice: "DIOS RESISTE A LOS SOBERBIOS PERO DA GRACIA A LOS HUMILDES." (Santiago 4: 6 NBLH). La humildad es la clave para recibir mayor gracia, porque la gracia es para compartirla, no para pretender sobresalir y retenerla con nosotros.

La Gracia de Dios es poder sobrenatural para hacer aquello que en nuestra fuerzas nunca lo lograríamos; es la vida misma de Dios para hacer aquello que Él quiere hacer a través de nosotros. “Porque esto es lo que dice el Altísimo, el que vive eternamente y tiene el nombre santo: «Yo vivo en lo alto y santo, pero vivo también con el que tiene su espíritu abatido y humillado. Le daré nueva vida al de espíritu humilde, y reviviré al abatido.” (Isaías 57: 15 PDT). El humilde depende de Dios para todo y sabe que sin Dios nada puede hacer, el abatido languidece al ver las almas rumbo al infierno y clama por salvación con un espíritu contrito ante Dios. Dios es un Dios de Gracia y no puede habitar donde todavía el “ego” gobierna, sólo habita en un corazón que se rinde totalmente a Él, entonces Dios puede hacer Su voluntad y manifestar Su gloria con el poder de Su Gracia.

La Gracia de Dios está disponible en cualquier momento, tanto para los que hemos aceptado a Jesucristo como Señor y Salvador, como para aquellos que vienen a Jesucristo por salvación. Por esta Gracia podemos llegar a Dios, no por nuestros méritos, sino por los de Cristo, quien derramó en sacrificio Su Sangre por nosotros, cuando clavado en la cruz por nuestros pecados dijo: “consumado es” y el velo del templo se rasgó en dos, entonces nos abrió el camino al Trono de Gracia, al lugar Santísimo para poder tener comunión con nuestro Padre, libre ya de toda culpa y pecado. A través de Su Sangre se abrió el camino al Padre, porque Él es el único Camino y Su Sangre es la única fuente que lava nuestros pecados. La sangre del Nuevo Pacto que borra toda mancha e iniquidad nos da vida y vida abundante. Su carne partida, su cuerpo lacerado, nos permite vivir en salud porque Él llevó sobre Su Cuerpo nuestras enfermedades y dolores y por Su llaga fuimos curados; Él se hizo por nosotros maldición para que nosotros fuésemos hechos bendición donde quiera que estemos y vayamos, porque llevamos en nuestro cuerpo las marcas de Cristo, pues Su muerte nos dio vida, Su resurrección nos justificó, Su Gracia nos salvó.

Damos gracias a Dios que podemos estar delante de Él, “ante su trono de gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4: 16), pues “cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia”. (Romanos 5: 20). Si Dios da sobreabundante gracia, es porque la necesitamos y sin ella no podríamos vivir. La sobreabundante gracia de Dios nunca desaparece, porque si Dios nos quitara su gracia, entonces nuestra vida dejaría de ser. Veamos, pues la importancia que tiene la gracia para con nosotros. Si tuviéramos que comparar la gracia con algo que es conocido, diríamos que es como el oxígeno que respiramos, el cual no nos cuesta nada; pero imagínense si en este momento el suministro de oxígeno se detuviera, ¿qué pasaría con nuestras vidas? Sencillamente dejaríamos de existir. Así como el oxígeno significa para el hombre o mujer, la vida aquí en la tierra; la gracia es para la persona la vida tanto aquí en la tierra como en el cielo. La gracia es la vida de Dios que viene sobre nosotros, es Su favor manifestado a nuestras vidas.

“Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y milagros en el pueblo. Y se levantaron algunos de la sinagoga llamada de los Libertos, de los cireneos y los alejandrinos, y de los de Cilicia y de Asia, discutiendo con Esteban. Y no podían resistir la sabiduría y el espíritu con que hablaba” (Hechos 6: 7-9 RVA).La gracia de Dios y Su poder van de la mano. Pues quien halla gracia ante los ojos de Dios recibe Su poder para hacer las obras de Él aquí en la tierra y así extender Su Reino. Clamemos por la gracia de Dios sobre nuestras vidas con humildad de corazón para cumplir con el propósito de Dios en nuestras vidas y sobre esta tierra, para que Su Reino venga sobre nosotros y Su voluntad sea hecha. Declaramos que tuyo oh Dios es el Reino, el poder y la gloria por los siglos de los siglos, amén.

martes, 10 de mayo de 2011

ÉSTE ES EL MEJOR MOMENTO

ÉSTE ES EL MEJOR MOMENTO DE LA HISTORIA
Siglo XXI, estamos contemplando el poder de la ciencia y la tecnología en acción y al mismo tiempo el poder maligno con toda su devastación. Entonces pensamos: "Dios debe estar muy enojado con toda esta situación y sus ojos ya no soportan ver todo el mal". Dios sigue siendo el Dios justo y misericordioso que nos ha permitido vivir el mejor momento de la historia. Él no está enojado, Su corazón se derrite de amor y compasión. Dios está BUSCANDO a un hombre o a una mujer que haga lo que Él dice: "Yo he buscado entre ellos a alguien que se interponga entre mi pueblo y yo, y saque la cara por él para que yo no lo destruya. ¡Y no lo he hallado!" (Ezequiel 22: 30 NVI) Dios te está buscando a ti y cuando te dejes encontrar, tu corazón empezará a derretirse juntamente con el de Dios y fluirá de ti el amor y la compasión del Dios Todopoderoso para que tu pueblo no sea destruido.

Cuando unas tu sueño al sueño de Dios, brotará en ti el amor por la gente y empezarás a hacer historia, la mejor historia de amor que jamás se haya contado después del Calvario. El amor te saca de la cárcel del legalismo, de ese enclaustramiento ególatra y te lleva adonde nunca imaginaste ir. Empieza a vivir el mejor momento de tu historia. ¡AMA! El mal seguirá su curso, pero mientras tu amor siga fluyendo se abrirá paso por donde otros no se atrevieron a pasar. Este es el mejor momento de la historia de Bolivia y tú puedes escribirlo, porque en medio de tantos "ayes" declaramos que: Bolivia será llena del conocimiento de la gloria del Señor. Tú puedes declarar lo mismo para tu nación, ciudad o barrio, para tu familia, porque el amor se abre paso, hace cauce donde nunca lo hubo para que la tierra se llene del conocimiento de la gloria del Señor.

Empieza a escribir el mejor momento de la historia, porque Dios te dice: “Yo sé los planes que tengo para ustedes, planes para su bienestar y no para su mal, a fin de darles un futuro lleno de esperanza. Yo, el Señor, lo afirmo.” (Jeremías 29: 11 DHH). No mires la calamidad que te rodea, mira lo que Dios tiene para ti, aunque te encuentres en medio de de la calamidad. Los discípulos de Jesús, se encontraron en una ocasión en medio de un mar muy, pero muy tormentoso y pensaron que iban a morir, ellos sólo podían ver la tempestad, pues al parecer no había ni un atisbo de calma, todo era calamidad. Jesús estaba en la barca con ellos, pero dormía.
“Luego subió a la barca y sus discípulos lo siguieron. De repente, se levantó en el lago una tormenta tan fuerte que las olas inundaban la barca. Pero Jesús estaba dormido. Los discípulos fueron a despertarlo. --¡Señor --gritaron--, sálvanos, que nos vamos a ahogar!--Hombres de poca fe --les contestó--, ¿por qué tienen tanto miedo? Entonces se levantó y reprendió a los vientos y a las olas, y todo quedó completamente tranquilo. Los discípulos no salían de su asombro, y decían: "¿Qué clase de hombre es éste, que hasta los vientos y las olas le obedecen?” (Mateo 8: 23 – 27). Si Jesús está en tu barca, en tu corazón, aunque parezca que está dormido, Él siempre tiene el control de toda la situación. No te inquietes. Mientras Él esté en tu barca, ten por seguro que no te ahogarás.

La tempestad aparece “de repente”, cuando menos la esperas y su objetivo es hundirte, no viene sólo para darte un gran susto, viene para destruirte, pero con Jesús en tu barca nunca lo logrará; así que, enfrenta a la tempestad como lo hizo Jesús, reprende a esa situación difícil y no mires a la tempestad, para que no apague tu fe, mira sólo a Jesús, Él es el dueño de la situación. No mires que los productos de la canasta familiar han subido hasta las nubes y que lo que ganas ya no te alcanza, mira al Dueño y Señor de la situación, mira a Jesús. Cuando las cosas se ponen difíciles, ése es el mejor momento de la historia, porque te obliga a mirar al que tiene todo el control y ya te ha dado la autoridad para hacer frente a cualquier tempestad en Su nombre y por el poder del Espíritu de Dios que mora en ti. Escribe ya el final de la historia, porque la tempestad viene y se va, pero la Palabra de Dios permanece para siempre. Recuerda que Él tiene pensamientos de bien para ti, para darte el fin que esperas.

jueves, 7 de abril de 2011

ENTENDIENDO LA GRACIA DE DIOS

ENTENDIENDO LA GRACIA DE DIOS


Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y la gracia que él me concedió no fue infructuosa. Al contrario, he trabajado con más tesón que todos ellos, aunque no yo sino la gracia de Dios que está conmigo. (1ª Corintios 15: 10)


Entendiendo la gracia de Dios es un tema que debe ser estudiado a la luz de la Palabra de Dios y comprendido por revelación, pues Dios, en su infinita bondad y misericordia proveyó este tiempo para nosotros, para que todo aquel que en Él cree no se pierda. La salvación y todo lo que en ella conlleva, es decir, la redención por la sangre de Cristo de la esclavitud del pecado y por ende de la muerte, la redención de la enfermedad, de la pobreza, de la miseria, etc., lo hemos recibido como Regalo o Gracia de Dios, pues Él hizo que su Hijo se hiciera pecado por nosotros para que nosotros fuésemos justicia de Dios en Él.


Somos justificados pos Su Sangre para que podamos disfrutar de Su Gracia o Regalo de Dios a nuestras vidas. La Gracia de Dios es Su Poder emanado hacia nosotros, para que podamos hacer aquello que en nuestras propias fuerzas nunca lo hubiéramos logrado. Ese poder nos ha librado de una muerte segura e innegable, pues no nos ha dado el pago conforme a nuestras faltas o pecados, sino que nos extendió Su Gracia para salvarnos, dándonos el regalo de la salvación por medio de Su Hijo Jesucristo. Por esa Gracia, Jesús, se hizo pobre para que fuésemos en Él y por Él enriquecidos; también tomó nuestras enfermedades y llevó nuestras dolencias y por sus llagas fuimos curados. Es más, abrió para nosotros el camino hacia el Trono de la Gracia para que alcancemos misericordia y hallemos gracia en cualquier momento de necesidad. Él hizo de nuestro cuerpo su templo, su morada. ¡Oh, maravillosa gracia! ¡Quién pudiera comprender su inefable amor! Amor que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo dio en rescate por todos y con Él todas las cosas. ¿Por qué no disfrutar de esta gracia, por qué no estar agradecidos, por qué no amarle con todo nuestro ser?


Oh, Amados, la gracia de Dios sobrepasa todo entendimiento y cuanto más nos adentremos en ella, más grandiosa la veremos, más maravillados estaremos, pues siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Esta gracia es nuestra, no por nuestros méritos, sino por los del Cordero de Dios sin mancha ni contaminación, que dio Su Sangre en libación por nosotros los pecadores para que fuésemos presentados justos y sin mancha delante de Dios, por ese amor derramado voluntariamente sobre todo pecador, para que todo aquel que en Él crea, no se pierda, mas tenga vida eterna. Por esta Gracia entramos en Pacto con Dios y somos sellados con la Sangre de Jesucristo, para que toda Su victoria sea nuestra por siempre y para siempre. Además, llegamos a ser hijos juntamente con Su Hijo Jesucristo, de tal manera que obtenemos herencia con Cristo, en Él y a través de Él. Por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte. (Efesios 2: 8,9 NVI) La gracia de Dios es oasis de salvación, aliento al moribundo; es el amor de Dios viniendo para hacer lo que el pecador por sí sólo no podía hacer; es simplemente: Dios trabajando para el hombre; haciendo algo que el hombre nunca hubiera podido hacer, poniéndose en su lugar, llevando sobre sí las consecuencias del pecado, haciéndose pecado para que el hombre fuese presentado justo delante de Dios. La Gracia de Dios ha sido dada al hombre sin que medie voluntad humana; fue Dios quien quiso darla, no depende del hombre. En el momento que el hombre intente hacer algo para sensibilizar a Dios, para hacer que Dios actúe a su favor y recibir cualquiera de las gracias, no sólo está rechazando la Gracia de Dios, sino que está practicando una “obra muerta” y las obras muertas no realizan ni alcanzan nada.


Digo juntamente con Pablo: “Gracias doy a mi Dios siempre por vosotros, por la gracia de Dios que os fue dada en Cristo Jesús; porque en todas las cosas fuisteis enriquecidos en él, en toda palabra y en toda ciencia; así como el testimonio acerca de Cristo ha sido confirmado en vosotros, de tal manera que nada os falta en ningún don, esperando la manifestación de nuestro Señor Jesucristo; el cual también os confirmará hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor. (1 Corintios 1: 4 – 9).

domingo, 27 de marzo de 2011

EL ESPÍRITU DE TEMOR

EL ESPÍRITU DE TEMOR
"Después llegó el que había recibido sólo mil monedas. 'Señor --explicó--, yo sabía que usted es un hombre duro, que cosecha donde no ha sembrado y recoge donde no ha esparcido. Así que tuve miedo, y fui y escondí su dinero en la tierra. Mire, aquí tiene lo que es suyo.' Pero su señor le contestó: ‘Siervo malo y perezoso! ¿Así que sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido? Pues debías haber depositado mi dinero en el banco, para que a mi regreso lo hubiera recibido con intereses.' 'Quítenle las mil monedas y dénselas al que tiene las diez mil. Porque a todo el que tiene, se le dará más, y tendrá en abundancia. Al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. (Mateo 25: 24-29NVI)


La parábola de los talentos nos muestra cómo es el reino de los cielos y dice que es como un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les encargó sus bienes. A uno le dio cierta cantidad de dinero, a otro, le dio un poco menos y a un tercero le dio aún menos, pero todos recibieron dinero para que hicieran negocio y aumentaran los bienes del dueño, al menos así parecía, pero ellos no estaban trabajando gratis, porque sabían que su señor los iba a recompensar; por eso los dos primeros se empeñaron y dieron su mayor esfuerzo por duplicar la suma y fueron muy bien recompensados, más de lo que ellos esperaban, porque así es en el Reino de Dios, siempre se nos da más de lo que esperamos. “Al que puede hacer muchísimo más que todo lo que podamos imaginarnos o pedir, por el poder que obra eficazmente en nosotros, ¡a él sea la gloria en la iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos! Amén.” (Efesios 3: 20, 21 NVI). En cambio el tercero, fue invadido de temor o miedo y no negoció con lo que tenía, sino que lo guardó muy bien hasta que su señor regresara, pero no fue premiado por eso, sino más bien castigado.


El espíritu de temor vuelve perezosas a las personas, porque las incapacita para usar su potencial, entonces se reprimen y no sacan a flote sus cualidades para beneficio de los demás, pero sobre todo de ellas mismas. El temor llena de maldad a la persona porque se vuelve irascible, susceptible, desconfiada, quejosa, criticona, chismosa e inclusive baja la autoestima de la persona y la impulsa a cometer otros actos ofensivos a Dios y al prójimo, permitiendo dejarse vejar y admitiendo que cometan actos de violencia contra ella; como verán, el espíritu de temor abre el portón para que entren otros espíritus inmundos y tomen control de la persona debilitada por el temor. La Biblia es enfática al decirnos “no temas”, muchos versículos hablan sobre esto, nos animan a confiar en Dios y a fortalecernos en Su amor. El temor amplifica aquello que tememos y minimiza a nuestro Dios, ese es su objetivo y cometido, porque de ese modo impide a la persona desenvolverse en el propósito que Dios tiene para ella, anulando así sus capacidades.


“Porque no nos ha dado Dios el espíritu de temor, sino el de fortaleza, y de amor, y de templanza.” (2ª Timoteo 1: 7 RV 2000). El temor es un espíritu que nos aniquila. Si bien, llevamos dentro de nosotros como un arma de defensa el temor a realizar algo que nos va a dañar - cuando tenemos conciencia de ello- porque un niño que no tiene conciencia que el fuego quema, se acercará a él sin temor y se quemará. Ese temor a no acercarnos a aquello que nos va a dañar, nos libra del perjuicio. También el temor a hacer algo que va a ofender a Dios nos va a llevar a tener cada vez más reverencia al Dios Altísimo. Sin embargo el espíritu de temor al que Pablo se refiere es aquel que nos conduce a dudar de Dios por incredulidad. Este espíritu nos llena de angustia y desesperación haciéndonos perder el control de nuestros actos. Por ejemplo, los celos que nos llevan a desconfiar de las personas, es consecuencia del temor a que nos dañen y esto lo ocasiona el espíritu de temor que toma el control en algunas vidas. La timidez, cobardía, inseguridad son otras máscaras del temor. Dios nos ha dado de Su Espíritu que nos llena de Su poder, Su amor y Su templanza; nos ha dotado de sus características para que podamos triunfar como ciudadanos de Su Reino.


En la Biblia encontramos muchísimas frases como: “no temas”,no tengas temor”, porque Dios sabe que podemos fácilmente abrir la puerta al espíritu de temor, porque este espíritu trabaja con esa parte de nuestra alma y la deforma, para que ese temor que nos frena a no hacer algo que nos dañará, sea distorsionado en tal forma que nos haga vivir en constante miedo, tanto de cosas reales como irreales. Lo más grave de este espíritu es que nos desvía la mirada de Dios y nos hace ver las cosas exageradamente abrumadoras, de tal manera que empezamos a desfallecer. Eso pasó con diez de los doce espías que Moisés envió a reconocer la tierra que Dios les iba a dar: Le dijeron a Moisés: --Fuimos a la tierra a la que nos enviaste. Realmente es una tierra donde la leche y la miel corren como el agua, y estos son los frutos que produce. Pero la gente que vive allí es fuerte, y las ciudades son muy grandes y fortificadas. Además de eso, vimos allá descendientes del gigante Anac. En la región del Négueb viven los amalecitas, en la región montañosa viven los hititas, los jebuseos y los amorreos, y por el lado del mar y junto al río Jordán viven los cananeos. Entonces Caleb hizo callar al pueblo que estaba ante Moisés, y dijo: --¡Pues vamos a conquistar esa tierra! ¡Nosotros podemos conquistarla! Pero los que habían ido con él respondieron: --¡No, no podemos atacar a esa gente! Ellos son más fuertes que nosotros. Y se pusieron a decir a los israelitas que el país que habían ido a explorar era muy malo. Decían: --La tierra que fuimos a explorar mata a la gente que vive en ella, y todos los hombres que vimos allá eran enormes. Vimos también a los gigantes, a los descendientes de Anac. Al lado de ellos nos sentíamos como langostas, y así nos miraban ellos también. (Números 13: 27-33 DHH)


El espíritu de temor anuló a estos hombres porque los hizo desviar su mirada del Dios Todopoderoso que los había sacado de Egipto con gran poder y gloria y los hizo ver a esos hombres más grandes que Dios; también ellos empezaron a verse tan insignificantes que se compararon a langostas y todavía creyeron que los habitantes de esas tierras los veían así. Eso hace el espíritu de temor en nuestras vidas, por eso no le demos cabida en nuestra mente ni por una milésima de segundo; levantemos en nuestra mente al espíritu de poder que Dios nos ha dado y no desviemos nuestra mirada del Dios Altísimo, porque el Espíritu que Él nos ha dado a sus hijos es el mismo que resucitó de los muertos a Cristo Jesús. “Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes…Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: "¡Abba! ¡Padre!" (Romanos 8: 11 y 15 NVI)

jueves, 17 de marzo de 2011

OSADÍA DE FE SOBRENATURAL


OSADÍA DE FE SOBRENATURAL
Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo. La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar. Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. "Es un fantasma", dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar. Pero Jesús les dijo: "Tranquilícense, soy yo; no teman. Entonces Pedro le respondió: "Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua". "Ven", le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él. Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: "Señor, sálvame". En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: "Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?" (Mateo 14: 23- 31 BPD)

La fe sobrenatural, es decir creerle a Dios, requiere de osadía o resolución de parte de la persona, porque no se trata de una creencia natural, como que yo creo que alguna persona leerá este texto que estoy escribiendo; sino que esta fe tiene que nacer del corazón, “porque con el corazón se cree para justicia” (Romanos 10: 10), es decir para permitir en nosotros que la voluntad de Dios sea hecha. Un corazón resuelto a que la voluntad de Dios se haga en su vida, se mantendrá firme en la Palabra y no dudará a pesar de las circunstancias adversas de la vida. Pedro estuvo resuelto, en primera instancias a hacer la voluntad de Jesús que le dijo “ven”, entonces obedeció la palabra de Jesús y empezó a caminar sobre el agua en base a esa Palabra, pero se detuvo por un instante a escuchar las voces de la tormenta y a contemplar el inmenso mar que parecía devorarlo y fue ahí que empezó a hundirse, porque dudó. Jesús muy pronto atendió al grito desesperado de Pedro pidiendo que lo salvara, pero le censuró por su poca fe debido a la duda; es que la fe no admite duda porque son incompatibles.

La fe sobrenatural hace cosas sobrenaturales, porque no está regida por la razón, sino por el corazón, por el espíritu que sostiene nuestra vida. “Tener fe es tener la plena seguridad de recibir lo que se espera; es estar convencidos de la realidad de cosas que no vemos.” (Hebreos 11: 1 DHH). Necesitamos “esperar” algo y tener la seguridad que lo vamos a recibir. ¿Qué esperaba Pedro? "Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua". Esperaba hacer nada menos que lo mismo que Jesús estaba haciendo, caminar sobre las aguas, ¡eso es osadía! y estaba resuelto a conseguirlo, ya que sin temor alguno, mirando sólo a Jesús se bajó de la barca y se mantuvo como en tierra firme, por un momento. ¿Por qué Pedro no completó su recorrido hasta llegar a Jesús? Porque “dudó” de la Palabra de Jesús cuando vio la furia del mar. Cuando nos detenemos en los problemas o dificultades de la vida, la duda sutilmente toma cabida en nuestro corazón y dejamos de creerle a Dios para creer en la mentiras del diablo, cambiamos fácilmente la verdad por la mentira, entonces empezamos a hundirnos, pero si clamamos a Dios, al único y verdadero Dios, Él extenderá Su mano poderosa y nos rescatará de en medio de la tempestad.

En medio de la crisis mundial que día a día se agudiza, debemos ser osados en nuestra fe, porque “el justo por su fe vivirá”. (Habacuc 2: 4). La fe en la Palabra de Dios es lo único que nos va sostener, así que te animo que a pesar de las calamidades de la vida, mantén tu fe centrada en el autor y perfeccionador de nuestra fe, porque recuerda, “que sin fe es imposible agradar a Dios.” (Hebreos 11: 6). Nuestra fe tiene que ir desarrollándose cada día y no permitamos que la duda nos robe la bendición. La duda hace oír su voz muy dentro de nosotros y nos hace ver los problemas muchísimo más grandes de lo que son; en cambio la fe se centra en la Palabra de Dios y se mantiene firme en Ella hasta alcanzar lo prometido, porque sabe que fiel es el que prometió, el cual también lo hará.

"Así que la fe viene como resultado de oír el mensaje, y el mensaje que se oye es la palabra de Cristo." (Romanos 10: 17 NVI) La fe viene por oír las palabras de Cristo; la duda viene por oír las palabras del diablo a través de muchas voces que contradicen la voz Dios. Josué debía conducir al pueblo de Dios hacia la tierra prometida, por eso Dios le dijo: “Sólo te pido que tengas mucho valor y firmeza para obedecer toda la ley que mi siervo Moisés te mandó. No te apartes de ella para nada; sólo así tendrás éxito dondequiera que vayas. Recita siempre el libro de la ley y medita en él de día y de noche; cumple con cuidado todo lo que en él está escrito. Así prosperarás y tendrás éxito. Ya te lo he ordenado: ¡Sé fuerte y valiente! ¡No tengas miedo ni te desanimes! Porque el Señor tu Dios te acompañará dondequiera que vayas."(Josué 1: 7-9 NVI) La atención de Josué debía estar centrada sólo en la Palabra de Dios, para que su fe creciera cada día y así también su confianza en Dios. Oír otros mensajes que no provienen de Dios, debilita nuestra fe y nos succiona hacia abajo, en cambio oír el mensaje de Dios fortalece nuestra fe y nos eleva a lo sobrenatural, allí donde Dios ya nos ha bendecido con toda bendición sobrenatural en Cristo Jesús. (Efesios 1: 3).

Josué debía pasar todo el tiempo oyendo, repitiendo, meditando la Palabra de Dios, debía invertir en su fe para que ésta crezca. ¿Cuánto tiempo inviertes para oír, estudiar, meditar la Palabra de Dios para que tu fe crezca? Recuerda que te será hecho conforme a tu fe. Una fe osada piensa en grande porque conoce a Su Dios que es sobremanera grande y poderoso; lo conoce porque lo oye, lo piensa, lo sueña, lo anhela cada instante de su vida. La persona de fe se lanza y atrapa lo que Dios tiene para ella, y sabe lo que tiene porque oye el mensaje de Cristo. Sé osado en tu fe, porque Dios es galardonador de los que le buscan. Dios se alegra con los que le creen y los premia con Sus bendiciones. “Mas mi justo vivirá por la fe; y si retrocede, mi alma no se complacerá en él.” (Hebreos 10: 38 LBLA)

domingo, 13 de febrero de 2011

¿DÓNDE ESTÁS VIVIENDO?

¿DÓNDE ESTÁS VIVIENDO? ¿EN EGIPTO O EN LA TIERRA PROMETIDA?
Jesús se dirigió entonces a los judíos que habían creído en él, y les dijo: -Si se mantienen fieles a mis enseñanzas, serán realmente mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres. (Juan 31: 32 NVI). Cristo nos libertó para que vivamos en libertad. Por lo tanto, manténganse firmes y no se sometan nuevamente al yugo de esclavitud. (Gálatas 5: 1 NVI).

Quizá en este momento estés cantando una canción parecida a ésta:
Libre soy en Cristo, libre soy;
Por la Gracia del Señor, libre estoy;
Su Sangre me ha liberado,
estoy perdonado,
En Cristo nueva criatura soy…..



Mientras se va cantando una canción de libertad en Cristo, la mente del esclavo divaga por las áridas arenas del desierto de Egipto, y se convence o lo convencen que está pasando por su desierto, entonces se resigna y espera el maná muy temprano en la mañana, lo cual no está mal, pero después tiene que entrar a su tienda y quedarse de brazos cruzados porque nada puede hacer en el desierto. Está esclavo en su mente y se cruza de brazos esperando la bendición que no tenga condición, porque eso es legalista, ya fue en el pasado. Al esclavo lo rige la ley del mínimo esfuerzo. Sueña con ser lleno del Espíritu de Dios y Su unción, pero se conforma con vivir como vive, porque espera al hada madrina que le toque con su varita mágica y sea transformado. En su mente está: “cambiaré cuando Dios quiera”. No toma decisiones y Dios es respetuoso de nuestras decisiones, entonces nunca va a cambiar; no porque Dios no quiera, sino por su propia elección, porque se conforma con la situación, porque es de visión corta.

Muchos cristianos, hijos de Dios, todavía creen que están presos, atados al borde del infierno, pensando que si Jesucristo viene, en lugar de irse con Él, por el impacto caerán al mismo infierno, esto los llena de temor y viven en angustia, pensando más en: “qué pasará si me quedo cuando se realice el arrebatamiento, porque no puedo dejar de pecar, claro que no son pecados muy grandes, pero pecados al fin”. Viven en temor y no avanzan. Son libres, pero siguen pensando como prisioneros. Son como esa gallina que por un tiempo ha permanecido atada a un poste, al comienzo trató desesperadamente de soltarse, pero después se conformó dando vueltas alrededor del poste en la que fue atada. Pero un día, alguien le corta la cuerda, sin embargo ella sigue dando vueltas al poste, creyendo que eso es todo lo que puede hacer. Jesucristo ha venido para hacernos libres y ninguna atadura del diablo, llámese maldición generacional, pecados del pasado, iniquidades, puede permanecer frente al poder liberador de Cristo Jesús. “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado para proclamar libertad a los presos y dar vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos, para proclamar el año del favor del Señor." (Lucas 4: 18,19 NVI). Cristo vino con una misión, darnos libertad. Nos dice a fuerte voz que somos libres, libres y nos pone en libertad, para que todo nuestro ser goce de la vida abundante que nos da. “El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia.” (Juan 10: 10 NVI)

El poder de Jesucristo es infinitamente mayor a cualquier atadura del diablo o de nuestra carne o alma. “Ciertamente les aseguro que todo el que peca es esclavo del pecado --respondió Jesús--. Ahora bien, el esclavo no se queda para siempre en la familia; pero el hijo sí se queda en ella para siempre. Así que si el Hijo los libera, serán ustedes verdaderamente libres.” (Juan 8: 34-36). Podemos gritar: “Somos libres en Cristo. Todas mis cadenas ya han sido rotas. Adiós a la religiosidad, al prejuicio, a todas las mentiras del diablo y al temor de mi mente. Alma mía, eres libre, empieza a alabar al Señor Jesucristo quien te libertó y recuerda todas sus bondades para contigo. Gózate en el Señor y en el poder de Su fuerza, ya no te angusties, tan sólo espera en Jesucristo con fe y confianza, que si Él lo prometió, ten por seguro, que lo hará”. Este es el año agradable del Señor, disfrútalo.

El hijo es libre, vive en las promesas, está gozando de la tierra prometida y aunque haya gigantes que quieran robar su bendición, él sabe quién es en Cristo, qué tiene y qué puede en Él. Está en luz, no anda a tientas, sabe que el trabajo de sus manos va a ser prosperado, porque las bendiciones lo persiguen, está lejos de temor, porque éste huirá de él, ya que en el amor, no hay temor, porque el amor de Jesucristo en nuestras vidas echa fuera el temor; vive confiado en Dios, porque ha sujetado su voluntad a la del Espíritu Santo. Entonces, ¿no tiene problemas? Sí y no, porque en Cristo los problemas dejan de serlo, así como vienen, tienen que irse. El hijo libre, no se detiene en los problemas, porque no vive de ellos, vive por la fe en Jesucristo, quien ha vencido a Satanás y nada le es difícil para Él. Jesucristo es su escudo y escondedero, refugio seguro frente a cualquier tempestad de la vida.

El cristiano que todavía vive con la mente en Egipto, no puede gozar de las bendiciones de Dios, quiere correr tras ellas, porque no cree que ellas correrán tras de él. Cómo hijo de Dios, dónde te encuentras viviendo, ¿todavía en el desierto, o disfrutando de la tierra de las promesas?

miércoles, 9 de febrero de 2011

EL SUSURRO DEL ALMA

EL SUSURRO DEL ALMA
Y Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en sus narices aliento de vida, y el hombre vino a ser alma viviente.
(Génesis 2: 7 VM)
Cuando Dios sopló en el hombre el aliento de vida, Dios formó el alma, entonces el ser humano se convirtió en un ser consciente de su propia existencia. Formó el alma con voluntad, con capacidad de decidir por cuenta propia, Dios le dio libre albedrío; le dotó de una mente para que pensara pensamientos puros y también puso en el alma emociones, haciéndole capaz de sentir alegría, tristeza, agrado o desagrado, en fin, le dotó de personalidad propia. El alma es la personalidad del ser humano, con emociones, pensamientos y voluntad propia, es el ego humano. El alma es lo que la persona es en sí, por eso el ser humano es alma viviente”.

En el huerto del Edén, antes que el hombre pecara, su alma estaba ligada o sujeta a su espíritu, y éste a la vez estaba sujeto o ligado al Espíritu de Dios, entonces, todo lo que el alma pensaba, decidía o sentía, estaba de acuerdo a lo que Dios también pensaba, decidía o sentía, porque su alma estaba controlada por su espíritu; existía comunicación intrínseca con Dios, de tal forma que Adán y Dios eran “uno” en pensamiento, decisión y sentimiento. Por cuanto su espíritu estaba controlado por el Espíritu de Dios, Adán podía pensar los pensamientos de Dios y sus sentimientos eran nobles. Tenía voluntad propia para decidir y mientras estaba su espíritu unido al de Dios, tomaba decisiones sabias y no se equivocaba. Adán no era como un robot, podía seguir unido a Dios, o no, lo cual hizo, pues decidió desligarse de Dios y le dio el control de su alma al diablo, entonces pecó y con él toda la raza humana. El cuerpo de Adán, antes de la caída, estaba a la vez sujeto a su alma y tenía control sobre sus propios instintos naturales, haciendo sólo lo que su espíritu y alma le dictaban.

Cuando el hombre decidió, por cuenta propia, hacer lo contrario a la voluntad de Dios y desligarse del Espíritu de Dios, entonces simultáneamente su alma toma el control, quedando el espíritu humano atrapado entre el alma y el cuerpo, o desplazado de su lugar. Como nuestra comunión con Dios es a través del espíritu, el hombre, después de pecar, perdió esa comunión, entonces su alma quedó a merced del diablo. El alma no fue creada para tomar el control del ser humano, sino más bien para estar sujeta o controlada por el espíritu. Pablo dijo en 1ª Tesalonicense 5: 23: “Y que el mismo Dios de paz os santifique por completo; y que todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea preservado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.” Este es el orden porque somos espíritu en esencia, ya que Dios nos creó a Su Imagen y Semejanza y Él es Espíritu y es por medio de nuestro espíritu que nos comunicamos con Dios, no es a través del alma. El alma cuando está sujeta al espíritu recibe la comunicación de éste acerca de quién es Dios y cómo adorarlo. Somos espíritu, poseemos un alma y nuestro cuerpo es sólo nuestra morada temporal. Si nos mantenemos según el orden establecido por Dios, donde el espíritu toma el control, porque está controlado por el Espíritu de Dios, el alma se sujeta al espíritu y el cuerpo al alma, vamos a vivir en equilibrio, nos vamos a gozar haciendo la voluntad de Dios, viviendo en santidad y pureza, entonces seremos preservados irreprensibles para la venida de nuestro Señor Jesucristo.

Cuando el ser humano se deja gobernar por el alma, porque su espíritu no está sujeto al Espíritu Santo de Dios, entonces el alma susurra constantemente pidiendo atención para satisfacer sus caprichos o apetitos carnales. En el caso de los cristianos cuando siguen gobernados por el alma prestan más atención al susurro del alma por ser atendida que a la voz de su espíritu. La persona cristiana controlada por el alma se vuelve un cristiano carnal porque satisface los deseos de la carne, como lascivia, celos, envidia, ira, enojo, etc. “Porque la mente puesta en la carne es muerte, pero la mente puesta en el Espíritu es vida y paz. La mente puesta en la carne es enemiga de Dios, porque no se sujeta a la Ley de Dios, pues ni siquiera puede hacerlo, y los que están en la carne no pueden agradar a Dios.” (Romanos 8: 6-8 NBLH)

El alma constantemente susurra a nuestros oídos para ser atendida y es muy insistente. Muchos de nuestros errores no son culpa del diablo, sino de nosotros mismos por querer satisfacer los deseos del alma. Cuando recibimos a Cristo en nuestro corazón, nuestro espíritu se salva y se une al Espíritu de Cristo, pero nuestra alma necesita entrar en un proceso de salvación. Veamos que dice Santiago 1: 21: “Por lo cual, dejad toda inmundicia y superfluidad de malicia, y recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas.” Para salvar nuestro espíritu tan sólo necesitamos arrepentirnos genuinamente de nuestros pecados, recibir a Cristo en nuestro corazón aceptando Su sacrificio en la cruz y reconociéndolo como nuestro único Señor y Salvador; pero para salvar nuestra alma necesitamos dejar o despojarnos de toda impureza o deshonestidad y de toda maldad y aceptar con mansedumbre la Palabra de Dios sembrada en nuestros corazones para que nuestra alma empiece a ser transformada y sea salva de aquello que la deforma. La Palabra de Dios es como el agua que lava nuestra alma, por eso debemos llenarnos de la Palabra de Dios, porque nuestra alma necesita aprender a estar sujeta a nuestro espíritu y a sosegarse dejándose guiar por éste. Cuando esto pasa, entonces nuestra voluntad se sujeta a la voluntad de Dios, nuestros pensamientos los llevamos cautivos a la obediencia a Cristo y nuestras emociones son controladas por el Espíritu Santo de Dios.

Vivir conforme al diseño original de Dios: nuestro espíritu sujeto al Espíritu de Dios, nuestra alma sujeta a nuestro espíritu y nuestro cuerpo sujeto a nuestra alma y espíritu, nos trae paz y nos hace estar en paz con Dios, entonces el susurro del alma será el susurro de Dios, porque nuestro espíritu vivificado nos hará oír la voz de Dios y nuestra voluntad se deleitará en hacer la voluntad de Dios, nuestra mente pensará los pensamientos de Dios y nuestras emociones se gozarán de estar al servicio de Dios. “Bendice, alma mía, al SEÑOR, Y bendiga todo mi ser Su santo nombre. Bendice, alma mía, al SEÑOR, Y no olvides ninguno de Sus beneficios. El es el que perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus enfermedades; El que rescata de la fosa tu vida, El que te corona de bondad y compasión; El que colma de bienes tus años, Para que tu juventud se renueve como el águila." (Salmo 103: 1- 5 NBLH).

jueves, 3 de febrero de 2011

¿QUIÉN TIENE LA CULPA?

¿QUIÉN TIENE LA CULPA?
Hay un dicho que reza así: “Quien echa su mal a otro, descansa”. ¿Será verdad esto? Desde el comienzo de la historia de la humanidad, el ser humano no quiso reconocer su culpa y creyó que echándole el rollo a otra, las cosas mejorarían, sin embargo no es así. Cada uno es responsable de sus actos. “Cuando el día comenzó a refrescar, oyeron el hombre y la mujer que Dios andaba recorriendo el jardín; entonces corrieron a esconderse entre los árboles, para que Dios no los viera. Pero Dios el Señor llamó al hombre y le dijo: ¿Dónde estás? El hombre contestó: Escuché que andabas por el jardín, y tuve miedo porque estoy desnudo. Por eso me escondí. ¿Y quién te ha dicho que estás desnudo? Le preguntó Dios. ¿Acaso has comido del fruto del árbol que yo te prohibí comer? Él respondió: La mujer que me diste por compañera me dio de ese fruto, y yo lo comí. Entonces Dios el Señor le preguntó a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? La serpiente me engañó, y comí contestó ella.” (Génesis 3: 10 – 13 NVI). Adán y Eva no quisieron asumir la culpa por su desobediencia, no quisieron reconocer su error y cargaron con ello toda su vida y nos echaron la carga también a nosotros. Parece que la naturaleza humana tiene la tendencia de no reconocer sus faltas, con razón por ahí dicen que “la culpa es soltera”, porque nadie la quiere tener a su lado como compañera.

La Palabra de Dios dice: “El que encubre sus pecados no prosperará, pero el que los confiesa y los abandona hallará misericordia.” (Proverbios 28: 13 NBLH). Reconocer nuestros errores, confesarlos delante de Dios y apartarnos de ellos, nos acarrea bendición y la misericordia de Dios nos cubre. La misericordia de Dios es no darnos lo que merecen nuestros actos pecaminosos. “Pero si confesamos a Dios nuestros pecados, podemos estar seguros de que él, que es absolutamente fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad.” (1ª Juan 1: 9 CST-IBS). Reconocer nuestras faltas o pecados por medio de la confesión a Dios es reconfortante porque estamos seguros que Dios nos perdona y nos limpia, de ese modo quedamos como nuevos otra vez y sin la carga de la culpa. La confesión verdadera con arrepentimiento implica dejar de hacer lo malo. Empecé este texto con el dicho, “quien echa su mal a otro, descansa"; y dejé la interrogante para ver si esto era verdad. Pero ahora, por lo que hemos visto por la Palabra de Dios, nos damos cuenta que no es verdadero ese dicho, sino que es totalmente falso. Sólo vamos a descansar del remordimiento de la culpa si confesamos nuestros pecados delante de Dios y algunas veces también debemos de hacerlo delante de las personas, si el caso amerita.

A menudo queremos hacer responsables de nuestra mala conducta a otras personas, por ejemplo: “Soy así porque mis padres me abandonaron”; “me irrita su presencia y no puedo controlarme”; mi enfermedad me ha vuelto renegón”, etc. Nuestras malas acciones no son la responsabilidad de otros, sino de nosotros mismos, porque decidimos actuar así, nadie nos obliga a hacerlo y nadie tiene la obligación de soportar nuestro mal carácter o nuestra falta de dominio propio. Las circunstancias adversas de la vida no deberían deteriorar tu carácter, sino más bien fortalecerlo, porque lo que eres no depende de lo exterior, sino de lo que llevas en tu interior, dentro de ti; y sólo tú puedes tomar control del “toro furioso” que quiere salirse de su corral o descontrolarse. “Airaos, pero no pequéis”, esto parece paradójico, decimos: _ ¿Cómo me voy a airar sin pecar? Parece difícil porque primero pecamos y después nos airamos. Me explico: primero tenemos ojeriza contra algo o alguien, que bien puede ser “uno mismo” y luego, debido a esa ojeriza, empezamos a encolerizarnos y llenarnos de ira contra el agente externo, cuando en realidad, el problema es nuestro y no de otro. Necesitamos aprender a dejar las viejas mañas de pensar y empecemos a pensar como Dios piensa, para no dar razones a lo que es sinrazón.

Nadie nos manda a tener repulsión o aversión hacia otra persona o cosa, sin embargo nos permitimos ese mal sentimiento dentro de nosotros y queremos culpar de nuestra conducta al agente externo. Pero nuestro repulsivo enemigo no está fuera de nosotros, sino dentro de nosotros y tenemos que eliminarlo o él nos eliminará a nosotros. Quizá dirás: - ¡Pero es que no pueeeeeedo! Si eres hijo de Dios, entonces te agarras de Filipenses 4: 13, que dice: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” Ya no luchas solo; tampoco debes convencerte de que eres así y punto, y que ya nada se puede hacer. Jesucristo vino para darnos libertad en todas las áreas de nuestra vida. Al negar tu imposibilidad de cambiar, estás negando el poder que llevas dentro de ti y entonces dejas suelto al “toro furioso”, para descargar en otros, todas tus frustraciones o supuestos infortunios de la vida. Esto no significa tragarte tu disgusto y quedar callado, hecho el mártir. Es importante enfrentar el problema, que dicho sea de paso, no siempre empieza en el otro, primero generalmente está en ti y es contigo que tienes que arreglarlo, luego si ves que es necesario, porque tu hermano tiene algo contra ti, anda donde tu hermano y arregla la situación, porque hablando se entienden las cosas. Recuerda bien, eres lo que eliges o decides ser, el poder primordial para cambiar está en ti, que unido al poder de Cristo, nadie lo podrá detener. La cruz que tienes que llevar no es soportar pasivamente las actitudes negativas de las personas, debes enfrentarlas con amor, habiendo antes hecho un escrutinio de tu interior. Que Dios te ilumine para que cambiando tu manera de pensar, cambies tu forma de actuar. “ No vivan ya según los criterios del tiempo presente; al contrario, cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir y lleguen a conocer la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le es grato, lo que es perfecto." (Romanos 12: 2 DHH).