domingo, 11 de octubre de 2009

PONIENDO EN ALTO NUESTRA LUZ

PONIENDO EN ALTO NUESTRA LUZ

"Ustedes son la luz del mundo. Un pueblo asentado sobre un monte no se puede esconder. Igualmente, cuando la gente enciende una lámpara, no la cubren con un tazón, sino la ponen sobre el candelero para que alumbre a todos en la casa. Asimismo dejen que su luz alumbre delante de la gente, de manera que puedan ver las buenas obras que hacen, y alaben a su Padre que está en el cielo.” (Mateo 5: 14 -16TKIM-DE)
“Dios es LUZ, en Él no hay ni una tiniebla” (1ª Juan 1: 5 RV 60) porque Dios no tiene nada que esconder. La luz transparenta todo. Vino Jesús al mundo y dijo que nosotros somos luz, ¿será que vamos a brillar tan intensamente como brillaba Moisés después de haber estado con Dios? Pues sí. Sin embargo esta luz va a ser evidente por la transparencia de nuestras acciones. Cristo dijo que no ocultemos nuestra luz. Literalmente, ¿cómo la vamos a ocultar? Cuando no permitimos que la luz que está en nuestro espíritu salga a flote, porque estamos siendo condescendientes con nuestra vieja naturaleza haciendo cosas que son de las tinieblas. El diseño de Dios para nuestras vidas es que seamos gobernados por nuestro espíritu, porque es allí, si es que hemos recibido a Jesucristo como Señor y Salvador de nuestras vidas, donde reside el Espíritu Santo de Dios, y Él es LUZ. “Lámpara de Jehová es el espíritu del hombre, la cual escudriña lo más profundo del corazón.” (Proverbios 20: 27RV 60) Nuestro espíritu es el que recibe la luz de Dios y nosotros podemos elevarla y hacerla visible o esconderla. Cuando permitimos que el alma (allí se encuentran las emociones, voluntad y pensamiento) sea quien gobierne nuestra vida, estamos tapando la luz y no nos vamos a diferenciar de las demás tinieblas, porque nuestras acciones no van a armonizar con la justicia de Dios.

“Si decimos que tenemos comunión con él y andamos en tinieblas, mentimos y no practicamos la verdad. Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros y la sangre de Jesucristo, su Hijo, nos limpia de todo pecado.” (1ª Juan 1: 6-7). Una clara evidencia o manifestación que andamos en luz es porque tenemos una comunión transparente con las demás personas, entonces esto hace que la sangre de Jesucristo nos vaya limpiando más y más; pero si nuestra comunión no es sincera, entonces estamos en tinieblas, estamos tapando la luz que tenemos porque nuestra relación con algunas personas no es la correcta. “La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?” (Mateo 6: 22-23). La palabra “ojeriza” que proviene de ojo, según el DRAE es: “Enojo y mala voluntad contra alguien.” ¿Cómo vemos a algunas personas? Jesús caminó con Judas y sabía quién era, sin embargo nunca tuvo mala voluntad hacia él, sino más bien trató de persuadirlo hasta el final a que deje esa actitud malvada, no con el fin de salvarse Él, sino con el fin de salvarlo a Judas. Si nuestra luz no brilla, jamás va a poder disipar las tinieblas.

"El que afirma que está en la luz, pero odia a su hermano, todavía está en la oscuridad. El que ama a su hermano permanece en la luz, y no hay nada en su vida que lo haga tropezar." (1ª Juan 2: 9-10NVI) La mayor evidencia de buenas obras que el mundo puede ver es el amor, cualquiera cosa que hagamos por muy buena que sea, pero sin amor es tiniebla. Lo que oculta nuestra luz es la falta de amor hacia las personas. Cierto día un joven muy rico se acercó a Jesús para preguntarle qué cosas debía hacer para obtener la vida eterna y Jesús le respondió que vendiera todo lo que tenía y lo diera a los pobres. En realidad le quiso decir que con los bienes materiales no se puede comprar la vida eterna y que debía dejar su apego a las riquezas. Pero hay algo que resalta en esta conversación y es lo siguiente: “Jesús lo miró con amor y añadió:-Una sola cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo. Luego ven y sígueme.” (Marcos 10: 21) La mirada de Jesús estaba cargada de amor a pesar de que Él sabía que este joven no iba a desprenderse de sus riquezas. El amor no es un mero sentimiento que nace del alma; el genuino amor está en el espíritu, en el santuario de Dios y es ese amor que debemos dar a las personas, sin egoísmos, sin ambiciones ni dobleces, sino transparente en todo y a pesar de todo. Cuando hagamos todas las obras movidas únicamente por este amor, la tierra va a empezar a llenarse del conocimiento de la gloria de Dios. "Porque así como las aguas cubren los mares, así también se llenará la tierra del conocimiento de la gloria del Señor." (Habacuc 2: 14NVI)
La esencia de Dios es amor, Él es amor, así como es luz. El amor y la luz se complementan porque donde no se actúa por amor hay tinieblas, por eso el apóstol Juan dijo: "El que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él. Ese amor se manifiesta plenamente entre nosotros para que en el día del juicio comparezcamos con toda confianza, porque en este mundo hemos vivido como vivió Jesús. En el amor no hay temor, sino que el amor perfecto echa fuera el temor. El que teme espera el castigo, así que no ha sido perfeccionado en el amor." (1ª Juan 4: 16b -18 NVI). El amor es luz porque transparenta cada acción y por eso no teme. Dios nos ha llamado a manifestar Su Luz y la única forma de lograrlo es amando, porque el amor nos hace permanecer en Dios. El “almud” que cubre nuestra luz es la falta de amor. Es hora de arrojarlo al mar y nunca más tratar de recuperarlo. Tú y yo somos la luz que necesita el mundo. Empecemos a alumbrar amando como Jesús nos amó.