miércoles, 11 de noviembre de 2009

NACIDOS EN EL ESPIRITU



¿NACIDOS EN EL ESPIRITU, PERO TODAVÍA ANDANDO EN LA CARNE?

¡Qué triste realidad es nacer del Espíritu y andar en la carne!, pero esta realidad es la de muchos cristianos. La vida nueva en Cristo tiene que ser “nueva”, sabiendo que nada de lo que hagamos en la carne nos va a ser más santos de lo que Dios ya nos hizo. Si la carne (deseos pecaminosos) no es clavada en la cruz cada día, no podrá andar en el Espíritu, porque todavía está viva y activa en la persona nacida de nuevo. La Iglesia de Corinto estaba bendecida con todos los dones del Espíritu, cosa que no vemos mucho en este tiempo, sin embargo y a pesar de tener los dones, todavía vivían en la carne. Era manifiesto en ellos su obrar en la carne y era más evidente que los dones sobreabundantes que ellos tenían, a tal punto que Pablo les escribió así: “Yo, hermanos, no pude dirigirme a ustedes como a espirituales sino como a inmaduros, apenas niños en Cristo. Les di leche porque no podían asimilar alimento sólido, ni pueden todavía, pues aún son inmaduros. Mientras haya entre ustedes celos y contiendas, ¿no serán inmaduros? ¿Acaso no se estarán comportando según criterios meramente humanos?” (1ª Corintios 3: 1-3 NVI). Por su inmadurez se privaron de recibir revelaciones más profundas de parte de Dios. Pablo no pudo hablarles grandes misterios porque ellos no hubieran podido entenderlo, pues estaban atrapados en problemas de índole meramente carnal o concupiscente como pleitos, celos y todo lo que resulta de esto.

Veremos algunas obras de la carne evidentes en algunos cristianos: chismes, murmuración, crítica, enojo, mentira, susceptibilidad, arrogancia, ansiedad, desconfianza, tacañería, torpeza, sarcasmo, resentimiento, etc. Estas y otras son obras de la carne que se manifiestan especialmente cuando el “cristiano” está bajo presión. Si tienes que esforzarte para sonreír, amar, alabar, llegar temprano a la iglesia, etc., pronto te sentirás agotado y decidirás darte unas “merecidas” vacaciones, según tu vano criterio. Tu vano criterio pedirá atención a tu “YO”, pedirá que respeten tus derechos, que te oigan, que te atiendan, que te compadezcan, que te elogien y bla, bla, bla, todo esto huele a carne casi putrefacta, es mejor que la sacrifiques en la cruz, porque la carne sólo te será estorbo para alcanzar lo mejor de Dios. Mientras vivas en la carne, no podrás andar en el Espíritu.

"Los que son de Cristo Jesús han crucificado la naturaleza pecaminosa, con sus pasiones y deseos. Si el Espíritu nos da vida, andemos guiados por el Espíritu. No dejemos que la vanidad nos lleve a irritarnos y a envidiarnos unos a otros." (Gálatas 5: 24-26) ¿Qué pasa con los que son de Cristo? Han crucificado la naturaleza pecaminosa con sus deseos y pasiones. La naturaleza pecaminosa es el viejo hombre o la carne que está clavada en la cruz y no tenemos que desclavarla para satisfacer sus deseos. Si no está bien clavada, debemos darle de martillazos todo el tiempo hasta que se aquiete. A Cristo le dijeron que si era hijo de Dios por qué no se salía de la cruz. Pero como Cristo no vivía en la carne, no escuchó sus malévolas sugerencias y mantuvo a Su carne clavada en la cruz hasta que hubo consumado Su obra. Porque Él mantuvo Su carne crucificada, fue exaltado y vivificado, resucitando para darnos esa vida de resurrección que todo Hijo de Dios debe tener. Mientras Él permaneció en la cruz todavía podían ultrajarlo porque querían que se saliera de la cruz, pero no pasó eso, Él permaneció en la cruz, porque Jesús veía más allá de la cruz, Él no se concentraba en lo temporal. “Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.” (Hebreos 12:2)

"En efecto, si hemos estado unidos con él en su muerte, sin duda también estaremos unidos con él en su resurrección. Ahora bien, si hemos muerto con Cristo, confiamos que también viviremos con él. De la misma manera, también ustedes considérense muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús." (Romanos 6: 5, 8, 11). Si diariamente morimos a nuestra vieja naturaleza, también diariamente debemos recibir Su vida de resurrección en nosotros. Después que Cristo resucitó, Satanás ya no osó acercarse a Él, porque por el poder de la resurrección y por la victoria de Cristo en la cruz, Dios sometió todas las cosas al dominio de Cristo, y lo dio como cabeza de todo a la iglesia. Ésta, que es su cuerpo, es la plenitud de aquel que lo llena todo por completo.” (Efesios 1: 22, 23 NVI) La muerte en la cruz destruirá tu propensión a pecar, eliminará tus pensamientos negativos que te llevan a pecar y te inducen a reaccionar como quien vive en tinieblas. La resurrección viene después de la muerte, porque no puede haber resurrección si primero no hay muerte. La vida de muerte y resurrección debes vivirla diariamente para llegar a ser un cristiano espiritual y no carnal. Si quieres caminar en victoria, entonces sacrifica tu YO diariamente y resucita a la dimensión del Espíritu, por medio de tu espíritu en sujeción al Espíritu de Dios. ¿Entonces, vas a ser inmune al pecado? ¡NO! Pero vas a tener la capacidad y fortaleza del Espíritu para decidir no pecar. Cuando Cristo domine tu ser, entonces tu verdadero YO resurgirá para levantarse en victoria sobre el pecado y la carne, y ya no andarás en muerte obedeciendo a la carne, sino que te deleitarás en Dios y te dejarás llevar en las alas del Espíritu a una vida completa llena de la vida de Dios. “Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.”