jueves, 23 de julio de 2009

PALABRAS QUE PRODUCEN VIDA

PALABRAS QUE PRODUCEN VIDA
“El Espíritu da vida; la carne no vale para nada. Las palabras que les he hablado son espíritu y son vida.”
(Juan 6: 63 NVI)
Cuando Jesús hablaba, hablaba sólo palabras que producían vida. El dijo: “El Espíritu da vida”. Las palabras que brotaban de Sus labios se generaban en Su espíritu que a la vez estaba unido al Espíritu de Dios y esto hacía que la vida emergiera. Recuerden que Jesús era “Hombre”, así como era también Dios. Como Hombre necesitaba estar sujeto al Espíritu de Dios, porque así y sólo así Sus Palabras serían vida. Cuando Él dijo que la carne para nada aprovecha, estaba enfatizando la verdad que sólo el Espíritu es quien produce vida y la forma de entender Sus palabras es a través de nuestro espíritu unido al Espíritu Santo, porque lo carnal no discierne lo espiritual. “El que no tiene el Espíritu no acepta lo que procede del Espíritu de Dios, pues para él es locura. No puede entenderlo, porque hay que discernirlo espiritualmente.” (1ª Corintios 2: 14 RV 95). Como humanos estamos acostumbrados a razonar todo, a tratar de entenderlo con nuestra mente natural, esto funciona en el ámbito natural, pero en lo espiritual ya no funciona; sin embargo la persona espiritual puede discernir también lo natural, porque el espíritu gobierna todo. El espíritu unido al Espíritu Santo de Dios ve más allá de lo tangible porque se ha introducido en la misma Vida que es Jesucristo. Cuando la persona nacida de nuevo busca constantemente a Dios a través de Su Palabra, dejándose guiar por el Espíritu de Dios, ella empieza a discernir lo que viene de Dios y a aceptarlo y practicarlo porque entiende que ahí hay vida y vida verdadera.

“La exposición de tus palabras nos da luz, y da entendimiento al sencillo.” (Salmo 119: 130NVI). Las palabras de Dios son las que abren nuestro entendimiento para que Su Luz penetre en nosotros y podamos ver con claridad, de lo contrario estaríamos en tinieblas. “Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él.” (1ª Juan 1: 5) Para poder entender la vida de Dios necesitamos dejarnos alumbrar por Él. “Porque contigo está el manantial de la vida; En tu luz veremos la luz.” (Salmo 36: 9 RV60). La vida de Dios es luz y quien tiene a Dios debe manifestar esa luz a través de sus palabras. Cada palabra que emitimos es un haz de luz si está sacada de nuestro espíritu agarrado al Espíritu de Dios, porque sólo de Él brota la vida, de lo contrario seremos emisarios de las tinieblas y no queremos eso, ¿verdad? Vida y luz se complementan, por eso Jesucristo que es la vida, es también luz y Él dijo que ahora nosotros, sus hijos somos luz, porque tenemos el Espíritu de Dios en nosotros y en Él no hay tinieblas. Entonces, ¿qué nos hace caminar todavía en tinieblas? Pues el hecho de no dejarnos guiar por el Espíritu Santo a través de nuestro espíritu. Estamos permitiendo todavía que nuestra alma gobierne nuestro ser y si en nuestra alma no ha penetrado la luz, entonces no podemos hablar luz. Luz, vida y verdad se perfeccionan porque nacen de un espíritu donde la luz transparenta todo. La verdad es luz, así como la vida. Jesús dijo:"Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por Mí.” (Juan 14: 6).El Camino (Jesús, Su Palabra) es luz verdadera y vida verdadera, tenemos que pasar por Él para llegar al Padre.

La Palabra, que es el mismo Jesucristo, tiene poder de producir; cuando Su Palabra sale de Su boca produce resultado. “… así es mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.” (Isaías 55. 11). La Palabra de Jesús produce porque es dicha con fe, porque Él es un Dios de fe; cuando habla, viene a la existencia lo que antes no había; fue así como creó el universo. Él nunca dudó de Su Palabra. La fe no admite duda. La duda es tiniebla, por lo tanto es muerte y no puede generar vida. Cuando la Palabra de Dios es dicha con fe, produce resultados. La fe brota del corazón o espíritu, no de la razón. “Por la fe entendemos que el universo fue hecho por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve, fue hecho de lo que no se veía.” (Hebreos 11: 3). La fe de Dios en nosotros nos da entendimiento que se pueden producir cosas a través de la Palabra de Dios, que podemos traer aquello que no está visible en el mundo natural y hacerlo una realidad tangible. La fe es sobrenatural, es espiritual y trabaja con la palabra. La palabra es el poder activo de la fe. La palabra sin incertidumbre activará y traerá lo que es invisible a la visibilidad. Eso hizo Jesús (la Palabra) en la creación. Ahora bien, como la fe es espiritual, las cosas que quieras activar en lo natural, debes primeramente verlas y creerlas en lo espiritual; para eso necesitas una revelación de la Palabra de Dios en ti. Lo espiritual debe comprenderse desde el ámbito espiritual, no racional. Nuestra fe tiene que estar basada en lo que dice Su Palabra revelada a nuestros corazones, para ello debemos constantemente oír Su palabra, porque la fe de Dios viene a nosotros por el oír Su Palabra (Romanos 10:17), no otras palabras que pueden hacernos dudar. La palabra que brota de un corazón con la fe de Dios, producirá vida. Necesitamos saturarnos de la Palabra de Dios para que Su vida se geste en nosotros, y lo que salga de nuestros labios produzca vida y no muerte, porque “la muerte y la vida están en poder de la lengua; cual sea el uso que de ella hagas, tal será el fruto.” (Proverbios 18: 21 NC). Nuestras palabras tienen un tremendo poder para producir cosas y si éstas salen de la Fuente de Vida que es La Palabra de Dios, entonces produciremos vida, la vida de Dios que está en nosotros, de lo contrario seremos portadores de muerte; por lo tanto, guarda tu corazón, revisa bien lo que colocas en él, porque pronto saldrá a luz a través de tus palabras.