miércoles, 29 de julio de 2009

AMARGURA POR NO PERDONAR?

¿ESTÁS SIENDO VÍCTIMA DE LA AMARGURA POR NO PERDONAR?
"Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo."
(Efesios 4: 31-32 RV60)
En algún momento en nuestra vida hemos pasado por esa hiel de amargura llamada “falta de perdón” y siempre hemos encontrado razones suficientes para alimentar ese dañino sentimiento dentro de nosotros. Quiero darte algunas reflexiones para que medites acerca de cuán horrible y detestable es para nuestra vida la incapacidad de perdonar. Está en nuestra voluntad la capacidad de decidir perdonar o no. Ninguna persona con sano juicio y que se ame lo suficiente permanecerá con el tormento de no perdonar. Yo sé que tú eres una persona sabia y que desde ahora, si no lo has hecho antes, estarás dispuesta a perdonar cualquier ofensa, por muy grave que ésta sea, porque Dios nos perdonó lo imperdonable, de lo contrario tendríamos a un Dios amargadísimo, pero Dios es amor y perdonador. Imitemos Su carácter.

Hay algo más amargo que la hiel, es la falta de perdón
La amargura es una cárcel que se llama “Falta de Perdón”
La daga que tortura tu corazón, se llama “Falta de Perdón”.
La falta de perdón es un gigante del cual no hay que tener piedad. ¡Asesínalo!
La falta de perdón te enclaustra en una cámara de tortura.
La amargura es una planta que crece en un terreno llamado falta de perdón.
La falta de perdón endurece tu corazón. Te insensibiliza.
Si quieres ser infeliz, no perdones.
La falta de perdón es un calabozo donde voluntariamente entras; pero también puedes voluntariamente salir si tan sólo perdonas.
La falta de perdón no te permite alcanzar los favores que Dios te ofrece.
A causa de tu orgullo herido te ves imposibilitado de perdonar.
La falta de perdón sale por la boca, por los ojos y por todo el ser de la persona contaminando de esta forma todo su entorno y más allá.
¡AY del pueblo que está regido por una persona amargada por la falta de perdón!
La falta de perdón exige venganza, tiene sed de sangre y busca sus víctimas en el intrincado infierno de su mente.
La persona que no perdona no es capaz de amar.
Aléjate de una persona amargada para que no te salpique su hiel de falta de perdón.
La falta de perdón son recuerdos recurrentes de algo que ha dañado nuestro orgullo.
La falta de perdón es una herida que supura fétida pus.
La falta de perdón tiene dos aliados inseparables: la Amargura y el Resentimiento.
La falta de perdón no sólo envenena el alma, puede también acabar con el cuerpo.
La falta de perdón ya es en sí un infierno interno, porque atormenta día y noche sin piedad.
La falta de perdón nos envuelve con las raíces de la amargura hasta estrangularnos. Sólo hay un cuchillo que puede cortar esas enrevesadas raíces y liberarte de una angustiante muerte, se llama: Perdonar.
El perdonar no es un sentimiento, sino una decisión; tampoco significa olvido, porque la ofensa es una herida que está abierta mientras nos mantenemos ofendidos; pero perdonar es el bálsamo que empieza a curar la herida. Decide perdonar y no te asustes si todavía no puedes olvidar. Si te mantienes en la actitud de perdonar, el olvido va a empezar a manifestarse. Dale tiempo a la herida para que se cicatrice y en el ínterin (entre tanto) bendice al ofensor, éste es otro bálsamo que ayuda a la cicatrización; luego empieza a darle amor, ama a la persona que te ofendió, esto no significa que vas a estar de a besitos con ella, sino que no haya en ti sentimientos negativos contra ella. El amor es el bálsamo que terminará con el proceso de la cicatrización y luego el olvido aparece y sin que nos demos cuenta, ya no nos duele la ofensa aunque la cicatriz de la herida no se borre. Perdona y sé feliz. La vida es tan corta para desperdiciarla con la falta de perdón. Tú tienes derecho a ser feliz. Jesús dijo: “Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen, para que sean hijos de su Padre que está en el cielo. Él hace que salga el sol sobre malos y buenos, y que llueva sobre justos e injustos.” (Mateo 5: 44-45)