lunes, 7 de diciembre de 2009

VIVIENDO EN EL ESPÍRITU

VIVIENDO EN EL ESPÍRITU
Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.
(Romanos 8: 11)

Vivir en el Espíritu es vivir muriendo al YO cada día y resucitando a la dimensión del Espíritu, apoderándonos de las promesas del Señor, sabiendo que: “Todas las promesas que ha hecho Dios son "sí" en Cristo. Así que por medio de Cristo respondemos "amén" para la gloria de Dios.” (2ª Corintios 1: 20 NVI). A medida que vamos apoderándonos de las promesas de Dios por la fe en Jesucristo, nuestra boca va a declarar verdades eternas que siempre nos pertenecieron, pero que por vivir en la carne no las podíamos ver ni entender. Cuando la vida de Dios vaya penetrando en todo nuestro ser, nos vamos a sentir libres de toda reacción negativa que nos amarga y vamos a inundarnos de la vida poderosa del Espíritu que nos invadirá y brotará para dar vida a otros. Cuando dejamos que el Espíritu tome control de nuestras vidas, Él se encargará de confortarla y reavivarla, porque Él es tónico que reanima nuestro ser.

Cada día anhela más del Espíritu de Dios en tu vida y no te dejes guiar por sentimientos de temor, frustración, angustia, por aquello que no ha podido realizarse, o por aquello que todavía no lo puedes entender racionalmente. Descansa en el Espíritu y sigue deseoso de Su presencia para que ningún sentimiento bloquee tu relación con Él. Deja que Él te invada y tome el control de tu vida, no prestes atención a los engaños del diablo que va a querer distraerte afanándote y dañando tus relaciones personales. Comienza tu día a día comunicándote con el Espíritu y poniendo todo tu ser en sujeción a Él, entonces tus cargas se alivianarán, tus fuerzas se vigorizarán y llenarás de gozo todo tu ser y todo lo que te rodea, “porque el gozo del Señor será tu fuerza” (Nehemías 8: 10). Vístete de justicia y santidad cada día envolviéndote con el manto de amor, y declara que el amor de Dios te cubre y te invade y empieza a amar, deja salir la fuente del amor de Dios de tu ser hacia las demás personas.

“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos (maduros) de Dios. Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: "¡Abba! ¡Padre!" (Romanos 8: 14 -15). El Espíritu de Dios nos da libertad, así que cuando sientas que algo te priva de la libertad con que Dios te hizo libre, no le permitas permanecer en ti, porque no proviene del Espíritu. Declara las Palabras de Dios, ellas traerán luz a tu vida y aclararán tus pensamientos; apaciguarán tus sentimientos con la paz de Dios y refrescarán tu espíritu con el agua purificadora de Su Palabra. “Él será la seguridad de tus tiempos, te dará en abundancia salvación, sabiduría y conocimiento; el temor del Señor será tu tesoro.” (Isaías 33: 6) La Palabra de Dios siempre te sostendrá, declárala y Ella hará lo que tiene que hacer, pero declárala con fe, con la fe misma de Dios, entonces verás que Su poder es creativo y transformador, todo desorden se convertirá en orden y se calmará tu alma, se refrescarán tus aguas y entonces la luz de Dios inundará tu ser y las tinieblas tendrán que desaparecer.

Alaba y adora a Dios en todo momento. La alabanza limpiará la atmósfera que te rodea porque “Dios habita en medio de la alabanza de su pueblo” (Salmo 22: 3) y donde Él está las tinieblas no pueden permanecer. Con la adoración le entregas tu corazón a Dios y declaras que toda la gloria le pertenece a Él y con la alabanza declaras el poder de Dios que es tu salvación. La vida en el Espíritu no es una vida que te eleva a las nubes y te olvidas de lo terrenal, sino más bien es una vida que tiene los pies sobre la tierra, pero el espíritu conectado con el Espíritu Santo que vive en cada hijo de Dios, y de ese modo está con Cristo en los lugares celestiales, sobre todo principado, poder y señorío. “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia ustedes han sido salvados! Y en unión con Cristo Jesús, Dios nos resucitó y nos hizo sentar con él en las regiones celestiales, para mostrar en los tiempos venideros la incomparable riqueza de su gracia, que por su bondad derramó sobre nosotros en Cristo Jesús.” (Efesios 2: 5-7). Nuestro espíritu en sujeción al Espíritu Santo tiene acceso tanto a lo terrenal como a lo celestial, así como Adán y Eva eran antes del pecado. Eso es vivir en el Espíritu, vivir una vida de resurrección y gozar tanto de la presencia de Dios en esta tierra como de los deleites celestiales para nuestras vidas. “Alabado sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en las regiones celestiales con toda bendición espiritual en Cristo.” (Efesios 1: 3). Las bendiciones están en los lugares celestiales y como nosotros tenemos acceso tanto a lo terrenal como a lo celestial, podemos por medio de nuestra fe espiritual traer a la esfera natural las cosas celestiales, porque nuestro Padre quiere que disfrutemos de todo lo que Él nos dio. Disfruta de la vida en el Espíritu, esta vida no está exenta de problemas, pero como vivimos en el Espíritu, le pasamos nuestros problemas a Él y Él no tiene problemas, sólo soluciones, así que se cumple la Palabra: “Nada hay imposible para Dios”. Dile a tu alma que descanse en el Señor y que no trate de solucionar nada, porque lo único que hace es traerte más problemas y eso es lo que menos quieres. Vive por el Espíritu y anda por el Espíritu, gózate en Dios y alábalo por todo lo que Él hace y hará en tu vida.