miércoles, 12 de mayo de 2010

MANIFESTACIÓN DEL CIELO EN LA TIERRA

MANIFESTACIÓN DEL CIELO EN LA TIERRA
“Al despertar Jacob de su sueño, pensó: "En realidad, el Señor está en este lugar, y yo no me había dado cuenta." Y con mucho temor, añadió: "¡Qué asombroso es este lugar! Es nada menos que la casa de Dios; ¡es la puerta del cielo!"
(Génesis 28: 16,17 NVI)
Jacob estaba huyendo de la ira de su hermano Esaú. Éste quería matarlo porque supuestamente lo había engañado y le quitó la bendición de la primogenitura, que era el privilegio que tenía el hijo mayor de una doble porción de la herencia, también la de perpetuar el nombre de la familia y guardar la herencia, era un derecho que también requería gran responsabilidad. Jacob entendió algo que su hermano no pudo entender hasta que lo perdió. Jacob sabía que la bendición de su padre le otorgaba el privilegio de perpetuar la promesa dada por Dios a su abuelo Abraham, porque de ese linaje nacería el Ungido Cristo Jesús; en cambio Esaú, menospreció esa bendición y decidió hacer un trueque con su hermano por un plato de lentejas. “Un día, cuando Jacob estaba preparando un guiso, Esaú llegó agotado del campo y le dijo: Dame de comer de ese guiso rojizo, porque estoy muy cansado. (Por eso a Esaú se le llamó Edom.) Véndeme primero tus derechos de hijo mayor le respondió Jacob. Me estoy muriendo de hambre contestó Esaú, así que ¿de qué me sirven los derechos de primogénito? Véndeme entonces los derechos bajo juramento insistió Jacob. Esaú se lo juró, y fue así como le vendió a Jacob sus derechos de primogénito. Jacob, por su parte, le dio a Esaú pan y guiso de lentejas. Luego de comer y beber, Esaú se levantó y se fue. De esta manera menospreció sus derechos de hijo mayor.” (Génesis 25: 29-34). Este trueque o venta se hizo bajo juramento, desde ese momento cada uno selló su destino en esta tierra, y en las esferas espirituales también se escribió y selló este pacto; sin embargo, Esaú, llegado el momento decisivo, no estaba cumpliendo con lo acordado, entonces, la mamá que entendió el designio de Dios, aun desde antes que sus hijos nacieran, urdió un plan para que la voluntad de Dios se realizara e hizo que Jacob engañara a su padre y de esta forma obtuviera la bendición, cosa que cuando lo supo Esaú fue grande el odio que sintió por su hermano que decidió matarlo. Fue en esta situación que Jacob huye de su hermano y Dios se le presenta en un sueño y le confirma la bendición y concluye con esta frase: “No te abandonaré hasta cumplir con todo lo que te he prometido” (Génesis 28: 15b NVI). Si nosotros anhelamos lo que Dios anhela para nosotros, Él no nos va abandonar y de seguro que cumplirá Su Palabra en nuestras vidas y la de nuestros descendientes.

He resumido la historia, pero puedes leerla en los capítulos 25 al 28 del libro de Génesis. Lo que quiero resaltar aquí no es el supuesto engaño, sino el anhelo ardiente de un corazón que quería a toda costa la bendición de Dios, en realidad quería a Dios, porque sabía que sólo así él sería prosperado y se cumplirían los designios de Dios para él y para sus descendientes. Según la costumbre de esa época, era a Esaú a quien le tocaba esa bendición, pero a él poco o nada le importaba; sin embargo, Jacob luchó desde el vientre de su madre por conseguir lo que Dios tenía para él. Cuando Dios ve un corazón vehementemente ansioso por obtener lo que Dios quiere darle, Él trae el cielo a la tierra para manifestar Su gloria. Dios nunca va a dejar a un corazón sediento de Él, morirse de sed; Él va a bajar del cielo y satisfará al ávido de Su Presencia. ¿Cuánto anhelo hay en tu corazón por conocer más de Dios, por poseerlo?

Moisés despreció la gloria que le ofrecía Egipto y “Prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los efímeros placeres del pecado.” (Hebreos 11: 25) Él miraba más allá de lo terrenal y anhelaba la manifestación del cielo en la tierra y Dios le concedió cuando ve la zarza que ardía y no se consumía. “No te acerques más le dijo Dios. Quítate las sandalias, porque estás pisando tierra santa.” (Éxodo 3: 5). Por haberse decidido totalmente por Dios, él pudo ver a Dios y habló cara a cara con Él. No sólo trajo la manifestación del cielo a la tierra, sino que fue al cielo y pasó allí un tiempo donde obtuvo la maqueta para hacer el tabernáculo y mucho más. Cuando ardamos de pasión por Cristo, Dios nos va a dar los diseños del cielo para la tierra. No es con fuerza humana, sino con búsqueda apasionada para poseer a nuestro Amado Jesucristo y hacer lo que Él quiere que hagamos.

Moisés cumplió con los requisitos de Dios para Él y su pueblo y cuando Él adoraba en el tabernáculo, la gloria del Señor se manifestaba. “Y sucedía que cuando salía Moisés al Tabernáculo, todo el pueblo se levantaba y se quedaba en pie a la entrada de su tienda, con la mirada puesta en Moisés, hasta que él entraba en el Tabernáculo. Cuando Moisés entraba en el Tabernáculo, la columna de nube descendía y se ponía a la puerta del Tabernáculo, y Jehová hablaba con Moisés. Cuando el pueblo veía que la columna de nube se detenía a la entrada del Tabernáculo, se levantaba cada uno a la entrada de su tienda y adoraba. Jehová hablaba con Moisés cara a cara, como habla cualquiera con su compañero.(Éxodo 33: 8-10). Un Hombre que anhelaba cada día más de Dios atrajo la presencia del Santísimo a la tierra, atrajo la manifestación del cielo a la tierra. Dios está buscando corazones apasionados por Su presencia para bajar el cielo a la tierra, para manifestar Su gloria, para darse a conocer. La adoración atrae la presencia de Dios, no es con esfuerzo humano, es con pasión por Cristo. Dile al Espíritu Santo: Apasióname por Cristo, necesito Su Presencia, tanto como necesito el aire que respiro. Que el cielo se manifieste en mi tierra, que Cristo me invada con Su gloria para que sólo sea visto Él, mientras yo dejo de ser.