jueves, 23 de septiembre de 2010

RECONOCIENDO LA SANTIDAD DE DIOS

RECONOCIENDO LA SANTIDAD DE DIOS
"Ustedes, pues, oren de esta manera: 'Padre nuestro que estás en los cielos, Santificado sea Tu nombre.” Mateo 6. 9 NBLH)
En la oración del Padre Nuestro, Jesucristo enseñó que el nombre de Dios debe ser santificado, esto quiere decir, puesto aparte para ser adorado, alabado y honrado, para que nuestra oración suba como aroma agradable ante Dios. Santificar significa apartar, poner aparte, con el fin de no mezclar con otros nombres. Dios ya es santificado, Él es Santo, sin embargo, debemos entender que nosotros no podemos honrar el Nombre de Dios juntamente con otras deidades u otros nombres, si hacemos esa mezcla en los rezos u oraciones, no estamos santificando el Nombre de Dios, sino al contrario, lo estamos degradando y profanando. Nuestra honra a Dios debe ser de corazón, debe salir de lo más profundo de nuestro ser. Jesucristo es Dios y Su Nombre está sobre todo nombre, “para que ante el nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.” (Filipenses 2: 10 ,11 NVI). El Nombre de Jesucristo debe se santificado por nosotros Sus hijos: “… santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros.” (1ª Pedro 3: 15 RV 95)

Somos hijos de Dios, adoptados en la familia de Dios por la preciosa Sangre de nuestro Señor Jesucristo, es por esa Sangre que tenemos entrada al Trono de la Gracia de Dios, es por esa Sangre que Dios nos ve justificados y santos y así nos considera. Jesucristo es la plenitud de Dios. “Nadie puede ver a Dios, pero Jesús es Dios en forma visible y supremo Señor de toda la creación. Con su poder creó todo lo que hay en el cielo y en la tierra, todo lo que se ve y lo que no se ve, ya sean ellos seres espirituales, poderes, autoridades o gobernantes. Todo ha sido creado por él y para él. Cristo existió antes que todas las cosas, y todo el universo sigue su curso gracias a él. Cristo es la cabeza de la iglesia, que es su cuerpo. Él dio comienzo a todo y fue el primero en resucitar de la muerte. Entonces él es el más importante en todo sentido. A Dios le agradó que todo lo que él es habitara plenamente en Cristo. Y con gusto decidió reconciliar consigo todas las cosas, tanto las que están en el cielo, como las que están en la tierra. Dios hizo las paces con nosotros a través de la sangre que Cristo derramó en la cruz.” (Colosenses 1: 15-20 PDT) Sólo a través de Jesucristo podemos tener paz con Dios. El pecado nos hizo enemigos de Dios, pero por la Sangre de Jesucristo fuimos lavados para ser presentados ante Dios como santos. Jesucristo es Dios y es Santo, Su Nombre debe ser santificado y debe haber un celo santo en nosotros para no permitir que denigren el Nombre maravilloso de nuestro Amado Jesucristo. Dios se hizo humano para que pudiéramos alcanzarlo, pero como humano nunca pecó a pesar de haber sido tentado en todo, sino que nos dio ejemplo de firmeza y fe para permanecer en Él. “En Jesús, el hijo de Dios, tenemos un gran sumo sacerdote que ha entrado al cielo. Así que sigamos firmes en la fe que tenemos. Él fue tentado tal como somos tentados nosotros, con la única diferencia de que él nunca cometió pecado. Entonces, acerquémonos con confianza al trono de Dios que es generoso. Allí recibiremos su compasión y su bondad para ayudarnos cuando lo necesitemos.” (Hebreos 4: 14-16 PDT) Antes de la muerte de Jesucristo, nadie podía tener acceso al lugar Santísimo, a la Presencia de Dios, excepto el Sumo Sacerdote, que lo hacía sólo una vez al año; pero con Su muerte y resurrección, Jesucristo, nos abrió el camino al Padre para que podamos acercarnos a Él y recibir Su gracia y misericordia.

Santificamos el Nombre de Dios reconociendo quién es Él y qué hizo por nosotros, porque nuestro destino era la muerte eterna, pero gracias al maravilloso Nombre de Jesucristo, podemos ser salvos. “¡Sólo en Jesús hay salvación! No hay otro nombre en este mundo por el cual los seres humanos podamos ser salvos.” (Hechos 4: 12 PDT). Reconocer esto debe llenar nuestra boca de alabanza al único merecedor de toda alabanza, honra, gloria, poder y majestad, Jesucristo el Señor. Es por Jesucristo que podemos llamar “Padre” a Dios y gozar del grandioso privilegio de tener como Hermano Mayor a Jesucristo. “Dios hizo todo lo que existe para su propia honra y quería compartir su grandeza con muchos hijos. Así que era conveniente perfeccionar a Jesús por medio del sufrimiento, porque él es quien los lleva a la salvación. Tanto los que son purificados como Jesús quien los purifica, tienen el mismo Padre. Por eso Jesús no se avergüenza de llamarlos sus hermanos” (Hebreos 2: 10, 11 PDT).

En Jesucristo están contenidos todos los Nombres de Dios. Jesucristo es nuestra Justicia, nuestra Paz, nuestra Bandera, nuestro Pastor, nuestro Sanador, nuestro Proveedor, etc., Él es el Todo en todos. “Todo lo que Dios es, vive en Cristo, en su cuerpo humano. En Cristo, ustedes están completos y no necesitan nada más pues él está por encima de todos los gobernantes y poderes.” (Colosenses 2: 9, 10 PDT) Así como en Cristo está contenido todo lo que Dios es, en Él también nosotros estamos completos y no necesitamos nada más. Cómo no vamos a santificar Su Nombre declarando que Él es Santo, Santo, Santo y dándole honor y gloria al que vive por los siglos de los siglos, amén.