sábado, 20 de marzo de 2010

SOMOS SERES EPIRITUALES

SOMOS SERES EPIRITUALES

“Y Dios consideró que esto era bueno, y dijo: "Hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza…. Y Dios creó al ser humano a su imagen; lo creó a imagen de Dios. Hombre y mujer los creó.” (Génesis 1: 25b, 26ª NVI) Qué maravilloso es saber que hemos sido creados a la imagen y semejanza de Dios. Pero, ¿cómo es Dios? “Dios es espíritu, y quienes lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad.” (Juan 4: 24 NVI) Nosotros somos espíritu porque hemos heredado eso de Dios, tenemos un alma donde está la voluntad, los pensamientos y los sentimientos y ahí está incluido nuestro temperamento y carácter, lo que en realidad somos como humanos. El alma fue atrapada por Satanás cuando tentó a Eva y ella accedió a sus insinuaciones y luego Adán decidió otorgarle al diablo la autoridad que Dios le había dado. “Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y ejerza dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados, sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra. Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios y les dijo: Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sojuzgadla; ejerced dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra.” (Génesis 1: 26-28 LBLA). Sin embargo, Cristo con Su triunfo en la cruz devolvió al ser humano lo que el enemigo le quitó, le devolvió la autoridad para extender el Reino de Dios a las naciones, para incursionar en las tinieblas e introducir la luz de Dios. “Jesús se acercó entonces a ellos y les dijo: --Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.” (Mateo 28: 18-20 NVI)

La autoridad que los hijos de Dios tenemos es delegada, porque fue a Jesucristo a quien se le dio toda autoridad, pero Él nos dio la jurisdicción para hacer la obra de Dios aquí en la tierra, por eso dijo: “vayan y hagan”, esto significa que tenemos que avanzar hacia las naciones y formar personas con una nueva mentalidad, con mentalidad del Reino de Dios, enseñándoles cómo se vive en este Reino. La vida en el Reino se la vive por fe, haciendo las obras que Cristo hizo. “El Hijo de Dios fue enviado precisamente para destruir las obras del diablo.” (1ª Juan 3: 8) Destruimos las obras del diablo cuando no nos sometemos más a la esclavitud del pecado y dejamos de pecar para seguir a Cristo en todo, sin pecado, para que el diablo no tenga nada con nosotros, nada a qué aferrarse. Para esto sometemos nuestra alma a la sujeción de nuestro espíritu y nuestro espíritu a la sujeción del Espíritu Santo, es decir que quien gobierna nuestro ser es nuestro espíritu y no el alma con todo su razonamiento y emociones, que dicho sea de paso, no son malas, pero necesitan estar bajo control, bajo el control de nuestro espíritu, porque debes recordar que somos seres espirituales, fue ese el diseño de Dios y no somos seres meramente anímicos; no estoy diciendo “anémicos”, que es en eso que nos convertiríamos si nuestra alma toma el control, pero anémicos espirituales.

La fe de Dios está en nuestro espíritu y es esa fe que debemos activar, esta fe es capaz de hacer lo que Cristo hizo, por eso debemos alinear nuestra fe espiritual a la fe de Dios. Cuando nuestra fe se alinea con la fe de Dios las cosas suceden, entonces empezamos a declarar Su Palabra que brota de nuestro espíritu como una palabra profética, como cuando se interpreta lenguas sin que medie el razonamiento, es algo sobrenatural y glorioso. Esta fe es diferente de la confesión positiva y muy racional. Cuando dejamos que el Cristo que vive en nosotr@s hable, esa Palabra sale con fe, porque es el Dios de fe quien la dice a través de nosotros. La mente racional no puede entender esto, pero quienes somos guiados por el Espíritu de Dios ponemos en sujeción a nuestra mente y dejamos actuar a nuestro espíritu. “El que no es espiritual no acepta lo que viene del Espíritu de Dios porque le parece una tontería. No puede entenderlo porque eso tiene que juzgarse espiritualmente.” (1ª Corintios 2: 14 NVI). El alma humana exige el dominio de la carne o la naturaleza pecaminosa para satisfacer sus bajas pasiones, pero los que somos guiados por el Espíritu Santo de Dios sabemos que esto nos conduce a la muerte espiritual. “La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz.” (Romanos 8: 6). El alma humana exige primeramente entender lo que Dios dice para poder creer; en cambio los que vivimos guiados por nuestro espíritu unido al Espíritu de Dios, le creemos a Dios aun sin entender, porque el entendimiento vendrá en la medida de nuestra aceptación a la Palabra de Dios. Por lo tanto, pongamos nuestra mente con sus pensamientos e imaginaciones en sujeción a la obediencia a Cristo, pensando los pensamientos como nos dice el apóstol Pablo: “Para concluir, hermanos, enfoquen sus pensamientos hacia todo lo que es verdad, noble, justo, puro, amable, admirable en alguna virtud o en algo digno de alabar.” (Filipenses 4: 8 TKIM-DE).