domingo, 6 de junio de 2010

CREER O CREER ES LA CUESTIÓN


CREER O CREER ES LA CUESTIÓN
Cuando entendemos la verdad sobre quiénes somos en Cristo, ya no podemos entrar en cuestionamiento, lo único que podemos hacer es creer o creer lo que dice la Biblia que somos y poseemos en Cristo. La Palabra de Dios es para creerla en su totalidad, porque no es como ir a un supermercado y elegir lo que nos gusta o conviene. “¿Qué concluiremos? ¿Que vamos a persistir en el pecado, para que la gracia abunde? ¡De ninguna manera! Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo podemos seguir viviendo en él?” (Romanos 6: 1,2) El apóstol Pablo está hablando de la gracia “que nos trae justificación y vida eterna por medio de Jesucristo nuestro Señor” (Romanos 5; 21b) y en el capítulo 6 del mismo nos dice que ya hemos muerto al pecado y si esto es así, ¿Por qué persistimos en pecar? Sencillamente porque estamos tratando de entender lo que es una verdad que hay que creer o creer, no queda otra opción; porque la gracia de Dios no es opcional como tomar un vaso de limonada o dejar de hacerlo. La gracia de Dios es la que nos sostiene, así como el aire que respiramos nos da vida y si dejamos de hacerlo, nos morimos. La gracia de Dios ya nos ha dado la capacidad para morir a los deseos pecaminosos y tenemos que agarrarnos de esa gracia. “Ya hemos muerto” (observa el tiempo pasado o pretérito perfecto), entonces, si estamos muertos al pecado, éste ya no puede seguir tomando control de nuestras vida, porque ya Cristo trató con el pecado en la cruz del Calvario. Al aceptar en tu vida el sacrificio de Jesucristo y decidirte por Él uniéndote voluntariamente a Cristo por medio del bautismo, estás participando en Su muerte para luego resucitar en victoria.

“Sabemos que lo que antes éramos fue crucificado con él para que nuestro cuerpo pecaminoso perdiera su poder, de modo que ya no siguiéramos siendo esclavos del pecado; porque el que muere queda liberado del pecado.” (Romanos 6: 6, 7) “Sabemos” quiere decir que ya no ignoramos nuestra condición que ya fue crucificado juntamente con Jesucristo lo que éramos antes, mientras vivíamos en el pecado. Si sabemos esto, porque creemos que así es, entonces lo pecaminoso en nosotras/os pierde poder, pero si no sabemos esto porque no hemos creído, entonces volvemos a darle poder a lo pecaminoso, no porque el diablo nos impulse a pecar, sino porque no creemos que ya estamos muertos con Cristo; sin embargo, si creemos esta realidad que ya estamos muertos con Cristo, entonces el pecado ya no nos gobernará. La verdad es que “lo que antes éramos YA FUE CRUCIFICADO”, ya está muerto, extinto, fallecido o ya no existe, aunque veas su cadáver. La propensión a pecar está todavía en ti, pero como lo que tú antes eras ya ha sido crucificado con Cristo, entonces ya no tienes porqué temer a esos impulsos para pecar, pues estás seguro, porque has creído, que tu vieja naturaleza o viejo hombre ya está crucificado. Ahora sólo tienes que mirar a Jesucristo y no detenerte a pelear con tus impulsos o deseos pecaminosos, pues sabes, porque sabes, que estás muerto a esos deseos. Nada puede ser más fuerte que tu decisión de vivir muerto a tus pasiones.

“De la misma manera, también ustedes considérense muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús. Por lo tanto, no permitan ustedes que el pecado reine en su cuerpo mortal, ni obedezcan a sus malos deseos.” (Romanos 6: 11,12) “Considérense” o créanse que ya están muertos al pecado. Pablo no está diciendo: Sientan que están muertos, sino más bien dice, mírense como que están muertos de verdad, lo sientan o no, porque los sentimientos nada tienen que ver con esta realidad. Estás muerto al pecado, pero vives ahora para Dios en Cristo. La única realidad, lo creas o no, es que estás muerto al pecado; por lo tanto sólo te queda creer también que ahora estás vivo para Dios en Cristo Jesús, ya no en tu vieja naturaleza, sino “en Cristo” y en Él no se enseñorea el pecado, por lo tanto, ya no te prestes a pensamientos o acciones pecaminosas, porque ya no pertenecen a tu nueva naturaleza, de tal forma que si pecas, estás yendo contra tu naturaleza, estás forzando a torcer aquello que ha sido ya enderezado y aún más, ha sido totalmente cambiado. Todos los días, cada segundo del día debes creer y seguir creyendo esta realidad que estás muerto al pecado, así que ya no permitas que el pecado tome control en tu vida como quien no ha muerto al mismo.

"No ofrezcan los miembros de su cuerpo al pecado como instrumentos de injusticia; al contrario, ofrézcanse más bien a Dios como quienes han vuelto de la muerte a la vida, presentando los miembros de su cuerpo como instrumentos de justicia. Así el pecado no tendrá dominio sobre ustedes, porque ya no están bajo la ley sino bajo la gracia." (Romanos 6: 13, 14) Ahora, ¿qué debemos hacer? Presentar los miembros de nuestro cuerpo, (incluyendo también pensamientos, imaginaciones, emociones, sentimientos, etc.) a Dios como instrumentos de justicia. Es nuestra decisión. Si nos decidimos en ser instrumentos de justicia para Dios, el pecado no será más nuestro amo o patrón y estaremos bajo la gracia de Dios que nos da la vida para que la vivamos en santidad y rectitud. No trates de lidiar con el pecado, tan sólo vive la vida de Cristo en ti y verás que los deseos pecaminosos van perdiendo su poder, porque ahora es Cristo quien reina en tu vida.