jueves, 17 de junio de 2010

¿QUÉ ESPERAMOS?


¿QUÉ ESPERAMOS?
Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. (Hebreos 11: 1 NVI)
Ahora bien, la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. (Hebreos 11: LBLA)
Es, pues, la fe, la sustancia de las cosas que se esperan, la demostración de lo que no se ve. (Hebreos 11: 1 RVG-R)
Y es la fe de las cosas que se esperan, fundamento; de cosas demostración que no se ven. (Hebreos 11: 1 Septuaginta)

Sólo vamos a poder alcanzar algo si es que esperamos obtener algo; pero nuestra espera o esperanza tiene que estar respaldada por “fe”, porque la fe es la garantía, o certeza, o sustancia, o fundamento de aquello que esperamos. Si aprendemos a visualizar lo que esperamos, de tal forma que le atribuimos una segura realidad en Cristo, aunque no lo veamos con los ojos naturales, entonces lo vamos a obtener, porque nuestra visión está sostenida por la fe de Dios en nosotros. Observa lo siguiente:

-La fe nos garantiza (avala, certifica, atestigua) lo que esperamos
-La fe nos da la certeza (seguridad, evidencia) de lo que esperamos
-La fe es la sustancia (lo que hace que la cosa sea) de lo que esperamos. La fe vuelve tangible lo que esperamos.
-La fe es el fundamento (cimiento, soporte) de lo que esperamos

Por eso la promesa viene por la fe, a fin de que por la gracia quede garantizada para toda la descendencia de Abraham; esta promesa no es sólo para los que son de la ley sino para los que son también de la fe de Abraham, quien es el padre que tenemos en común delante de Dios, tal como está escrito: "Te he hecho padre de muchas naciones." Así que Abraham creyó en el Dios que da vida a los muertos y que llama las cosas que no son como si ya existieran. Contra toda esperanza, Abraham creyó y esperó, y de este modo llegó a ser padre de muchas naciones, tal como se le había dicho: "Así de numerosa será tu descendencia." Su fe no flaqueó, aunque reconocía que su cuerpo estaba como muerto, pues ya tenía unos cien años, y que también estaba muerta la matriz de Sara. Ante la promesa de Dios no vaciló como un incrédulo, sino que se reafirmó en su fe y dio gloria a Dios, plenamente convencido de que Dios tenía poder para cumplir lo que había prometido. Por eso se le tomó en cuenta su fe como justicia. Y esto de que "se le tomó en cuenta" no se escribió sólo para Abraham, sino también para nosotros. Dios tomará en cuenta nuestra fe como justicia, pues creemos en aquel que levantó de entre los muertos a Jesús nuestro Señor. Él fue entregado a la muerte por nuestros pecados, y resucitó para nuestra justificación. (Romanos 4: 16 - 25 NVI)
Frente a las circunstancias y realidades de la vida natural, a Abraham se lo veía como el menos favorecido y sin esperanza; dada la edad de él y Sara, su esposa, además de la condición de ella, pues era estéril (infértil) y ya había pasado la edad de poder concebir, porque era bastante mayor, su matriz estaba seca. Viéndolo desde todo pronóstico humano y médico, ya no había nada que hacer, sino resignarse a lo que les había deparado el destino; sin embargo Abraham se mantuvo firme en la Palabra de Dios, en la promesa que Dios le había hecho: “sino que se reafirmó en su fe y dio gloria a Dios, plenamente convencido de que Dios tenía poder para cumplir lo que había prometido.” Esa fe de Abraham se le tomó como justicia, porque creerle a Dios es justicia, es rectitud e imparcialidad con Dios; de la misma forma cuando nosotras/os le creemos a Dios, Él lo toma en cuenta como justicia, porque estamos yendo por el lado correcto. Cristo dijo hablando acerca del afán sobre obtener cosas naturales que debemos hacer lo siguiente: “Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas.” (Mateo 6: 33 NVI). ¿Qué nos quiere decir Jesucristo? Búsquenme a Mí primero y créanme que lo que Yo digo, lo cumplo. Dios no quiere que andemos afanados en conseguir las cosas materiales, que son efímeras, sino que Lo busquemos a Él y las cosas eternas, entonces Él mismo nos dará aquello por lo que tanto se afanan los incrédulos hasta enfermarse o morirse. Esto no quiere decir que vamos a andar de vagos, sin hacer nada, esperando de sentados que nos caiga todo del cielo, sino más bien, vamos a poner todo nuestro empeño en lo que hagamos, pero sin afanarnos, hasta llegar a estresarnos, porque sabemos que nuestro Dios es un Padre proveedor, sustentador, sanador, perdonador, libertador, amador y todos los atributos positivos posibles en Dios y que cumple lo que promete. Lo importante es colocar las cosas en su lugar, si Dios es lo primero, entonces la prioridad es Dios, después vienen las demás cosas.

¿Tienes clara la visión de lo que esperas? Hay tres formas de visión: a) La visión natural, aquella que obtenemos por lo que nuestros ojos pueden ver y es muy limitada. b) La visión mental, que es aquella que nuestra mente imagina y es más amplia, y c) la visión espiritual, aquella que podemos ver con los ojos de Dios y es ilimitada. La fe abre los ojos al espíritu y es el fundamento de lo que esperamos. El arquitecto tiene el diseño del edificio en su mente y luego lo plasma en papel o en la pantalla antes de empezar a ejecutarlo, pero ya lo ve terminado. Así es la fe, pues ve terminado el producto de lo que espera, porque de lo contrario, la visión es difusa, o con fundamento inestable y se derrumba antes de la realización. Una visión difusa de lo que esperamos no nos lleva a ningún lado y sólo produce queja, reproche y duda; en cambio una visión clara de lo que esperamos está fundamentada sobre FE y se mantiene firme, sin importar lo que pase a su alrededor, creyendo y glorificando a Dios que tiene poder para cumplir con Sus promesas. Cuando glorificamos a Dios, se fortalece nuestra fe, porque nos centramos en Aquel que es poderoso para hacer todo cuando ha prometido y mucho más, entonces nuestra fe crece y atrapa lo sobrenatural para traerlo a una realidad natural y tangible. Sólo con fe se agrada a Dios y cuando Dios se agrada de alguien, le concede los deseos de su corazón y mucho más.