martes, 1 de junio de 2010

LA REGENERACIÓN EN CRISTO

DE LA TRNASGRESIÓN EN ADÁN HASTA LA REGENERACIÓN EN CRISTO
Cuando el pecado entró en el Huerto del Edén debido a la desobediencia de Adán, éste se escondió porque estaba desnudo a raíz de su transgresión y por causa de su pecado fue expulsado del Edén. Pasaron casi 4000 años y otro hombre, Jesús, en el Huerto de Getsemaní empezaba a sentir el peso de nuestros pecados sobre Su Cuerpo y clamaba “Abba, Padre, todo es posible para ti. No me hagas beber este trago amargo, pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.” (Marcos 14: 36 NVI) Después fue sacado fuera de la ciudad por nuestros pecados para ser crucificado en el Gólgota; fue exhibido desnudo a causa de nuestro pecado, aunque Él no cometió ni un solo pecado. Adán no tuvo el valor de enfrentar su pecado y culpó a su mujer y a Dios por haberle dado a Eva diciendo: “La mujer que tú me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí.” (Génesis 3: 12). Jesús exclamó con valentía: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen (Lucas 23: 34a). Dios en Su amor cubrió a Adán con la piel de un cordero símbolo del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo; en cambio a este Cordero Inmolado en la cruz, lo despojaron de toda Su vestidura y repartieron en suerte cada una de ellas. “Mientras tanto, echaban suertes para repartirse entre sí la ropa de Jesús” (Lucas 23: 34b).

Cuando Dios sacrificó al cordero para vestir a Adán y Eva, estaba mostrando cómo Su Hijo Jesucristo iba a ser sacrificado para vestir a la humanidad desnuda por el pecado. Su desnudez nos ha cubierto, “porque el amor cubre multitud de pecados” (1ª Pedro 4: 8). Revístanse de Cristo, “revístanse ustedes del Señor Jesucristo, y no se preocupen por satisfacer los deseos de la naturaleza pecaminosa.” (Romanos 13: 14 NVI) Él es nuestra ropa para no pecar. Su vestidura es resplandeciente y no hay brillo que se le iguale, es luz inmarcesible que traspasa las tinieblas y las disuelve. Cuando Adán se dio cuenta que estaba desnudo se cubrió con hojas de higuera; cuántas veces hemos querido cubrir nuestra desnudez con hojas que son nuestras propias acciones supuestamente justas y buenas, pero Dios nos llama y pregunta dónde estamos y luego nos dice: despójate de tus trapos y vístete de Mi Hijo. ¿Por qué? Porque nuestra justicia es como trapo de inmundicia (Isaías 64: 6). Vestirte de Cristo es entrar en Él, allí donde dejas de ser para que sólo Cristo sea, a tal punto que puedas decir, “y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí; la vida que vivo al presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí.” (Gálatas 2: 20 BJ 76). Cuando has muerto, murieron también tus deseos pecaminosos, porque el que ha muerto, ha perdido la capacidad de desear lo malo, ahora eres manejado por Cristo y no puedes poner resistencia. Ahora ves a través de Cristo, ya no eres independiente. Jesús dijo que él no vino a hacer Su voluntad, sino la voluntad de Su Padre, esto ¿porque? Porque Él ya había sido sentenciado a muerte desde antes de la fundación del mundo por amor a nosotros.

Entonces, cuando mueres, te das cuenta que te levantas victorioso a través de la resurrección. Tu tesoro debe ser sólo Jesucristo el Hijo de Dios. Tu vida depende de Él. Extrae tu vida de Su vida porque Él es eterno, ha soplado eternidad en ti (Eclesiastés 3: 11), para que Su espíritu pueda caber dentro del tuyo. Deja que Su vida fluya dentro de la tuya, así como fluía en Adán y Eva antes de la caída. Deja que Él dirija cada aspecto de tu vida, descansa en él; ríndete a Él, porque sólo con Él y en Él tendrás libertad, serás libre para entrar a Su Santuario dentro de ti, porque tú eres el Templo del Espíritu Santo de Dios, allí mora el Dios Trino y de allí fluye la adoración, no la busques fuera de ti, porque la gloria de Dios está en ti.

Dios quiere hacer Su obra en ti para que Tú lo dejes obrar a Él, puesto que tu vida ya no te pertenece. “¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han recibido de parte de Dios? Ustedes no son sus propios dueños; fueron comprados por un precio. Por tanto, honren con su cuerpo a Dios.” (1ª Corintios 6: 19, 20 NVI) La naturaleza de Dios está en ti, Su vida fluyendo en la tuya; habrá cosas que no podrás entender con tu razonamiento, pero las creerás por la fe de Dios dentro de ti. Como ya no eres tu propio dueño, sino que perteneces al que te compró con su Sangre, ya no puedes gobernarte, deja que sea Cristo quien te gobierne a través de Su Santo Espíritu. No te esfuerces por ser mejor, esfuérzate por agradarle, sólo cree que Dios está haciendo la obra en ti, “estando convencido precisamente de esto: que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús.” (Filipenses 1: 6 LBLA) Tu sensibilidad al Espíritu Santo crece y se desarrolla en ti a medida que tu vas muriendo, entonces lo malo ya no te atrae, sino que te repugna, y a medida que tu comunión íntima con Dios se intensifica, tu pasión por Él aumenta y te das cuenta cuán muerto estás al mundo, pero cuán vivo para Cristo. Ya no te preocupa tus necesidades, porque sabes que Él las va a suplir, ahora sólo quieres vivir para Cristo y dejar que Él viva Su vida en ti. Te abandonas en sus brazos y te unes a los cuatro seres vivientes y exclamas: SANTO, SANTO, SANTO, es EL SEÑOR DIOS, EL TODOPODEROSO, el que era, el que es y el que ha de venir. (Apocalipsis 4: 8b).

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