miércoles, 20 de mayo de 2009

MUJERES CON VISIÓN

MUJERES CON VISIÓN

La Biblia está repleta de historias de personas buenas y malas. Cada una de estas historias ha sido escrita para nuestra enseñanza, para mostrarnos indiscutiblemente la misericordia y el amor de Dios.

Si hacemos un rápido recorrido a través de la Biblia, vamos a encontrar la historia de mujeres que han vivido en santidad, viendo más allá de lo sensible, apoderándose sin desmayar de las promesas de Dios.

Mirar más allá de lo sensible es tener visión. La palabra VISIÓN quiere decir, (si me permiten hacer mi interpretación de esta palabra) “ver a Sión”, contemplar con los ojos espirituales la Gloria de Dios, allí donde la muerte se transforma en Vida y la adoración fluye a raudales constantemente; lo que sería, “sueños en acción”. La realidad de la palabra visión la vemos manifiesta cuando hacemos nuestras, o nos apropiamos por medio de la proclamación en fe de las promesas de Dios, pero en la fe de Dios que es espiritual y no racional; no se trata de repetir palabras positivas, sino de hacer que brote de nuestro espíritu la fe de Dios para declarar Sus promesas para nuestras vidas.

Para poder mantener firme la visión, necesitamos fe, esa fe que brota del corazón, esa misma fe de Dios. Los obstáculos van a aparecer, pero recordemos siempre que nuestro Dios, es un Dios que vence los obstáculos, es más, Él no mira los obstáculos, porque a Su sola presencia estos huyen. Recordemos que Él va delante de nosotros como poderoso Gigante, porque Él es Varón de guerra y nunca ha perdido, ni perderá una sola batalla, así que permanezcamos reposadas en Jesucristo. Aleluya. Estamos con el Vencedor.

Si analizamos brevemente la vida de Sara, vemos que ella se mantuvo firme a la visión y la fe la sostuvo. La fe de Dios en Sara y su visión hacia lo prometido, hacia la gloria de Dios, permitió que aquella matriz que estaba seca, empezara a tener vida y ser capaz de procrear.

Permanecer fijos los ojos en la visión y sostenernos en la fe de Dios, sin importar las adversidades de la vida, va a permitir que aquellas áreas que se estaban secando en nuestras vidas, empiecen a renovarse y fortalecerse y a dar fruto, incontable fruto. ¿Qué está muriendo dentro de nosotras las mujeres? Alcemos la vista y miremos a Sión y contemplemos la gloria de Dios y se renovarán nuestras fuerzas, y brotará la vida y la esterilidad se tornará en fertilidad.

Volvamos ahora nuestra mirada a la madre de Moisés. El edicto real era que todo varón que naciera de entre los hebreos, fuera echado al río; y esta mujer dio a luz un varón, al verlo tan hermoso lo escondió por tres meses, pensando siempre que Dios tenía un plan para ese bebé, porque Dios no estaba de acuerdo con lo que hacía el faraón; entonces colocó a su hijo en una canastilla que ella había hecho con mucho amor; después de impermeabilizarla la colocó a la orilla del río Nilo, sin perder de vista la visión. Dios fue fiel y recompensó la fe de esta mujer, salvando a Moisés y colocándolo en el palacio real. Moisés posteriormente rechazó todo título y honor terreno y prefirió el vituperio de Cristo, antes que las riquezas terrenales porque se sostuvo viendo al invisible, se mantuvo firme a la visión, aquella visión que su madre le impartió.“Por la fe Moisés, cuando nació, fue escondido por sus padres por tres meses, porque le vieron niño hermoso, y no temieron el decreto del rey. Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón. Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible.” (Hebreos 11: 23 - 27).

La visión de la madre de Moisés, fue impartida a su hijo y confirmada por Dios cuando lo llamó en medio de la zarza ardiente. La visión de cada mujer, madre natural o espiritual que lea esto, va a ser confirmada por Dios como dice en Isaías 49: 25. “Pero así dice Jehová: Ciertamente el cautivo será rescatado del valiente, y el botín será arrebatado al tirano; y tu pleito yo lo defenderé, y yo salvaré a tus hijos.” ¿Dónde están tus hijos? ¿Qué decreto tiene el malvado faraón contra ellos? Escóndelos por fe en el regazo de Dios, no importa la edad que tengan. Recuerda que hay un pacto entre las hijas de Dios y el Dios Todopoderoso, pacto sellado con la sangre de Jesucristo en la cruz del Calvario. Aférrate a ese pacto, porque es irrevocable y está establecido sobre mejores promesas.

Empecemos a mantener los ojos fijos en la visión y apoderémonos de cada promesa de la Biblia, porque son para nosotras las mujeres. Lee Deuteronomio 28: 1- 13. (Sólo te muestro los versículos 1 y 2) “Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios”.
Observa lo que tienes que hacer para alcanzar estas promesas:
1. Debes oír atentamente la voz de Jehová. Para ello es importante ordenar a tu mente que se sujete a Cristo, esto lo vas a lograr si hablas a tu alma (tu mente está en tu alma) y le dices que ocupe su lugar sujetándose a tu espíritu, que por supuesto está sujeto al Espíritu de Dios.
2. Guarda en tu corazón y en tu mente cada una de estas palabras. Haz lo que María hizo. “Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.” (Lucas 2: 19). Guardar y meditar significa poner atención y pedir entendimiento respecto a lo dicho.
3. Poner por obra la palabra. Practicar la Palabra de Dios es hacer Su voluntad en nuestras vidas. “No se contenten sólo con escuchar la palabra, pues así se engañan ustedes mismos. Llévenla a la práctica.” (Santiago 1: 22)

Hablar de las promesas de Dios y creer con la misma fe de Dios, que son para nosotras aquí y ahora, hará que empecemos a saborear las bendiciones del Reino.

Si nos mantenemos firmes a la visión, nuestras palabras serán siempre de agradecimiento a Dios por las bendiciones de cada día, porque si Él cuida de las aves, también de nosotras cuidará y por ende de nuestros hijos y esposos.

Mujeres con visión son aquellas que pueden vislumbrar la Sión celestial y aferrarse a las promesas que Dios tiene para cada una de nosotras, promesas que sólo las encontraremos en Su Palabra, por eso es importante empaparse de la Palabra de Dios, saborear de los manjares que nuestro Padre ha preparado para nosotras. Sólo estudiando Su Palabra vamos a saber qué cosa tiene Dios para nosotras, de lo contrario ignoraremos las bendiciones y por consiguiente no disfrutaremos de ellas.

Mujeres con visión son aquellas que viven en santidad, porque sin santidad nadie verá al Señor. (Hebreos 12:14). La santidad es el constante acercamiento a Dios, reconociendo que Él y sólo Él es quien nos da la victoria. Jesús dijo: "santifícalos en tu verdad, tu Palabra es verdad", esto lo vemos en Juan 17: 17. Sólo si nos mantenemos firmes en Su Palabra, vamos a ser santificadas. La Palabra de Dios debe abundar en nuestros corazones y en nuestros labios.

Podríamos hablar mucho más de las mujeres con visión, mencionar por ejemplo a Rebeca, la joven que vislumbró la visión y partió de su hogar para recibir las promesas que Dios les había hecho a Abraham y a Sara. También mencionaremos a la madre de Samuel y qué decir de María, la madre de Jesús, quien se mantuvo firme a la visión y fue muy favorecida y bendita entre todas las mujeres. Hay otras mujeres que como Rahab, la prostituta, que por su fe en Dios fue librada y además formó parte de la genealogía de Jesucristo y muchas más que le creyeron al Señor sin mirar las circunstancias, entre las cuales también puedes estar tú como mujer de gran fe. Por la fe la prostituta Rahab no murió junto con los desobedientes, pues había recibido en paz a los espías. Hubo mujeres que por la resurrección recobraron a sus muertos.” (Hebreos 11: 31, 35)

Cada una de estas mujeres era como nosotras, no tenían nada en especial, salvo que eran mujeres con visión. Si queremos que Dios nos use efectivamente, empecemos a tener visión, ver más allá de la realidad que nos circunda, tomar por fe lo que Dios ya nos dio, entrar en el Reino de Dios y pronto, muy pronto todos los que nos rodean entrarán en ese Reino también. Mujer: "¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?" (Juan 11. 40).