domingo, 4 de abril de 2010

HABLEMOS DE PROSPERIDAD

HABLEMOS DE PROSPERIDAD
"Solamente esfuérzate, y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó. No te apartes de ella ni a derecha ni a izquierda, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendieres. Este libro de la ley nunca se apartará de tu boca, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien." (Josué 1: 7- 8 RVG-R)
Dios le dio a Josué la clave para el éxito. La misión que estaba emprendiendo no era sencilla porque él y el pueblo de Dios estaban entrando en un territorio ocupado por gente guerrera, pero el pueblo de Israel no sabía nada de guerra, lo único que hicieron durante cuarenta años fue recoger maná cada día; sin embargo tenían que poseer su herencia, herencia que Dios les dio, aunque el camino no estaba expedito, ellos lo sabían muy bien. Su líder Josué tenía la clave para que la tarea fuera exitosa, si él cumplía con lo que Dios le dijo, entonces tendría la victoria, pero si no, sería derrotado; no había cómo equivocarse. Es sus manos estaba no sólo un pueblo, sino una Promesa de Redención y Restitución para las generaciones siguientes, por tanto él debía mantenerse obediente a la Palabra dada por Dios. Mi querido amigo y mi querida amiga, en tus manos también está un pueblo y una promesa de redención y restitución para tus descendientes y lo que debes hacer es lo mismo que Josué hizo, obedecer sin apartarte ni a derecha, ni a izquierda de lo ordenado por Dios.

Al final de sus días, Josué da su último discurso amonestando al pueblo que permanezcan fieles a Dios y a Su Palabra no rindiendo culto a imágenes, ni siguiendo las prácticas de esos pueblos a los cuales ellos tenían que eliminar, y casi al concluir su discurso, él deja bien clara su postura diciendo: “Pero si a ustedes les parece mal servir al Señor, elijan ustedes mismos a quiénes van a servir: a los dioses que sirvieron sus antepasados al otro lado del río Éufrates, o a los dioses de los amorreos, en cuya tierra ustedes ahora habitan. Por mi parte, mi familia y yo serviremos al Señor.” (Josué 24: 15 NVI). El líder y sacerdote del pueblo de Israel había guiado a la nación hasta la tierra que Dios les dio, ahora ellos debían decidir a quién seguir, pero Josué cumpliría su misión de guiar a su familia por los caminos de Dios. Si eres sacerdote y cabeza de tu hogar enseña a tus hijos y nietos a servir a Dios. Que vean en ti un ejemplo de amor al Señor, que te recuerden leyendo la Palabra de Dios, orando e intercediendo en clamor por los tuyos. Que vean que tu prioridad es Cristo y que sigan tu ejemplo de amor y devoción al Señor. Dios te dice lo mismo que le dijo a Josué: "Sé fuerte y valiente, porque tú harás que este pueblo herede la tierra que les prometí a sus antepasados." Tú, cabeza de tu hogar, harás que tus generaciones hereden las promesas y tengan éxito. Tú debes pelear gran parte de las batallas y allanar el camino para que ellos lleguen más lejos de lo que tú llegaste. Josué no llegó a conquistar la fortaleza de Sión, pero avanzó un buen trecho y allanó el camino para que cuatrocientos años después, David, el varón conforme al corazón de Dios, tomara esa fortaleza y conquistara ese lugar para Dios.

La mayor prosperidad es tomar posesión de lo que Cristo ya ganó para nosotros por Su victoria en la cruz donde derrotó al diablo. Si nos mantenemos atentos a la Palabra de Dios y no nos dejamos envolver por entretenimientos que son “pasatiempos” que adormecen nuestros sentidos espirituales, vamos a poseer nuestra herencia la cual pasaremos a nuestras generaciones siguientes hasta que, juntamente con ellos extendamos el Reino de Dios hasta los confines de la tierra, derrotando a las huestes enemigas y rescatando las almas cautivas por el diablo. Dios te dice: “Ya te lo he ordenado: ¡Sé fuerte y valiente! ¡No tengas miedo ni te desanimes! Porque el Señor tu Dios te acompañará dondequiera que vayas." (Josué 1: 9 NVI). ¿Acaso no son las mismas palabras que leemos en Mateo 28: 18 al 20? “Jesús se acercó entonces a ellos y les dijo: -Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.” La orden ya está dada - vayan y hagan discípulos de todas las naciones - la promesa está establecida - Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo -. El que ahora tiene toda la autoridad nos ha delegado esta comisión para reconquistar el mundo para Cristo, para enseñarles a vivir en el Reino de Dios en obediencia a Su Palabra. El Reino de Dios no es religión, es un nuevo sistema de gobierno cuyo único Rey es Cristo y a Quien nos debemos porque Él nos compró con Su preciosa sangre sacándonos de las tinieblas y trasladándonos a Su luz admirable, a Su Reino.

Prosperidad es, buscar primeramente el Reino de Dios y Su justicia porque de las demás cosas se encargará Él. Si nuestra prioridad es Cristo, todos nuestros asuntos estarán en Sus manos, porque Él tiene todos los recursos para darnos. Todo lo que es de Su Reino está a nuestra disposición, solamente nos pide que seamos obedientes a Su Palabra, que indaguemos en Ella para conocerle más y más y que busquemos con ahínco ser cada día más como Cristo, que mengüe nuestro “YO”, para que Cristo sea visible en nosotroas/os.