domingo, 24 de octubre de 2010

PORQUE TUYO ES EL REINO...

PORQUE TUYO ES EL REINO Y EL PODER Y LA GLORIA

"Porque tuyo es el reino y el poder y la gloria para siempre jamás. Amén." (Mateo 6: 13 LBLA)

La oración del “Padre Nuestro” que Jesús nos enseñó, concluye declarando que el Reino es del Señor y el poder y la gloria. Observa cómo empezó la oración: “Padre nuestro…” Si el Reino es de Papá, quiere decir que nosotros estamos inmersos en ese Reino, como ciudadanos del mismo. Y si el poder y la gloria también son de Papá, entonces nosotros también participamos de ese poder y de esa gloria, gracias a la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, que nos abrió el camino al Padre. No hay poder más grande que el poder de Jesucristo quien nos ha hecho partícipes de ese poder, pero sólo la gloria es para Él.

“Teníamos una deuda porque no cumplimos las leyes de Dios. La cuenta de cobro tenía todos los cargos contra nosotros, pero Dios nos perdonó la deuda y clavó la cuenta en la cruz. Dios venció a todos los poderes y fuerzas espirituales a través de la cruz, desarmándolos y obligándolos a desfilar derrotados ante el mundo.” (Colosenses 2: 14, 15 PDT) La autoridad que Jesús nos dio es superior al poder del diablo, porque Jesucristo es infinitamente más grande que el diablo con toda su pandilla de demonios. Jesús ya venció, y esto fue sabido en toda la creación, inclusive en el mismo infierno, porque Jesucristo bajó hasta allí para arrebatar las llaves del poder de la muerte y del infierno. “No tengas miedo. Yo soy el Primero y el Último, y el que vive. Estuve muerto, pero ahora vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del infierno. (Apocalipsis 1: 17b, 18)

“Entonces Jesús les dijo: -Vi a Satanás caer del cielo como un relámpago. Tengan la seguridad de que les he dado autoridad de aplastar escorpiones y serpientes, y autoridad sobre todo el poder del enemigo. Nada les hará daño.” (Lucas 10: 18, 19 PDT).

En Apocalipsis 5 vemos cómo en el cielo la adoración es para el Vencedor, Jesucristo, nuestro Señor.
En la mano derecha del que estaba sentado en el trono vi un rollo escrito por ambos lados y sellado con siete sellos. También vi a un ángel poderoso que proclamaba a gran voz: "¿Quién es digno de romper los sellos y de abrir el rollo?" Pero ni en el cielo ni en la tierra, ni debajo de la tierra, hubo nadie capaz de abrirlo ni de examinar su contenido. Y lloraba yo mucho porque no se había encontrado a nadie que fuera digno de abrir el rollo ni de examinar su contenido.
Uno de los ancianos me dijo: "¡Deja de llorar, que ya el León de la tribu de Judá, la Raíz de David, ha vencido! Él sí puede abrir el rollo y sus siete sellos." Entonces vi, en medio de los cuatro seres vivientes y del trono y los ancianos, a un Cordero que estaba de pie y parecía haber sido sacrificado. Tenía siete cuernos y siete ojos, que son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra. Se acercó y recibió el rollo de la mano derecha del que estaba sentado en el trono. Cuando lo tomó, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero. Cada uno tenía un arpa y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones del pueblo de Dios. Y entonaban este nuevo cántico: "Digno eres de recibir el rollo escrito y de romper sus sellos, porque fuiste sacrificado, y con tu sangre compraste para Dios gente de toda raza, lengua, pueblo y nación. De ellos hiciste un reino; los hiciste sacerdotes al servicio de nuestro Dios, y reinarán sobre la tierra." Luego miré, y oí la voz de muchos ángeles que estaban alrededor del trono, de los seres vivientes y de los ancianos. El número de ellos era millares de millares y millones de millones. Cantaban con todas sus fuerzas: "¡Digno es el Cordero, que ha sido sacrificado, de recibir el poder, la riqueza y la sabiduría, la fortaleza y la honra, la gloria y la alabanza!" Y oí a cuanta criatura hay en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra y en el mar, a todos en la creación, que cantaban: "¡Al que está sentado en el trono y al Cordero, sean la alabanza y la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos!" Los cuatro seres vivientes exclamaron: "¡Amén!", y los ancianos se postraron y adoraron. (Apocalipsis 5 NVI)

La adoración y la alabanza en el cielo es dada sólo a Jesucristo por los siglos de los siglos. Jesús nos enseñó en el Padre Nuestro cómo debemos glorificar al Único Dios, Él es Dios, nuestro único Dios.

Jesucristo es el único merecedor de toda gloria. Juan vio en visión cómo Jesucristo, el Cordero de Dios recibía toda la gloria por siempre.
“Cada uno de ellos tenía seis alas y estaba cubierto de ojos, por encima y por debajo de las alas. Y día y noche repetían sin cesar: «Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era y que es y que ha de venir.» Cada vez que estos seres vivientes daban gloria, honra y acción de gracias al que estaba sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, los veinticuatro ancianos se postraban ante él y adoraban al que vive por los siglos de los siglos. Y rendían sus coronas delante del trono exclamando: «Digno eres, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria, la honra y el poder, porque tú creaste todas las cosas; por tu voluntad existen y fueron creadas.»
(Apocalipsis 4: 8-11)

Cada hijo de Dios debe acercarse a Él con alabanzas en sus labios, bendiciendo y adorando al Único que venció, a Jesucristo nuestro Señor; declarando que el reino le pertenece a Jesucristo, también el poder y la gloria por siempre. Entender esto es reconocer quién es Dios y quiénes somos nosotros frente a Él. ¿Por qué es que Dios ha hecho de nuestro cuerpo su Templo? Para que de allí brote la alabanza y adoración hacia Él. Así como en el Tabernáculo de David, la adoración hacia Dios retumbaba las 24 horas, de la misma manera, de nuestro tabernáculo debe retumbar la adoración hacia Dios las 24 horas, aun nuestros sueños, mientras dormimos, deben estar repletos de adoración.

¿No saben que ustedes son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? Si alguno destruye el templo de Dios, él mismo será destruido por Dios; porque el templo de Dios es sagrado, y ustedes son ese templo. (1ª Corintios 3: 16- 17 NVI)
¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han recibido de parte de Dios? Ustedes no son sus propios dueños; fueron comprados por un precio. Por tanto, honren con su cuerpo a Dios. (1ª Corintios 6: 19, 20 NVI)

“Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria por todos los siglos, amén” Reconocer que el Reino pertenece a Jesucristo, es reconocer Su señorío sobre nosotros y Su poder para establecer Su reino sobre todo por siempre y para siempre; por tanto sólo Él es digno de alabanza, gloria y honra por la eternidad. Amén.