viernes, 15 de octubre de 2010

Y NO NOS DEJES CAER EN TENTACIÓN


Y NO NOS DEJES CAER EN TENTACIÓN
"Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal” (Mateo 6: 13 LBLA)
“Y no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del maligno” (Mateo 6: 13 NVI)

Cuando le pedimos a Dios que nos libre del maligno y que no permita que cedamos a la tentación, le estamos diciendo que como Él conoce nuestras debilidades, que coloque un cerco de protección alrededor de nuestra vida, para que el maligno no nos haga ceder a la tentación, porque el diablo también sabe cuáles son nuestras debilidades. Él va a buscar las áreas vulnerables de nuestro ser para hacernos caer; sin embargo, aun en aquellas áreas que pensamos que estamos fuertes, debemos pedir la protección de Dios, porque el diablo y sus secuaces nos están observando día y noche sin descanso para ver por dónde pueden ingresar; y si es que tenemos algo de donde ellos puedan agarrarse, entonces lo van a usar para destruirnos. “Por tanto, el que cree que está firme, tenga cuidado, no sea que caiga. No les ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres. Fiel es Dios, que no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que pueden soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, a fin de que puedan resistirla”. (1ª Corintios 10: 12, 13 NBLH)

Mantengámonos siempre en guardia porque el diablo está al acecho, buscando el momento propicio para atacarnos. “Practicad el dominio propio y manteneos alerta. Vuestro enemigo el diablo ronda como león rugiente, buscando a quién devorar. Resistidlo, manteniéndoos firmes en la fe, sabiendo que vuestros hermanos en todo el mundo están soportando la misma clase de sufrimientos.” (1ª Pedro 5: 8, 9 BAD). Para hacerle frente al diablo, debemos estar firmes en la fe de Dios, no dudando en absoluto respecto a Su Palabra, debemos desechar todo temor y agarrarnos del Perfecto Amor, que es Cristo Jesús en nosotros a través de Su Santo Espíritu.

Pidamos a Dios que Su Espíritu nos examine, nos haga la “endoscopia espiritual", para ver cómo está nuestro corazón, para que sometiéndonos constantemente a este examen, podamos un día decir como Jesucristo: “El diablo no tiene ningún dominio sobre mi vida”. “Ya no hablaré más con vosotros, porque viene el príncipe de este mundo. Él no tiene ningún dominio sobre mí.” (San Juan 14: 30 BAD)

La tentación es diferente a la prueba, sabemos que Dios no tienta a nadie a hacer lo malo. “Pero si alguien se siente tentado a hacer algo malo, no diga que es Dios quien le tienta, porque Dios no tienta a nadie, ni por nadie puede ser tentado.” (Santiago 1: 13 CST-IBS)

La prueba (sufrimiento) tiene como fin formar el carácter de Cristo en nosotros. No es que a Dios le complazca vernos sufrir, sino que es como un escultor que talla una piedra hasta darle la forma perfecta. “Hermanos en Cristo, ustedes deben sentirse muy felices cuando pasen por toda clase de dificultades. Así, cuando su confianza en Dios sea puesta a prueba, ustedes aprenderán a soportar con más fuerza las dificultades. Por lo tanto deben resistir la prueba hasta el final, para que sean mejores y capaces de obedecer lo que se les ordene.” (Santiago 1: 2-4 BLS)

Dios quiere que Su templo, el cual somos nosotros, sea digno de albergar la plenitud de la Deidad y para esto, debe estar totalmente cubierto por el mismo Espíritu de Dios, donde no se vea nada de nosotros. Lo que queda de nosotros son como aristas punzantes y Dios tiene que golpear y golpear hasta hacerlas desaparecer, para que podamos, como piedras vivas, encajar una al lado de la otra sin lastimarnos y así unidos formemos el Cuerpo de Cristo. “De este modo, todos llegaremos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a una humanidad perfecta que se conforme a la plena estatura de Cristo.” (Efesios 4:13)

El carácter de Cristo es lo que Dios quiere en Su Cuerpo (Iglesia), “para que todos sean uno. “Padre, así como tú estás en mí y yo en ti, permite que ellos también estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, así como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí. Permite que alcancen la perfección en la unidad, y así el mundo reconozca que tú me enviaste y que los has amado a ellos tal como me has amado a mí.” (Juan 17: 21-23). La unidad, no la uniformidad, es lo que demuestra el carácter de Cristo, pero para llegar a eso necesitamos aprender a vivir unidos a pesar de las diferencias. No podemos pedir que el ojo actúe como la boca. Cada cual cumpla su función para agradar al Señor y desista de mirar lo que otros hacen o dejan de hacer, porque cada uno va a dar razón de sí mismo y no de otro.

“Aunque era Hijo, mediante el sufrimiento aprendió a obedecer; y consumada su perfección, llegó a ser autor de salvación eterna para todos los que le obedecen.” (Hebreos 5: 8, 9) No es fácil obedecer, nuestra naturaleza tiende a rebelarse; se requiere tomar la firme decisión de obedecer y pedirle a Dios que nos ayude, para que sea Cristo actuando en nosotros. Ese conflicto dentro de nosotros nos causa sufrimiento, porque por un momento queremos complacernos antes que complacer a aquel que nos llamó por soldado y esa renuncia a nuestro placer nos causa sufrimiento, pero es necesario para que Cristo crezca en nosotros y podamos decir como el apóstol Pablo: “Con Cristo estoy crucificado, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Y esta vida verdadera que ahora vivo es el resultado de mi fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó a muerte por mí.” (Gálatas 2: 20 CAS)