miércoles, 5 de noviembre de 2008

DERRAMA TU PERFUME SOBRE TU AMADO


ROMPE TU FRASCO DE ALABASTRO Y DERRAMA EL PERFUME SOBRE TU AMADO

Seis días antes de la Pascua llegó Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien Jesús había resucitado. Allí se dio una cena en honor de Jesús. Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban a la mesa con él. María tomó entonces como medio litro de nardo puro, que era un perfume muy caro, y lo derramó sobre los pies de Jesús, secándoselos luego con sus cabellos. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume. Judas Iscariote, que era uno de sus discípulos y que más tarde lo traicionaría, objetó: -¿Por qué no se vendió este perfume, que vale muchísimo dinero, para dárselo a los pobres? Dijo esto, no porque se interesara por los pobres sino porque era un ladrón y, como tenía a su cargo la bolsa del dinero, acostumbraba robarse lo que echaban en ella. -Déjala en paz --respondió Jesús--. Ella ha estado guardando este perfume para el día de mi sepultura. A los pobres siempre los tendrán con ustedes, pero a mí no siempre me tendrán. (Juan 12: 1-8)


Estamos enfrascados en nosotros mismos, como encapsulados, queriendo guardarnos de los agentes externos que pudieran robar nuestra felicidad, de tal modo que todo gira en torno a nuestro “YO”; pero ya es tiempo que rompamos nuestro frasco, aquello que nos encapsula, para que el perfume de la adoración y el amor a Dios salga e invada el salón del cielo donde está Dios y esa fragancia lo atraiga hacia nosotros. María de Betania tenía un frasco de alabastro lleno de perfume de nardo, que guardaba celosamente para usarlo en el día de su boda, perfumando la recámara con la costosa fragancia reservada para esa ocasión. Pero, un día reconoció quién era Su Amado, el Esposo anhelado y fue al lugar donde estaba Él sin importarle las miradas inquisidoras de los hombres que estaban reunidos en ese lugar, ni el comentario de ellos. Ella sólo tenía ojos para Su Amado y en su mente y corazón había un solo pensamiento: Él merece lo mejor y tengo que dárselo ahora, no esperaré un segundo más. Él merece todo mi amor y lo que he guardado para mi boda aquí en la tierra se lo daré ahora a Él, no puedo esperar por más tiempo. Entonces pasó por entre la gente y sin vacilar rompió el frasco con el perfume, que pronto invadió todo el lugar con el aroma de nardo y lo vació sobre Jesús, Su Amado, desde la cabeza hasta los pies. Sus lágrimas mojaban los pies de Jesús mientras ella los besaba y los secaba con sus cabellos. Lo más preciado que ella tenía lo entregó a Él. Para unos fue un gran desperdicio, pero para Jesús fue un acto de genuino amor.

Cuando nosotros rompamos nuestro frasco y nos vaciemos en nuestro Señor, sin importar lo que digan, Jesús nos va llenar de Él y el Amado Esposo tendrá deleite con nosotros. Jesús hizo lo mismo por nosotros (Filipenses 2: 5-11), Él se vació por amor y lo derramó sobre nosotros para que todo aquel que en Él cree no se pierda, mas tenga vida eterna. Hizo eso para que compartamos con Él todo lo que tiene. Desde el momento que le hemos dicho “sí” a Jesús, nos hemos desposado con Él y compartimos todo lo que Él posee. Ese perfume para la mujer, significaba el esfuerzo de todo un año de trabajo o quizá más, era muy costoso; pero bien valía el sacrificio y el aparente derroche, pues lo que ella estaba haciendo era algo singular, estaba entregando lo más valioso que ella tenía, no sólo en precio, sino también en valor sentimental y emocional, y le estaba diciendo al Maestro: Te amo con todo mi corazón, con toda mi alma, con toda mi mente y con todas mis fuerzas. Eres todo para mí. Sólo importas tú y sólo me interesa lo que tú pienses y digas de mí. No era fácil en aquella época decidirse a tremenda osadía de parte de una mujer, pero ella rompió no sólo el frasco de alabastro, sino también las estructuras humanas y se lanzó contra la corriente de aquella época con tal de atrapar el corazón de Su Amado.

Lo que hizo esta mujer, es lo que tiene que hacer toda persona que quiere conquistar el corazón de Jesús. Debe romper su “EGO” a los pies del Divino Maestro y romper toda estructura humana que lo aprisiona al sistema; debe ir contra toda corriente religiosa que le impone carga y le impide avanzar. Debe lanzarse a los pies de Jesús con un corazón arrepentido y entregarle todo su ser. Jesús lo quiere todo de nosotros, porque fue así como Él se dio por nosotros, por completo, entregó todo Su Ser por amor. No podemos seguir a Jesús y querer conquistar Su corazón si todavía nos reservamos algo para nosotros. Es tiempo que la Iglesia de Cristo entienda que sólo se puede seguir a Jesús negándose a sí mismo y tomando la cruz cada día. Sin muerte no hay resurrección; sin resurrección, no hay nueva vida. Esta mujer murió a la opinión de los discípulos, de los fariseos y del público que la observaba; no quiso agradarse ella misma guardando ese perfume para el momento especial de su boda, sino que lo derramó sobre el Maestro. Ella murió a todo lo que suponía las estructuras sociales, culturales, familiares, religiosa, etc. No le importó el qué dirán de la gente, sólo vivía para Jesús y al vivir para Jesús, murió a todo lo demás.

Este es el tiempo en que Jesús dice: "Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre... Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en Espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren." (Juan 4: 21 y 23) Iglesia, es tiempo de romper toda estructura humana y rendirnos a Dios en adoración. La adoración hace caer los muros que la religión nos ha impuesto para no poder ver a Dios; pero el Espíritu nos da la libertad para verlo y poder ser transformados a Su imagen. “Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.” (2ª Corintios 3:17-18) Rompe tu frasco y derrama el perfume de adoración sobre Tu Amado y verás Su gloria y serás transformada a Su imagen. Adórale en Espíritu y en verdad y cada eslabón de las cadenas que te mantenían atada, se romperán. Si te lanzas a los pies del Amado y depositas sobre Él toda tu gloria, (tu estima) y renuncias a tus supuestos derechos, Cristo te levantará en gloria para hacerte semejante a Él. Vé a Él en humildad de espíritu y con sencillez de corazón, porque al corazón contrito y humillado, Él no desprecia. Arrójate a Sus pies y déjate llevar por Su Espíritu al corazón del Amado.

martes, 4 de noviembre de 2008

CONQUISTA EL CORAZÓN DE DIOS

CONQUISTA EL CORAZÓN DE DIOS

Quizá estés pensando que eso de conquistar el corazón de Dios es una utopía y hasta una blasfemia, pero te digo que eso fue lo que hizo David, un hombre como tú y como yo, con debilidades humanas y también con fracasos, pero nada de eso le impidió atrapar el corazón de Dios y ser llamado “el varón conforme al corazón de Dios”. David amaba la presencia de Dios más que todas las cosas, a tal extremo que llevó el arca del pacto a su ciudad, en medio de la tienda que él había levantado para ella (1º Crónicas 15: 28; 16: 1). El anhelo de David era hacerle una casa para Dios, pero Él no se lo permitió, sino que dejó ese privilegio a Salomón, su hijo. (Los detalles puedes verlo en 1º Crónicas 17). Lo que queremos resaltar es la intención del corazón de David, porque Dios mira lo que hay en nuestro corazón. David sólo quería agradar a Dios en todo, quería atrapar el corazón de Dios y saber cuáles eran sus deseos y complacerlos.

Estamos viviendo en una época de singular importancia para la Iglesia, donde el corazón de Dios es mostrado como si se le estuviera haciendo una operación a corazón abierto. Desde que el velo fue quitado de en medio, Dios dejó al descubierto Su Corazón para aquellos que quieran atraparlo. “…y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón.” (Jeremías 29:13).En el versículo 11 dice: "Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.” Cuando sabemos qué piensa Dios de nosotros, nuestra mente o forma de pensar se renueva, cambia nuestra perspectiva acerca de Dios, entonces lo vamos a buscar sabiendo qué hay en Su corazón. Si tenemos la revelación que Sus pensamientos son de paz respecto a nosotros, entonces nos acercaremos a Él, declarando Su paz. Y “paz” es estar completo. En Cristo estamos completos (Colosenses 2:9), no nos falta ningún bien, Él es la Fuente de todo bien. Cuando haya tristeza en tu corazón, acude a la Fuente de gozo; Dios es el Dios de todo gozo y gozo eterno, no momentáneo. “En Su presencia hay plenitud de gozo, delicias a Su diestra para siempre.” (Salmo 16:11). Acércate a Él declarando Su gozo. Dile: Vengo a Ti Señor, para saciar mi sed de gozo, vengo a Tu Fuente para sumergirme en Tu gozo, Tu gozo me fortalece, Tu gozo me eleva a Ti. “Tus palabras son el gozo de mi corazón, por eso, las he tomado como mi heredad.” (Salmo 119:111). Cuando hay temor en tu corazón, acude a la Fuente de amor; Dios es amor y el amor echa fuera el temor. Cuando entre amargura en tu corazón, bebe del manantial de miel que emana de Sus labios; Dios es más dulce que la miel. Su Palabra endulza nuestra vida. “¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca.” (Salmo 119:103)

Dios guarda en completa paz a aquel cuyo corazón en Él persevera (Isaías 26:3). Acude a Dios sabiendo qué piensa Él de ti y qué tiene para ti. Dios tiene pensamientos de paz hacia ti. “Y la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” (Filipenses 4:7). Atrapamos el corazón de Dios, sabiendo lo que Él tiene planeado para nosotros y aceptándolo en nuestro corazón. Es decir, traemos el corazón de Dios al nuestro y llevamos nuestro corazón al de Él. Es mutuo, Él toma lo tuyo y tú tomas lo de Él. ¿Quién gana? Tú, por supuesto, pues has tomado lo de Dios y desechado lo de Satanás. El versículo seis nos dice que no nos afanemos por nada, sino que acudamos a Dios en oración, ruego y acción de gracias, es decir: hablando (oración), solicitando (ruego) y luego agradeciendo a Dios, sabiendo que hemos sido escuchados y que nuestra súplica no se archivará en la gaveta del olvido. El agradecimiento atrae la paz de Dios, porque esto demuestra que confiamos en que Él hará lo que le hemos solicitado. Nunca dudemos de la bondad de Dios, empecemos a regocijarnos en Él. Entremos por sus atrios con alabanza y por sus puertas con acción de gracias. La alabanza nos trae Su gozo y la acción de gracias Su complacencia. Si nos gozamos en Él y complacemos Su corazón, lo estamos atrapando.

Dios no está ocultando Sus intenciones respecto a nosotros, es más, Su corazón está al descubierto. Cada palpitar de Su corazón te dice: te amo, te amo, te deseo, te deseo. Su amor es tan apasionado que Él no quiere perder ni un instante de estar cerca de nosotros, vive ansiando nuestro corazón, por eso nos dice: “Dame hijo mío tu corazón y miren tus ojos por mis caminos.” (Proverbios 23:26). Dios es amor, todo Su ser es amor. Él ya nos ha envuelto en Su amor a través de Su Hijo Jesucristo, Él sólo quiere ser correspondido. No importa nuestras imperfecciones, Él no mira lo malo, tan sólo quiere que lo busquemos por amor y Él extenderá Sus amorosos brazos, nos llenará de besos, nos vestirá de justicia, pondrá un anillo de autoridad en nuestro dedo, hará fiesta, se gozará con nosotros, nos hará el mejor banquete, nos sentaremos a la mesa como si nunca hubiéramos pecado. Dios quiere que atrapemos Su corazón y sólo será posible si sabemos lo que Él siente respecto a nosotros. Él siente tanto amor por nosotros que ni siquiera nos negó a Su Hijo, sino que lo dio en rescate por nosotros y con Él todas las cosas. Dios está ardientemente apasionado por ti y por mí. ¿Serías capaz de corresponderle? Mira Su corazón, arde de pasión por ti, te anhela y te dice: “Con amor eterno te he amado; por tanto te prolongué mi misericordia.” (Jeremías 31: 3) “Y les daré a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún más, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.” (Juan 17: 36) “Porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.” ¿Para qué? Para poder amar a Dios como Él nos ama y así corresponder a tanto amor y atrapar Su Corazón.

lunes, 3 de noviembre de 2008

EL VELO ROTO


EL VELO ROTO

Por lo tanto, ya que en Jesús, el Hijo de Dios, tenemos un gran sumo sacerdote que ha atravesado los cielos, aferrémonos a la fe que profesamos. Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado.Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos.Hebreos 4: 14-16


Así que, hermanos, mediante la sangre de Jesús, tenemos plena libertad para entrar en el Lugar Santísimo, por el camino nuevo y vivo que él nos ha abierto a través de la cortina, es decir, a través de su cuerpo; y tenemos además un gran sacerdote al frente de la familia de Dios. Acerquémonos, pues, a Dios con corazón sincero y con la plena seguridad que da la fe, interiormente purificados de una conciencia culpable y exteriormente lavados con agua pura. Mantengamos firme la esperanza que profesamos, porque fiel es el que hizo la promesa. Preocupémonos los unos por los otros, a fin de estimularnos al amor y a las buenas obras. No dejemos de congregarnos, como acostumbran hacerlo algunos, sino animémonos unos a otros, y con mayor razón ahora que vemos que aquel día se acerca.Hebreos 10: 19-25

El Tabernáculo de Moisés estaba dividido en tres secciones: El atrio o patio donde todos los israelitas tenían acceso; el Lugar Santo, donde sólo los sacerdotes accedían y el Lugar Santísimo, donde sólo el Sumo sacerdote, una vez al año, en el día de la Expiación (o día de perdón) podía entrar. Una gruesa cortina separaba el Lugar Santo del Santísimo, de modo que nadie podía ver lo que había allí. Era en el Lugar Santísimo donde Dios manifestaba Su Presencia. “Y Jehová dijo a Moisés: Dí a Aarón tu hermano, que no en todo tiempo entre en el santuario detrás del velo, delante del propiciatorio que está sobre el arca, para que no muera; porque yo apareceré en la nube sobre el propiciatorio.” (Levítico 16: 2). El pueblo sólo podía ver de lejos la gloria de Dios, pero el Sumo Sacerdote era envuelto con Su Presencia. “Ningún hombre estará en el tabernáculo de reunión cuando él entre a hacer la expiación en el santuario, hasta que él salga, y haya hecho la expiación por sí, por su casa y por toda la congregación de Israel.” (Levítico 16:17).

El día de la Expiación se mataba un cordero por el pecado de todo el pueblo para que Dios no les tomara en cuenta sus ofensas hacia Él. La sangre de ese cordero era rociada en el propiciatorio, que se encontraba en el Lugar Santísimo, era la tapa del arca conocida también como el asiento de misericordia. De ese modo el pueblo de Dios quedaba libre de culpa por un año. Pero un día, el Codero de Dios se dio a sí mismo en sacrificio para expiar el pecado de todo el mundo. A la hora del sacrificio de la tarde, cuando Jesús expiraba, la gruesa cortina, que era de una sola pieza, se rasgó en dos. “Mas Jesús, dando una gran voz expiró. Entonces el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo.” (Marcos15: 37,38). La mano del Todopoderoso rompió el velo, indicando con esto, que ya no era más necesario el sacrificio de animales para cubrir el pecado, porque el Cordero inmolado desde antes de la fundación del mundo se había entregado en sacrificio vicario por todos, para que a todo aquel que acepte Su sacrificio le sean borrados sus pecados (no sólo cubiertos) y tenga libre acceso al trono de Dios, a la presencia del Altísimo.

Dios quiere manifestar Su presencia a Sus hijos, pero ya no quiere obstáculos, cortina intermedia. El velo ya ha sido roto para entrar a la Presencia de Dios, sólo tenemos que hacerlo a través de Cristo. Dios anhela que todos Sus hijos entren al Lugar Santísimo, de otra manera no hubiera sacrificado a Su Hijo Unigénito. La semilla de este Hijo Jesús produjo más hijos que somos nosotros, no para que nos quedemos en el atrio, sino para que alcancemos Su Presencia en el trono de Dios. Dios nos anhela celosamente, no quiere compartirnos con nadie y sólo en la intimidad de Su Presencia vamos a ser de Él. “¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. ¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente?” (Santiago 4: 4,5).

En esta época, cuando nos acercamos más y más al gran evento final, el retorno de nuestro Señor Jesús, Dios quiere que Su Iglesia disfrute de Su Presencia, porque sólo así vamos a estar guardados del engaño del diablo. Es importante que nos ejercitemos en la adoración, despojémonos de cualquier estorbo y acerquémonos a Él con corazón sincero. Necesitamos embarazarnos de los propósitos de Dios y sólo en la intimidad con Él es posible esto. Un encuentro con Dios, así como lo tuvo la Samaritana, nos va a infundir aliento para llamar a otros a Su Presencia; pero no queremos muchas veces comprometernos, sólo queremos un gozo momentáneo de Su visitación, pero no la posibilidad de engendrar y dar a luz Sus propósitos, porque pensamos: ¡Oh no! Eso duele. Requiere esfuerzo. Todavía no estoy capacitada.

La mujer samaritana entendió el día de Su visitación y decidió abrir su corazón para que Cristo entrara e hiciera Su morada allí. Dejó su cántaro a orillas del pozo y llamó a todos los de su ciudad para que beban de la Fuente que sacia la sed del espíritu (Juan 4:1-30); a diferencia de la sulamita que dejó pasar el momento de la visitación de Su Amado (Cantares 5: 1-6). Este es el momento de la visitación de Cristo a Su Iglesia. Él está a la puerta y quiere entrar y permanecer contigo. ¿Lo dejarás entrar o seguirás bebiendo del pozo hecho de tradiciones, costumbres y ritos de hombres? Quizá no vuelva a pasar por tu casa, por tu ciudad o por tu nación. Ábrele tu corazón ahora y déjalo permanecer contigo. Deja que Él te conozca y tú a Él. Adóralo en la intimidad del banquete que te ofrece. Apocalipsis 3:20. Adóralo en espíritu y verdad.

jueves, 30 de octubre de 2008

HALLOWEEN NO ES UNA FIESTA INOCENTE



HALLOWEEN NO ES UNA FIESTA INOCENTE

Halloween es una fiesta pagana, que tiene su origen en los ritos célticos. Fue a finales del siglo XIX (finales de 1800), cuando inmigrantes irlandeses introdujeron la fiesta de Halloween a Estados Unidos. Actualmente esta fiesta se ha propagado no sólo en EEUU, sino que rápidamente se ha popularizado en Latinoamérica. En Bolivia se celebra como una fiesta inocente y divertida para los niños y jóvenes, pero de inocente y divertida no tiene nada, pues es fundamentalmente satánica. Vemos en los puestos de ventas disfraces de brujas, calaveras, bromas (si así se las puede llamar) para celebrar la fiesta de halloween. Los padres de familia incautos e ignorantes del trasfondo de esta fiesta regalan a sus hijos lo que el mercado les brinda para ofrecer culto a Satanás, príncipe de las tinieblas.

No es coincidencia que se enlace la fiesta de halloween, que es el culto al dios de la muerte y las tinieblas, con la fiesta de los difuntos, que no es otra cosa que culto a los muertos. Satanás está buscando ser adorado, directa o indirectamente, por eso el pueblo de Dios debe tener conocimiento de lo que este diablo maquina.

No tengan nada que ver con las obras infructuosas de la oscuridad, sino más bien denúncienlas, porque da vergüenza aun mencionar lo que los desobedientes hacen en secreto. (Efesios 5: 11,12)

La palabra “halloween” deriva de "All hallow's eve", frase del inglés antiguo que significa, “víspera de todos los santos”.

300 años antes de Cristo, Los celtas, que vivían en las regiones de Irlanda, Inglaterra y parte de Francia, era una sociedad controlada por sacerdotes druidas que eran adivinos, magos o brujos. Estas sociedades druidas adoraban y servían a Samhain, dios de la muerte. Cada año, el 31 de octubre, los druidas celebraban la víspera del año nuevo céltico en honor de su dios Samhain, brindándole sacrificios de animales y humanos.

Ellos creían en la inmortalidad del alma, la cual decían se introducía en otro individuo al abandonar el cuerpo; pero el 31 de octubre volvía a su antiguo hogar a pedir comida a sus moradores, quienes estaban obligados a hacer provisión para ella.

Los celtas eran adoradores de Samhain, dios de la muerte, a quien en este mismo día (31 de octubre) invocaban para consultarle sobre el futuro, salud, prosperidad, muerte, entre otros. En esta fecha se invitaba también a los malos espíritus a reunirse para examinar los acontecimientos del futuro y además a visitar sus antiguos hogares en la tierra. Esta fiesta era conocida como ‘el festival de la muerte” En la religión de los celtas se daba culto a numerosos dioses.

La noche del 31 de octubre, los druidas se vestían con cueros y cabezas de animales, disfrazados de fantasmas, espíritus y brujas; iban por todo el vecindario recogiendo ofrendas para el dios de la muerte y las tinieblas Samhain, para brindarle honor y darle ofrenda y sacrificios. Si los sacerdotes no quedaban conformes o a gusto con los obsequios, ellos le hacían el TRICK o truco a la familia de la casa, quemándole su terreno. levándose a la doncella, matando su ganado o poniéndole enfermedades en la familia. Este es el origen de la frase "Trick or Treat". Al haber recogido y reunido todas las ofrendas, los sacerdotes druidas hacían grandes fogatas ofreciendo en ellas sacrificios humanos o de animales para adorar a su dios, de ahí se deriva la palabra fogata en inglés: bonfire: hueso (bone) y fuego (fire).

Como hijos de Dios no debemos participar ni del día de los difuntos, ni de halloween, ambas celebraciones son paganas y rinden culto a los demonios, atrayendo a espíritus de muerte sobre nuestra nación, porque cuanto más se honra a los demonios, más control ellos tienen sobre el lugar donde se le rinde culto.

Halloween no es una fiesta inocente. Esta fiesta mueve a espíritus inmundos para destruir a las personas. Por eso, los hijos de Dios debemos someternos a Dios, ponernos las armas del Espíritu y a hacerle frente al enemigo que ya fue derrotado por Jesucristo en la Cruz del Calvario.
Por último, fortalézcanse con el gran poder del Señor. Pónganse toda la armadura de Dios para que puedan hacer frente a las artimañas del diablo. Porque nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales. Por lo tanto, pónganse toda la armadura de Dios, para que cuando llegue el día malo puedan resistir hasta el fin con firmeza. Manténganse firmes, ceñidos con el cinturón de la verdad, protegidos por la coraza de justicia, y calzados con la disposición de proclamar el evangelio de la paz. Además de todo esto, tomen el escudo de la fe, con el cual pueden apagar todas las flechas encendidas del maligno. Tomen el casco de la salvación y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios. Oren en el Espíritu en todo momento, con peticiones y ruegos. Manténganse alerta y perseveren en oración por todos los santos.(Efesios 6: 10- 18)

ENTRANDO EN EL REPOSO DE DIOS


ENTRANDO EN EL REPOSO DE DIOS


Cuando entras en el reposo de Dios, tus obras también reposan; esto es para dar lugar a que las obras de Dios se realicen, porque mientras tú estés haciendo lo que tu criterio te indique, Dios no puede obrar en ti, ni a través de ti. En el reino de Dios se hace Su voluntad, por eso Cristo dijo: “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.” (Mateo 6: 10). Notemos la secuencia en este versículo y entendamos que Cristo hablaba siempre con eterna sabiduría. El reino de Dios tiene que venir a nuestras vidas para que podamos hacer Su voluntad. El reino de Dios es reconocer el Señorío de Cristo, entrar en Él y dejar de ser, para que sólo Cristo sea.

Reconocer el Señorío de Cristo no consiste solamente en llamarle “Señor”. “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de lo cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.” (Mateo 7: 21). Jesús concluye el Sermón, denominado del Monte con una comparación del hombre prudente y el insensato (Mateo 7: 24-29). El prudente, oye las palabras de Jesús y las hace; el insensato, oye y no las hace. El prudente, no es derrotado, en cambio el insensato queda arruinado. Aquí no habla de infierno, habla de reino. El prudente fundó su casa en la Peña, en Cristo; el insensato, en su insensatez. Hacer la voluntad de Dios es hacer Sus Palabras. Es obedecerle en todo. La obediencia es reposo, porque no tienes que pensar lo que vas a hacer, sino hacer lo que debes hacer. El reino de Dios es obediencia. La obediencia es creerle a Dios y actuar en Su Palabra.

La voluntad de Dios es agradable para quien le ama. “El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón.” (Salmo 40:8). Cuando Su Palabra está en medio de nuestro corazón, Su voluntad resulta agradable. Jesús y Su Palabra son una misma cosa. El que ama a Dios desea hacer la voluntad de Dios, desea ser hacedor de la Palabra de Dios; eso es “prudencia”; Es prever el peligro y alejarse. “Con los avisados (prudentes) está la sabiduría.” (Proverbios 13:10). Los sabios actúan con prudencia. El hijo de Dios que es sabio, entenderá que hacer la voluntad de Dios es lo mejor para su vida. Entenderá que hay recompensa en la obediencia. La recompensa del reposo en Dios.

“Si Josué les hubiera dado el reposo, Dios no habría hablado posteriormente de otro día. Por consiguiente, queda todavía un reposo especial para el pueblo de Dios; porque el que entra en el reposo de Dios descansa también de sus obras, así como Dios descansó de las suyas. Esforcémonos, pues, por entrar en ese reposo, para que nadie caiga al seguir aquel ejemplo de desobediencia.” (Hebreos 4: 8-11). El reposo especial es Cristo en nosotros y nosotros en Él haciendo Su voluntad. Para no caer en desobediencia por incredulidad, necesitamos esforzarnos en conocer más de su voluntad.

Cuando dejes que la voluntad de Dios se haga en tu vida, verás que hay transformación en tu entorno, porque la gloria de Dios se extiende y va alcanzando a los tuyos. Este es el año de salvación para los tuyos. Este es el año cuando la gloria de Dios se hará manifiesta en ti y en tu familia. Ya no te desesperes, cree solamente. Confiesa en fe la Palabra de Dios. Sumérgete en las aguas de vida del Espíritu. Levanta tus alas como el águila y deja que el soplo del Espíritu te eleve, y empieza a ver desde la perspectiva de Dios donde la imposibilidad no existe, donde aquello que no es empieza a ser, porque Él llama a las cosas que no son como si fueran y levanta lo que está muerto para traerlo a la vida. Tan sólo cree y haz lo que Su Palabra dice.

No mires lo que te rodea, ni te dejes llevar por lo que oyes. Alza ahora tus ojos y mira a Jesús, escúchalo a Él que dice: “No temas, porque Yo estoy contigo; no desmayes, porque Yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.” Porque: “Si Dios es por nosotros ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con Él todas las cosas?" (Romanos 8: 31,32). Cree y declara la Palabra de Dios para tu vida y la de los tuyos, “porque todas las promesas de Dios son en Él Sí, y en Él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios.” (2ª Corintios 1: 20). Las promesas de Dios para tu vida y los tuyos ya son realidad en Él; lo único que tú tienes que hacer es declarar en fe las Palabras del Señor, porque cuando tú las declaras, tu fe es fortalecida y la realidad de Dios se hace tangible para ti. Por tanto empieza a glorificar a Dios por lo que Él ya ha hecho en tu vida y declara las maravillas que todavía tus ojos naturales no ven, pero que por fe tú las estás viendo, porque “la fe es la certeza de lo que esperas, la convicción de lo que no ves.” (Hebreos 11: 1). ¿Qué esperas? Empieza a verlo por fe y convéncete de aquello que todavía no ves. Créele a Dios. “¿No te he dicho que si creyeres verás la gloria de Dios?” Cree solamente.

miércoles, 29 de octubre de 2008

LA ADORACIÓN DERROTA EJÉRCITOS


LA ADORACIÓN DERROTA EJÉRCITOS

En 2º de Crónicas 20 se relata la victoria de Israel sobre los moabitas y amonitas que se levantaron en guerra contra el pueblo de Dios. Cuando el rey Josafat se enteró, consultó a Dios, ayunó y pidió socorro a Jehová, declarando: “en nosotros no hay fuerza contra tan grande multitud que viene contra nosotros; no sabemos qué hacer, y a ti volvemos nuestros ojos.” (v.12). El rey se dio cuenta que en sus fuerzas no estaba la solución, sino en Dios quien tiene todo el control. Dios le respondió, porque cuando Su pueblo se humilla delante de Él reconociendo que nada puede sin Dios y se vuelve a Él por socorro, Dios no se queda callado. “Jehová os dice así: No temáis ni os amedrentéis delante de esta multitud tan grande, porque no es vuestra la guerra, sino de Dios.” (v.15). Estas mismas palabras son las que Dios dice ahora a Su Iglesia. Nuestro enemigo es el diablo y sus secuaces (demonios), ellos son muchos y han llenado de temor a los hijos de Dios; temor de perder el trabajo, de enfermarse, de perder a sus hijos, al esposo, etc. Dios nos dice: No teman, mía es la guerra, quédense tranquilos, Yo peleo por ustedes. Confíen en mí.

Nuestro Dios se encarga de nuestros enemigos cuando nosotros le permitimos que Él actúe. Cuando acudimos a Él y le entregamos nuestros problemas, sabiendo y estando convencidos que Su palabra es verdad y que Él nunca va a actuar en forma contraria a lo que dice. ¡Créelo! Él nos dice: “No habrá para que peleéis vosotros en este caso; paraos, estad quietos, y ved la salvación de Jehová con vosotros. Oh Judá y Jerusalén (Oh Iglesia y Cuerpo mío) no temáis ni desmayéis; salid mañana contra ellos, porque Jehová estará con vosotros.” (v. 17). Lo único que tenemos que hacer es lo que hizo el rey Josafat, y todo Judá, juntamente con los moradores de Jerusalén: “se postraron delante de Jehová, y adoraron a Jehová.” (v. 18). La Palabra de Dios ya está decretada para nuestras vidas, la victoria ya está ganada, fue ganada por Jesucristo en la cruz del Calvario, Él ya venció por nosotros y con Él somos más que vencedores, entonces ¿qué nos queda por hacer? ¡ADORARLO! SÓLO ADORARLO.

La adoración tiene que salir de nuestros labios y entonces todo el temor huye y se desvanece. “Y se levantaron los levitas de los hijos de Coat y de los hijos de Coré, para alabar a Jehová el Dios de Israel con fuerte y alta voz.” (v. 19). Alza tu voz en alabanza y adoración a Dios. “Glorificad a Jehová porque su misericordia es para siempre.” (v. 21). Entonces verás a tus enemigos (depresión, angustia, temor, celos, envidia, ira, etc.) caer a tus pies, derrotados, porque “Sin embargo, tú eres santo, que habitas entre las alabanzas de Israel.” (Salmos 22:3 LBLA). Dios habita en medio de la alabanza de Su pueblo. Y donde Él está no hay cabida para nada, ni nadie más. Si entiendes esto, ya no vivirás en derrota, porque no has sido rescatado por Jesús para vivir derrotado, sino en victoria, porque ahora tú estás sentado con Cristo sobre todo principado y autoridad. Mantente en el lugar que Cristo ya ganó para ti. Mantente en adoración todo el tiempo, porque así estarás en Su Presencia, envuelto en la atmósfera Celestial, estarás guardado y protegido por el Todopoderoso.

"Y cuando comenzaron a entonar cantos de alabanza, Jehová puso contra los hijos de Amón, de Moab y del monte de Seir, las emboscadas de ellos mismos que venían contra Judá, y se mataron los unos a los otros.” (v. 21). Lo que pasó en el ámbito natural, pasa ahora en el ámbito espiritual, porque nuestra guerra no es “contra sangre ni carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.” (Efesios 6: 12). Es una multitud incontable que se lanza al ataque contra los hijos de Dios, pero si tú adoras a Dios, ellos van a caer en sus propias trampas. La adoración derrota a nuestros enemigos, que no son humanos, sino son espíritus malignos. “Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque Mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo.” (1ª Juan 4: 5).

Deléitate en Dios, tu victoria es segura. “Y luego que vino Judá a la torre del desierto, miraron hacia la multitud, y he aquí yacían ellos en tierra muertos, pues ninguno había escapado.” (v. 24). Aun en el desierto más árido de nuestra vida, hay una Torre a la cual podemos ir y ver que nuestros enemigos han muerto, ya no existen. Tu Torre Fuerte es Cristo. Corre a tu Torre Fuerte y observa tu victoria. Acude a Jesús, Él ya te dio la victoria. Hay un botín que debes recoger, todo lo que el diablo te robó (gozo, salud, hijos, esposo, etc.). Hay un valle llamado “Beraca”, que significa bendición, que te espera. Júntate con todos los redimidos por Jesús y celebra tu victoria alabando, glorificando y adorando al que vive y reina por siempre, al Vencedor que tiene las llaves de la muerte y del Hades y te dice: No temas, he vencido y vengo en breve. Espérame. Y la Iglesia contesta: Amén; sí, ven, Señor Jesús. Te esperamos en adoración. Amamos tu venida. Ven, Señor Jesús.

martes, 28 de octubre de 2008

ESFUÉRZATE PARA SER COMO TU REY


LOS HIJOS DEL REINO DEBEN ESFORZARSE PARA SER COMO SU REY

“… hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto; a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo…” (Efesios 4: 13). Cuando Dios creó a Adán y Eva, los hizo a Su imagen y Semejanza, porque Él quiere que Sus hijos sean como Él es. El testimonio que Juan tiene de Jesucristo es éste: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad."(Juan 1: 14). Jesús reflejaba la gloria de Dios. Cristo mismo dijo: “Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais, y desde ahora le conocéis y le habéis visto…El que me ha visto a mí ha visto al Padre… ¿No crees que yo soy en el Padre y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras." (Juan 14: 7, 9,10). "Hemos sido engendrados por el Espíritu Santo de Dios y hemos llegado a ser un espíritu con el Señor," (1ª Corintios 6:17), para manifestar la gloria de Dios, de modo que quien nos vea, vea también a Jesús, y si ven a Jesús, también van a ver a Dios.

Ahora que somos de Cristo y que hemos entrado a Su reino debemos entender que “nosotros tenemos la mente de Cristo”. (1ª Corintios 2: 16) ¿Para qué tenemos la mente de Cristo? Pues para tener la capacidad de pensar como Cristo, de modo que no podemos decir que nuestros pensamientos no pueden controlarse. Los pensamientos están en la mente y si nuestra mente es la mente de Cristo, nuestros pensamientos tienen que ser los pensamientos de Cristo. Nuestros pensamientos reflejan quiénes somos. “Porque cual es su pensamiento de su corazón, tal es él.” (Proverbios 23: 7) . Vamos a hablar y actuar conforme a lo que pensamos; es por eso la importancia de “…llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2ª Corintios 10: 5) ¿Cómo voy a poder llevar cautivo los pensamientos a la obediencia a Cristo? Tomando las poderosas armas del Espíritu y destruyendo todas las fortalezas o estructuras que el enemigo ha colocado en nuestra mente y sacando de raíz todo nuestro razonamiento que nos impide alcanzar la verdad, quitando también de raíz todo lo que se eleva sobre el conocimiento de Dios. (2ª Corintios 10: 4,5). Como hijos de Dios ya no podemos pensar como se nos dé la gana, ni siquiera Cristo lo hizo así.

Dios quiere que la Iglesia del Tercer Día, la Iglesia de la Resurrección, ya no tenga sus propios pensamientos, sino los pensamientos de Cristo, para poder hablar como Jesús y hacer las obras de Él. Por tanto Él dice: "Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano, deje el impío su camino, (deja tu propia forma de hacer las cosas, enderézate) y el hombre inicuo sus pensamientos y vuélvase a Jehová, (conviértete a Él, fija tus ojos en Él, para hacer todo conforme veas de Él) el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni mis caminos vuestros caminos….” (Isaías 55. 6-12)

La forma de pensar de Dios es superior a la nuestra (Isaías 55:9), Él piensa y actúa desde la perspectiva celestial; y es allí donde nos ha sentado con Cristo, (Efesios 2: 6) para que nosotros pensemos y actuemos como Él, porque mirando las cosas desde la perspectiva de Dios, nuestra visión va a ser diferente. Nuestra mente debe entender que aunque físicamente estemos aquí en la tierra, nuestra realidad no es terrenal, sino celestial. Ahora estamos en Cristo, sobre todo principado y autoridad (Efesios 1: 20-22), guardados en Jesucristo (Judas 1). La atmósfera que nos envuelve es incontaminada, estamos en el seno mismo de Jesucristo, donde el diablo no tiene poder sobre nosotros; por eso amados “esfuércense en la gracia que es en Cristo Jesús…porque ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado… El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar primero. Considera lo que te digo, y el Señor te dé entendimiento en todo.” (2ª Timoteo 2: 1-7)

Dios quiere que nos despojemos de la pereza espiritual y tomemos las armas del Espíritu y la vestidura de Cristo que es la justicia de Dios, para que afirmados y cimentados en Él seamos plenamente capaces de conocerle en toda Su magnitud, para que lleguemos a ser como Él es y manifestemos Su gloria.