jueves, 30 de octubre de 2008

ENTRANDO EN EL REPOSO DE DIOS


ENTRANDO EN EL REPOSO DE DIOS


Cuando entras en el reposo de Dios, tus obras también reposan; esto es para dar lugar a que las obras de Dios se realicen, porque mientras tú estés haciendo lo que tu criterio te indique, Dios no puede obrar en ti, ni a través de ti. En el reino de Dios se hace Su voluntad, por eso Cristo dijo: “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.” (Mateo 6: 10). Notemos la secuencia en este versículo y entendamos que Cristo hablaba siempre con eterna sabiduría. El reino de Dios tiene que venir a nuestras vidas para que podamos hacer Su voluntad. El reino de Dios es reconocer el Señorío de Cristo, entrar en Él y dejar de ser, para que sólo Cristo sea.

Reconocer el Señorío de Cristo no consiste solamente en llamarle “Señor”. “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de lo cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.” (Mateo 7: 21). Jesús concluye el Sermón, denominado del Monte con una comparación del hombre prudente y el insensato (Mateo 7: 24-29). El prudente, oye las palabras de Jesús y las hace; el insensato, oye y no las hace. El prudente, no es derrotado, en cambio el insensato queda arruinado. Aquí no habla de infierno, habla de reino. El prudente fundó su casa en la Peña, en Cristo; el insensato, en su insensatez. Hacer la voluntad de Dios es hacer Sus Palabras. Es obedecerle en todo. La obediencia es reposo, porque no tienes que pensar lo que vas a hacer, sino hacer lo que debes hacer. El reino de Dios es obediencia. La obediencia es creerle a Dios y actuar en Su Palabra.

La voluntad de Dios es agradable para quien le ama. “El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón.” (Salmo 40:8). Cuando Su Palabra está en medio de nuestro corazón, Su voluntad resulta agradable. Jesús y Su Palabra son una misma cosa. El que ama a Dios desea hacer la voluntad de Dios, desea ser hacedor de la Palabra de Dios; eso es “prudencia”; Es prever el peligro y alejarse. “Con los avisados (prudentes) está la sabiduría.” (Proverbios 13:10). Los sabios actúan con prudencia. El hijo de Dios que es sabio, entenderá que hacer la voluntad de Dios es lo mejor para su vida. Entenderá que hay recompensa en la obediencia. La recompensa del reposo en Dios.

Si Josué les hubiera dado el reposo, Dios no habría hablado posteriormente de otro día. Por consiguiente, queda todavía un reposo especial para el pueblo de Dios; porque el que entra en el reposo de Dios descansa también de sus obras, así como Dios descansó de las suyas. Esforcémonos, pues, por entrar en ese reposo, para que nadie caiga al seguir aquel ejemplo de desobediencia.” (Hebreos 4: 8-11). El reposo especial es Cristo en nosotros y nosotros en Él haciendo Su voluntad. Para no caer en desobediencia por incredulidad, necesitamos esforzarnos en conocer más de su voluntad.

Cuando dejes que la voluntad de Dios se haga en tu vida, verás que hay transformación en tu entorno, porque la gloria de Dios se extiende y va alcanzando a los tuyos. Este es el año de salvación para los tuyos. Este es el año cuando la gloria de Dios se hará manifiesta en ti y en tu familia. Ya no te desesperes, cree solamente. Confiesa en fe la Palabra de Dios. Sumérgete en las aguas de vida del Espíritu. Levanta tus alas como el águila y deja que el soplo del Espíritu te eleve, y empieza a ver desde la perspectiva de Dios donde la imposibilidad no existe, donde aquello que no es empieza a ser, porque Él llama a las cosas que no son como si fueran y levanta lo que está muerto para traerlo a la vida. Tan sólo cree y haz lo que Su Palabra dice.

No mires lo que te rodea, ni te dejes llevar por lo que oyes. Alza ahora tus ojos y mira a Jesús, escúchalo a Él que dice: “No temas, porque Yo estoy contigo; no desmayes, porque Yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.” Porque: “Si Dios es por nosotros ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con Él todas las cosas?" (Romanos 8: 31,32). Cree y declara la Palabra de Dios para tu vida y la de los tuyos, “porque todas las promesas de Dios son en Él Sí, y en Él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios.” (2ª Corintios 1: 20). Las promesas de Dios para tu vida y los tuyos ya son realidad en Él; lo único que tú tienes que hacer es declarar en fe las Palabras del Señor, porque cuando tú las declaras, tu fe es fortalecida y la realidad de Dios se hace tangible para ti. Por tanto empieza a glorificar a Dios por lo que Él ya ha hecho en tu vida y declara las maravillas que todavía tus ojos naturales no ven, pero que por fe tú las estás viendo, porque “la fe es la certeza de lo que esperas, la convicción de lo que no ves.” (Hebreos 11: 1). ¿Qué esperas? Empieza a verlo por fe y convéncete de aquello que todavía no ves. Créele a Dios. “¿No te he dicho que si creyeres verás la gloria de Dios?” Cree solamente.