martes, 4 de noviembre de 2008

CONQUISTA EL CORAZÓN DE DIOS

CONQUISTA EL CORAZÓN DE DIOS

Quizá estés pensando que eso de conquistar el corazón de Dios es una utopía y hasta una blasfemia, pero te digo que eso fue lo que hizo David, un hombre como tú y como yo, con debilidades humanas y también con fracasos, pero nada de eso le impidió atrapar el corazón de Dios y ser llamado “el varón conforme al corazón de Dios”. David amaba la presencia de Dios más que todas las cosas, a tal extremo que llevó el arca del pacto a su ciudad, en medio de la tienda que él había levantado para ella (1º Crónicas 15: 28; 16: 1). El anhelo de David era hacerle una casa para Dios, pero Él no se lo permitió, sino que dejó ese privilegio a Salomón, su hijo. (Los detalles puedes verlo en 1º Crónicas 17). Lo que queremos resaltar es la intención del corazón de David, porque Dios mira lo que hay en nuestro corazón. David sólo quería agradar a Dios en todo, quería atrapar el corazón de Dios y saber cuáles eran sus deseos y complacerlos.

Estamos viviendo en una época de singular importancia para la Iglesia, donde el corazón de Dios es mostrado como si se le estuviera haciendo una operación a corazón abierto. Desde que el velo fue quitado de en medio, Dios dejó al descubierto Su Corazón para aquellos que quieran atraparlo. “…y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón.” (Jeremías 29:13).En el versículo 11 dice: "Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.” Cuando sabemos qué piensa Dios de nosotros, nuestra mente o forma de pensar se renueva, cambia nuestra perspectiva acerca de Dios, entonces lo vamos a buscar sabiendo qué hay en Su corazón. Si tenemos la revelación que Sus pensamientos son de paz respecto a nosotros, entonces nos acercaremos a Él, declarando Su paz. Y “paz” es estar completo. En Cristo estamos completos (Colosenses 2:9), no nos falta ningún bien, Él es la Fuente de todo bien. Cuando haya tristeza en tu corazón, acude a la Fuente de gozo; Dios es el Dios de todo gozo y gozo eterno, no momentáneo. “En Su presencia hay plenitud de gozo, delicias a Su diestra para siempre.” (Salmo 16:11). Acércate a Él declarando Su gozo. Dile: Vengo a Ti Señor, para saciar mi sed de gozo, vengo a Tu Fuente para sumergirme en Tu gozo, Tu gozo me fortalece, Tu gozo me eleva a Ti. “Tus palabras son el gozo de mi corazón, por eso, las he tomado como mi heredad.” (Salmo 119:111). Cuando hay temor en tu corazón, acude a la Fuente de amor; Dios es amor y el amor echa fuera el temor. Cuando entre amargura en tu corazón, bebe del manantial de miel que emana de Sus labios; Dios es más dulce que la miel. Su Palabra endulza nuestra vida. “¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca.” (Salmo 119:103)

Dios guarda en completa paz a aquel cuyo corazón en Él persevera (Isaías 26:3). Acude a Dios sabiendo qué piensa Él de ti y qué tiene para ti. Dios tiene pensamientos de paz hacia ti. “Y la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” (Filipenses 4:7). Atrapamos el corazón de Dios, sabiendo lo que Él tiene planeado para nosotros y aceptándolo en nuestro corazón. Es decir, traemos el corazón de Dios al nuestro y llevamos nuestro corazón al de Él. Es mutuo, Él toma lo tuyo y tú tomas lo de Él. ¿Quién gana? Tú, por supuesto, pues has tomado lo de Dios y desechado lo de Satanás. El versículo seis nos dice que no nos afanemos por nada, sino que acudamos a Dios en oración, ruego y acción de gracias, es decir: hablando (oración), solicitando (ruego) y luego agradeciendo a Dios, sabiendo que hemos sido escuchados y que nuestra súplica no se archivará en la gaveta del olvido. El agradecimiento atrae la paz de Dios, porque esto demuestra que confiamos en que Él hará lo que le hemos solicitado. Nunca dudemos de la bondad de Dios, empecemos a regocijarnos en Él. Entremos por sus atrios con alabanza y por sus puertas con acción de gracias. La alabanza nos trae Su gozo y la acción de gracias Su complacencia. Si nos gozamos en Él y complacemos Su corazón, lo estamos atrapando.

Dios no está ocultando Sus intenciones respecto a nosotros, es más, Su corazón está al descubierto. Cada palpitar de Su corazón te dice: te amo, te amo, te deseo, te deseo. Su amor es tan apasionado que Él no quiere perder ni un instante de estar cerca de nosotros, vive ansiando nuestro corazón, por eso nos dice: “Dame hijo mío tu corazón y miren tus ojos por mis caminos.” (Proverbios 23:26). Dios es amor, todo Su ser es amor. Él ya nos ha envuelto en Su amor a través de Su Hijo Jesucristo, Él sólo quiere ser correspondido. No importa nuestras imperfecciones, Él no mira lo malo, tan sólo quiere que lo busquemos por amor y Él extenderá Sus amorosos brazos, nos llenará de besos, nos vestirá de justicia, pondrá un anillo de autoridad en nuestro dedo, hará fiesta, se gozará con nosotros, nos hará el mejor banquete, nos sentaremos a la mesa como si nunca hubiéramos pecado. Dios quiere que atrapemos Su corazón y sólo será posible si sabemos lo que Él siente respecto a nosotros. Él siente tanto amor por nosotros que ni siquiera nos negó a Su Hijo, sino que lo dio en rescate por nosotros y con Él todas las cosas. Dios está ardientemente apasionado por ti y por mí. ¿Serías capaz de corresponderle? Mira Su corazón, arde de pasión por ti, te anhela y te dice: “Con amor eterno te he amado; por tanto te prolongué mi misericordia.” (Jeremías 31: 3) “Y les daré a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún más, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.” (Juan 17: 36) “Porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.” ¿Para qué? Para poder amar a Dios como Él nos ama y así corresponder a tanto amor y atrapar Su Corazón.