miércoles, 29 de octubre de 2008

LA ADORACIÓN DERROTA EJÉRCITOS


LA ADORACIÓN DERROTA EJÉRCITOS

En 2º de Crónicas 20 se relata la victoria de Israel sobre los moabitas y amonitas que se levantaron en guerra contra el pueblo de Dios. Cuando el rey Josafat se enteró, consultó a Dios, ayunó y pidió socorro a Jehová, declarando: “en nosotros no hay fuerza contra tan grande multitud que viene contra nosotros; no sabemos qué hacer, y a ti volvemos nuestros ojos.” (v.12). El rey se dio cuenta que en sus fuerzas no estaba la solución, sino en Dios quien tiene todo el control. Dios le respondió, porque cuando Su pueblo se humilla delante de Él reconociendo que nada puede sin Dios y se vuelve a Él por socorro, Dios no se queda callado. “Jehová os dice así: No temáis ni os amedrentéis delante de esta multitud tan grande, porque no es vuestra la guerra, sino de Dios.” (v.15). Estas mismas palabras son las que Dios dice ahora a Su Iglesia. Nuestro enemigo es el diablo y sus secuaces (demonios), ellos son muchos y han llenado de temor a los hijos de Dios; temor de perder el trabajo, de enfermarse, de perder a sus hijos, al esposo, etc. Dios nos dice: No teman, mía es la guerra, quédense tranquilos, Yo peleo por ustedes. Confíen en mí.

Nuestro Dios se encarga de nuestros enemigos cuando nosotros le permitimos que Él actúe. Cuando acudimos a Él y le entregamos nuestros problemas, sabiendo y estando convencidos que Su palabra es verdad y que Él nunca va a actuar en forma contraria a lo que dice. ¡Créelo! Él nos dice: “No habrá para que peleéis vosotros en este caso; paraos, estad quietos, y ved la salvación de Jehová con vosotros. Oh Judá y Jerusalén (Oh Iglesia y Cuerpo mío) no temáis ni desmayéis; salid mañana contra ellos, porque Jehová estará con vosotros.” (v. 17). Lo único que tenemos que hacer es lo que hizo el rey Josafat, y todo Judá, juntamente con los moradores de Jerusalén: “se postraron delante de Jehová, y adoraron a Jehová.” (v. 18). La Palabra de Dios ya está decretada para nuestras vidas, la victoria ya está ganada, fue ganada por Jesucristo en la cruz del Calvario, Él ya venció por nosotros y con Él somos más que vencedores, entonces ¿qué nos queda por hacer? ¡ADORARLO! SÓLO ADORARLO.

La adoración tiene que salir de nuestros labios y entonces todo el temor huye y se desvanece. “Y se levantaron los levitas de los hijos de Coat y de los hijos de Coré, para alabar a Jehová el Dios de Israel con fuerte y alta voz.” (v. 19). Alza tu voz en alabanza y adoración a Dios. “Glorificad a Jehová porque su misericordia es para siempre.” (v. 21). Entonces verás a tus enemigos (depresión, angustia, temor, celos, envidia, ira, etc.) caer a tus pies, derrotados, porque “Sin embargo, tú eres santo, que habitas entre las alabanzas de Israel.” (Salmos 22:3 LBLA). Dios habita en medio de la alabanza de Su pueblo. Y donde Él está no hay cabida para nada, ni nadie más. Si entiendes esto, ya no vivirás en derrota, porque no has sido rescatado por Jesús para vivir derrotado, sino en victoria, porque ahora tú estás sentado con Cristo sobre todo principado y autoridad. Mantente en el lugar que Cristo ya ganó para ti. Mantente en adoración todo el tiempo, porque así estarás en Su Presencia, envuelto en la atmósfera Celestial, estarás guardado y protegido por el Todopoderoso.

"Y cuando comenzaron a entonar cantos de alabanza, Jehová puso contra los hijos de Amón, de Moab y del monte de Seir, las emboscadas de ellos mismos que venían contra Judá, y se mataron los unos a los otros.” (v. 21). Lo que pasó en el ámbito natural, pasa ahora en el ámbito espiritual, porque nuestra guerra no es “contra sangre ni carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.” (Efesios 6: 12). Es una multitud incontable que se lanza al ataque contra los hijos de Dios, pero si tú adoras a Dios, ellos van a caer en sus propias trampas. La adoración derrota a nuestros enemigos, que no son humanos, sino son espíritus malignos. “Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque Mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo.” (1ª Juan 4: 5).

Deléitate en Dios, tu victoria es segura. “Y luego que vino Judá a la torre del desierto, miraron hacia la multitud, y he aquí yacían ellos en tierra muertos, pues ninguno había escapado.” (v. 24). Aun en el desierto más árido de nuestra vida, hay una Torre a la cual podemos ir y ver que nuestros enemigos han muerto, ya no existen. Tu Torre Fuerte es Cristo. Corre a tu Torre Fuerte y observa tu victoria. Acude a Jesús, Él ya te dio la victoria. Hay un botín que debes recoger, todo lo que el diablo te robó (gozo, salud, hijos, esposo, etc.). Hay un valle llamado “Beraca”, que significa bendición, que te espera. Júntate con todos los redimidos por Jesús y celebra tu victoria alabando, glorificando y adorando al que vive y reina por siempre, al Vencedor que tiene las llaves de la muerte y del Hades y te dice: No temas, he vencido y vengo en breve. Espérame. Y la Iglesia contesta: Amén; sí, ven, Señor Jesús. Te esperamos en adoración. Amamos tu venida. Ven, Señor Jesús.