martes, 16 de noviembre de 2010

CRISTIANO ¿TODAVÍA PIENSAS?

CRISTIANO ¿TODAVÍA PIENSAS?

Si te digo que yo ya no pienso, ¿me creerías? Yo sé que resulta difícil creerlo, pero he decidido no pensar mis propios pensamientos, claro que alguna vez se me escapa uno que otro pensamiento mío, pero me acuerdo de Romanos 8: 6 y 7 que dice: “La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz. La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo.” Si me aferro a pensar mis propios pensamientos dejándome guiar por ellos, no estoy yendo por vía segura, pero si me dejo guiar por el Espíritu de Dios, entonces voy a pensar los pensamientos de Dios, porque “la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz”; ahora bien ¿cómo podemos lograr esto? En primer lugar, tenemos que nacer de nuevo, nacer del Espíritu recibiendo a Jesucristo como Señor y Salvador de nuestras vidas, reconociendo que somos pecadores y que sólo Su sacrificio en la cruz del Calvario nos da la salvación, porque Su sangre derramada nos limpia de todo pecado.

Al recibir a Jesucristo, estamos aceptando Su Sacrificio como el único remedio para nuestro irremediable mal, llamado pecado y nos sometemos a Su Señorío entregándole todo nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo, de tal modo que ya no tendríamos que pensar por cuenta propia, sino que, “ llevamos cautivo todo pensamiento para que se someta a Cristo.” (2ª Corintios 10: 5b NVI). El apóstol Pablo en Romanos 12: 1 y 2 nos dice: “Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.” Pablo nos dice que ofrezcamos nuestro cuerpo en sacrificio, no sólo nuestro cuerpo físico, sino también incluye nuestra mente, porque no es fácil dejar de pensar nuestros propios pensamientos, porque amamos lo que pensamos, es por eso que lo pensamos, de lo contrario haríamos cualquier cosa por sacarlo de nuestra mente. Es en adoración espiritual que ofrecemos nuestro cuerpo como sacrificio vivo agradable a Dios, de otra forma sería un remedo espiritual.

No tenemos que pensar como piensa el mundo actual. Este sistema está dirigido por el príncipe de este mundo, (así lo llamó Jesús en Juan 14 : 30), que está simbolizado (el sistema) por el árbol de la ciencia del bien y del mal en el huerto del Edén, que es un conocimiento contaminado e independiente de Dios; por eso vemos que a pesar que la ciencia con todo su “buen conocimiento” avanza vertiginosamente, el mal también se acelera más y más; y así como se descubren nuevos conocimientos para el bien, también hay nuevos conocimientos para el mal, como armamentos, drogas que dañan la salud mental y física de las personas, entretenimientos nocivos que inducen la mente a los más crueles crímenes, y eso están viendo muchos niños, inclusive hijos de cristianos, ¿por qué? Porque sus padres se deleitan en escenas de crímenes, vampiros, zombis, etc.

Porque, ¿quién es el hombre que conoce lo que hay en el interior del hombre sino el espíritu del hombre que está en él? Así también, nadie conoce lo que está en Dios sino el espíritu de Dios. Y nosotros hemos recibido, no el espíritu del mundo, sino el espíritu que proviene de Dios, para que conozcamos los dones que nos fueron dados por Dios. De éstos también hablamos, con palabras enseñadas no por sabiduría humana, sino con la enseñanza del espíritu. Y los espirituales comparamos las cosas espirituales, porque el hombre que está en el alma no acepta las cosas espirituales porque le son locura, pues no es capaz de comprenderlas, porque han de discernirse por medio del espíritu. En cambio, el que es espiritual lo juzga todo, pero él no es juzgado por nadie, porque, ¿QUIÉN HA CONOCIDO LA MENTE DE YAHWEH PARA QUE LO INSTRUYA? Pero nosotros tenemos la manera de pensar del Cristo. (1ª Corintios 2: 11 -16 SyEspañol)

Nuestro espíritu sabe lo que llevamos oculto en nuestra mente inconsciente y sale a nuestro consciente a través de nuestros pensamientos, es por eso que pensamos lo que pensamos. ¿Cómo alimentamos nuestros pensamientos? Por lo que vemos y oímos. En el Edén, Eva oyó lo que dijo la serpiente: “Pero la serpiente le dijo a la mujer: ¡No es cierto, no van a morir! Dios sabe muy bien que, cuando coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y llegarán a ser como Dios, conocedores del bien y del mal.” (Génesis 3: 4,5 NVI) También vio el fruto con avidez, con codicia, y todo su ser le decía: come, come, lo necesitas. “La mujer vio que el fruto del árbol era bueno para comer, y que tenía buen aspecto y era deseable para adquirir sabiduría, así que tomó de su fruto y comió. Luego le dio a su esposo, y también él comió.” (Génesis 3: 6 NVI).

Si queremos pensar los pensamientos de Cristo, necesitamos “codiciar” Sus pensamientos, para ello, debemos saturarnos de todo lo que es Cristo y qué mejor hacerlo mediante la fuente original, SU PALABRA, la Biblia. Empapémonos de Cristo y de Su Espíritu y dejémonos guiar por Él; para eso es necesario morir, morir a nuestra forma de pensar, a nuestros apetitos carnales como: el juzgar a las personas, criticar; el querer sobresalir frente a los demás, la vanagloria; y toda obra de la carne mencionada en Gálatas 5: 19-21, 16, 24 “Las obras de la naturaleza pecaminosa se conocen bien: inmoralidad sexual, impureza y libertinaje; idolatría y brujería; odio, discordia, celos, arrebatos de ira, rivalidades, disensiones, sectarismos y envidia; borracheras, orgías, y otras cosas parecidas. Les advierto ahora, como antes lo hice, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. … Vivan por el Espíritu, y no seguirán los deseos de la naturaleza pecaminosa… Los que son de Cristo Jesús han crucificado la naturaleza pecaminosa, con sus pasiones y deseos.”

jueves, 11 de noviembre de 2010

LLEGARÁS A LA OTRA ORILLA

LLEGARÁS A LA OTRA ORILLA
“Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito.” (Romanos 8: 28 NVI)

Cómo ha amanecido tu día, ¿soleado o nublado? Quizá has tenido una mala noticia y lo que pensabas que ya se estaba solucionando, de pronto se trunca, entonces tiendes a preguntar: - ¿Por qué Dios, qué ha pasado? Sin embargo, el Señor Jesús te dice que todas las cosas Él las dispone para tu bien porque Él tiene el control de todo, así que descansa en Dios dándole gloria y alabanza, porque Él siempre tiene lo mejor para tu vida.

“Alégrense siempre en el Señor. Insisto: ¡Alégrense! Que su amabilidad sea evidente a todos. El Señor está cerca. No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias.” (Filipenses 4: 4-6) ¿Dónde se encontraba Pablo cuando escribió esta carta a los filipenses? Nada menos que en la cárcel, sin embargo su actitud era de consuelo para los que estaban libres físicamente. Por eso, no importa cuál sea tu situación, alégrate en el Señor, confía en Él y Él actuará a tu favor. No olvides que cuando tú dedicas el tiempo para el Señor involucrándote en Sus negocios, Él se encargará de los tuyos. “Deléitate en el Señor, y él te concederá los deseos de tu corazón. Encomienda al Señor tu camino; confía en él, y él actuará.” (Salmo 37: 4, 5 NVI).

“Bendeciré al Señor en todo tiempo; mis labios siempre lo alabarán.” (Salmo 34: 1 NVI) En todo tiempo y a pesar de las circunstancias el salmista alababa al Señor y su vida no era color de rosa, tenía enemigos tanto dentro como fuera de su casa, sin embargo su actitud era de un triunfador, no se lamentaba de la situación, sino que daba gracias a Dios. Cuando confiamos en el Señor, nuestra actitud no es de fracaso, sino de triunfo porque en Cristo somos más que vencedores. “¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia? Así está escrito: "Por tu causa nos vemos amenazados de muerte todo el día; nos tratan como a ovejas destinadas al matadero." Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.” (Romanos 8: 35 -39 NVI).

“Yo les he dicho estas cosas para que en mí hallen paz. En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo.”
(Juan 16: 33 NVI) Esta es una de las promesas más maravillosas que el Señor nos da, efectivamente no nos está diciendo que todo va a ser hermoso en nuestro caminar con Cristo, porque ni siquiera Él mismo caminó sobre pétalos de rosa, pero como siempre, no nos deja con la incógnita: - Y ahora, qué vamos a hacer -. Sino que nos da la solución: “Anímense. Yo he vencido al mundo”. Es en Su victoria que tenemos la victoria. Si estamos EN Cristo, por supuesto que hay victoria, pero no bajo la "ley del mínimo esfuerzo", sino que tendremos aflicción; nuestro enemigo se encargará de hacernos difícil nuestra estadía aquí en la tierra, pero cuanto mayor sea su esfuerzo por atormentarnos, ya sea a través de nuestra propia carne, del mundo o de sus demonios, mayor debe ser nuestra confianza en el Señor Jesucristo, en Su victoria, en lo que logró por nosotros en la cruz del Calvario. En Cristo, sólo en Él tenemos la victoria, así que no miremos las adversas circunstancias, pues son pasajeras, así como vienen, se van. Miremos a Cristo y confiemos en Él, ya que todo lo que nos está pasando ahora, que nos parece malo, Él lo cambiará para bien. La tormenta que casi anegaba el barco donde iba Jesús con sus discípulos, no fue un obstáculo para que llegaran a la otra orilla, sino una ocasión para que Él sea glorificado. Jesús calmó la tormenta y también al atormentado gadareno que estaba en la otra orilla. (Lee Marcos 4: 36- 41 y 5: 1-17)

Nada va a poder detener tu marcha hacia el propósito de Dios si te aferras a Cristo. Llegarás a la otra orilla, porque la tempestad tiene que doblegarse ante el nombre de Jesucristo y tendrás la victoria, aun frente a los más violentos demonios. “Es cierto que ustedes viven en obediencia, lo que es bien conocido de todos y me alegra mucho; pero quiero que sean sagaces para el bien e inocentes para el mal. Muy pronto el Dios de paz aplastará a Satanás bajo los pies de ustedes. Que la gracia de nuestro Señor Jesús sea con ustedes.” (Romanos 16: 19-20 NVI)

miércoles, 3 de noviembre de 2010

¿POR QUÉ DEBO ESTUDIAR LA BIBLIA?



¿POR QUÉ DEBO ESTUDIAR LA BIBLIA?


Porque…

  • "Toda la Escritura es un mensaje enviado por Dios, y es útil para enseñar, reprender, corregir y mostrar a la gente cómo vivir de la manera que Dios manda. Con las Escrituras, un siervo de Dios estará listo y completamente capacitado para toda buena obra. "(2ª Timoteo 3: 16, 17 PDT)
  • "Podemos confiar por completo en lo que dijeron los profetas y está muy bien que ustedes sigan cuidadosamente sus palabras. Sus profecías son como una lámpara que alumbra en la oscuridad hasta que llegue el amanecer en el que Cristo, como la estrella de la mañana, les traerá nueva luz al corazón. Sobre todo, deben entender que ninguna profecía de las Escrituras fue interpretada según la voluntad de los profetas. Ninguna profecía fue dicha por el impulso de algún hombre. Todo lo contrario, los profetas hablaron de parte de Dios, guiados por el Espíritu Santo." (2ª Pedro 1: 19, 20, 21 PDT)
  • "Ustedes estudian las Escrituras con mucho cuidado porque piensan que las Escrituras les darán vida eterna. Pues esas mismas Escrituras son las que hablan de mí." (Juan 5: 39 PDT)
  • "… Las Escrituras siempre dicen la verdad." (Juan 10: 35b PDT)
  • "Todo lo que se escribió en el pasado fue para dejarnos una enseñanza y para que tengamos esperanza. La esperanza viene por la paciencia y el ánimo que nos dan las Escrituras." (Romanos 15: 4 PDT)
  • "Las Escrituras decían lo que pasaría en el futuro: Dios aprobaría a los que no son judíos por causa de su fe y le dio a Abraham esta buena noticia: "Todas las naciones serán bendecidas por medio de ti". (Gálatas 3: 8 PDT)
  • “Toda palabra de Dios es digna de crédito; Dios protege a los que en él buscan refugio.” (Proverbios 30: 5)
  • " El cielo y la tierra no durarán para siempre, pero mis palabras sí." (Lucas 21: 33 PDT)

    La Escritura o Biblia es la Palabra de Dios, a través de Ella podemos conocer a Dios si nos acercamos a Él sabiendo que existe y que premia a los que lo buscan. (Lee Hebreos 11: 6). Para poder entender la Biblia, debemos leerla pidiendo a Dios que Su Espíritu nos dé entendimiento. El apóstol Pablo oraba a Dios con respecto a nosotros, de la siguiente manera:
    "Ruego que Dios, el Padre glorioso de nuestro Señor Jesucristo, les dé el Espíritu, fuente de sabiduría, para que entiendan los secretos de Dios y lleguen a conocerlo verdaderamente. Pido que Dios los ilumine con entendimiento para que vean su verdad y sepan lo que tiene preparado para sus escogidos. Entonces podrán participar de las ricas y abundantes bendiciones que él ha prometido a su pueblo santo. Verán también lo grande que es el poder que Dios da a los que creen en él. Es el mismo gran poder con el que Dios resucitó a Cristo de entre los muertos y le dio el derecho de sentarse a su lado en el cielo. Dios ha puesto a Cristo por encima de cualquier autoridad, poder, gobierno o dominio, tanto de este mundo como del que está por venir. Dios puso todo bajo el mando de Cristo y lo escogió como máxima autoridad de todo para bien de la iglesia. Cristo llena todo con su presencia, y en la iglesia se muestra todo lo que él es." (Efesios 1: 17 – 23 PDT).
    Cada hijo/a de Dios debe apropiarse de esta oración y pedir que Dios le conceda lo que hemos leído, porque esta oración ha sido inspirada por Dios y eso muestra que Su voluntad es darnos lo que ahí dice. "Ésta es la confianza que tenemos al acercarnos a Dios: que si pedimos conforme a su voluntad, él nos oye.Y si sabemos que Dios oye todas nuestras oraciones, podemos estar seguros de que ya tenemos lo que le hemos pedido." ( 1ª Juan 5: 14, 15) Podemos orar así:
    Ruego que Dios, el Padre glorioso de nuestro Señor Jesucristo, me dé el Espíritu, fuente de sabiduría, para que yo entienda los secretos de Dios y llegue a conocerlo verdaderamente. Pido que Dios me ilumine con entendimiento para que yo vea su verdad y sepa lo que tiene preparado para mí, su escogido/a. Entonces podré participar de las ricas y abundantes bendiciones que él ha prometido a su pueblo santo. Veré también lo grande que es el poder que Dios da a los que creen en él. Es el mismo gran poder con el que Dios resucitó a Cristo de entre los muertos y le dio el derecho de sentarse a su lado en el cielo. Dios ha puesto a Cristo por encima de cualquier autoridad, poder, gobierno o dominio, tanto de este mundo como del que está por venir. Dios puso todo bajo el mando de Cristo y lo escogió como máxima autoridad de todo para bien de la iglesia. Cristo llena todo con su presencia, y en la iglesia se muestra todo lo que él es.
    Cada día debemos pedirle a Dios en el Nombre de Jesucristo, que nos dé más de Su Espíritu, así que no dudes en hacer esta oración diariamente, pero no como una mera repetición, sino con un anhelo ferviente de recibir lo que pides. “Si ustedes permanecen en mí y son fieles a mis enseñanzas, pidan lo que quieran y se les dará.” (Juan 15: 7 PDT).

    El alimento diario de los hijos de Dios es Su Palabra. “Pero Jesús le respondió: -En las Escrituras dice: 'No sólo de pan vive el hombre; sino de toda palabra que Dios dice'.” Alimentarnos de la Palabra de Dios, es alimentarnos de Dios mismo, de Jesucristo, porque Él es la Palabra hecha carne. (Lee Juan 1: 1, 2, 3, 4, 10, 14). Así como alimentas tu cuerpo físico todos los días, de la misma forma tienes que alimentar tu espíritu todos los días. "El Padre que me envió vive, y yo vivo debido a él. Así mismo el que se alimenta de mí, vivirá debido a mí… No es el cuerpo el que le da vida a uno, sino el espíritu. Las palabras que les he dicho son espíritu y por lo tanto dan vida.” (San Juan 6: 57, 63 PDT)

viernes, 29 de octubre de 2010

FIESTA DE HALLOWEEN



FIESTA DE HALLOWEEN
¿Qué se celebra en esta fiesta de halloween? Basta ver los disfraces y toda clase de alimañas que se muestran en los escaparates y vitrinas de muchas tiendas y supermercados y en las ventas callejeras. La respuesta está a la vista de todos. Enlazada con esta fiesta que ensalza a Satanás está el “día de los muertos o difuntos”. ¿Será mera coincidencia? Muchos cristianos, si bien, no participan de halloween, están participando de la celebración de los difuntos, ya sea por costumbre o tradición, sin embargo, la Palabra de Dios nos advierte al respecto: “No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos. Porque es abominación para con Jehová cualquiera que hace estas cosas…” (Deuteronomio 18:10-12)

Brujas y adivinos, como agoreros o sortílegos tienen estrecha relación en su acepción y también tienen estrecha relación con pactos satánicos. En la fiesta de halloween entre los principales personajes está la “inocente brujita”. ¿Por qué los cristianos no debemos participar en la fiesta de halloween y la celebración del día de difuntos? “Examinen qué es lo que agrada al Señor, y no participen en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien, desenmascárenlas” (repróchenlas).” (Efesios 5: 10, 11 NBLH). Al participar de las fiestas paganas, así sean denominadas cristianas, pero que la Palabra de Dios las reprueba, estamos formando parte de este embrollo satánico. No olvidemos que los hijos de Dios estamos en guerra contra las huestes satánicas y debemos mantenernos sobrios y despiertos para no dejarnos envolver con todo este cúmulo de distracciones que el diablo nos pone en frente, para que desviemos nuestra mirada de Jesucristo.
¿Entonces no debemos visitar las tumbas de nuestros muertos? Claro que podemos hacerlo, pero en cualquier época del año, sin que esto signifique que vamos a llenarlos de rezos y creer que ellos vuelven a visitarnos. "... está establecido que los seres humanos mueran una sola vez, y después venga el juicio..." (Hebreos 9: 27 MVI) "Porque los vivos saben que han de morir, pero los muertos no saben nada ni esperan nada, pues su memoria cae en el olvido. Sus amores, odios y pasiones llegan a su fin, y nunca más vuelven a tener parte en nada de lo que se hace en esta vida." (Eclesiastés 9: 5, 6NVI)

Debemos estar vigilantes, porque el enemigo se ha lanzado furioso a esta tierra y contra los hijos de Dios “¡Ay de la tierra y del mar!, porque el diablo ha descendido a ustedes con gran furor, sabiendo que tiene poco tiempo." (Apocalipsis 12: 12 NBLH). Sin embargo, Dios nos da la clave para la victoria antes de dar la advertencia que hemos leído y la encontramos justamente en el versículo anterior. “Ellos lo han vencido por medio de la sangre del Cordero y por el mensaje del cual dieron testimonio; no valoraron tanto su vida como para evitar la muerte.” (Apocalipsis 12: 11 NVI). La Sangre de Cristo, que es luz, vence a Satanás por siempre y el testimonio que debe salir de nuestra boca, es justamente esta victoria. Podemos decir con fe y certeza: “La sangre de Cristo tiene poder. La sangre de Cristo me limpia, perdona justifica, santifica, me da paz con Dios y acceso a Su Presencia; por tanto no tengo temor ni a la misma muerte, porque la Vida de Dios, que es Su Sangre está en mí”

“Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz.”
(2Corintios 11:14) Satanás se disfraza porque él quiere engañar; sin embargo los hijos de Dios nos vestimos de luz para manifestar a Jesucristo. “La noche está muy avanzada, y el día está cerca. Por tanto, desechemos las obras de las tinieblas y vistámonos con las armas de la luz. Andemos decentemente, como de día, no en orgías y borracheras, no en promiscuidad sexual y lujurias, no en pleitos y envidias; antes bien, vestíos del Señor Jesucristo, y no penséis en proveer para las lujurias de la carne.” (Romanos 13: 12-14 LBLA). Los hijos de Dios no nos ocultamos tras un disfraz, pero los incautos lo hacen, sin saber que están imitando al engañador y siguiendo sus mentiras y falsedades.

“Por tanto, no seáis partícipes con ellos; porque antes erais tinieblas, pero ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de la luz (porque el fruto de la luz consiste en toda bondad, justicia y verdad), examinando qué es lo que agrada al Señor. Y no participéis en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien, desenmascaradlas; porque es vergonzoso aun hablar de las cosas que ellos hacen en secreto. Pero todas las cosas se hacen visibles cuando son expuestas por la luz, pues todo lo que se hace visible es luz. Por esta razón dice: Despierta, tú que duermes, y levántate de entre los muertos, y te alumbrará Cristo. Por tanto, tened cuidado cómo andáis; no como insensatos, sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Así pues, no seáis necios, sino entended cuál es la voluntad del Señor.” (Efesios 5: 7-17 LBLA. Mantengámonos en guardia y andemos siempre en la luz de Dios, estudiando Su Palabra para no ser confundidos. Busquemos más Su Presencia y dejemos los entretenimientos que nos restan tiempo con Cristo. Aprovechemos bien el tiempo, aun más en este tiempo, porque estamos viendo que los días son muy malos. Que Dios nos dé entendimiento y sabiduría para permanecer en Su luz y verdad.

lunes, 25 de octubre de 2010

RECONCÍLIATE CON TU HERMANO

RECONCÍLIATE CON TU HERMANO
"Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos. Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: "No matarás", y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal. Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquel que lo insulta, merece ser castigado por el Sanedrín. Y el que lo maldice, merece la Gehena de fuego. Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo." (Mateo 5: 20-26 BPD)
Nuestra justicia tiene que ser mayor que la de los escribas y fariseos, tiene que ser de hechos y en verdad. Nadie está libre de haber dicho alguna palabra o haber actuado en forma tal que ha dañado la vulnerabilidad de un hermano/a y éste/a se siente herido, y la relación entre ambos ya no es la misma; si tú eres consciente de este hecho, aunque estés seguro que no has querido ofender al hermano, pero sin embargo hay una queja contra ti, entonces, apresúrate a corregir el mal entendido, para que no se agrave la ofensa, porque recuerda: el ofendido va a ir ante el juez a exponer su causa y tú vas a estar en entredichos, hay una duda respecto a tu forma de comportarte.

Si te acercas ante el Señor de señores en adoración y levantas tus brazos como para alcanzarlo, pero tienes una deuda pendiente, porque tu hermano tiene una queja contra ti, detente ahí mismo y no digas: - Yo no tengo nada que ver con esto. Yo no le hice daño. Si se ofendió, ya es su problema y no mío-. Recuerda que esa queja legítima o no, está llegando ante el Juez; por tanto: Apresúrate y arregla esta controversia con tu hermano. Deja tu ofrenda en el altar del sacrificio. Deja tu “ego” y soberbia y humíllate ante Dios y corre pronto a encontrar a tu hermano para pedirle perdón por el mal entendido y enmienda la falta, recordando que Jesucristo asumió nuestros pecados como suyos sin haberlos cometido. No trates de justificarte ante el hermano, asume la falta; recuerda que tu ego y soberbia quedaron en el altar consumiéndose. Si tú eres espiritual, la humillación no te hace mella, no te quita nada; más bien, si por tu humillación, salvas a tu hermano y a ti mismo, esto tiene valor eterno.

Dirigiéndose a todos, (esto me incluye a mí y te incluye a ti) declaró: -Si alguien quiere ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, lleve su cruz cada día y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la salvará. (Lucas 9: 23, 24 NVI). Negación y renuncia de nuestro “YO” no es tarea fácil y más aún en esta época donde se habla mucho de “nuestros derechos”. La vida cristiana es una vida de renuncia, pues ya no somos nosotros los que vivimos, porque le hemos entregado nuestra vida a quien nos compró con Su Sangre, Jesucristo, nuestro Señor. Si no lo sabías, seguir a Cristo significa renuncia. ¿Tiene algún hermano/a alguna queja contra ti? Quizá no le gustó tu forma de hablarle o de actuar, ¿qué debes hacer? Arregla pronto, muy pronto esta situación, para que la herida en el hermano ofendido no empiece a supurar y muchos sean salpicados. Las ofensas que hacemos al hermano sin darnos cuenta, son como balas perdidas que llegan a alguien y lo dañan o hasta pueden matarlo. Nadie sabe de dónde vino la bala, sólo tú y el Juez del Universo; y cuando el perjudicado acude a Él (Juez), tú te verás en problemas.

Si después de haber dicho o hecho algo que ofendió al hermano/a, te das cuenta de ello, arréglalo inmediatamente, que no pase más tiempo. Humíllate, renuncia a tu defensa y asume la culpa. Ve y dile a tu hermano/a:-Perdóname por mis palabras o actitud. Arreglemos ahora esta situación, dime cómo puedo enmendar mi falta-. Si actúas así, habrás salvado a tu hermano de su herida y a ti mismo de ir a juicio. Debes actuar conforme al mandato de Dios y no conforme a lo que piensas que son tus derechos; porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la salvará. Ahora tus derechos son de Cristo y sólo en Él debes actuar. Salva tu vida arreglando el malentendido, humíllate y Dios te exaltará en Su momento.

"Ustedes han oído que se dijo: 'OJO POR OJO Y DIENTE POR DIENTE.' "Pero Yo les digo: no resistan al que es malo; antes bien, a cualquiera que te abofetee en la mejilla derecha, vuélvele también la otra. "Al que quiera ponerte pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa. "Y cualquiera que te obligue a ir un kilómetro, ve con él dos. "Al que te pida, dale; y al que desee pedirte prestado no le vuelvas la espalda. "Ustedes han oído que se dijo: 'AMARAS A TU PROJIMO y odiarás a tu enemigo.' "Pero Yo les digo: amen a sus enemigos y oren por los que los persiguen, para que ustedes sean hijos de su Padre que está en los cielos; porque El hace salir Su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos." (Mateo 5: 38-45 NBLH). El reino de los cielos es de aquellos que su justicia es mayor que la de los escribas y fariseos, es de aquellos que viven en la voluntad de Dios, que se dejan guiar por el Espíritu Santo viviendo en humildad de corazón, aun perdiendo su “ego” por salvar a otros. Las razones del espíritu no son compatibles con las razones del alma. Tu espíritu, guiado por el Espíritu de Dios, renuncia, da; tu alma exige sus derechos, pide para sí. “Digo, pues: anden por el Espíritu, y no cumplirán el deseo de la carne.” (Gálatas 5: 16 NBHL) "Pues los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu." (Gálatas 5: 24,25 NBHL) Nuestras pasiones y deseos están crucificadas con Cristo, pues si somos de Cristo, nuestra vida ya no nos pertenece, por tanto digamos como Pablo "Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por la fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí." (Gálatas 2: 20 NBLH) Cristo renunció a todo por salvarnos a nosotros ¿acaso no podríamos renunciar un poquito a nuestro ego por salvar a otros, entre tanto nos salvamos también nosotros?

domingo, 24 de octubre de 2010

PORQUE TUYO ES EL REINO...

PORQUE TUYO ES EL REINO Y EL PODER Y LA GLORIA

"Porque tuyo es el reino y el poder y la gloria para siempre jamás. Amén." (Mateo 6: 13 LBLA)

La oración del “Padre Nuestro” que Jesús nos enseñó, concluye declarando que el Reino es del Señor y el poder y la gloria. Observa cómo empezó la oración: “Padre nuestro…” Si el Reino es de Papá, quiere decir que nosotros estamos inmersos en ese Reino, como ciudadanos del mismo. Y si el poder y la gloria también son de Papá, entonces nosotros también participamos de ese poder y de esa gloria, gracias a la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, que nos abrió el camino al Padre. No hay poder más grande que el poder de Jesucristo quien nos ha hecho partícipes de ese poder, pero sólo la gloria es para Él.

“Teníamos una deuda porque no cumplimos las leyes de Dios. La cuenta de cobro tenía todos los cargos contra nosotros, pero Dios nos perdonó la deuda y clavó la cuenta en la cruz. Dios venció a todos los poderes y fuerzas espirituales a través de la cruz, desarmándolos y obligándolos a desfilar derrotados ante el mundo.” (Colosenses 2: 14, 15 PDT) La autoridad que Jesús nos dio es superior al poder del diablo, porque Jesucristo es infinitamente más grande que el diablo con toda su pandilla de demonios. Jesús ya venció, y esto fue sabido en toda la creación, inclusive en el mismo infierno, porque Jesucristo bajó hasta allí para arrebatar las llaves del poder de la muerte y del infierno. “No tengas miedo. Yo soy el Primero y el Último, y el que vive. Estuve muerto, pero ahora vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del infierno. (Apocalipsis 1: 17b, 18)

“Entonces Jesús les dijo: -Vi a Satanás caer del cielo como un relámpago. Tengan la seguridad de que les he dado autoridad de aplastar escorpiones y serpientes, y autoridad sobre todo el poder del enemigo. Nada les hará daño.” (Lucas 10: 18, 19 PDT).

En Apocalipsis 5 vemos cómo en el cielo la adoración es para el Vencedor, Jesucristo, nuestro Señor.
En la mano derecha del que estaba sentado en el trono vi un rollo escrito por ambos lados y sellado con siete sellos. También vi a un ángel poderoso que proclamaba a gran voz: "¿Quién es digno de romper los sellos y de abrir el rollo?" Pero ni en el cielo ni en la tierra, ni debajo de la tierra, hubo nadie capaz de abrirlo ni de examinar su contenido. Y lloraba yo mucho porque no se había encontrado a nadie que fuera digno de abrir el rollo ni de examinar su contenido.
Uno de los ancianos me dijo: "¡Deja de llorar, que ya el León de la tribu de Judá, la Raíz de David, ha vencido! Él sí puede abrir el rollo y sus siete sellos." Entonces vi, en medio de los cuatro seres vivientes y del trono y los ancianos, a un Cordero que estaba de pie y parecía haber sido sacrificado. Tenía siete cuernos y siete ojos, que son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra. Se acercó y recibió el rollo de la mano derecha del que estaba sentado en el trono. Cuando lo tomó, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero. Cada uno tenía un arpa y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones del pueblo de Dios. Y entonaban este nuevo cántico: "Digno eres de recibir el rollo escrito y de romper sus sellos, porque fuiste sacrificado, y con tu sangre compraste para Dios gente de toda raza, lengua, pueblo y nación. De ellos hiciste un reino; los hiciste sacerdotes al servicio de nuestro Dios, y reinarán sobre la tierra." Luego miré, y oí la voz de muchos ángeles que estaban alrededor del trono, de los seres vivientes y de los ancianos. El número de ellos era millares de millares y millones de millones. Cantaban con todas sus fuerzas: "¡Digno es el Cordero, que ha sido sacrificado, de recibir el poder, la riqueza y la sabiduría, la fortaleza y la honra, la gloria y la alabanza!" Y oí a cuanta criatura hay en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra y en el mar, a todos en la creación, que cantaban: "¡Al que está sentado en el trono y al Cordero, sean la alabanza y la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos!" Los cuatro seres vivientes exclamaron: "¡Amén!", y los ancianos se postraron y adoraron. (Apocalipsis 5 NVI)

La adoración y la alabanza en el cielo es dada sólo a Jesucristo por los siglos de los siglos. Jesús nos enseñó en el Padre Nuestro cómo debemos glorificar al Único Dios, Él es Dios, nuestro único Dios.

Jesucristo es el único merecedor de toda gloria. Juan vio en visión cómo Jesucristo, el Cordero de Dios recibía toda la gloria por siempre.
“Cada uno de ellos tenía seis alas y estaba cubierto de ojos, por encima y por debajo de las alas. Y día y noche repetían sin cesar: «Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era y que es y que ha de venir.» Cada vez que estos seres vivientes daban gloria, honra y acción de gracias al que estaba sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, los veinticuatro ancianos se postraban ante él y adoraban al que vive por los siglos de los siglos. Y rendían sus coronas delante del trono exclamando: «Digno eres, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria, la honra y el poder, porque tú creaste todas las cosas; por tu voluntad existen y fueron creadas.»
(Apocalipsis 4: 8-11)

Cada hijo de Dios debe acercarse a Él con alabanzas en sus labios, bendiciendo y adorando al Único que venció, a Jesucristo nuestro Señor; declarando que el reino le pertenece a Jesucristo, también el poder y la gloria por siempre. Entender esto es reconocer quién es Dios y quiénes somos nosotros frente a Él. ¿Por qué es que Dios ha hecho de nuestro cuerpo su Templo? Para que de allí brote la alabanza y adoración hacia Él. Así como en el Tabernáculo de David, la adoración hacia Dios retumbaba las 24 horas, de la misma manera, de nuestro tabernáculo debe retumbar la adoración hacia Dios las 24 horas, aun nuestros sueños, mientras dormimos, deben estar repletos de adoración.

¿No saben que ustedes son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? Si alguno destruye el templo de Dios, él mismo será destruido por Dios; porque el templo de Dios es sagrado, y ustedes son ese templo. (1ª Corintios 3: 16- 17 NVI)
¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han recibido de parte de Dios? Ustedes no son sus propios dueños; fueron comprados por un precio. Por tanto, honren con su cuerpo a Dios. (1ª Corintios 6: 19, 20 NVI)

“Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria por todos los siglos, amén” Reconocer que el Reino pertenece a Jesucristo, es reconocer Su señorío sobre nosotros y Su poder para establecer Su reino sobre todo por siempre y para siempre; por tanto sólo Él es digno de alabanza, gloria y honra por la eternidad. Amén.

viernes, 15 de octubre de 2010

Y NO NOS DEJES CAER EN TENTACIÓN


Y NO NOS DEJES CAER EN TENTACIÓN
"Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal” (Mateo 6: 13 LBLA)
“Y no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del maligno” (Mateo 6: 13 NVI)

Cuando le pedimos a Dios que nos libre del maligno y que no permita que cedamos a la tentación, le estamos diciendo que como Él conoce nuestras debilidades, que coloque un cerco de protección alrededor de nuestra vida, para que el maligno no nos haga ceder a la tentación, porque el diablo también sabe cuáles son nuestras debilidades. Él va a buscar las áreas vulnerables de nuestro ser para hacernos caer; sin embargo, aun en aquellas áreas que pensamos que estamos fuertes, debemos pedir la protección de Dios, porque el diablo y sus secuaces nos están observando día y noche sin descanso para ver por dónde pueden ingresar; y si es que tenemos algo de donde ellos puedan agarrarse, entonces lo van a usar para destruirnos. “Por tanto, el que cree que está firme, tenga cuidado, no sea que caiga. No les ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres. Fiel es Dios, que no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que pueden soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, a fin de que puedan resistirla”. (1ª Corintios 10: 12, 13 NBLH)

Mantengámonos siempre en guardia porque el diablo está al acecho, buscando el momento propicio para atacarnos. “Practicad el dominio propio y manteneos alerta. Vuestro enemigo el diablo ronda como león rugiente, buscando a quién devorar. Resistidlo, manteniéndoos firmes en la fe, sabiendo que vuestros hermanos en todo el mundo están soportando la misma clase de sufrimientos.” (1ª Pedro 5: 8, 9 BAD). Para hacerle frente al diablo, debemos estar firmes en la fe de Dios, no dudando en absoluto respecto a Su Palabra, debemos desechar todo temor y agarrarnos del Perfecto Amor, que es Cristo Jesús en nosotros a través de Su Santo Espíritu.

Pidamos a Dios que Su Espíritu nos examine, nos haga la “endoscopia espiritual", para ver cómo está nuestro corazón, para que sometiéndonos constantemente a este examen, podamos un día decir como Jesucristo: “El diablo no tiene ningún dominio sobre mi vida”. “Ya no hablaré más con vosotros, porque viene el príncipe de este mundo. Él no tiene ningún dominio sobre mí.” (San Juan 14: 30 BAD)

La tentación es diferente a la prueba, sabemos que Dios no tienta a nadie a hacer lo malo. “Pero si alguien se siente tentado a hacer algo malo, no diga que es Dios quien le tienta, porque Dios no tienta a nadie, ni por nadie puede ser tentado.” (Santiago 1: 13 CST-IBS)

La prueba (sufrimiento) tiene como fin formar el carácter de Cristo en nosotros. No es que a Dios le complazca vernos sufrir, sino que es como un escultor que talla una piedra hasta darle la forma perfecta. “Hermanos en Cristo, ustedes deben sentirse muy felices cuando pasen por toda clase de dificultades. Así, cuando su confianza en Dios sea puesta a prueba, ustedes aprenderán a soportar con más fuerza las dificultades. Por lo tanto deben resistir la prueba hasta el final, para que sean mejores y capaces de obedecer lo que se les ordene.” (Santiago 1: 2-4 BLS)

Dios quiere que Su templo, el cual somos nosotros, sea digno de albergar la plenitud de la Deidad y para esto, debe estar totalmente cubierto por el mismo Espíritu de Dios, donde no se vea nada de nosotros. Lo que queda de nosotros son como aristas punzantes y Dios tiene que golpear y golpear hasta hacerlas desaparecer, para que podamos, como piedras vivas, encajar una al lado de la otra sin lastimarnos y así unidos formemos el Cuerpo de Cristo. “De este modo, todos llegaremos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a una humanidad perfecta que se conforme a la plena estatura de Cristo.” (Efesios 4:13)

El carácter de Cristo es lo que Dios quiere en Su Cuerpo (Iglesia), “para que todos sean uno. “Padre, así como tú estás en mí y yo en ti, permite que ellos también estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, así como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí. Permite que alcancen la perfección en la unidad, y así el mundo reconozca que tú me enviaste y que los has amado a ellos tal como me has amado a mí.” (Juan 17: 21-23). La unidad, no la uniformidad, es lo que demuestra el carácter de Cristo, pero para llegar a eso necesitamos aprender a vivir unidos a pesar de las diferencias. No podemos pedir que el ojo actúe como la boca. Cada cual cumpla su función para agradar al Señor y desista de mirar lo que otros hacen o dejan de hacer, porque cada uno va a dar razón de sí mismo y no de otro.

“Aunque era Hijo, mediante el sufrimiento aprendió a obedecer; y consumada su perfección, llegó a ser autor de salvación eterna para todos los que le obedecen.” (Hebreos 5: 8, 9) No es fácil obedecer, nuestra naturaleza tiende a rebelarse; se requiere tomar la firme decisión de obedecer y pedirle a Dios que nos ayude, para que sea Cristo actuando en nosotros. Ese conflicto dentro de nosotros nos causa sufrimiento, porque por un momento queremos complacernos antes que complacer a aquel que nos llamó por soldado y esa renuncia a nuestro placer nos causa sufrimiento, pero es necesario para que Cristo crezca en nosotros y podamos decir como el apóstol Pablo: “Con Cristo estoy crucificado, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Y esta vida verdadera que ahora vivo es el resultado de mi fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó a muerte por mí.” (Gálatas 2: 20 CAS)