sábado, 6 de diciembre de 2008

¿QUIERES SER DISCÍPULO DE JESÚS?


¿QUIERES SER DISCÍPULO DE JESÚS?


"Después Jesús les dijo a todos los que estaban allí:"Si alguno quiere ser mi discípulo, tiene que olvidarse de hacer lo que quiera. Tiene que estar siempre dispuesto a morir y hacer lo que yo mando. Porque si alguno piensa que su vida es más importante que seguirme, entonces la perderá para siempre. Pero el que prefiera seguirme y elija morir por mí, ese se salvará. De nada sirve que una persona sea dueña de todo el mundo, si al final se destruye a sí misma y se pierde para siempre." (Lucas 9: 23-25 BLS)

Jesús dijo a la gente que le seguía y nos dice también a nosotros: Si ustedes quieren ser mis discípulos, renuncien a sus propios deseos y estén dispuestos a morir cada día a vuestro "yo". La vida que Cristo nos ofrece es Su vida y sólo la vamos a vivir si dejamos la nuestra. No hay otra forma. O somos nosotros, o es Cristo. Para ser un discípulo de Jesús es necesario:

Renuncia completa.
Disposición para morir cada día a nuestro "yo".
Amor por el Maestro.

Si analizamos a los hombres de Dios en la Biblia, ellos tuvieron una vida de renuncia y muerte a sus deseos. Tuvieron que pasar por tribulaciones y sufrimientos para llegar a ser lo que Dios quería que ellos sean. Estuvieron dispuestos a obedecer a Dios a pesar de las circunstancias, porque no puede haber obediencia sin renuncia. Estuvieron dispuestos a dar sus vidas por el Dios en quien ellos creían. Es que no se puede estar dispuesto a morir por alguien a quien no amamos. Fue tanto el amor de Jesús por nosotros que Él dio Su vida para que podamos alcanzar la salvación que gratuitamente Él nos ofrece. Cristo no nos pediría renuncia si Él no hubiera renunciado primero. ¿Te puedes imaginar qué dejó Cristo en el cielo para venir a la tierra? Ni siquiera pensando en lo más hermoso que podamos conocer o imaginar se puede comparar con lo que Él tuvo que renunciar. Jesús estuvo dispuesto a morir desde antes de la fundación del mundo y todo por amor a nosotros.

Porque la fe de ustedes es como el oro: su calidad debe serprobada por medio del fuego. La fe que resiste la prueba vale muchomás que el oro, el cual se puede destruir. De manera que la fe deustedes, al ser así probada, merecerá aprobación, gloria y honorcuando Jesucristo aparezca. (1ª Pedro 1: 17-21). Nuestra fe en Dios es capaz de soportar las pruebas, porque es una fe que obra por amor. Dios quiere que por amor dejemos todo y le sigamos, pero no un amor humano que exige condiciones, sino el amor incondicional, el amor ágape.

No vamos a entender qué es ser discípulo, si no estamos dispuestos a renunciar y morir por amor. ¿Es Dios un Dios tirano al pedirnos esto? De ninguna manera, pero Él sabe que la única forma para que nosotros seamos como Él, es dejando de ser nosotros en nuestra carnalidad, con nuestros caprichos y orgullo, sino despojarnos de aquello que no proviene de Dios para que Su carácter se manifieste en nosotros. Nuestro YO debe menguar cada día hasta que desaparezca para que Cristo sea visto a través de nosotros. No a nosotros sea la gloria, no a nosotros, sino a Ti oh Dios. Dios quiere formar Su carácter en nosotros, pero para ello, tiene que extraer, si se lo permitimos, lo que todavía queda de nuestro carácter. ¡UY! Eso duele. Nos va a doler más cuando entendamos lo que dice Hebreos 12: 1-11 (Conviene leer todo este capítulo). Dios quiere que seamos hijos que llevemos Su marca de carácter en nuestras vidas, para que todo el que nos vea, pueda decir sin temor a equivocarse: estos son verdaderamente hijos de Dios, porque se puede ver a Dios a través de ellos.

José nunca hubiera llegado al trono si no hubiera renunciado a la queja, a las seducciones y al odio. Daniel nunca hubiera llegado al lugar de prominencia en el reino si no hubiera dispuesto su corazón para no contaminarse y si no hubiera pasado por el foso de los leones. Jesús mismo no hubiera llegado al Trono del Padre si no se hubiera humillado haciéndose el más bajo de los hombres y llegando hasta la muerte, y qué muerte; sólo entonces fue exaltado.

La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, quien, siendo por naturaleza* Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza* de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos. Y al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz! Por eso Dios lo exaltó hasta lo sumo y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre, para que ante el nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre. (Filipenses 2: 5-11)

¡Oh prueba, bendita prueba!
¿Quién te acoge hoy en su corazón?
¿Quién puede gozarse cuando hieres, quebrantas o matas?
¿Qué prueba es mayor que la que pasó nuestro Señor?
Si en algo ha de gozarse mi alma
Es en ser tallada a la forma de mi Maestro.
Un golpe aquí, otro allá.
Penetra oh cincel y extrae mis deformidades,
hasta que doblegada bajo Tu poderosa Mano,
solamente diga: Sí Señor.
Hágase en mí conforme a Tu voluntad.
Gózate en la prueba, gózate,
porque acabada ésta, tendrás algo más de Dios en ti.

La muerte es necesaria para poder resucitar a la vida de Cristo. El discípulo que no se injerta en Cristo, no puede resucitar. Sólo desgajándote de tu vida e introduciéndote a la vida de Cristo vas a poder gozar de la excelsa naturaleza de Dios. Sólo en Cristo está la vida. Si renuncias a seguir bebiendo de tu propio pozo hecho de tradiciones y vanos argumentos y vas a la fuente de Vida para saciar tu sed y llenar el vacío de tu alma, entonces Dios hará que tu pozo se convierta en manantial de vida. De ti empezará a brotar la vida que saciará tu alma, vivificará tu cuerpo, renovará tu espíritu y te convertirás en fuente de paz, donde tus aguas serán removidas para salvación, porque el Espíritu de Dios removerá tus aguas y brotará la vida, se verá la luz y te convertirás en bendición para muchos pueblos. Empieza a ver el alcance de la vida de Dios que emana de ti y no te detengas, sigue bebiendo de la fuente inagotable de Cristo y extiende tus acequias para regar el campo, porque cuanto más des, más vas a recibir. Hay un pueblo sediento de Dios . ¡Sácialo!