viernes, 5 de diciembre de 2008

ACTIVEMOS LA MENTE DE CRISTO


ACTIVEMOS LA MENTE DE CRISTO EN NOSOTROS

Dios da a conocer sus planes
Sin embargo, cuando hablamos con los que ya entienden mejor el mensaje de Dios, hablamos con sabiduría. Pero no empleamos la sabiduría humana como la emplean la gente y los gobernantes de este mundo. El poder que ellos tienen está condenado a desaparecer. Nosotros enseñamos el mensaje con palabras inteligentes que vienen de Dios. Ese mensaje habla de los planes que Dios tenía en secreto desde antes de crear el mundo, y que él quiso manifestarnos para que podamos compartir su gloria. Claro que este plan inteligente de Dios no lo entendió ninguno de los gobernantes del mundo. Si lo hubieran entendido, no habrían matado en la cruz a nuestro Señor, quien es el dueño de la vida. Como dice la Biblia: "Para aquellos que lo aman, Dios ha preparado cosas que nadie jamás pudo ver, ni escuchar ni imaginar". Dios nos dio a conocer todo esto por medio de su Espíritu, porque el Espíritu de Dios lo examina todo, hasta los secretos más profundos de Dios. Nadie puede saber lo que piensa otra persona. Sólo el espíritu de esa persona sabe lo que ella está pensando. De la misma manera, sólo el Espíritu de Dios sabe lo que piensa Dios. Pero como Dios nos dio su Espíritu, nosotros podemos darnos cuenta de lo que Dios, en su bondad, ha hecho por nosotros. Cuando hablamos de lo que Dios ha hecho por nosotros, no usamos las palabras que nos dicta la inteligencia humana, sino que usamos el lenguaje espiritual que nos enseña el Espíritu de Dios. Los que no tienen el Espíritu de Dios no aceptan las enseñanzas espirituales, pues las consideran una tontería. Y tampoco pueden entenderlas, porque no tienen el Espíritu de Dios. Los que tienen el Espíritu de Dios, todo lo examinan y todo lo entienden. En cambio, los que no tienen el Espíritu, no pueden examinar ni entender a los que sí lo tienen. (1ª Corintios 2: 6-15 BLS)
Como dice la Biblia: "¿Quién sabe lo que piensa el Señor? ¿Quién puede darle consejos?" Pero nosotros tenemos el Espíritu de Dios, y por eso pensamos como Cristo." (1ª Corintios 2:16 BLS)

Necesitamos entender que ya no pertenecemos a este mundo, que realmente somos seres sobrenaturales, que llevamos dentro de nosotros al Espíritu de Dios y que somos uno con Él (1ª Corintios 6:17). Al ser uno con el Señor, Sus pensamientos son nuestros. Pero, ¿qué es lo que impide que pensemos como Cristo? La mente carnal que todavía gobierna nuestros pensamientos. Cuando Dios dijo que lo amemos sobre todas las cosas, nos estaba diciendo que lo amemos más que a nuestros propios pensamientos. ¿Te has dado cuenta cuánto amamos nuestros pensamientos? Ellos determinan lo que somos. Nuestros pensamientos están ligados a nuestro “YO”; es por eso que somos lo que pensamos. No podemos dar rienda suelta a nuestros pensamientos, sino más bien atraparlos para que obedezcan a Cristo; conducirlos o encauzarlos a Cristo. Debemos canalizar nuestros pensamientos hacia Cristo. La mente carnal no puede agradar a Dios, ni tampoco puede sujetarse a Él, pero nosotros no tenemos ya una mente carnal, sino que poseemos la mente de Cristo, porque Su Espíritu gobierna nuestro ser.

Obedecer al Espíritu de Dios
Por eso les digo: Obedezcan al Espíritu de Dios y así no desearán hacer lo malo. Porque los malos deseos están en contra de lo que quiere el Espíritu de Dios, y el Espíritu está en contra de los malos deseos. Por lo tanto, ustedes no pueden hacer lo que se les antoje. Pero si obedecen al Espíritu de Dios, ya no están obligados a obedecer la ley. Todo el mundo conoce la conducta de los que obedecen a sus malos deseos: No son fieles en el matrimonio, tienen relaciones sexuales prohibidas, muchos vicios y malos pensamientos. Adoran a dioses falsos, practican la brujería y odian a los demás. Se pelean unos con otros, son celosos y se enojan por todo. Son egoístas, discuten y causan divisiones. Son envidiosos, y hasta matan; se emborrachan, y en sus fiestas hacen locuras y muchas cosas malas. Les advierto, como ya lo había hecho antes, que los que hacen esto no formarán parte del reino de Dios. En cambio, el Espíritu de Dios nos hace amar a los demás, estar siempre alegres y vivir en paz con todos. Nos hace ser pacientes y amables, y tratar bien a los demás, tener confianza en Dios, ser humildes, y saber controlar nuestros malos deseos. No hay ley que esté en contra de todo esto. Y los que somos de Jesucristo ya hemos hecho morir en su cruz nuestro egoísmo y nuestros malos deseos. Si el Espíritu ha cambiado nuestra manera de vivir, debemos obedecerlo en todo. No seamos orgullosos, ni provoquemos el enojo y la envidia de los demás, creyendo que somos mejores que ellos.
(Gálatas 5: 16-26 BLS)

La mente de Cristo –que está en nosotros- une nuestros pensamientos al Espíritu de Dios a través de nuestro espíritu, sujetando nuestros pensamientos a lo que dicta el Espíritu. No toda persona que ha recibido a Jesús, piensa como Él, por eso Pablo les escribió de ese modo a los gálatas. Nuestros pensamientos determinarán si vamos a formar parte del reino de Dios o no. Lo que creemos en nuestra mente afectará nuestros pensamientos y estos establecerán nuestro destino final. Eva decidió creerle al diablo. Nuestra creencia se define en creerle a Dios o no, para lo cual no hay otra alternativa. “Hoy te doy a elegir entre la vida y la muerte, entre el bien y el mal. Hoy te ordeno que ames al Señor tu Dios, que andes en sus caminos, y que cumplas sus mandamientos, preceptos y leyes. Así vivirás y te multiplicarás, y el Señor tu Dios te bendecirá en la tierra de la que vas a tomar posesión… Hoy pongo al cielo y a la tierra por testigos contra ti, de que te he dado a elegir entre la vida y la muerte, entre la bendición y la maldición. Elige, pues, la vida, para que vivas tú y tus descendientes. Ama al Señor tu Dios, obedécelo y sé fiel a él, porque de él depende tu vida, y por él vivirás mucho tiempo en el territorio que juró dar a tus antepasados Abraham, Isaac y Jacob.” (Deuteronomio 30: 15,15, 19,20)Leamos también Efesios 4: 22- 32.


La obra en la cruz fue completa, pero nuestras elecciones o decisiones son determinantes. Dios no va a imponernos a hacer Su voluntad, Él nos muestra lo que es bueno y lo que es malo y nosotros decidimos qué obedecer. Adán decidió desobedecer y trajo consigo la muerte para él y todos los que descendemos de él, pero Cristo vino para traer la vida para quienes la quieran recibir. La vida de Cristo es diferente a la vida carnal y nos toca a nosotros despojarnos de lo viejo y vivir lo nuevo en Cristo. Debemos poner en funcionamiento lo que ya tenemos dentro de nosotros, que es el Espíritu Santo, obedeciéndole en todo. La obediencia es crucial para la activación de la vida de Dios en nosotros. No vamos a pretender que porque la obra de la cruz fue completa, vamos andar como mundanos, sin temor de Dios y querer heredar las promesas. Si somos de Cristo debemos andar como Él anduvo y la vida de Dios brotará a raudales de nuestro ser. Amar a Dios, obedecerle y serle fiel, nos garantizan la vida.

"No tengas miedo de lo que vas a sufrir. El diablo meterá a algunos de ustedes en la cárcel, para ver si en verdad confían en mí. Ustedes tendrán muchas dificultades durante un corto tiempo. Pero si confían en mí hasta la muerte, yo les daré como premio la vida eterna". (Apocalipsis. 2:10 BLS). La fidelidad a Dios se resume en creerle sin cuestionar, porque si Él lo dijo, de seguro que lo hará.