lunes, 13 de abril de 2009

LA GLORIA DE DIOS ESTÁ EN TI

LA GLORIA DE DIOS ESTÁ EN TI

"Padre, así como tú estás en mí y yo en ti, permite que ellos también estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, así como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí. Permite que alcancen la perfección en la unidad, y así el mundo reconozca que tú me enviaste y que los has amado a ellos tal como me has amado a mí. "Padre, quiero que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy. Que vean mi gloria, la gloria que me has dado porque me amaste desde antes de la creación del mundo." (Juan 17: 21-24)
Veamos algunas definiciones de gloria en el DRAE. 1. f. Reputación, fama y honor que resulta de las buenas acciones y grandes calidades. 2. f. Gusto o placer vehemente. La gloria del estudioso es estudiar.3. f. Persona o cosa que ennoblece o ilustra en gran manera a otra. Cervantes es gloria de España. El buen hijo es gloria de su padre.4. f. Majestad, esplendor, magnificencia.
Jesús nos ha dejado Su gloria con un propósito, que seamos uno en Él. No nos preocupemos por buscar Su gloria, preocupémonos por buscar al Señor de la gloria y ésta se hará manifiesta. Cuando el Cuerpo de Cristo se una así como cada uno de nuestros miembros están unidos a nuestro cuerpo se cumplirá la palabra de Habacub 2: 14 “Porque así como las aguas cubren los mares, así también se llenará la tierra del conocimiento de la gloria del Señor.” Nuestro principal objetivo debe ser andar en la luz que hemos recibido sin apartarnos de ella; y a medida que recibimos más luz, sigamos caminando en esa luz, porque vamos a ser juzgados por la aplicación o práctica de la verdad de Dios en nuestras vidas. Cuanto más caminemos en la verdad que hemos recibido, más vamos a manifestar la gloria de Dios.
"Un árbol bueno no puede dar fruto malo, y un árbol malo no puede dar fruto bueno. Todo árbol que no da buen fruto se corta y se arroja al fuego. Así que por sus frutos los conocerán. "No todo el que me dice: 'Señor, Señor', entrará en el reino de los cielos, sino sólo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Muchos me dirán en aquel día: 'Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos milagros?' Entonces les diré claramente: 'Jamás los conocí. ¡Aléjense de mí, hacedores de maldad!'” (Mateo 7: 21-23) Jesús está terminando el Sermón del Monte donde estaba dando los principios para vivir en el Reino de Dios. Este Reino tiene que ser manifiesto y su manifestación es la gloria de Dios, que son los frutos del carácter de Dios en nosotros. Si llevamos la naturaleza de Dios, lo que vamos a manifestar es Su naturaleza, Su gloria. Por eso es importante entender que ya no pertenecemos a este sistema, ahora pertenecemos al Reino de Dios y debemos regir nuestra vida de acuerdo a las leyes de ese Reino. El único Rey y Soberano de nuestras vidas es Jesucristo. Entendamos que este reino es espiritual y no está basado en ritos, sino en absoluta obediencia a Dios. Todo nuestro ser debe conformarse al Espíritu Santo. Por eso es importante morir a las propensiones o inclinaciones que nos hacen pecar. Debemos rendir nuestra voluntad a Jesús, Él siempre tiene lo mejor para nosotros. Hacer la voluntad de Dios debe ser nuestra meta, porque Su voluntad es nuestra santificación, que no es otra cosa que apartarnos de lo malo y acercarnos a Dios para hacer conforme a Su Palabra y caminar en Su Luz.
"La voluntad de Dios es que sean santificados; que se aparten de la inmoralidad sexual; que cada uno aprenda a controlar su propio cuerpo de una manera santa y honrosa, sin dejarse llevar por los malos deseos como hacen los paganos, que no conocen a Dios; y que nadie perjudique a su hermano ni se aproveche de él en este asunto. El Señor castiga todo esto, como ya les hemos dicho y advertido. Dios no nos llamó a la impureza sino a la santidad; por tanto, el que rechaza estas instrucciones no rechaza a un hombre sino a Dios, quien les da a ustedes su Espíritu Santo." (1ª Tesalonicenses 4: 3- 8)

La Palabra de Dios tiene que ser practicada por nosotros Sus hijos para no empañar la gloria de Dios que está en nosotros. El mundo tiene que conocer a Dios por lo que ve en nosotros, no por lo que oye solamente, porque si hablamos de Dios y no hacemos conforme a lo que hablamos, estamos deshonrando a Dios. “Por tanto, todo el que me oye estas palabras y las pone en práctica es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca. Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa; con todo, la casa no se derrumbó porque estaba cimentada sobre la roca. Pero todo el que me oye estas palabras y no las pone en práctica es como un hombre insensato que construyó su casa sobre la arena. Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa, y ésta se derrumbó, y grande fue su ruina." (Mateo 7: 24-27) Oír y practicar lo que hemos recibido hará que andemos en victoria. Dios ha cumplido y sigue cumpliendo en darnos Su Palabra, ahora nos toca a nosotros ponerla en práctica, porque la práctica confirma la teoría, sino ésta no sirve para nada; no es que la Palabra de Dios no sirva, sino que nosotros la invalidamos porque no la cumplimos. Jesús vivió lo que predicaba, no fue un teórico solamente. Vivir lo que hemos oído y aprendido de Jesús es la clave para andar en Su voluntad y manifestar Su gloria. Pon en práctica lo que has aprendido, camina en la luz que hasta ahora tienes y la gloria de Dios que está en ti se manifestará.