domingo, 8 de febrero de 2009

CREER Y FE ACTÚAN POR LA PALABRA

CREER Y FE ACTÚAN A TRAVÉS DE LA PALABRA
Había una mujer que padecía de flujo de sangre por doce años. Había sufrido mucho a manos de muchos médicos, y había gastado todo lo que tenía sin provecho alguno, sino que al contrario, había empeorado. Cuando ella oyó hablar de Jesús, se llegó a El por detrás entre la multitud y tocó Su manto. Porque decía (pensaba): "Si tan sólo toco Sus ropas, sanaré." Al instante la fuente de su sangre se secó, y sintió en su cuerpo que estaba curada de su aflicción.
(Marcos 5: 25- 29 NBLH)
Éste era un caso incurable, pero esta mujer estaba decidida a recibir sanidad, sin importar el costo, ella no se rindió. Gastó todo su dinero por su salud y cuando oyó hablar de Jesús, ella supo en su corazón que ese era su día y no se detuvo. Una tremenda fe invadió todo su ser y decidida como era, sin importar los comentarios, ella fue a recibir su sanidad. La fe de esta mujer no le permitió dudar, a pesar de los fracasos anteriores, porque ella sabía en su corazón que uno Mayor que todos los galenos que la atendieron antes, estaba pasando por allí. Intrépida y muy segura de lo que quería, sin atender a razonamiento alguno, ella se lanzó a tocar el manto de Jesús, “porque decía: Si tan sólo toco Sus ropas, sanaré”. La ley no le permitía hacerlo, pues esta mujer estaba inmunda y al que ella tocare quedaría inmundo. Pienso que tocó a muchos en su trayecto, pero sólo se hizo evidente cuando tocó a Jesús, porque el poder que emanaba de Él sanó instantáneamente a esta mujer y Jesús pregunto quién Lo había tocado. Al verse descubierta, ella confesó todo. “Jesús le dijo: "Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad".

La mujer oyó hablar de Jesús y a pesar de haber recibido el diagnóstico de: imposible de curar, ella mantenía viva la esperanza de ser sanada y no iba a desperdiciar ni una sola oportunidad; porque la fe no desperdicia oportunidades, las atrapa. La esperanza de esta mujer la hizo mirar en un futuro prometedor y cuando llegó el momento, brotó la fe y decía: _Sanaré. Empezó a declarar la palabra y actuó inmediatamente movida por la fe, porque la fe no es estática. En todo el recorrido que hizo hasta llegar a donde estaba Jesús, ella sólo estaba concentrada en su sanidad y no oyó otras voces, tan sólo la voz de la fe. Ella hizo callar a su razonamiento porque estaba decidida a recibir su sanidad y la recibió. La esperanza ve el futuro, pero la fe atrapa el presente porque se pone en acción y no queda soñando solamente; despierta y actúa. “Ahora bien, la fe es la certeza (sustancia) de lo que se espera, la convicción (demostración) de lo que no se ve.” (Hebreos 11:1). La fe tiene la certeza de lo que espera. La persona que tiene fe sabe qué quiere en lo más íntimo de su ser y está convencida de aquello que aún no ve. La mujer mencionada estaba segurísima que iba a ser sanada y no se detuvo sino que avanzó para conseguir lo que ella esperaba y lo consiguió. ¿Estás segura/o de lo que quieres? Entonces actúa, trabaja sobre ello, pon todo tu esfuerzo sin angustiarte y de seguro que lo conseguirás.

Al lanzarse para tocar el manto de Jesús (aun a hurtadillas), ella estaba atrapando su sanidad. Ella fue a atrapar su sanidad, no esperó que la sanidad viniera a ella, porque la fe se mueve hacia el objetivo. Esta mujer vivió en el tiempo de Jesús, pero después de la muerte de nuestro Señor Jesucristo, la sanidad ha venido a nosotros, porque, “por su llaga fuimos nosotros curados”. Así como esta mujer fue a recibir su sanidad por fe, de la misma forma nosotros debemos recibir lo que ya Jesús ganó para nosotros en la cruz del Calvario. No necesitamos buscar a un gran predicador con dones de sanidad, lo cual no es malo, está bien, pero nosotros podemos por fe atrapar lo que es nuestro por derecho. Cristo el Señor nos dio ese derecho, porque Él pagó ya el precio, no sólo por nuestros pecados, sino también por nuestra sanidad y por la paz que nos debe gobernar sin importar las circunstancias.

La fe es espiritual, no racional. Ella no fue declarando palabras positivas que le dictaba la razón, sino que se movió en fe, segura de que recibiría su sanidad. La fe pone en acción todo nuestro ser y no necesita que repitamos hasta el cansancio palabras positivas, porque la fe no cabe en la razón, pues brota del espíritu. Ella oyó hablar de Jesús y cómo Él sanaba a todos; y eso que ella escuchó penetró profundamente en su corazón e hizo callar las otras voces. No dijo: _ ¿será que seré sana? Los médicos ya me desahuciaron, no hay sanidad para mí_. Su fe no la hizo desperdiciar la oportunidad. Ella atrapó lo que Dios le estaba dando y lo atrapó por fe, no por esfuerzo mental.

“Abram creyó a Jehová y le fue contado por justicia.” (Génesis 15:6Rv 95) La fe brota del corazón para justicia. Cuando le creemos a Dios, Él nos considera justos y de esa forma disponemos nuestro corazón para que al abrir la boca confesemos aquello que primero hemos creído y por lo cual hemos alcanzado justicia y luego atrapemos lo que Dios ya nos dio. “Porque con el corazón se cree para [alcanzar] justicia; mas con la boca se hace confesión para [alcanzar] salud (salvación).” (Romanos 10: 10 RV2000). La fe nos mueve a creer y el creer nos mueve a tener fe y la fe nos mueve a actuar. La fe viene por el oír la Palabra de Dios (R0manos 10: 17). La mujer oyó y tuvo fe para creer que recibiría su sanidad, entonces dijo: _“seré sana”. La fe nunca duda. Si en medio camino esta mujer hubiese dudado, jamás hubiera recibido su sanidad. Ella se mantuvo en fe, no racional, sino espiritual. “El justo vive por fe”, por eso es justo, es decir que vive creyéndole todo a Dios y se mueve sobre lo que Él le dio dependiendo totalmente de Dios. Es a eso que Dios quiere que lleguemos; y la fe nos conduce a una dependencia total de Dios, a creerle sin titubear, aunque todavía no palpemos lo que estamos viendo por fe, pero actuamos y vamos hacia la meta, seguros que con Dios todo es posible, aunque no exento de dificultades. Mira tu potencial dentro de ti, pon tu fe en acción y no te detengas. Avanza hasta lograr lo que te has propuesto, porque Dios premiará tu activa decisión.