domingo, 22 de febrero de 2009

LA REGLA DE ORO

LA REGLA DE ORO
"Así que en todo traten ustedes a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes. De hecho, esto es la ley y los profetas." (Mateo 7: 12 NVI)
Jesús estaba por terminar el Sermón del Monte, donde iba mostrando cómo se vive en el Reino de Dios, estaba sentando las bases de Su doctrina, de la doctrina del Reino, para que sepamos conducirnos como verdaderos ciudadanos de este Reino. En este nuevo sistema, Dios nos ha puesto bajo otro orden de cosas, nos ha puesto bajo la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús y esta ley nos ha librado ya de la ley del pecado y de la muerte. “Porque la ley del Espíritu de vida en el Ungido, Jesús, me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.” (Romanos 8:1 NVI) Una de las cosas que produce pecado y muerte en nuestras vidas es intentar que las personas sean como nosotros pretendemos que sean, queremos introducirlas en nuestro molde y ejercemos presión sobre ellas, aplicando cualquier estrategia, desde enojarnos, o portarnos indiferentes, hasta insultar e inclusive juzgarlas, por el solo delito de ser diferentes a nosotros. Sin embargo en la ley del Reino, Jesús nos muestra la estrategia para entrar en el único molde que debemos entrar todos, el molde de Jesús. Él te dice: Si quieres que te amen, ama primero tú. Si quieres que te comprendan; comprende primero tú. Si quieres que nadie te difame; nunca difames. Si quieres que tengan buen humor los que te rodean, empieza a irradiar el buen humor de Jesús. En síntesis vive y obra con los demás, como quieres que ellos vivan y obren contigo, así evitarás introducir pecado en tu vida tratando de cambiar a otros, porque inclusive Dios respeta nuestras decisiones, sean estas buenas o malas; pero Él nos ha dado la estrategia firme y segura para producir cambios buenos en las personas y también en nosotros, se llama, “La regla de oro”. Si dejas de mirar los defectos de los demás y te concentras en tratar a las personas como te gustaría ser tratado, verás que todo a tu alrededor cambia, porque tú has decidido cambiar. Cuando dejes de ver la paja en el ojo ajeno, la viga de tu ojo, se caerá y verás las cosas muy diferentes, verás con los ojos de Dios.

Cuando juzgamos a las personas por su forma de actuar y pretendemos cambiarlas, estamos haciendo algo que es obra del diablo y sus demonios, porque ellos no respetan a las personas y tratan de volverlas como ellos, insisten sin cansarse, es por eso que tenemos lucha en nuestro ser. Cristo entendía esto y les dijo a sus discípulos: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está presto, más la carne es débil.” (Mateo 26: 41)Nuestra carne (naturaleza humana) debe fortalecerse y eso es posible cuando nuestro espíritu está en comunión con Dios, es por eso que debemos estar siempre en comunión con Dios, porque el diablo ataca a nuestra carnalidad, a aquello en lo que todavía él tiene potestad en nosotros, por eso debemos pedirle siempre a Dios que nos guarde del mal y mantenernos atentos, vigilantes en cuanto a nuestra forma de pensar, para no salirnos de la voluntad de Dios, porque es allí, en la mente, que llegamos a ser presa fácil del enemigo. Debemos entender algo y es que no podemos cambiar a nadie, salvo a nosotros mismos. Nadie puede tomar decisiones por nosotros. La decisión que tomemos ahora afectará nuestra vida con los demás para bien, o para mal. La única persona que tiene que cambiar “SOY YO” y lo demás será resultado de mis decisiones.

La regla de oro es la clave dentro de la vida del Reino. Preguntarás: _y ¿cómo puedo hacer para que mis hijos cambien? Tengo responsabilidad sobre ellos. Yo te respondo. _Claro que eres responsable por tus hijos y Dios te dice: “Instruye al niño en su carrera; aun cuando fuere viejo no se apartará de ella." (Proverbios 22:6) Hay una carrera o un camino para cada persona y los padres debemos saber guiar a los hijos hacia lo que Dios tiene preparado para ellos y no tratar de querer hacerlos una réplica de nosotros. Ellos deben aprender a tomar buenas decisiones, para eso, nosotros los vamos a enseñar en esa dirección, sin manipularlos, ni forzarlos, sino dando ejemplo de buenas decisiones. La enseñanza válida es la que se ve, es el ejemplo de vida; si nuestras palabras concuerdan con lo que vivimos, entonces tienen valor, de lo contrario serán estorbo para quienes las oyen. Si el padre es fumador y le prohíbe fumar al hijo, no tiene sentido, porque no está dando ejemplo. Hay algo muy importante que debemos tomar en cuenta. Si usted no quiere que su hijo haga algo indebido, usted nunca deberá hacerlo. Si el hijo lo ha visto fumar una sola vez, eso puede ser el inicio para que él se vuelva un fumador, porque ha visto en usted algo que le impactó como modelo para dirigir su vida. No podemos exigir que se nos respete, si es que nosotros no respetamos. A veces queremos obligarle al hijo a que nos respete, sin embargo nosotros no estamos respetando su identidad como persona y lo agredimos sin misericordia. ¿Qué podemos esperar después?

Jesús no pretendió cambiar ni al mismo Judas; le dio la oportunidad de tres años y medio para hacerlo, pero Judas no quiso cambiar. Dios quiere salvar a todos, así que no nos desanimemos de hablarles de Cristo. No asociemos conducta con identidad, porque Dios no asocia el pecado con nuestra identidad. Veamos en cada persona a alguien que puede cambiar para bien y clamemos a Dios para que Sus diseños (de Dios) se realicen en su vida.

Mira cómo miras a las personas. Si lo haces con los ojos de Dios, no las juzgarás, pero si lo haces en tu carne, siempre verás defectos. ¿Cómo está tu visión? La miopía, el estrabismo y cualquier deficiencia en la vista, distorsiona las cosas. En lo espiritual es lo mismo. Puede que tengamos una viga introducida en el ojo que no nos permite ver. Saquémosla. “Así que en todo traten ustedes a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes.” De esta forma evitaremos malos entendidos, ofensas y resentimientos que nos hacen pecar. Dios quiere que vivamos para el bien de los demás y así atraeremos las bendiciones de Dios para nosotros. Vivir para los demás es darles el trato que quisiéramos que se nos dé y esto lo hacemos por amor, porque amamos al que es diferente a nosotros, amamos a la persona que es creación de Dios, aunque lo que ella haga nos desagrade. Dios no se detuvo a mirar lo malo que hacíamos sino que “demostró Su amor que aun siendo pecadores, Cristo murió por nosotros.” (Romanos 5: 8). ¡Eso es amor! Amar al prójimo como a nosotros mismos es cumplir la ley, hacer la voluntad de Dios. ¿No es eso lo que queremos? En efecto, toda la ley se resume en un solo mandamiento: "Ama a tu prójimo como a ti mismo." (Gálatas 5:14)