viernes, 13 de febrero de 2009

¿DE QUÉ FUENTE ESTÁS BEBIENDO?


¿DE QUÉ FUENTE ESTÁS BEBIENDO?
Camada de víboras, ¿cómo pueden ustedes que son malos decir algo bueno? De la abundancia del corazón habla la boca. El que es bueno, de la bondad que atesora en el corazón saca el bien, pero el que es malo, de su maldad saca el mal. Pero yo les digo que en el día del juicio todos tendrán que dar cuenta de toda palabra ociosa que hayan pronunciado. Porque por tus palabras se te absolverá, y por tus palabras se te condenará." (Mateo12: 34-37 NVI)
Nuestras palabras revelan de qué fuente estamos bebiendo. Si lo que hemos introducido en nuestro ser interior es agua pura y buena, entonces lo que saldrá de nuestra boca será bueno. Si la duda ha sido introducida en nuestro ser, duda saldrá por nuestra boca. Ninguna palabra sale de nuestra boca sin que antes haya estado en nuestro corazón (ser interior); por eso en Proverbios 4: 23 se nos dice que guardemos nuestro corazón porque de él mana la vida. Nuestra vida brota de nuestro interior, de todo lo que almacenamos en el corazón. Nuestros pensamientos van a dar al corazón, allí se almacenan y se reproducen, porque manantial de vida es nuestro corazón. Si contaminamos nuestro manantial con pensamientos impuros, esa contaminación nos invade, nos contamina y nos transformamos en agentes contaminantes, porque cada vez que sale de nuestra boca una palabra corrompida es como si lanzáramos veneno a los oyentes y ellos a su vez son contaminados.

Nuestro corazón -no el que bombea la sangre, sino nuestro ser interior- es una fuente de agua que constantemente debe purificarse bebiendo de la Fuente inagotable de vida que es Cristo Jesús. “En el postrer día, día grande de la fiesta, Jesús se ponía en pié, y clamaba, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su vientre correrán ríos de agua viva. Y esto dijo del Espíritu, que habían de recibir los que creyesen en él; porque aun no había sido dado el Espíritu Santo, porque Jesús aun no había sido glorificado.” (Juan 7: 37-39 RV1865). Bebiendo de la Fuente de Vida, nuestras palabras producirán vida a los que la oyeren y nos mantendrán vivos y renovados en todo nuestro ser. En el Salmo 42: 1, 2 dice: “Cual ciervo jadeante en busca del agua, así te busca, oh Dios, todo mi ser. Tengo sed de Dios, del Dios de la vida.” Cuando nuestro espíritu (corazón) está acostumbrado a beber de la Vida de Dios, nada de lo que no proviene de Él lo va a saciar. Cuando sintamos que estamos siendo contaminados por todos los informes pésimos, deprimentes y aterradores que nos lanzan, enseguida debemos buscar el agua purificadora que sólo proviene del Señor Jesucristo. Cuando dejamos entrar agentes contaminantes a nuestra fuente, ésta se va contaminando y secando, entonces sentimos algo desagradable dentro de nosotros, porque nuestro ser está anhelando beber de la Fuente de Vida. Debemos acudir inmediatamente a Jesús para que limpie nuestra fuente y la llene, no dejemos pasar el tiempo.

Nuestras palabras revelan de qué fuente estamos bebiendo, si es de la Fuente de Vida o de la fuente de muerte; y nuestras palabras determinarán en el día del juicio si vamos a estar libre de cargos o vamos a ser culpable de cargos. “Pero yo les digo que en el día del juicio todos tendrán que dar cuenta de toda palabra ociosa que hayan pronunciado. Porque por tus palabras se te absolverá, y por tus palabras se te condenará." (Mateo 12: 36, 37). Si queremos que nuestra fuente se purifique debemos beber constantemente de la Palabra de Dios porque: “Las palabras del Señor son puras, son como la plata refinada, siete veces purificada en el crisol.” (Salmo 12: 6 NVI). No hay contaminación en Su Palabra. Si llenamos nuestra fuente sólo de la Palabra de Dios y de ahí extraemos para nuestro sustento diario, (las tareas del día a día) vamos a llegar a ser agentes de cambio para bien y no de contaminación. Es importante beber de la Palabra de Dios para que sea Su Palabra la que salga de nuestra boca y seamos justificados (absueltos) en el día del juicio.

Al llenar nuestro corazón con las Palabras de Dios, establecemos Su Reino dentro de nosotros; y Sus diseños para nuestra vida se van implantando, para que Sus propósitos se cumplan en nosotros, pues no pretendemos hacer nuestra voluntad sino la de Él. Es la Palabra de Dios en nuestro corazón la que trae Su Reino a nuestras vidas. Es Su Palabra la que nos purifica, nos limpia, nos alumbra, nos vivifica. Su Palabra contiene todo lo que necesitamos para sanar y sanear nuestro corazón (ser interior o espíritu). Cuanta más Palabra de Dios introduzcamos en nuestro corazón, más limpio y puro estará nuestro ser. A los que me aman, les correspondo; a los que me buscan, me doy a conocer. Conmigo están las riquezas y la honra, la prosperidad y los bienes duraderos. Mi fruto es mejor que el oro fino; mi cosecha sobrepasa a la plata refinada. Voy por el camino de la rectitud, por los senderos de la justicia, enriqueciendo a los que me aman y acrecentando sus tesoros.” (Proverbios 8: 17-21). Si buscamos a Dios, buscamos Su sabiduría y Él se dará a conocer dándonos sabiduría y llenando nuestro tesoro de todo bien, para que de ahí saquemos lo bueno y demos a conocer el Reino de Dios. "¡Cuán hermosas son tus moradas, Señor Todopoderoso! Anhelo con el alma los atrios del Señor; casi agonizo por estar en ellos. Con el corazón, con todo el cuerpo, canto alegre al Dios de la vida… Vale más pasar un día en tus atrios que mil fuera de ellos… ". (Salmo 84: 1,2, 10) Que todo este salmo sea también nuestro clamor y deseo diario.