jueves, 23 de octubre de 2008

¿DÓNDE ESTÁ TU CORAZÓN?


¿DÓNDE ESTÁ TU CORAZÓN?

Adoración y amor van de la mano, de modo que cuando te acerques a Dios debes preguntarte dónde está tu corazón, si en las bendiciones o en el Bendecidor, “porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.” (Mateo 6: 21). En los versículos anteriores (19,20), nos dice Jesús que no acumulemos fortuna aquí en la tierra porque van a ser destruidas, y ya lo estamos viendo.
Para acumular fortuna se requiere de esfuerzo, nuestro esfuerzo y habilidad generan fortuna, entonces todo nuestro empeño va a estar enfocado en la acumulación de fortuna y nuestro corazón también estará allí. Dios fue muy claro al decir cómo Él debe ser amado. “Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas." (Génesis 6: 5) Dios quiere que nuestro amor hacia Él sea con todo nuestro ser. Debemos amar a Dios de todo nuestro corazón o espíritu, que salga el amor hacia Él desde lo más profundo de nuestro ser; pero también debemos amarle de toda nuestra alma, con nuestros pensamientos, emociones, sentimientos y voluntad que están en el alma; y más aún con todas nuestras fuerzas, es decir, con la habilidad que Él nos dio para generar fortuna, todo tiene que ser por amor a Él, centrado en Él y entregado a Él. Si no se combinan estos tres aspectos en el amor hacia Dios, no lo estamos amando de verdad. Dios está despertando a Su Iglesia a entender esto, porque Él quiere un pueblo que le rinda todo a Él, que no retenga nada para sí.

El pecado de Acam (Josué 7) fue retener lo que Dios no ordenó que retuviera y trajo la maldición para todo un pueblo. “Israel ha pecado, y aún han quebrantado mi pacto que yo les mandé; y también han tomado del anatema, (maldición) y hasta han hurtado, han mentido y aun lo han guardado entre sus enseres.” (Josué 7: 11). El corazón de Acam estaba apegado al tesoro terrenal y eso lo hizo desear (acto de la voluntad) lo prohibido por Dios y se esforzó por obtenerlo. Observa bien dónde estaba enfocado el amor de Acam. Cuando el corazón se desvía hacia la fortuna terrenal, también el alma y el cuerpo (las fuerzas) lo siguen; por eso miren bien dónde guardan sus tesoros, porque allí también se va a encaminar el corazón. Cuando el enfoque de nuestra vida está sólo en la prosperidad material estamos construyendo un reino sobre arena, pero cuando limpiamos nuestro corazón del amor a lo material y terrenal y nos afirmamos en Cristo, quien es nuestra Roca, Él se encargará de añadirnos mucho más de lo que podríamos alcanzar con nuestros esfuerzos, porque nuestros esfuerzos nos pueden dar la prosperidad material, pero Dios nos dará más que lo material, lo imperecedero; nos dará a Cristo con todo lo que Él tiene.

De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan.” (Salmo 24:1). Dios ha hecho un pacto con Su pueblo, este pacto ha sido sellado con la Sangre preciosa de Cristo, “Jesús es hecho fiador (garante) de un mejor pacto.” (Hebreos 7: 22). En ese pacto Dios nos da todo lo que Él tiene a cambio de que nosotros le demos todo nuestro ser. ¿Quién sale ganado en esto? Por supuesto que nosotros, porque en realidad nada le podemos dar a Dios pues todo es de Él. En Cristo lo tenemos TODO. Lo importante es buscarlo a Él de todo corazón, de toda nuestra alma y con todas nuestras fuerzas; y cuando Él llegue a ser lo primero y único en nuestras vidas, de tal forma que todo lo que hagamos, sea pequeño o grande gire en función de Jesús, entonces vamos a ver las añadiduras que Él promete (Mateo 6: 33). ¿Qué son estas añadiduras? Todas aquellas cosas por las cuales los incrédulos dedican todo el tiempo en conseguirlas. Pero tú y yo vamos a dedicar todo nuestro esfuerzo, alma y corazón en servir a Dios; y todo lo que tengamos que hacer lo haremos en función de Él, como para Él y no para el hombre, entonces todo lo que hagamos prosperará. Así se aplicará en nuestras vidas lo que dice el Salmo 1:1-3. Búscalo y léelo.

Entendiendo lo que es amar a Dios, vamos a poder adorarlo en espíritu y en verdad. Cuando buscamos Su Presencia, estamos buscando Su Rostro, estamos queriendo que Él nos mire, que se dé la vuelta y ponga Su mirada en nosotros. Cuando Él hace eso, conseguimos Sus favores, la mesa puesta, entramos al banquete con Jesús porque le hemos abierto la puerta. No le hemos pedido nada, tan sólo hemos anhelado verlo y cuando hay un corazón que lo anhela, Él se derrite (desata) en favores. Busca primero Su rostro y las bendiciones vendrán a ti por añadidura, pero si inviertes el orden, tendrás por Su misericordia los favores, pero no tendrás Su Presencia. Prefiérelo a Él antes que lo que Él pueda darte. Dile:

Yo sólo quiero estar en Tu Presencia,
Contemplar tu rostro y nada más.
Déjame acariciarte, déjame tocarte.
En tu regazo solamente quiero estar
Y decirte desde lo más íntimo de mi ser:
Te amo, te amo, te amo mi Jesús.
Yo sólo quiero estar en Tu Presencia,
Déjame buscar tu rostro, Amado mío,
Quiero fundirme en tus ojos,
Llenar de besos tu precioso rostro
Y decirte desde lo más íntimo de mi ser: te amo, te amo, te amo mi Jesús.