viernes, 20 de marzo de 2009

DERROTANDO EJÉRCITOS

DERROTANDO EJÉRCITOS POR MEDIO DE LA ALABANZA
“Que broten de su garganta alabanzas a Dios, y haya en sus manos una espada de dos filos para que tomen venganza de las naciones y castiguen a los pueblos; para que sujeten a sus reyes con cadenas, a sus nobles con grilletes de hierro; para que se cumpla en ellos la sentencia escrita. ¡Ésta será la gloria de todos sus fieles! ¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor!”
(Salmo 149:7-9)

Cuando entendamos el poder de la alabanza a Dios, nuestras gargantas no podrán permanecer calladas, porque el Espíritu Santo va a empezar a mover nuestras cuerdas bucales para proclamar las proezas de nuestro Dios sobre Sus enemigos, que también son nuestros, y como no pueden contra Dios quieren dañarnos a nosotros. La alabanza es exaltación que brota de nuestras gargantas, es Palabra del Espíritu a través de nosotros, es la Palabra Viva que es Jesucristo. Esta Palabra son las promesas y realidades de Dios hacia nosotros, que son como espada de dos filos para nuestros enemigos espirituales, porque ellos perdieron toda oportunidad de recibir algo del Señor por su rebelión, y ahora somos nosotros, los hijos de Dios, por medio de Jesucristo, quienes vamos a recibir y estamos recibiendo lo que ellos despreciaron por seguir al diablo.

La alabanza y la Palabra hacen cinco cosas mencionadas en los versículos 7 – 9 del salmo 149:
Primero, que Dios tome venganza de las naciones, éstas que quieren dañar a los hijos de Dios; no vamos a ser nosotros los que nos vamos a vengar. Nuestra tarea es alabar a Dios y declarar lo que Él tiene para nosotros escrito en Su Palabra. Recordemos que nuestra lucha no es contra sangre ni carne, sino contra principados, potestades, gobernadores de las tinieblas de este siglo, huestes espirituales de maldad en las regiones celestes (Efesios 6: 12) Son jerarquías demoníacas que toman naciones, pueblos, lugares, etc., y que están representados por alguna imagen o escultura que simboliza a ese llamado dios del lugar, del cual, el verdadero Dios tomará venganza y destruirá sus poderes cuando alabamos.
Segundo, para que Dios castigue a los pueblos, a aquellos que han rendido honor a sus dioses antes que al verdadero Dios. Hay pueblos que tienen un príncipe espiritual o “patrón” a quien le rinden culto. La alabanza hace que el poder de ese principado se debilite, se quiebre y la gente sea libertada de la atadura del demonio. Quienes persistan en seguir a esos demonios recibirán el castigo de Dios.
Tercero, para sujetar a sus reyes con cadena. ¿Qué quiere decir esto? Un rey es el que tiene autoridad y dominio sobre una nación. El rey es la potestad demoníaca de las tinieblas que tiene controlada a una nación y si queremos derrotarla, debemos alabar a Dios. Si vemos esto en nuestra nación, lo que debemos hacer es alabar a Dios todo el tiempo, declarando las promesas de Dios para nuestra nación y proclamando que Jesucristo es el Señor de nuestro país. Dios habita entre las alabanzas de Su pueblo (Salmo 22:3) y donde Él habita, no pueden estar los demonios. Oh, si llegamos a entender esto, vamos a hacer de nuestra nación un santuario de Dios en todo tiempo y las tinieblas retrocederán ante las voces de alabanza al único Dios verdadero; las cadenas de opresión serán rotas, los cimientos del paganismo serán removidos y las puertas se abrirán a la luz de Dios.
Cuarto, para sujetar a sus nobles con grilletes. Los nobles serían los demonios subalternos que instigan a las personas o toda clase de maldad, desde la rebelión hasta el crimen, desde el alcoholismo hasta la prostitución, etc. La alabanza los aprisiona y nos proporciona paz.
Quinto, para que se cumpla en ellos la sentencia escrita. La alabanza hace que se ejecute la sentencia decretada por el Señor sobre estos espíritus malignos, para que ellos ya no tomen el control sobre las personas, pueblos y naciones; para que no tomen cautivos a nuestros hijos.

“Después de consultar con el pueblo, Josafat designó a los que irían al frente del ejército para cantar al Señor y alabar el esplendor de su santidad con el cántico: "Den gracias al Señor; su gran amor perdura para siempre." Tan pronto como empezaron a entonar este cántico de alabanza, el Señor puso emboscadas contra los amonitas, los moabitas y los del monte de Seír que habían venido contra Judá, y los derrotó.” (2º Crónicas 20: 21,22) Ante la arremetida de los ejércitos enemigos contra Judá, el pueblo de Dios clamó al Señor y Él les dijo que se prepararan para ver la victoria que traería. Ellos creyeron esta palabra y salieron a la batalla alabando al Señor. Mientras ellos alababan con fuerte voz, Dios se encargaba de sus enemigos. Mientras nosotros nos mantengamos glorificando y alabando a Dios por lo que Él hará en nuestras vidas, en nuestra nación, Él se encargará de los enemigos espirituales que quieren destruirnos; pero primero debemos humillarnos delante de Él y reconocer que le hemos fallado, pedir perdón por nuestros pecados y buscarle de todo corazón. Si mi pueblo, que lleva mi nombre, se humilla y ora, y me busca y abandona su mala conducta, yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré su pecado y restauraré su tierra. (2º Crónicas 7:14) Como pueblo de Dios eso es lo que debemos hacer, entonces fluirá la alabanza de nuestras gargantas, le exaltaremos con voz de júbilo y regocijo y Dios se deleitará en nosotros y nos salvará.