miércoles, 4 de marzo de 2009

EL REINO DE DIOS ES UN REINO DE LUZ


EL REINO DE DIOS ES UN REINO DE LUZ
“En él (Jesús) estaba la vida, y la vida era la luz de la humanidad. Esta luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no han podido extinguirla.” (Juan 1: 4,5)
Al principio, en la creación, cuando la tierra se encontraba desordenada y vacía, Dios empezó a poner orden y lo primero que hizo para restablecer el orden fue manifestar la luz. “Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas.” (Génesis 1: 3, 4). Exactamente lo mismo sucede cuando nacemos de nuevo. Nuestro ser, que debido al pecado estaba en desorden, una vez que el Espíritu de Dios, por milagro de la nueva creación, entra en nuestro espíritu, la luz de Dios se manifiesta en nosotros y hace la separación de la luz y las tinieblas. “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.” (1ª Pedro 2: 9, 10). Esta luz la recibimos al aceptar el sacrificio de Cristo en la cruz, permitiendo que Su Sangre nos limpie y nos cubra como un manto que es la justicia de Dios en nosotros. “Porque al que no conoció pecado, por ti y por mí, Dios lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él.” (2ª Corintios 5: 21)

Ahora nosotros somos la luz del mundo. "Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad en lo alto de una colina no puede esconderse. Ni se enciende una lámpara para cubrirla con un cajón. Por el contrario, se pone en la repisa para que alumbre a todos los que están en la casa. Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que está en el cielo.” (Mateo 5:14-16). Tenemos que mostrar nuestra luz a través de lo que hacemos, para que los que no conocen a Dios puedan conocerlo por medio de nosotros y le den gloria a Dios. Cuando la luz de Dios se haga manifiesta, las tinieblas van a tener que retroceder, porque la luz va a poner al descubierto toda obra del infierno. Cristo vino para deshacer la obras del diablo (1ª Juan 3:8) y Él vive en nosotros, Él es la luz verdadera, y esa luz deshará toda obra del diablo. Por tanto es de suma importancia que nuestra vida esté libre de tinieblas para poder manifestar la luz de Cristo. No podemos ser manifestadores de la luz del Dios Todopoderoso y de las tinieblas al mismo tiempo. Nuestra vida debe ser transparente, sin nada en lo cual el diablo pueda tener una razón para tomarnos. Pidamos a Dios que nos muestre qué partes de nuestro ser todavía están en tinieblas. Recuerda que las tinieblas no son de Dios, por lo tanto tenemos que desecharlas.

Somos hijos de luz. “Todos ustedes son hijos de la luz y del día. No somos de la noche ni de la oscuridad.” (1ª Tesalonicenses 5: 5, 9) por lo tanto, tenemos que manifestar lo que somos y tenemos. Somos luces, (Efesios 5: 8) y se nos exhorta a andar como tales, porque nuestra luz es para alumbrar a todos los que nos rodean. (Mateo 5: 14-16) Nuestra luz debe alumbrar en nuestro hogar, en el lugar donde trabajamos y por donde nos movemos, porque “luz está sembrada para el justo, y alegría para los rectos de corazón.” (Salmo 97: 11). La siembra de luz en nuestra vida debe extenderse, porque la alegría acompaña a los rectos. Luz y gozo se complementan, porque la tristeza del mundo opaca la luz, pues produce muerte. (2ª Corintios 7: 10).

Somos manifestadores de la luz de Dios y ¿cómo se manifiesta esa luz? Veremos solamente dos aspectos:
1. Por la comunión que tenemos entre los hermanos. “Este es el mensaje que hemos oído de él y que les anunciamos: Dios es luz y en él no hay ninguna oscuridad. Si afirmamos que tenemos comunión con él, pero vivimos en la oscuridad, mentimos y no ponemos en práctica la verdad. Pero si vivimos en la luz, así como él está en la luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesucristo nos limpia de todo pecado.” (1ª Juan 1: 7). Si entre nosotros está la luz de Dios, vamos a vivir transparentemente entre hermanos, sin enemistades, ni recelos, sino en plena comunión. La comunión es de suma importancia para nosotros, pues somos un Cuerpo en Cristo y si no estamos en comunión, la luz de Dios que está nosotros, va menguando y muchas veces se apaga y no cumple con el propósito de Dios para la humanidad. Pablo al hablar a los corintios y decirles que huyan de la idolatría, les reflexiona de esta manera: “Como a sensatos os hablo; juzgad vosotros lo que digo. La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? Siendo uno solo el pan, (Cristo) nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan.” (1ª Corintios 10: 15-17). Somos un cuerpo en Cristo, por lo tanto este Cuerpo es santo y debe estar en unidad.
2. Por el amor a los hermanos. “El que afirma que está en la luz, pero odia a su hermano, todavía está en la oscuridad. El que ama a su hermano permanece en la luz, y no hay nada en su vida que lo haga tropezar. Pero el que odia a su hermano está en la oscuridad y en ella vive, y no sabe a dónde va porque la oscuridad no lo deja ver.” (1ª Juan 2: 10) El diccionario DRAE define el odio como: "Antipatía y aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea." No podemos desear el mal a nadie, por mucho que esa persona nos esté dañando. Cristo nos dijo que bendigamos cuando nos maldicen y ultrajan. Eso es manifestar la luz de Dios. Eso es buenas obras. La luz se hace manifiesta a través de nuestras buenas obras y nuestras buenas obras son producto de nuestros buenos pensamientos. Es en nuestros pensamientos que debemos dejar que la luz de Dios brille, para que las palabras que salgan de nuestra boca sean luz y no tinieblas. La luz no va a venir como un haz del cielo para hacer resplandecer nuestros pensamientos, sino más bien, somos nosotros que de acuerdo a Filipenses 4: 8 y 2ª Corintios 10: 5, debemos guardar nuestros pensamientos centrados en Cristo, llevando cautivo todo pensamiento a la cruz de Cristo, porque sólo en la luz de Dios veremos la luz. “Porque en ti está la fuente de la vida, y en tu luz podemos ver la luz.” (Salmo 36: 9). Fuera de Él, todo es tinieblas.

“La justicia y el derecho son el fundamento de tu trono, y tus heraldos, el amor y la verdad. Dichosos los que saben aclamarte, Señor, y caminan a la luz de tu presencia; los que todo el día se alegran en tu nombre y se regocijan en tu justicia.” (Salmo 89: 14-16). Amén.