sábado, 7 de marzo de 2009

¿ES POSIBLE AMAR A DIOS Y AL MUNDO?

¿ES POSIBLE AMAR A DIOS Y AL MUNDO?
“¡Oh gente adúltera! ¿No saben que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Si alguien quiere ser amigo del mundo se vuelve enemigo de Dios." (Santiago 4: 4) La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo. (Romanos 8: 7) En 1ª Juan 2: 15, 16 dice: "No amen al mundo ni nada de lo que hay en él. Si alguien ama al mundo, no tiene el amor del Padre. Porque nada de lo que hay en el mundo --los malos deseos del cuerpo, la codicia de los ojos y la arrogancia de la vida-- proviene del Padre sino del mundo.” El mundo tiene un sistema, una forma de vida y pensamiento y está regido por un príncipe (Juan 14:30), éste es el diablo. Todo su sistema consiste en separar al ser humano de Dios y ha inventado muchas distracciones para entretener la mente de las personas; luego de ese modo someterla a su forma de pensar y ser. En esta red caen también los hijos de Dios y se enredan con todos los diseños malévolos del archienemigo de los seres humanos. Caen en esa red porque van dividiendo su alma entre el amor de Dios y lo que el mundo les ofrece, pensando que pueden disfrutar de las delicias del Reino de Dios y al mismo tiempo dar rienda suelta a sus pasiones pecaminosas. Sin embargo todo el que se precie de ser hijo de Dios, no puede seguir sus propias pasiones sin ganarse la enemistad de Dios. Dios ama al pecador, pero aborrece el pecado; y si la persona persiste en pecar, se vuelve enemiga de Dios, porque el Dios Santo no puede mantener una amistad con alguien que desprecia los preceptos de Dios viviendo como le venga en gana. Quien sea sabio no buscará tener como enemigo a Dios. El hijo de Dios que persiste en vivir en pecado está diciéndole a Su Padre que prefiere estar bajo el domino del diablo y ¿saben qué? Dios no lo va a forzar a estar bajo Su gobierno, porque Él respeta nuestras decisiones, sean éstas sabias o no. Dios nos ha dado una voluntad y nosotros decidimos sujetarla a Él o al diablo, no hay otra alternativa. Los que viven sujetos a sus bajas pasiones están gobernados por el de abajo; pero los que somos de Cristo miramos las cosas de arriba y buscamos ser cada día como el que nos compró con Su preciosa sangre.

El hijo de Dios debe amoldar su mente a la mente de Cristo; debe poner en sujeción sus pensamientos para no pensar como los que no conocen a Cristo. Debe llenar su mente de Cristo y alejar sus pensamientos de todo aquello que lo induce a pecar. “Por tanto, hermanos, tenemos una obligación, pero no es la de vivir conforme a la naturaleza pecaminosa. Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: "¡Abba! ¡Padre!"” (Rom. 8: 13-15). Los hijos conocemos a nuestro Padre y queremos imitarle haciendo lo que Él nos pide que hagamos. De verdad que no queremos parecernos en nada al enemigo de nuestro Padre, por eso no le hacemos caso en sus insinuaciones para que pequemos y así nos volvamos enemigos de Dios. Sabemos quién es nuestro Padre, si así no fuera, entonces estamos en un serio problema y el enemigo de Dios y nuestro también, nos va a tomar nuevamente como esclavos, seduciendo nuestras almas en aquello que no le hemos rendido a Cristo, en aquello que todavía el diablo tiene derecho sobre nosotros.

El amor a las cosas de este mundo nos priva del amor del Padre y quién en su sano juicio va a querer privarse del amor de Dios. Si alguien no tiene sano su juicio, entonces locamente decide buscar otro amor aparte del amor del Padre y se convierte en adúltero. Su alma se divide y comparte su amor con Dios y el mundo. Lo triste es que Dios no comparte su amor con nadie, o lo amamos a Dios o no lo amamos. Los deseos del cuerpo como adulterio, fornicación, mentiras, egoísmo, celos, chismes, etc, no provienen de Dios. La lujuria y la arrogancia las detesta Dios y quienes somos Sus hijos debemos huir de estas cosas sometiendo nuestros pensamientos a la obediencia a Cristo. No podemos pretender ser de Dios y estar haciendo aquello que Dios odia. O definimos nuestra vida o literalmente nos lleva el diablo. No podemos estar divididos entre dos pensamientos. "Elías se presentó ante el pueblo y dijo: ¿Hasta cuándo van a seguir indecisos? Si el Dios verdadero es el Señor, deben seguirlo; pero si es Baal, síganlo a él. El pueblo no dijo una sola palabra.” (1ª Reyes 18:21) Lo mismo que Elías le dijo al pueblo, se nos está diciendo a nosotros ahora, porque es tiempo de definición. No podemos seguir con una mente adúltera, jugando entre dos amores. Así como el adulterio físico daña la relación entre la pareja; de la misma forma el adulterio espiritual daña la relación con Dios y se forma una ruptura en el pacto, porque cuando recibimos a Cristo hemos entrado en un pacto con Él. El alma dividida se bifurca buscando satisfacer sus propios deseos y canalizando los mismos por cauces del pasado, olvidando que ahora, como hijos de Dios, tenemos un nuevo camino abierto por Jesucristo, camino que nos conduce al Trono de Gracia para alcanzar gracia y misericordia en el momento de necesidad. El alma adúltera quiere llenar un vacío que sólo puede ser llenado por Dios. Esa alma no está satisfecha con lo que Dios le dio y busca nuevos placeres, olvidando que estos la alejan del amor del Padre y la constituyen enemiga de Dios. Necesitamos definir nuestra situación o somos de Dios o no somos, pero no podemos seguir indecisos. Este es un tiempo de definición, de santificación, de purificación. “En todo tiempo sean blancos tus vestidos, y nunca falte ungüento sobre tu cabeza.” (Eclesiastés 9: 8 SRV)