martes, 10 de marzo de 2009

¿PUEDO FUMAR?



¿PUEDO FUMAR?
"Todo me está permitido", pero no todo es para mi bien. "Todo me está permitido", pero no dejaré que nada me domine." (1ª Corintios 6: 12 NVI) "Todo está permitido", pero no todo es provechoso. "Todo está permitido", pero no todo es constructivo.” (1ª Corintios 10 23 NVI)
Cuando las personas no son capaces de reconocer que están atrapadas en un hábito nada saludable y que no glorifica a Dios, lo primero que algunas de ellas hacen es preguntar: _ En qué parte de la Biblia dice que no se debe hacer esto, o aquello, si la Biblia dice, por supuesto que yo lo dejaré de hacer_ . Esto es una estratagema diabólica muy sutil, hasta pareciera que son muy religiosas y bueno, ellas piensan que son personas que no merecen reproche porque no están haciendo nada contrario a lo que la Biblia indica. Hay muchas cosas respecto a lo que debemos hacer o dejar de hacer que no están en la Biblia, porque es cuestión de sentido común. Si un vicio atrapa a la persona a tal punto que ella no puede dejar de hacerlo por más que se esfuerce, entonces existe un problema; esa persona está siendo esclava de algo que la domina. El apóstol Pablo dice que todo nos está permitido, pero que no todo es para nuestro bien y que no nos dejemos dominar por nada, porque hemos sido llamados a ser libres en Cristo.

En el huerto del Edén, además de los árboles normales, había dos árboles con cualidades especiales, uno era el de la Vida y el otro era el de la Ciencia del Bien y el Mal. Dios les permitió a Adán y Eva comer de todos los árboles del huerto, menos del árbol de la Ciencia del Bien y del Mal y les dijo el porqué no debían comer. “Dios el Señor tomó al hombre y lo puso en el jardín del Edén para que lo cultivara y lo cuidara, y le dio este mandato: "Puedes comer de todos los árboles del jardín, pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no deberás comer. El día que de él comas, ciertamente morirás." (Génesis 2: 16, 17).La orden de Dios fue clara. Ellos podían comer de todos los árboles menos de uno, ¿por qué? Porque ese (único) árbol estaba contaminado, tenía cosas buenas y también malas y el día que ellos comieran su fruto, se contaminarían y llevarían esta contaminación a sus futuras generaciones, así de poderoso era ese árbol y Dios quería librarlos de contaminación y no sólo a ellos, sino también a nosotros, lo cual hizo cuando se plantó en el Calvario otro árbol que se encargó de colgar al Hijo de Dios, Jesucristo, para que nosotros podamos revertir la muerte recibiendo la Vida del Hijo de Dios que fue consumida en el Calvario.

“Este mandamiento que hoy te ordeno obedecer no es superior a tus fuerzas ni está fuera de tu alcance. No está arriba en el cielo, para que preguntes: ¿Quién subirá al cielo por nosotros, para que nos lo traiga, y así podamos escucharlo y obedecerlo? Tampoco está más allá del océano, para que preguntes: ¿Quién cruzará por nosotros hasta el otro lado del océano, para que nos lo traiga, y así podamos escucharlo y obedecerlo? ¡No! La palabra está muy cerca de ti; la tienes en la boca y en el corazón, para que la obedezcas. "Hoy te doy a elegir entre la vida y la muerte, entre el bien y el mal. Hoy te ordeno que ames al Señor tu Dios, que andes en sus caminos, y que cumplas sus mandamientos, preceptos y leyes. Así vivirás y te multiplicarás, y el Señor tu Dios te bendecirá en la tierra de la que vas a tomar posesión. "Pero si tu corazón se rebela y no obedeces, sino que te desvías para adorar y servir a otros dioses, te advierto hoy que serás destruido sin remedio. No vivirás mucho tiempo en el territorio que vas a poseer luego de cruzar el Jordán.” (Deuteronomio 30: 11 – 18 NVI)

Así como al principio, Dios pone delante de nosotros la vida y la muerte; sólo nos toca saber elegir (sin ir muy lejos a buscar sabiduría), es cosa de sentido común, por eso no debemos complicarnos, diciendo: _Qué voy a hacer, o cómo lo hago, es superior a mis fuerzas-. El poder de decisión lo tienes tú. Dios te dice: “Elige la vida”, no sólo para que vivas tú, sino también tu descendencia después de ti. La vida verdadera está en Jesucristo. Si aceptas de verdad a Jesucristo, estás aceptando la Vida y tu sentido común se va a clarificar, entonces sabrás discernir entre lo que es bueno y lo que es malo. Te recuerdo que no todo lo malo es feo. El árbol de la Ciencia del Bien y el Mal era por demás atractivo, pero llevaba a la muerte. No es necesario estar preguntando si debo hacer esto o aquello, tan sólo pidamos a Dios que nos dé entendimiento para saber qué cosas están minando nuestra vida por estar introduciendo muerte en nosotros y luego, dejarlas: “Por eso, ya no vivan ni sean como antes, cuando los malos deseos dirigían su manera de vivir.” (Efesios 4: 22 BLS). Si estamos en Cristo, porque le hemos recibido como Señor y Salvador de nuestras vidas, entonces empecemos a dejar aquellos deseos de satisfacer nuestro ego y busquemos más de Cristo para poder conocerle, no nos conformemos con un poquito de Él, anhelemos cada día más y más Su presencia. Busquemos su compañía. Comamos de Cristo, Él es el Árbol de la Vida que fue colgado en el árbol de la muerte (cruz), hasta ser exprimida su última gota de sangre, para que tú y yo podamos recobrar la vida perdida en el Edén, porque nuestros padres comieron del árbol de la muerte. Ahora el Árbol de la Vida está a tu alcance, tan sólo dile: Jesús, yo te recibo como Señor y Salvador de mi vida. Me arrepiento de mis pecados, perdóname. Recíbeme como tu hija/o y ayúdame a conocer y comprender Tu voluntad, porque a partir de ahora, quiero hacer sólo lo que a Ti te agrada. Amén.