viernes, 28 de noviembre de 2008

2008, AÑO DE NUEVOS COMIENZOS


2008, AÑO DE NUEVOS COMIENZOS. AÑO DE SEPARACIÓN

"Ni nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera el vino nuevo rompe los odres, y se derrama el vino, y los odres se pierden; mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar." (Marcos2: 22)
Para recibir lo nuevo que Dios tiene para nosotros, debemos primero sacar todo lo viejo que aún nos queda. Dios quiere llenar nuestro odre, pero éste debe estar nuevo. Para que un odre viejo quede como nuevo se requiere un proceso de cambio radical para quitar su rigidez y hacerlo dócil para poder resistir el vino nuevo. En este tiempo Dios está derramando Su vino nuevo de revelación sobre Sus odres nuevos. Estos odres se han dejado trabajar en el proceso de cambio hasta quedar libres del espíritu religioso que impide al Espíritu Santo realizar el proceso de transformación en la vida del creyente.

Empieza ya un año de transformación donde lo viejo se desecha para dar lugar a lo nuevo de Dios. La vida vieja ya no debe seguir manejando al creyente, porque el hijo de Dios debe vaciarse de lo viejo y renovarse en el espíritu de su mente para crecer en la gracia que Dios le dio. El creyente no puede llevar una doble vida. O es un odre nuevo, o es un odre viejo. Si quiere permanecer gustando lo viejo, no puede recibir lo nuevo de Dios, la plenitud de Cristo. Cristo es el vino nuevo que se está vaciando sobre Sus odres para manifestar Su poder, Su revelación, Su vida al mundo que anda en tinieblas. Cuando Dios creó la tierra, el Espíritu de Dios se movía en el caos y la oscuridad, entonces lo primero que manifestó fue la luz. ¿Para qué la luz? Para que se revelara lo que Él iba a hacer. Entonces Dios separó las tinieblas de la luz. Eso mismo va a hacer en este tiempo, porque las tinieblas no pueden permanecer con la luz. Un nuevo comienzo implica separación. El hijo de Dios tiene que ser santo (separado) para Dios; apartado de toda especie de mal (1ª tesalonicenses 5:22)

"El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía." (Apocalipsis 22:11). Al final del libro de Revelación leemos este versículo como una amonestación a seguir en los caminos del Señor a pesar de la maldad que nos rodea. El que es santo no puede ya contaminarse con lo impuro y corrupto. Que Dios guarde nuestras mentes y corazones para no seguir la corriente de este mundo que trata de absorbernos. Hay un levantamiento del mal en el ámbito espiritual y lo podemos percibir en lo natural. Las tinieblas quieren opacar la luz. ¿Cuánta luz tienes? Mas si tu ojo fuere malo, todo tu cuerpo será tenebroso. Así que si la luz que en ti hay, son tinieblas, ¿cuántas serán las mismas tinieblas? Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno, y amará al otro; o se llegará al uno, y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios, y a las riquezas*.(Mateo 6: 23,24)(*Riqueza equivale a Mammón que es la confianza deificada en las riquezas, avaricia. Mammón es un sistema que atrapa a las personas). Este es el tiempo de definición, o somos de Dios o somos del mundo, pero ya no podemos andar a medias.

Nuevos comienzos es separación. El hijo de Dios debe estar totalmente separado (alejado) de la contaminación del mundo y acercado a Dios. La santificación es la consagración de todo nuestro ser al Señor. Es importante amar lo que Dios ama. La Persona del Espíritu Santo es la misma esencia de Dios y Dios ama sobremanera Su esencia, Su Ser en sí. Dios quiere que amenos al Espíritu Santo sobre todas las cosas, porque Él es Dios.

El Espíritu de Dios se está moviendo sobre el mundo y sobre nuestra nación y quiere manifestar la luz de Dios que está en cada uno de Sus hijos, por eso nos está confrontando para ver cuánta disposición tenemos de ser portadores de Su luz. La luz disipa las tinieblas, por muy densas que éstas sean. La luz sale con poder, pero si la luz está oculta, el poder no se manifiesta, porque una luz guardada es lo mismo que las tinieblas y las tinieblas avanzan si la luz no se manifiesta.

El justo debe seguir practicando la justicia y la justicia es andar en los diseños que Dios ya preparó para nosotros, es permanecer dentro de los propósitos de Dios, haciendo lo que Él nos llamó a hacer; es caminar alineados con Dios en el tiempo preciso y la hora precisa. El justo debe dejarse guiar por el Espíritu Santo de Dios y alinear cada día su vida en conformidad con la dirección de Dios. Cada uno tiene una obra específica dentro del reino de Dios, recordando que no todo lo bueno es lo justo, porque la justicia es vivir en perfecta alineación con Dios, porque Él quiere establecer Su justicia en Sus hijos. El santo debe seguir santificándose, debe seguir buscando la Presencia de Dios en intercesión, alabanza y adoración. Dios no quiere que nuestro trabajo, por muy bueno que sea, nos prive del gozo de estar en Su presencia, porque si algo ocupa el primer lugar en nuestras vidas, se convierte en nuestro Dios. Dios es Santo y quiere hijos santos, apartados para Él, acercados a Él, fusionados con Él. Todavía el Lugar Santísimo espera el encuentro santo entre Dios y Sus hijos. El Espíritu de Dios se está moviendo en ti, quiere sacudir tus aguas para que estas broten para vida y se manifieste la luz de Dios en ti y Su justicia sea establecida.

Nuevos comienzos sólo sobre lo nuevo, porque Dios no empieza nada sobre una vieja estructura. Hay un peso de revelación que Dios quiere derramar sobre Sus hijos para que sus ojos sean abiertos y caigan las escamas que los mantienen cegados. Hay una voz profética que se levanta, como la voz de Juan el Bautista, preparando el camino del Señor: Endereza lo torcido en tu vida en la soledad de tu comunión con Dios. Toma la plomada divina y nivela tu vida con la del Espíritu Santo de Dios. Levántese todo lo que está por debajo del conocimiento de Dios y alcance Su Presencia. Bájese todo lo que se levanta sobre Dios y sea Dios exaltado sobre todo. Que las aristas de religiosidad se allanen para que las piedras vivas se junten en un solo Espíritu. “Entonces se revelará la gloria del Señor, y la verá toda la humanidad. El Señor mismo lo ha dicho." (Isaías 40: 5)