domingo, 16 de noviembre de 2008

UNA VIDA DE RESURRECCIÓN


UNA VIDA DE RESURRECCIÓN

Al hablar de resurrección, no podemos dejar de pensar en muerte, y es lógico, pues sólo los muertos resucitan, ya que sin muerte, no hay resurrección y sin resurrección, no hay vida. Como hijos de Dios debemos entender la gran importancia de morir para vivir. Cristo dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.” (Lucas 9:23). ¿Qué está diciendo Jesús aquí? Sencillamente, ¡Muere! No hay otra forma de vivir la vida de la fe, si no es muriendo cada día. El tomar la cruz significaba muerte. eN Cuando el acusado tomaba la cruz, sabía que no tenía ni la más remota posibilidad de vivir, estaba destinado a morir y Cristo nos dice exactamente eso: ¿Me quieres seguir? Entonces muere, porque no hay otra forma de hacerlo. Nos parece duro pensar en morir y la carne grita diciendo: ¡Es injusto! Pero si entendemos que la única forma de alcanzar la resurrección es muriendo, entonces será más llevadero para nosotros cargar la cruz cada día.

¿Por qué morir? Porque la única forma de abandonar la naturaleza pecaminosa es clavándola en la cruz. “Sabemos que lo que antes éramos fue crucificado con él para que nuestro cuerpo pecaminoso perdiera su poder, de modo que ya no siguiéramos siendo esclavos del pecado” (Romanos 6:6 CAS) En otra versión dice así: Ciertamente nuestra vieja forma de ser fue clavada con Cristo en la cruz, y así aquella parte de nuestra vida que estaba dominada por el pecado quedó herida de muerte. De esta forma, nuestro cuerpo pecador no sigue sometido a la esclavitud del pecado” (Romanos 6:6 NVI) Si queremos abandonar la incredulidad, el orgullo y toda obra de la carne, debemos considerarnos muertos de verdad a todas las cosas que nos inducen a pecar, porque ya fueron clavadas en la cruz y debemos reemplazar estas áreas con lo que Dios dice respecto a nosotros para vivir de acuerdo a lo que Su Palabra declara. Debemos reconocer que somos libres haciendo morir la carne que nos esclaviza y lleva a la muerte. “La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz.”(Romanos 8: 6 BAD) La Biblia Lenguaje Sencillo dice: “Si vivimos pensando en todo lo malo que nuestros cuerpos desean, entonces quedaremos separados de Dios. Pero si pensamos sólo en lo que desea el Espíritu Santo, entonces tendremos vida eterna y paz.” (Romanos 8:6 BLS).

La vida resucitada es la única que ha vencido a la muerte. La carnalidad es símbolo de muerte. Este es un tiempo de definición para la Iglesia de Dios. No podemos estar divagando entre el camino estrecho y el ancho, debemos definirnos a entrar por el camino estrecho que lleva a la vida, ese Camino es Cristo. Debemos definirnos por Cristo y declarar con el salmista: “El hacer tu voluntad, Dios mío, me agrada y tu ley está en medio de mi corazón.” (Salmo 40: 8). Es sólo haciendo la voluntad de Dios que vamos a entrar en Cristo, lo contrario nos lleva a entrar en crisis. La carnalidad es sinónimo de crisis. La ley de Dios debe regir cada área de nuestro ser, esa ley que está ya escrita en nuestros corazones, es la ley del amor. Dios está llamando a Su Iglesia a tomar las armas y levantarse en adoración para vivir en el Espíritu y no satisfacer los deseos de la carne. “Las armas con las que luchamos no son de este mundo, sino que tienen el poder de Dios para destruir las fortalezas del enemigo. Con nuestras armas, también destruimos los argumentos de los que están en contra nuestra y acabamos con el orgullo que no le permite a la gente conocer a Dios. Así podemos capturar todos los pensamientos y hacer que obedezcan a Cristo.” (2ª Corintios 10: 4,5 NVI)

La vida resucitada nos lleva al rompimiento con todo lo carnal. Se empiezan a romper viejas estructuras humanas que impidieron por largo tiempo el estancamiento del Cuerpo de Cristo. Estamos viviendo el tiempo de Dios para la ruptura de todas las ataduras que enclaustraron a la Iglesia en sistemas ritualistas que le impidieron cumplir con todos los propósitos de Dios.


El Señor está diciendo a la Iglesia: “Mira, hoy te doy a elegir entre la vida y la muerte, entre lo bueno y lo malo, entre la vida y el éxito, o la muerte y el desastre. Si obedeces los mandamientos del Señor tu Dios que te ordeno hoy, amas al Señor tu Dios, vives como él manda y obedeces sus mandamientos, normas y leyes, entonces vivirás y te multiplicarás, y el Señor tu Dios te bendecirá en la tierra que vas a tomar en posesión. Pero si te alejas del Señor, no lo escuchas, te dejas arrastrar y adoras y sirves a otros dioses, entonces hoy te advierto que con toda seguridad serás destruido. No vivirás mucho tiempo en la tierra que vas a tomar en posesión, después de cruzar el río Jordán.» Llamo hoy al cielo y a la tierra para que sean testigos: Yo te estoy dando a elegir entre la vida y la muerte, entre la bendición y la maldición. Elige la vida para que tú y tus descendientes puedan vivir, amando al Señor tu Dios, obedeciéndolo y estando cerca de él, porque al hacer esto tendrás vida y permanecerás por mucho tiempo sobre la tierra que el Señor prometió darles a tus antepasados Abraham, Isaac y Jacob».” (Deuteronomio 30 15-20 NVI)

La vida de resurrección es una vida de obediencia por amor a Aquel que nos amó y se entregó por nosotros. La vida resucitada entra en el reposo de Dios porque cesa de hacer sus propias obras y hace las obras de Cristo; ya no se conforma con seguir doctrina y mandamientos de hombres, sino que se centra en hacer la voluntad de Dios. Una vida de resurrección es una vida de poder. Iglesia, entra al reposo de Dios y vive la victoria de la resurrección.

El Señor me habló y me dijo: No temas. Dile a mi pueblo adormilado que es hora de despertar, es hora que se levanten y vean la luz de este nuevo día de resurrección, porque ya se vislumbra esa luz y las tinieblas van retrocediendo, no esperes más, para que no te sorprenda el nuevo día aún envuelta con el manto de religiosidad, por tanto “despiértate tú que duermes y levántate de los muertos y te alumbrará Cristo.” (Efesios 5: 14).