sábado, 29 de noviembre de 2008

UNA CITA DE AMOR CON TU AMADO


UNA CITA DE AMOR CON TU AMADO

¿Has estado enamorada/o alguna vez? Si este no es el caso, quiero darte un atisbo de lo que pasa cuando estamos enamoradas/os y vamos a tener una cita con el amado/a. Supongamos que sólo podemos vernos los sábados, entonces desde el domingo nuestros pensamientos están centrados en la cita del sábado siguiente, nuestras expectativas para ese encuentro son grandes. Empezamos a acicalarnos de una forma y de otra, nos paramos frente al espejo por mucho tiempo para ver si lo que vamos a vestir va a impactar al amado. Arreglamos nuestro rostro, nuestro cabello y todo nuestro cuerpo para atraer la atención del amado únicamente para nosotras. Nos perfumamos con el mejor perfume para que el amado no quiera separarse de nosotras y así todo lo que hacemos, lo hacemos en función del amado. Sólo nos interesa agradarle a él y serle agradable. ¿Y sabes qué más pasa? Ya no nos importa lo que nos digan o hagan, porque lo único que importa es nuestro encuentro con él.

Nuestro Amado Jesús nos está esperando cada día para tener una cita. ¿Cómo te estás preparando para ese encuentro? ¿Están tus pensamientos centrados solamente en Tu Amado? “No olvides que yo estoy a la puerta y llamo, y si alguno oye mi llamada y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él cenará conmigo.” (Apocalipsis 3: 20 -CAS) Jesucristo está hablando a una iglesia indiferente, tibia y le está diciendo que Él está todavía a la puerta esperando ser atendido para tener un banquete de amor con la persona que atienda. El llamado es personal. Jesucristo quiere tener una cita de amor con cada uno de sus hijos. “Jesús le contestó: Si alguien me ama, también me obedece. Dios mi Padre lo amará, y vendremos a vivir con él.” (Juan 14:23 - BLS) El amor a Jesús nos lleva a obedecerle, entonces el parámetro para saber cuánto le amamos está en ver cuánto le obedecemos por amor. Empecemos a obedecerle por amor a partir de las cosas más pequeñas. ¡Que arda nuestro corazón por nuestro Amado! Roguemos al Espíritu Santo que encienda el fuego del amor por nuestro Amado, para que todo nuestro ser arda de pasión por Jesucristo.

"Yo amo a los que me aman y los que me buscan ardientemente, me encontrarán." (Proverbios 8: 17 -BPD). Necesitamos el fuego de Dios en nuestros corazones para buscarlo con fervor, que nada ni nadie apague ese fuego de amor por Él. Necesitamos realmente enamorarnos de Jesús para anhelarlo todo el tiempo, de tal forma que todo lo que hagamos lo hagamos con la finalidad de agradarle a Él. “¿Qué acuerdo entre el templo de Dios y los ídolos? Porque nosotros somos el templo del Dios viviente, como lo dijo el mismo Dios: Yo habitaré y caminaré en medio de ellos; seré su Dios y ellos serán mi Pueblo. Por eso, salgan de en medio de esa gente y pónganse aparte, dice el Señor. No toquen nada impuro, y yo los recibiré. Y seré para ustedes un Padre, y ustedes serán mis hijos y mis hijas, dice el Señor todopoderoso.” (2ª Corintios 6: 16-18) Le pertenecemos a nuestro Amado, somos Su templo y Él quiere que nos apartemos de lo impuro, de todo aquello que empaña nuestra cita de amor. No participemos de lo que ellos (los que no son de Dios) participan, ni le sigamos el jueguito al diablo de hacernos entrar en susceptibilidades, enojos, disgustos, etc., porque ahora sólo vivimos para nuestro Amado.

¿Cómo te estás arreglando para recibir a tu Amado? ¿Te estás parando frente al espejo de Dios, que es Su Palabra, todo el tiempo? ¿Estás acicalando tu vida? ¿Te estás perfumando con la unción del Espíritu Santo? Si en lo natural todo nuestro ser vibra al saber que nos vamos a encontrar con el amado, en lo espiritual tiene que ser lo mismo, sólo que con mayor intensidad. Oh Espíritu de Dios, enamóranos. “Atrapen a las zorras, a esas zorras pequeñas que arruinan nuestros viñedos, nuestros viñedos en flor.” (Cantares 2: 15). Son las cosas pequeñas que pueden echar a perder nuestro romance con el Amado. Esas zorras pequeñas carcomen la raíz, porque afectan nuestros sentimientos y emociones y hacen trastabillar nuestra voluntad de acercarnos al Amado. Esas zorras pequeñas pueden ser: susceptibilidad, resentimientos, envidia, sospecha, celos, rencores, amargura, falta de perdón, murmuración, congoja, baja autoestima, orgullo, coqueteo con el mundo, etc., que no nos dejan tener una perfecta relación con el Amado. Pero si estamos realmente enamorados de Jesús, no vamos a permitir que esas pequeñeces carcoman nuestra vida hasta el extremo de destruirla, porque esa es su finalidad. Vamos a atrapar todo pensamiento y llevarlo cautivo a la obediencia a Cristo y así vamos a destruir a esas zorras antes que ellas nos destruyan. El Amado está siempre dispuesto a un encuentro y Su viña, la Amada, Su Iglesia ya está en flor, dispuesta para la conjunción matrimonial, en expectativa de la llegada del Amado, pero las zorras están merodeando, están en tu hogar, en tu trabajo, en la iglesia e inclusive en tu mente. Es tiempo de atraparlas ahora que han sido descubiertas, o ellas arruinarán tu cita de amor. La sutileza del diablo son esas pequeñeces que dejamos entrar en nosotros. ¡Atrápalas! No las dejes vivir en ti.

Mi oración por ustedes amadas es ésta: "Pido al Padre que de su gloriosa riqueza les dé a ustedes, interiormente, poder y fuerza por medio del Espíritu de Dios, que Cristo viva en sus corazones por la fe, y que el amor sea la raíz y el fundamento de sus vidas. Y que así puedan comprender con todo el pueblo santo cuán ancho, largo, alto y profundo es el amor de Cristo. Pido, pues, que conozcan ese amor, que es mucho más grande que todo cuanto podemos conocer, para que lleguen a colmarse de la plenitud total de Dios. Y ahora, gloria sea a Dios, que puede hacer muchísimo más de lo que nosotros pedimos o pensamos, gracias a su poder que actúa en nosotros.” (Efesios 3: 16-20 - DHH) Es sólo en el conocimiento del amor de Dios que nos vamos a llenar de toda Su plenitud y vamos a ser capaces de vivir una vida plena en Él y tener un romance diario con el Amado preparándonos para nuestra eternidad con Jesucristo nuestro Señor. Declárale tu amor, dile: Jesús, te amo. Eres lo más hermoso que me ha sucedido. Hazme tuya. Mi corazón te anhela, mi mente sólo piensa en Ti. Espero con ansias el momento de nuestro encuentro. Te amo, te amo, Jesucristo.
Nuestro Amado viene por una Novia intensamente enamorada de Él. ¿Estás preparada? ¿Lo amas?