miércoles, 12 de noviembre de 2008

UNA VOZ PROFÉTICA


UNA VOZ PROFÉTICA ES LA QUE BUSCA EL SEÑOR

El mundo se encuentra ahora como le fue mostrado a Ezequiel en el capítulo 37 de su libro. Ezequiel vio un valle de huesos secos y Dios le dijo que profetizara sobre ellos, que profetizara vida; y ese es el mandato de Dios para Su Iglesia. El nos dice: Profetiza vida sobre la muerte. Ordena que del sepulcro donde se encuentran los muertos se levanten y que fluya la vida de Dios en ellos. ¿Acaso no son como huesos secos los que se alejan de Dios? ¿Acaso no están muertos los que caminan sin Dios? ¿Profetizarás sobre esos huesos secos para que vivan? Podemos saber mucho sobre el Señor, pero si no tomamos de Su vida, no vamos a poder darla a otros.

Cuando empecemos a mirar el mundo como lo mira Dios, nuestra visión se aclarará y vamos a poder ver los huesos secos por doquier, estaremos tropezándonos con huesos secos, sin vida, que son arrastrados al infierno sin la mínima posibilidad de salvación, a menos que nosotros abramos nuestra boca en intercesión profética sobre ellos. Pero no vamos a poder hacer eso si no amamos lo que ama Dios. Él ama a las almas, anhela almas para Su reino. ¿Puedes por un momento enfocarte en lo que es el enfoque de Dios? Mira a tu alrededor el montón de huesos secos arrastrados al fuego del infierno, cuando está en ti el poder darles vida. ¿No se conmueve tu corazón como se conmueve el de Dios? Ahora abre tus oídos espirituales y escucha la voz de Dios: “Profetiza para que vivan, profetiza para que vivan”. ¿Estaremos dispuestos a hacerlo? Ezequiel lo hizo porque se dio cuenta que de su palabra dependía la vida eterna o la muerte eterna de millones de personas. “En tu boca está el poder de la muerte o la vida.” “Lo que uno habla determina la vida y la muerte; que se atengan a las consecuencias los que no miden sus palabras.” (Pro 18:21 PDT)

Si te alimentas del Árbol de Vida, que es Jesucristo, el fruto de tus labios será vida; pero si engulles otras cosas que no proceden del Árbol de Vida, estás envenenado tu fuente y lo que brotará de ti estará contaminado. ¡Oigan bien lo que les digo!" Jesús les dijo también: "Pongan mucha atención a lo que oyen. De la manera que ustedes den, Dios les dará a ustedes y aun más. Porque al que entienda algo, se le permitirá que entienda más. Pero al que no entienda nada, hasta lo que entienda se le quitará". (Marcos 4: 23-25- PDT) Debemos poner atención a lo que oímos para no introducir muerte en nosotros. Lo que no es de Dios embota nuestro entendimiento y nos lleva a la muerte. Hay mucho de lo que no es de Dios en lo que oímos. No lo dejes entrar, cierra tus oídos. No des tus oídos al chismoso, al quejumbroso, al criticón, al blasfemador, al irritador y a todo lo que nace del mismo infierno. Las voces que oyes no siempre proceden del exterior, la mayoría procede de tu interior. Tu alma te habla todo el tiempo. ¿Acaso descansa tu mente? ¡Cuán importante es llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo!

“¡Profetiza vida!” Esa es la orden de Dios. "El Señor ha puesto su Espíritu en mí, porque me escogió para anunciar las buenas noticias a los pobres. Me envió a contarles a los prisioneros que serán liberados. A contarles a los ciegos que verán de nuevo, y a liberar a los oprimidos Me escogió para anunciar que este año el Señor mostrará su bondad". (Lucas 4: 18 - 20) Tú eres escogido (a) para anunciar el evangelio de salvación a esos huesos secos. Acaso no dijo Jesús: “Dios me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Así que hagan seguidores en todas las naciones. Bautícenlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a obedecer todo lo que yo les he mandado. Tengan presente que yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo.” Profetiza vida enseñando la verdad de Dios, libertando con tus palabras de vida a los cautivos por el diablo; quitando la venda de los que están cegados por las mentiras de Satanás, libertando a los que están oprimidos por los demonios. ¡Cuántos hay que están oprimidos por el vicio, cautivos por pasiones, cegados por la ignorancia! No están lejos de ti. Profetiza vida y no los empujes al infierno con tus palabras.

Ahí, en lo secreto de tu habitación, empieza a declarar vida. Llénate de la vida de Dios para que de tu interior fluya como ríos de agua vivificadora. Ya no consientas el pecado en ti; la amargura, el resentimiento, la susceptibilidad y todas aquellas cosas que enturbian tu fuente, deséchalas. Come del Pan de Vida para que vivas y concibas vida. A la persona que te está dañando, ámala y declara vida sobre ella. ¿Sabes que Dios ama al pecador? Si no hubiera sido así, ¿dónde estaríamos nosotros? ¿Puedes amar al que te abofetea? Cristo lo hizo y no solamente profetizó vida sobre nosotros que lo abofeteamos, sino que dio Su Vida por nosotros. ¡Cuánto amor derramado por ti y por mí!

Ezequiel 37:10 “Así que profeticé como se me ordenó. El espíritu llegó a ellos y empezaron a vivir. Luego todos se levantaron. Eran una multitud de soldados.” Una multitud espera la voz profética que diga: “Huesos secos: Oigan la Palabra del Señor.” ¿Qué palabra? Palabra de vida. Profetiza vida para que se levanten y vivan.