jueves, 6 de noviembre de 2008

TRANSFORMADOS A SU IMAGEN


TRANSFORMADOS A SU IMAGEN

“Por lo tanto, todos nosotros, que miramos a cara descubierta la gloria del Señor, la reflejamos como claros espejos, y conforme a su propia imagen somos transformados y crecemos más y más en gloria por la acción del Espíritu del Señor.” (2ª Corintios 3: 18 CAS). A medida que penetramos a la misma presencia del Señor por medio de la alabanza y adoración, vamos viendo Su gloria, y esa misma gloria nos transforma a Su imagen, para que la reflejemos al mundo. En medio de tanta maldad que se está viviendo, si la Iglesia del Señor se acerca más y más a Dios, a través de la adoración, va a empezar a abrir los cielos y “Aunque la higuera no dé renuevos, ni haya frutos en las vides; aunque falle la cosecha del olivo, y los campos no produzcan alimentos; aunque en el aprisco no haya ovejas, ni ganado alguno en los establos; aun así, yo me regocijaré en el Señor, ¡me alegraré en Dios, mi libertador! El Señor Omnipotente es mi fuerza; da a mis pies la ligereza de una gacela y me hace caminar por las alturas…” (Habacuc 3: 17-19) No le adoramos a Dios por lo que nos pueda dar, sino por quién es Él y aunque todo falte a nuestro alrededor, aun así, Dios todavía tiene todo el control y nos fortalecemos en Él para estar siempre arriba de todos los problemas. La adoración a Dios nos hace crecer más y más a Su Semejanza hasta que todos lleguemos a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.

Hay una gran verdad que debemos tomar en cuenta y es que llegamos a ser como aquella persona u objeto a quien adoramos y cuanto más cerca de él o ella estemos, seremos más semejantes a nuestro objeto de adoración. “Nuestro Dios está en los cielos y puede hacer lo que le parezca. Pero sus ídolos son de oro y plata, producto de manos humanas. Tienen boca, pero no pueden hablar; ojos, pero no pueden ver; tienen oídos, pero no pueden oír; nariz, pero no pueden oler; tienen manos, pero no pueden palpar; pies, pero no pueden andar; ¡ni un solo sonido emite su garganta! Semejantes a ellos son sus hacedores, y todos los que confían en ellos.” (Salmo 115: 3-8). Muchas veces hemos estado con gente que no es capaz de captar verdades tan simples, porque sencillamente están como los objetos que adoran, incapaces de ver, oír, hablar o entender. Necesitamos empezar a despejar las tinieblas por medio de la adoración a Dios, para que aquellos que no vean, puedan ver y aquellos que no oigan, puedan oír, porque el Espíritu del Señor nos ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; nos ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón, a proclamar libertad a los cautivos, a dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos y a predicar el evangelio del Señor. (Lucas 4: 18,19). Lo que Jesús vino a hacer, lo tenemos que hacer también nosotros porque Él nos ha dado de Su Espíritu, y cuando nosotros declaramos la santidad de Dios por medio de la alabanza y la adoración, es decir hablando con nuestras bocas y diciendo quién es Dios y qué es capaz de hacer, las tinieblas no pueden prevalecer.

Cristo viene por una Novia que tenga Sus cualidades; una novia gloriosa, sin mancha ni arruga, porque Él quiere para Sí una Novia a la forma que Él quiere. A medida que la Iglesia lo adora y le alaba, se va limpiando de toda contaminación tanto del cuerpo, como del alma y del espíritu. La alabanza y adoración mantiene a todo nuestro ser centrado en Cristo, llevando nuestros pensamientos a la obediencia a Cristo y decidiendo pensar todo lo que le agrada a Él; ya no nos satisfacemos con vanos pensamientos, pues hemos muerto a nosotros mismos. La adoración nos lleva a la muerte de nuestro Ego. Una vida crucificada con Cristo, es una vida de adoración. La adoración nos hace andar en el Espíritu y de ese modo agradamos a Dios. No podemos andar en el Espíritu satisfaciendo a la carne. La carne nos lleva a la muerte, pero el Espíritu nos vivifica día a día y nos transforma a la imagen de Cristo.

Después de esto miré, y vi una gran multitud, que nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos, y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en las manos. Clamaban a gran voz: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero." Todos los ángeles estaban de pie alrededor del trono y alrededor de los ancianos y de los cuatro seres vivientes. Estos cayeron sobre sus rostros delante del trono y adoraron a Dios, diciendo: "¡Amén! La bendición, la gloria, la sabiduría, la acción de gracias, el honor, el poder y la fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén." (Apocalipsis 7: 9-11) La atmósfera celestial, es una atmósfera de adoración y es eterna, por los siglos de los siglos. El argumento más poderoso para la sempiterna adoración y alabanza está en la naturaleza del objeto de nuestra adoración. Es a Jesucristo a quien adoramos. “Y oí a cuanta criatura hay en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra y en el mar, a todos en la creación, que cantaban: "¡Al que está sentado en el trono y al Cordero, sean la alabanza y la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos!"Los cuatro seres vivientes exclamaron: "¡Amén!", y los ancianos se postraron y adoraron.” (Apocalipsis 5: 13,14). En tanto que exista el objeto de nuestra adoración, Él seguirá vivificando nuestra alabanza. “Yo soy el Señor tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto. Abre bien la boca, y te la llenaré.” (Salmo 81: 10) ¿De qué la va a llenar? De alabanza y adoración. Empieza a abrir tu boca para alabar y adorar el Nombre de Jesús y tu adoración será incorporada por siempre en la adoración al único que es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza; a Jesucristo el Señor.